Yamato se quedó mirando hacia Sora cuando entró en la habitación, la cual se había quedado dormida antes de que él llegara. La había notado cansada, pero tampoco le había extrañado. Sabía que llevaba todo el día de un lado para otro y llevaba varios días quedándose dormida hasta en el sofá si se sentaban un rato.
A pesar de todo, aquel comportamiento de ella no hacía más que darle más motivos para sospechar de que sus teorías quizás fueran ciertas. Porque, sin duda, prefería no tener que pensar en que ella había vuelto a enfermar. Seguía sin atreverse a decirle nada a ella directamente, dejándola estar y limitándose a esperar y a facilitarle las cosas lo más que pudiera.
Cerró la puerta tras él no queriendo molestarla al no tener sueño todavía, aprovechando para ir a dejar la ropa en el vestidor antes de que Sora la encontrara a la mañana siguiente tirada donde siempre y empezara a protestar. Llegó hasta uno de los cajones, donde tenía los jersey, revolviendo entre ellos hasta sacar el pequeño paquete que tenía guardado desde hacía días allí. Esperaba que ella no lo hubiera encontrado, no estropeándosele así la sorpresa.
Se quedó observándolo unos segundos antes de sonreír y volver a guardarlo donde estaba, dejando por fin la ropa y saliendo de nuevo. Dirigió sus pasos hacia la habitación de Aiko para asomarse intentando no hacer ruido y comprobar que estaba completamente dormida, dándose cuenta de que los ojos rojos de Gabumon se posaban en él. Se llevó el dedo a los labios para que no hiciera ruido, no tardando en ver que se acercaba hasta él. Retrocedió hasta salir y poder dejar algo de distancia con la habitación de la pequeña.
- ¿Te has quedado con hambre? – le dijo al digimon sonriéndole.
- No… ¿Tú?
- No, ¿qué haces despierto todavía?
- ¿Qué haces despierto tú?
Se quedaron mirando el uno al otro unos segundos antes de que el rubio se echara a reír con la conversación de besugos que estaban teniendo. Le hizo un gesto para que lo siguiera y poder alejarse más de las puertas en las que pudieran molestar, acabando por llegar hasta el salón dónde se sentó en el sofá, esperando a ver el cuerno dorado de él asomar desde el otro lado, alargando entonces las manos para cogerlo y dejárselo sentado en las rodillas.
- ¿Qué tal se ha portado Aiko hoy?
- ¿Qué clase de pregunta es esa? – el digimon puso los ojos en blanco-. Bien, como siempre…
- Oye, perdona… - divertido, se quedó mirándolo-. A ver, esto entre tú y yo, ¿entendido? ¿Qué tal ha estado Sora hoy?
Gabumon volvió a enfocarlo de forma más directa, casi que sorprendido por la pregunta que acababa de hacerle, no tardando en encogerse de hombros llamando así la atención de Yamato, el cual lo observó interrogante.
- Yo la noto rara. Por la mañana llegó con Toshiko y se quedó hablando con el profesor y los dos llevan raros desde entonces. Sobretodo él… - empezó a parlotear.
- ¿Él? – confuso, frunció el ceño.
- Sí, algo dijo de hospital. No sé, no me entere de más porque estaba con Aiko en el salón.
El rubio frunció el ceño, confuso. Sora no le había dicho nada sobre su padre, y, si algo estaba pasando, quizás ese fuera el motivo de que ella hubiera estado actuando tan extraña aquellos últimos días. ¿Le pasaba algo a su suegro y no se había enterado? Lo había visto en la cena del día anterior y no había notado absolutamente nada extraño.
- ¿Y nadie dijo nada más? – esperó a que negara con la cabeza-. Bueno, esperemos que hayas escuchado mal y que no haya que preocuparse por nada – a fin de cuentas, dejando de lado que fuera su suegro, no tenía absolutamente nada en contra de él.
Ya hacía tiempo que había dejado de pensar en los muchos problemas que había tenido la propia Sora ante la ausencia de su padre todos aquellos años. Por suerte, ahora tenía él una pequeña personita que se dedicaba a perseguirlo que lo había llegado a hacer ver con otros ojos que posiblemente, el que peor lo hubiera llevado de los dos hubiera sido el propio Haruhiko.
Sora abrió los ojos, confusa, mirando a su alrededor. Lo primero que vio fue el cabello rubio de Yamato, estando echando dándole la espalda, completamente dormido. Buscó con la mano su teléfono en la encimera, queriendo saber la hora y sonriendo al ver que aún tenía algo de tiempo antes de que sonara el despertador. Sin duda, no le podía gustar más la idea.
