Yamato salió de la habitación, dejando que Sora terminara de darse una ducha. Se les había hecho más tarde de lo normal aquella mañana, pero, también habían tenido una noche más movida de lo esperado. Por suerte, la pequeña no parecía haberse despertado ni haber ido a buscarlos, que era uno de los miedos que ellos solían tener, ya que en invierno parecía gustarle colárseles en la cama bien temprano.
Abrió con cuidado la puerta de su habitación, viendo que estaba completamente dormida todavía, sonriendo al ver que los dos digimon se habían echado con ella. Nunca, en toda su vida, hubiera pensado ver algo así. Ponía en duda que hasta la cabeza de su hermano fuera capaz de imaginárselo. No queriendo despertarlos, tras observarlos en silencio unos segundos, volvió a cerrar. Prefería hacer el desayuno primero y ya tendría tiempo luego para ir a levantarlos.
A fin de cuentas, la noticia que les tenían que dar aquella mañana era bastante importante y conociéndolos como los conocía, era mejor tener comida de por medio. Se acercó hasta la nevera, pasándose la mano por el pelo, distraído, abriéndola y quedándose un rato mirándola intentando pensar algo para hacer.
Alargó la mano para sacar la leche y poder dejarla a mano, a sabiendas de que hiciera lo que hiciera le iba a hacer falta. Lo dejó en la encimera, abriendo entonces uno de los armarios para ver lo que había por allí, viendo que estaba el paquete pan de molde, optando por recurrir a una de las opciones favoritas de Sora. Total, con Aiko sabía que no iba a tener problema. Ese pensamiento provocó que se riera por lo bajo mientras que empezaba a sacar las cosas.
Sora salió de la ducha pasado un rato, habiéndose puesto el pijama y la bata, caminando por la casa, mirando hacia los lados en busca de que alguien se hubiera levantado ya más allá de Yamato, no dando con él ni siquiera en la cocina. Frunció el ceño, volviendo a mirar a su alrededor antes de suponer dónde podría estar.
Se asomó por el salón, desde donde podía ver la mesa del comedor, encontrándose las cosas del desayuno puestas, confirmando así su teoría y echando a andar hacia la habitación de la niña, no tardando en escuchar las voces de ambos antes de llegar tan siquiera a verlos.
- Pero bueno, ¿de fiesta y nadie me avisa?
- ¡Mami!
La pequeña se escapó de encima de su padre, donde había decidido quedarse sentada más haber estado lo suficientemente despierta, acercándose hasta el borde de la cama para alargar los brazos y que la cogiera, sacándole así una sonrisa a la pelirroja.
- ¿Qué? ¿Has dormido bien? – le dijo tras dejar un sonoro beso en su mejilla.
- ¡Sí! – aprovechó que su madre la había cogido para quedarse abrazada a ella, esperando que fuera ella la que caminara por las dos-. ¿Y vosotros dos? – les dijo a los digimon.
- ¿Has terminado ya en el baño? – le preguntó el rubio.
- Sí, así que venga, que se nos va a enfriar el desayuno… ¿O no tienes hambre? – le dijo a la niña, viendo como se reía a modo de respuesta-. Ya me lo parecía a mí… Anda, vamos a ver lo que nos ha hecho tú padre…
Adelantándose con la pequeña y notando como Biyomon alzaba el vuelo tras ellas dos, echó a andar hacia donde había dicho, bajo la atenta mirada de Yamato que tardó algo más en ponerse en pie.
- Tienes cara de tonto – le dijo Gabumon arrastrándose hasta quedar sentado a su lado.
- Ah, muchas gracias – giró la cabeza hacia él.
- Me hace gracia – se encogió de hombros-. Siempre se te queda la misma cara de tonto con ellas.
- Cuando tengo que darte la razón… Te la tengo que dar – divertido por sus palabras, a sabiendas de que eran totalmente cierta se puso en pie, girándose hacia él sin darle tiempo a seguirlo, cogiéndolo con él.
- Sí que estás de buen humor, sí… - murmuró el digimon sin poner ningún tipo de impedimento.
- Puede – le dijo, divertido, echando a andar por donde habían desaparecido las otras tres-. Venga, que tiene razón Sora, se nos va a enfriar el desayuno y luego acabas terminándote tú el desayuno de Aiko frías.
- Yo no me termino siempre el desayuno de Aiko… - farfulló por lo bajo.
Yamato se echó a reír tras sus palabras.
