Yamato salió por fin de casa, aún sin ser capaz de conectar con la realidad como debería. Aquella mañana las calles no estaban cubiertas de nieve por lo que había decidido ir dando un paseo para ver si era capaz de volver a centrarse. Recordaba en aquellos momentos perfectamente el día que ella le había dado el primer susto algunos meses atrás, cuando había salido hasta sin dinero para ir a comprarle la prueba. Sentía el mismo tipo de aturdimiento mental, solo que ahora, estaba también emocionado.

Se llevó la mano al bolsillo del abrigo, buscando su teléfono para volver a comprobar la hora, decidiendo que no podía aguantarse más y buscando entre sus contactos el número de su padre.


Hiroaki estaba desayunando todavía, más dormido que despierto mientras que tomaba su café para intentar empezar el día. Bajó con el dedo las noticias en la pantalla de su teléfono mientras que leía los titulares, dando un respingo cuando todo se le bloqueó y unos segundos más tarde en la pantalla aparecía el nombre de su hijo.

- ¿Te he despertado? - fue el saludo de él.

- Más o menos, pero ya estaba sentado en la mesa intentando desayunar - contestó, siendo realista-. Hoy no te puedo hacer de niñero tengo que ir a hacer un reportaje…

- No te llamo para eso - lo cortó-. Tranquilo, que por falta de niñeros tampoco iba a tener problemas.

- Sí, me lo puedo imaginar perfectamente - dijo riéndose, quedándose en silencio después en silencio a la espera de que Yamato hablara de nuevo para saber por qué lo había llamado tan temprano aquella mañana.

- Vas a ser abuelo otra vez - soltó de golpe tras unos segundos de silencio en los que seguramente habría estado pensando en cómo darle la noticia a él.

Hiroaki estuvo a punto de tirar su taza al tropezar con ella sin querer nada más escuchar las palabras de su hijo. No esperaba que le fuera a decir algo así tan de repente y sin dar vueltas. A fin de cuentas, era Yamato de quién estaba hablando y cuando quería sabía ser el rey de irse por las ramas. Aunque, también justamente lo contrario y ahí tenían un claro ejemplo.

- ¿Papá?

- ¿¡Cómo que voy a ser abuelo otra vez!? Pero… ¿no me habías dicho que era una sospecha y que si ella no te estaba diciendo nada seguramente no fuera más que coincidencia?

- Ya.. Lo que pasa es que hizo la prueba hace un par de días y quiso esperar a hoy para decírmelo. Está de cinco semanas, se lo confirmaron en el hospital.

- Voy a ser abuelo otra vez… - repitió por fin, empezando a asimilar la noticia que le estaba dando-. Hijo, enhorabuena… ¿Estás contento?

- ¿Cómo no voy a estarlo? Bajo las circunstancias en las que estamos es una noticia maravillosa, papá.

Hiroaki sonrió sabiendo a lo que se refería. Entendería que se habría podido tomar la noticia de otra forma si no hubiera sido buscado, si no hubieran pasado primero por el médico. A fin de cuentas, no era una tontería lo que les había pasado la última vez. Pero, sabiendo que las cosas eran menos feas de lo que la cabeza rubia de su hijo era capaz de imaginarse, solo le quedaba la opción de alegrarse. Y él, desde luego, no se podía alegrar más. No podía negar que se le caía la baba con sus tres nietos, un cuarto, solo iba a mejorar las cosas desde su punto de vista.

- ¿Puedo darle la enhorabuena a ella?

- ¿Qué clase de pregunta es esa? - escuchó como se reía-. Te he llamado ahora en vez de esperar a decírtelo en persona porque lo debo de llevar escrito en la frente y tengo miedo de entrar por el trabajo y contárselo a todo el mundo…

- ¿Y tenías que contármelo a mí primero?