Salió de la cama con sumo cuidado de no hacer ruido y poder molestar a su marido, cogiendo la bata para echársela por encima de los hombros y poder dejar la habitación. No iba a dejar pasar la tradición que había adoptado a lo largo de los años, solo que, aquella mañana no iba a despertar a Aiko. Había cosas que quería hablar con Yamato primero y no quería que su hija los escuchara. No aún.
Sonrió sin poder evitarlo.
Estaba nerviosa, no podía no estarlo. Le hacía demasiada ilusión el poder decirle por fin que estaba embarazada. Los días que había tenido que esperar se le habían hecho eternos, mucho más largos de lo que se hubiera podido imaginar. Y ahora por fin iba a poder decirle lo que estaba pasando. Esperando que se tomara la noticia con la misma alegría que ella y que no se asustara él solo con el tema. Sabía había un 50% de probabilidades de que cualquiera de las dos cosas pudiera pasar y tampoco iba a poder culparlo.
Amplió más su sonrisa al ver que sus manos temblaban cuando sacaba el sobre con los análisis del bolso en el que lo había dejado guardado. Al igual que la otra vez, había subrayado el resultado y ademas, le había pegado la nota de nuevo en la que había escrito "hola papá". Aquella vez, dentro de la caja no había dejado galletas, sino algo que esperaba que le gustara mucho más.
Echó a andar de nuevo hacia la habitación llevándose con ella las cosas, notando como su nerviosismo crecía cada vez más. Le hacía muchísima ilusión estar embarazada de nuevo, estaba completamente segura de que aquella vez iba a salir todo bien y que no se iban a llevar ni solo susto más. No podía ser de otra forma. Encendió la luz al entrar, asegurándose de dejar la puerta cerrada tras ella.
- Yamato… - susurró acercándose a él tras haber dejado las cosas encima de la mesita-. Amor… Despierta – se inclinó, hablándole así al oído, quedándose cerca de él, sonriendo al ver que se empezaba a revolver-. No te hagas de rogar…
- ¿Qué hora es? – murmuró sin abrir los ojos.
- Temprano… - se inclinó más, pudiendo así dejar un beso en su mejilla-. Despierta.
Abrió los ojos por fin, enfocándola por debajo del flequillo, tardando unos segundos más en reaccionar y poder así cogerla y provocar que se cayera en la cama, girando entonces para lograr que fuera él quien se quedara con la posición de ventaja.
- ¿Has cerrado la puerta por dentro con alguna segunda intención? – confesó finalmente, delatando que se había estado haciendo el dormido, echándose a reír al ver a la pelirroja mirarlo con cara de haberse visto pillada-. ¿No me contestas? – se inclinó para dejar un beso en la punta de su nariz.
- Hoy es 24 de diciembre… - se limitó a susurrar.
- ¿No me digas? No me había dado cuenta – sonrió ante sus palabras-. ¿Hoy no me traes a Aiko con el desayuno?
- No, hoy no – negó con la cabeza, aprovechando para llevar la mano hacia su cabello, echándole así el flequillo ligeramente hacia atrás para poder fijar sus ojos en los suyos-. Creo que hoy voy a ser un poquito egoísta.
Por la forma en la que la estaba mirando, pudo adivinar lo que estaba pasando por la cabeza del rubio, especialmente cuando se acercó algo más hacia ella buscando besarla. Lo detuvo, posando su dedo sobre los labios de él y negando ligeramente con la cabeza.
- ¿No vas a abrir tu regalo? – señaló con sus ojos hacia la cajita que había posado.
- Me van a gustar igual aunque se enfríen… - dando por supuesto que eran las galletas que siempre solía hacerle aquel día, volvió a intentarlo, encontrándose con la misma reacción de ella-. ¿De verdad?
- Oye, no he madrugado más de la cuenta para que las tradiciones tengan que esperar…
Divertido por el tono con el que lo dijo, la soltó finalmente y volvió a sentarse, esperando que ella hiciera lo mismo para poder coger la caja. Le extrañaba que el olor no delatara lo que había dentro, ya que otros años podía sentirlo antes de abrirla incluso. Eso lo hizo mirarla con algo de extrañeza y levantar la vista hacia Sora, sorprendiéndose al ver la expresión del rostro de ella.
No queriendo hacerse de rogar más, tiró del lazo que hacia de cierre para poder abrirla finalmente, no encontrándose en su interior el desayuno que ya hacía años siempre le hacía aquel día. En su lugar lo primero que cayo encima de la cama fue un calcetín muy, muy, pequeño. Los ojos de él se quedaron clavados de forma automática en la diminuta prenda, congelado por completo pudiendo únicamente alargar la mano para cogerlo y dejarlo en la palma de su mano.