Aiko se había querido quedar sentada encima de su madre mientras que desayunaban, quedándose con su tostada en sus manos, mordisqueándola, casi que de la misma forma en la que lo estaba haciendo la pelirroja, provocando, de esa forma, que el rubio se quedase mirándolas sin darse cuenta del número de vueltas que había dado ya con la cuchara a su café sin haberle llegado a echar el azúcar.
Se dio cuenta de que Sora estaba mirándolo de reojo pasados unos segundos, preguntándole sin palabras lo que ya suponía, tardando unos segundos en volver a la realidad y asintiéndole ligeramente con la cabeza, bajando la mirada rápidamente hacia la niña.
- ¿Está rica la tostada? – le preguntó a la pequeña, atrayendo así su atención hacía él, viendo como asentía.
- Claro que está rica, es igual que la mía – volvió a mirar hacia el rubio.
- Oye, vosotros dos no hacéis más que lanzaros miraditas raras – dijo Biyomon dándose cuenta-. Y no son de las de siempre.
- ¿Cómo que no son de las de siempre? – peguntó Yamato girando la cabeza hacia ella.
- No, no son de las que os lanzáis cuando pensáis que no nos damos cuenta.
El rubio arqueó las dos cejas por las palabras de la digimon, decidiendo que era un buen momento para darle un sorbo a su café, soplándolo antes de llevárselo a los labios. Lo siguiente que se pudo escuchar fue la risa de la niña al ver la cara que acababa de poner su padre al no esperar el sabor tan amargo.
- ¡Papi no le has echado azúcar! – dijo entre risas, a las cuales no tardó en unirse la pelirroja.
- ¿Dónde tendrá la cabeza papi hoy? – fingió decirle aquello de forma confidencial a la niña, acercándose a su orejita pero sin bajar demasiado el tono.
- No lo sé… - contestó él, bajando la taza y terminando de tragar, viendo como la niña se seguía riendo.
- Oye, chiquitina… Nosotros tenemos que decirte una cosa – levantó la vista también hacia los digimon- A los tres, de hecho.
Esas palabras reclamaron la atención de ellos, consiguiendo que se quedaran mirándola, especialmente la niña que levantó la cabeza hacia su madre, quedándose mirándola con sus grandes ojos azules fijamente, sacándole así una sonrisa. Llevó la mano hacia la punta de su nariz, dándole un leve toquecito con el dedo en un gesto cariñoso.
- Quiero que nos digas qué te parece, ¿vale? – miró hacia Yamato unos segundos, notando como asentía dejándola así ser ella la que le diera la noticia-. Vas a tener un hermanito o hermanita… - acarició suavemente su mejilla.
- ¿Un nene chiquitín?
- O una nena chiquitina, todavía no lo sabemos – asintió.
- ¿Para cuidarlo yo?
- Claro, vas a poder cuidarlo todo lo que quieras – contestó Yamato por fin, distrayéndose al sentir la pata de Gabumon tirar de su brazo-. Está todo bien – le dijo-. Luego te lo explicado bien, ¿de acuerdo?
- ¿Estás contenta? – preguntó Sora, continuando con los mimos hacia ella, temerosa de cómo pudiera terminar de reaccionar.
- ¿Dónde está? – preguntó curiosa.
- Pues… - bajó la mano hacia la de ella para cogérsela y así poder posarla encima de donde dentro de unos meses se podría apreciar a la perfección la curva-, aquí. Tiene que crecer para que puedas conocerlo o conocerla… Pero seguro que se muere de ganas por hacerlo.
- ¿Está en tu barriguita? – confusa, se quedó mirando hacia su madre.
- Tú también estabas ahí – dijo el rubio, divertido por la reacción de ella, sin poder dejar de observarla.
Los ojos de Aiko seguían fijos en su madre, como si pudiera atravesar el pijama y tener una mejor vista del bebé. No había llegado a contestar a la pregunta que ella le había hecho, intentando comprender todavía cómo se podía haber metido ahí. No tardó demasiado en decidir que prefería dejar ese pensamiento para luego y acercarse más a Sora, quedándose abrazada así contra ella, especialmente contra su aún inexistente barriga.
- Hola nene.
Con los ojos abiertos como platos por la reacción de la pequeña, Sora sintió cómo sus ojos se quedaban borrosos, emocionándose de esa forma por la reacción de la pequeña, no pudiendo más que rodearla con sus brazos y bajando la cabeza contra la suya, o tardando en notar como Biyomon no se aguantaba más e iba también hacia donde estaban para unirse.