Esas cosas de Yamato era algo que todavía a esas alturas de la vida seguía llamándole la atención y llegándole mucho más dentro de lo que se pudiera pensar. A fin de cuentas, cualquiera que lo conociera, sabía lo suyo que era su hijo y que siempre hubiera acabado acudiendo a él para muchas cosas antes que a nadie, le gustaba. Habían sido ellos dos durante muchos años.

- ¿Se lo habéis dicho a Aiko?

- Todavía no. Creo que por el momento vamos a intentar tomarnos las cosas con algo más de calma. La idea era juntar a la familia para decíroslo a todos en persona. Así que cuidado con mamá y Takeru, ¿quieres?

- Oye, que yo nunca cuento nada de lo que me pides que no cuente.

- Ya lo sé, no te pongas cascarrabias que te acabo de decir que vas a ser abuelo otra vez. Es más, yo que tú empezaría a pensar en ir ahorrando porque como te pases el día comprándole también peluches como a cierta tortuguita me parece a mí que vas a tener que buscarte otro trabajo.

- Y lo haría más que encantado, que lo sepas - sonrió-. Me alegro muchísimo. Y seguro que la peque se lo va a tomar de maravilla.

- Yo creo que sí. Es más, parece ser que cuando la madre está embarazada no se suelen despegar de ella.

- No, ni con espátula - contestó automáticamente sin darle tiempo a seguir hablando-. Pero de llegar a casa y que ni siquiera se enteren porque están muy ocupados pendientes de si algo en la barriga se mueve o se deja de mover.

- Pues con lo cansino que es Takeru no sé si pedirte disculpas y todo…

Se echó a reír cuando su hijo se dio cuenta de por qué lo estaba diciendo, divertido por la contestación que le había dado. Sin duda había hecho referencia a cuando era Natsuko la que estaba embarazada de nuevo y Yamato el que se pasaba el día detrás de ella por todas las partes de la casa nada más que la veía.

- Además - volvió a hablar el rubio-. Cada día estoy más seguro de que se podrá parecer a mí todo lo que digáis.

- ¿Digamos? Si más que hija tuya parece que te hemos clonado.

- Bueno, lo que sea… - se rió nuevamente-. Que cada vez estoy más seguro de que se ha heredado el carácter de su madre. Así que tú dale a Aiko un "nene chiquitín" al que poder cuidar…

Amplió todavía más su sonrisa entendiendo también por lo que lo decía de esa forma, suponiendo que habría salido de la propia niña. Tenía toda la pinta de que fuera a ser así y que la pequeña estaría encantada con la idea de convertirse en hermana mayor. Solo había que verla con sus primos y cómo se relacionaba con los demás. Ahora que iba a ser ella la mayor, algo le decía que no se iba a poner celosa y que ella misma sería la que estaría más pendiente del nuevo bebé.

- Papá, estoy llegando al trabajo. Si quieres te llamo más tarde y hablamos, ¿vale?

- Tranquilo - asintió aunque no pudiera verlo-. Además, tu madre no va a estar por la zona estos días porque se ha ido a ver a tu abuelo, así que no corre peligro que me cace. Takeru ya sabes que me ignora más.

Tras escuchar como su hijo se despedía, dio por terminaba la llamada, dejando el teléfono encima de la mesa. Iba a ser abuelo otra vez. Esas palabras no podían sonar mejor en su cabeza las mirase como las mirase.

Lo que le sorprendía era que hubieran sabido manejar tan bien la situación para poder llegar a un acuerdo en el que estuvieran perfectamente seguros de lo que hacían y con el que Yamato no hubiera acabado en una de las esquinas de la casa histérico y con la cabeza escondida. Se alegraba mucho por él. Sabía lo mucho que le gustaban los niños y si aunque estaba seguro de que le esperaban unos meses muy complicados - si lo apuraban estaba seguro de que era capaz de pasarlo peor él que la propia embarazada -, iba a merecer muchísimo la pena para su hijo. A fin de cuentas, en la situación en la que estaba en la actualidad pocas cosas se le ocurrían ya que pudieran hacerle más ilusión a él. Y no solo a él, sino que sabía que su nuera también iba a estar completamente encantada con la noticia.