Posiblemente con aquello sobraba cualquier otra explicación, Sora lo sabía. Con todas las veces que se había reído de él porque se pasaba mucho tiempo guardando los calcetines de Aiko cuando era un bebé, no podía haber nada más delatador que aquello. No le hubieran hecho falta los análisis ni la notita para que él pudiera saber lo que le quería decir de esa forma. Se quedó mirándolo, atenta a la expresión de su rostro, no siendo capaz de poder verla ya que la única reacción fue rodearla con sus brazos y atraerla contra él. Sonrió ampliamente dejando su rostro apoyado sobre su torso.
- ¿Estás contento? – murmuró sin apenas levantar el tono cuando fue capaz de hacerlo.
La respuesta que obtuvo fue sentir como hundía la cabeza contra su hombro, acercándola todavía más a él y apretando más su abrazo sobre ella. Cerró los ojos, disfrutando más del contacto y del momento. Posiblemente, siendo ese el más importante de todos los 24 de diciembre que habían pasado juntos.
- Estoy de cinco semanas – volvió a hablar a sabiendas de que él no había llegado a leer el informe-. Ayer me acompañó mi madre al hospital a hacerme los análisis. Lo sé desde hace dos días que hice la prueba en su casa… No me daba cuenta, pensaba que estaba nerviosa por todo y… Siento los numeritos de estos días…
- Shh – la cortó al ver por donde iba la dirección de sus palabras, incorporándose para poder enfocarla-. No quiero oír ni media disculpa – sonrió, dejando ver que tenía los ojos brillantes por la humedad. Posó la mano en su mejilla, acariciándosela con suavidad unos segundos antes de volver a hablar-. Vas a tener que darme algo de crédito a pesar de todo.
- ¿Por qué? – como siempre que lo tenía tan cerca, no pudo evitar quedarse con la mirada fija en la suya.
- Porque tenía mis sospechas – admitió.
- ¿Soy la última tonta en darme cuenta?
Yamato se echó a reír al ver la cara que se le había quedado a la pelirroja, faltándole solo hinchar los mofletes como Aiko. Eso hizo que se inclinase algo para poder alcanzarla y dejar así por fin un beso en los labios de ella.
- El sábado… - se limitó a explicar.
Ella misma tuvo que admitir que tenía toda la razón del mundo. No había podido ver más evidente aquella noche. Había tenido unos de los peores cambios de humor que recordaba desde hacía tiempo, pasando del enfado a la pena y entre medias olvidarse de que estaban en el aparcamiento del hotel, en cuestión de minutos. Arrugó ligeramente la nariz, escuchando como él se reía.
- Estoy muy contento…
ElenaAA23: ya te tengo dicho que muchas veces me paso más rato discutiendo con las neuronas para que no hagan ninguna trastada demasiado mala que escribienod, que van por libre y cuando no miro, ya la están liando. Así que me entran ataques de tos para ver si las asusto un rato.
Es que la otra vez lo dejaron para el último último y bah pobrecito él. Que se lo tiene más que ganado a pesar de ser la figura más ausente de la infancia de Sora, que se le cae la baba con Aiko como el que más y algo me dice que cuando vea que el nene que viene es un calco de ella alguien va a tener que llevárselo a cardiología, porque si Hiroaki está embobado del todo con la nena, verás tú el abuelo con el nene.
Y aquí tenemos el capi que estabais esperando por aquí, que la cosa no podía aguantar mucho más y la pobre Sora ya no sabía cómo hacer para no ir corriendo a decírselo a Yamato, que se moría de ganas. Ahora ya es oficial y ya está el otro principal interesado enterado, solo habrá que ver qué tal lo lleva o si de repente le entra la histeria y se pone especialito como él solo.
Un bico grande, grande, vecina.
Limae: bueno, es que después de que te hayas leído todo todo del tirón, seguro que un capi solo te sabe a todo sí jajajaja Que además, menudo atracón te has tenido que pegar porque son unos cuantos capítulos para leer todos los que he ido dejando en estos dos años.
Aquí te dejo la reacción de Yamato, que no podría ser de otra forma, y que también iremos viendo más detalladamente a medida que pasen los capis, que el pobre, a pesar de todo, tenía tantas ganas como ella de recibir esa noticia. Solo esperemos que las paranoias no le impidan disfrutarla en condiciones.
¡un beso enorme!
