- ¿Entonces ya se lo habéis dicho? – dijo Toshiko mientras que observaba a su nieta.

- Sí – Yamato asintió a su suegra-. Creo que es la que más contenta está de todos… Que ella quiere conocer ya al "nene chiquitín".

- ¿Nene?

- Sí, no sé si es que quiere que sea niño o que le sale llamarlo así, pero lo anda llamando así… - hablando de forma distraída, pensando en la escena que había podido ver durante el desayuno-. Pero se lo ha tomado de maravilla. Gabumon me cogió cuando nos quedamos a solos para asegurarse de que no era peligroso.

- ¿Si? – buscó al digimon con la mirada-. Bueno, tampoco me extraña. Conociéndolo mínimamente… Me acuerdo de que se pasó detrás de mi hija durante todo el embarazo – también lo había visto cuando todo se había torcido en aquella maldita tarde y casi había estado él más histérico que ella, diciendo que no, que él tenía que quedarse cuidándolas, que era lo que tenía que hacer. No creyó necesario hacer referencia a aquello delante de Yamato, no queriendo revolver los pensamientos de su yerno con temas que no debía-. Tampoco era de esperar que Aiko se lo tomara mal, con ese cielo de niña que tenéis… ¿Tenéis miedo de que tenga celos?

- Lo pensé – asintió-. Pero no lo sé, yo tengo dos brazos, puedo repartirme – bromeó echándose a reír y consiguiendo que su suegra lo hiciera también.

Sora giró la cabeza al escucharlos, estando a punto de ir a apuntar en el calendario que su madre y Yamato estaban hablando tan tranquilamente que incluso llegaban a bromear, y viniendo de él, no podía decir que aquello siguiera pareciéndole raro. Caminó hasta ellos, llevando entre sus manos una pequeña prenda, sonriéndoles al llegar.

- ¿Qué es eso? – le preguntó Toshiko quitando la vista de su nieta y su marido, el cual se había dejado finalmente alcanzar por ella.

- Pues… El lo que le voy a poner a Aiko para cuando lleguen los demás invitados… - sonrió como si estuviera confesando una travesura-. ¿Qué? – dijo ante la cara que le estaban poniendo ambos-. Me he pasado un par de días sufriendo para no contarte nada… Si hasta fingía haberme quedado dormida primero en la cama para no tener que hablar contigo – confesó, mirando hacia el rubio, viendo como se empezaba a reír él también-. Yo creo que si la dejarmos corretear por casa cuando ya estén todos con ello… Vamos a poder reírnos un rato. ¿Viene tu madre al final, verdad?

- Sí, me dijo que venía. Takeru, Hikari decían que iban a pasar a por ella, que llegaba del viaje de trabajo esta tarde y ya venían con ella. Mi padre cuando saliera del trabajo venía y… ¿Taichi y Koemi?

- Como se les ocurra no poder venir voy a buscarlo yo y lo traigo a patadas – dijo Sora antes de asentir-. Sí, me llamó antes para decir que al final podía venir.

No iba a dejar pasar la oportunidad de poder decirle a su mejor amigo que estaba embarazada de nuevo. Ahora que ya lo sabían Yamato y la pequeña, lo que quería realmente era dedicarse a contarlo por todas partes y, sin duda, él era una de sus primeras opciones. Ahora, que se enterase antes o después de Takeru solo iba a depender de a quién viera primero la pequeña.

- Oye, ¿acabas de decir que te hacías la dormida para no tener que verme? – preguntó el rubio pasados unos segundos, recibiendo únicamente como respuesta de Sora que se volviera a echar a reír.


Ya había aceptado como costumbre que su hijo y su nuera los invitaran a cenar el día de Navidad, y más desde que se habían mudado a la casa más grande, teniendo más espacio para todos. Natsuko, a pesar de que las cosas con Yamato estaban perfectamente a aquellas alturas, seguía valorando mucho que él mismo se encargada de invitarla.