Y él... iba a ser abuelo otra vez. Era la idea que se había quedado fijada en su cabeza y de la que no podía alegrarse más. No era por el hecho de que el nieto viniera de parte de Yamato y Sora, sino por el hecho de lo que eso significaba. A fin de cuentas, Takeru había sabido hacer las cosas mucho mejor que su hermano. Había sabido estar fuera del país y no tener que esconderse del resto del mundo para poder sobrellevarlo. Y cuando había vuelto, hasta se había tomado las cosas con prisa. No lo criticaba, aunque en su momento quizás hubiera dudado de si estaría corriendo demasiado, ya que parecía que no podía tener las cosas más claras con su vida personal. Y, no se había equivocado, así que no iba a ser él quien le quitase el crédito.

Pero, Yamato… Yamato había sido un mundo completamente aparte, porque, cuando por fin se había decidido a dejar de hacer el tonto y de dar tantas vueltas, había sido todo lo demás lo que se le parecía haber puesto en contra. Sabía que por parte de Sora no iba a ser que no lo intentara hasta que se le agotaran las opciones y que, después de eso, buscaría más. Pero siempre había tenido miedo de que a Yamato se le volviera a meter en la cabeza que fuera mejor desaparecer de la vida de todos para hacer las cosas más fáciles. A fin de cuentas, su vida seguía estando más en el sur del país que en Tokio. Luego, todo había empezado a encajar hasta llegar al punto en el que acababa de llamarlo para decirle que lo hacía abuelo otra vez.

Miro el reloj, dándose cuenta de que si no quería llegar tarde al trabajo más le valía dejar de estar con cara de tonto sentado en la cocina. Todavía tenía que terminar de prepararse y recoger por allí antes de pelearse con el tráfico de la ciudad.


Yamato guardó el teléfono con la sonrisa en los labios todavía dándose cuenta de que ya estaba casi llegando a la sede de la JAXA. El paseo lo había ayudado a conectar de nuevo con la realidad y a salir de la burbuja mental que se había montado él solo. Intentó dejar su gesto en uno más neutral a medida que echaba a andar hacia la entrada principal, enseñando su acreditación como hacía todos los días antes de dirigir sus pasos hacia el pabellón de entrenamiento.

- ¿Qué estáis haciendo vosotros dos aquí? - preguntó nada más ver a Takao y Katsu sentados en el banco.

El idiota este que tuvo la brillante idea de venir primero para no molestaros y hemos acabado aquí sentados… - contestó el primero de ellos cuando el rubio llegó hasta dónde ellos.

- No me lo digas, ¿habéis vuelto a tener una de vuestras discusiones de besugos? Porque yo no quiero saber nada de nada del tema, que hoy estoy de buen humor…

- ¿Y eso? - le preguntó Takao.

- Porque os voy a perder de vista hasta el año nuevo - ironizó con la mejor de sus sonrisas de medio lado-. Tengo entrenamiento ahora con los del grupo, si queréis aprovechar… Prometo no tiraros nada a la cabeza.

- Eso pónmelo por escrito, Ishida…

La voz de Mai hizo que diera un respingo al no haberla visto acercarse hasta donde ellos tres estaban a pesar de que sí que contaba con su presencia aquella mañana, habiéndolo avisado él la noche anterior para que aprovechara.

- Oye, tengo aceptado que seáis unos cobardicas cuando piloto, pero, con los pies en la Tierra tampoco me considero tan terrorífica.

- Habla por ti - le dijo Katsu antes de reírse él también.


Hoy paso rápido por aquí porque se me acumula basura para corregir, literalmente basura, y ya estoy fuera de horario por culpa de la gentuza asquerosa de turno. Nooo, no estoy de malas pulgas, no, para nada... Jajajaja os dejo con los Ishida, que sin duda están de mejor humor que yo, y sino que le pregunten a Yamato.

¡un besito de tortuguita a todos!