Yamato, quien estaba observando la escena, parpadeó varias veces, intentando no demostrar demasiado su reacción en aquel momento al ver a Aiko hacer aquello, pero se le hacía complicado, acabando por sonreír de oreja a oreja y secándose los ojos con el dorso de la mano antes de ponerse en pie e ir hacia ellas, frenando en seco a mitad de camino y dando la vuelta para llevarse con él a Gabumon también.
- Vamos a ser uno más – dijo, agachándose para quedar a la altura de la rubia, acariciándole el cabello-. Pero por el momento a la que tenemos que cuidar mucho es a tu madre, ¿vale Aiko? ¿A que me vas a ayudar mucho en eso? – sonrió al ver como desviaba sus ojos hacia él sin querer separarse de ella-. Tenemos que asegurarnos de que come muy bien y descansa mucho.
Pudo ver como asentía automáticamente a lo que le decía, volviendo a acomodar la cabecita contra Sora y así poder seguir abrazada a ella del todo. No hacía falta que le dijera a nadie lo mucho que se alegraba de convertirse en hermana mayor, con la forma que estaba teniendo de comportarse, sobraban las explicaciones de cualquier tipo.
Yamato se había ofrecido a recoger todo mientras que Sora se había quedado echada con Aiko en la cama, aprovechando que la pequeña se había adormilado. Tras ellas también se había ido Biyomon y, hasta dónde él sabía, Gabumon también. No sabía que estaba equivocado y por eso, cuando vio el cuerno de él asomar, se sobresaltó.
- Pensé que estabas con Aiko – le dijo.
- Por eso tenías tanta cara de tonto y estás de tan buen humor, ¿verdad? – le dijo, caminando hasta él.
- Pues sí – contestó, agachándose para quedarse a su altura-. ¿Qué te parece la noticia?
- ¿Es seguro?
- ¿El qué? Claro que está embarazada, lo comprobó… - cruzó una mirada con el digimon, entendiendo lo que realmente le había preguntado. Guardó silencio, tomándose así unos segundos para observarlo, casi que encantado porque lo hubiera hecho. Sabía que aquel digimon le tenía mucho aprecio a Sora y que se preocupaba por ella sinceramente-. Es seguro. Nos lo ha dicho la doctora que la atendió la otra vez. Esta vez todo va a salir perfectamente, sin sustos. ¿De acuerdo?
No estaba seguro si se lo decía al digimon o si se lo repetía a sí mismo, pero, esperaba no equivocarse. Esperaba que Sora aquella vez, no solo nos les diera un susto tan gordo, sino que contaba con que no lo pasara tan mal los primeros meses. No quería tener que volver a verla sin apenas tenerse en pie ella sola por la mañana mientas que intentaba llegar al baño o sin fuerzas para volver ella sola a la cama después de pasar un rato abrazada al retrete. De verdad que no, y menos ahora con Aiko en casa, ya que se podía asustar.
- ¿Vas a dedicarte a perseguir a Sora a todas partes otra vez? – alejando esos pensamientos de su cabeza, enfocó de nuevo al digimon.
- Pues claro, alguien tiene que hacerlo cuando no estás en casa – chasqueó la lengua.
ElenaAA23: ¡sorpresa! Capi extra. Pero es que creo que tenéis tantas ganas de leer esto como yo de que lo leaís. Así que... ¿Qué tal la reacción de la nena? ¿Te has muerto ya del subidón de azucar vecina?
Tenemos de todo en este capi, porque hasta Gabumon ha tenido que salir a decir la perlita del día con eso de que alguien tiene que cuidar a Sora y al "nene chiquitín" cuando el rubio no ande por casa. Y la nena... Pues claro, la nena quería tener a quien cuidar y ha tenido que dejar claras sus intenciones y conseguir que se le escape el lagrimón a toda la familia. Si es que lo llegan a ver los abuelos y los mandamos directamente al hospital. Parece que Aiko ha llegado para cargarse a toda su familia.
Pero bueno, ella se ha quedado contenta con la noticia y los padres y los digimon más todavía, así que, por el momento, todo bien. A ver si no se muere nadie de la adorabilidad, que va a estar complicado. Ahora ponte a pensar en lo que será cuando de verdad tenga al nene chiquitín ahí. Y, además, parece que la tortuguita ha heredado la manía de su padre de saludar al nene cuando aún está en la barriguita... Je. Es peligrosa Aiko.
¡Un bico grandote!