- ¿Tu padre? – le preguntó al menor de sus hijos mientras que estaban de camino.

- Pues… Es bastante más probable que sepas tú dónde está tú que yo, mamá – contestó mientras que dejaba a Dai en el suelo y veía cómo iba corriendo hacia la puerta de la casa-. Apostaría porque ya ha llegado y está peleándose con Haruhiko por Aiko.

Sin poder decirle nada contrario a sus palabras, Natsuko asintió a la vez que seguía con la mirada a Reiji, el cual seguía los pasos de su hermano seguido de los dos digimon. Caminó hasta colocarse al lado de Hikari.

- Los abuelos de Aiko lo van a tener complicado con ella desde que ha decidido perseguir a Sora por todas partes. Los días que estuvieron fuera no hacía más que preguntar por ella…

- Y eso sí que es raro – cerrando por fin el maletero y llegando hasta donde ellas llevando así todas las cosas que habían traído, Takeru se unió a la conversación-. Porque es el perrito faldero oficial de mi hermano desde que aprendió a moverse ella sola. A lo mejor se ha dado cuenta de que es un cascarrabias y que le va a ir mucho mejor con su madre…

- Deja de meterte con tu hermano – le dijo Natsuko mientras que alargaba la mano para cogerle una de las bolsas.

- Deja eso – apartándose, no la dejó cogerla-. Venga, que ya lo tengo todo yo, vamos para dentro antes de que nos quedemos congelados aquí.

Haciéndole un gesto con la cabeza a la rubia y a Hikari, echó a andar con ellas detrás de dónde habían ido los más pequeños de la familia, viendo como Dai estaba intentando alcanzar el timbre para llamar a la puerta.

- A ver… déjame a mí, anda – posando la mano en el hombro del niño, Hikari se adelantó para poder llamar y avisar así de su llegada.

Se apartó, a sabiendas de que seguramente esos dos terremotos se fueran a tirar encima de su tio nada más que les abriera la puerta. Fue entonces cuando pudo ver por el rabillo del ojo que no eran los únicos que acababan de llegar, reconociendo la silueta de su hermano llegando también.

- ¿Ahora me sigues? – habló delatándolo de esa forma, viendo también entonces que Daigo se escapaba de su madre y echaba a correr hacia donde estaban para ir a saludarlos-. Ten cuidado no te vayas a resbalar… - le dijo a su sobrino segundos antes de que se le quedara abrazado a las piernas.

- Yo siempre te sigo, que no me fio de con quien te juntas… - le dijo finalmente, sonriendo a modo de saludo al ver que estaban con Natsuko.

- Lo típico de estas reuniones – alcanzándolos también, Koemi se quedó a su lado, observando distraída a Reiji y Dai, esperando a que abrieran-. ¿Habéis llamado ya?

- Sí y mi hermano debe de habernos escuchado y se debe de estar haciendo el interesante para abrir o no… Porque tarda mucho.

Casi como si hubiera escuchado las palabras de Takeru, la puerta se abrió y pudieron ver a un Yamato que tenía que retroceder un par de pasos porque sus dos sobrinos acababan de acelerar para saludarlo abrazándosele.

- ¡Chi! – saliendo de detrás de su padre y pasando por entre los demás, Aiko aceleró hasta llegar a donde estaba su padrino, yendo directamente a pedirle que la cogiera, cosa que consiguió muy fácilmente.

- Eso es para que no empecéis con el drama de quién es el tío preferido… - dijo Hikari riéndose mientras que entraba teniendo cuidado con no tropezar con ninguno de los niños, ayudando a Takeru con las cosas para poder quitarse la chaqueta.

Taichi había sonreído nada más escuchar la voz de Aiko llamándolo, aprovechando que Koemi ya había dejado a Daigo en el suelo para poder dejarle la bolsa que traían y así agacharse a cogerla. Hacía tiempo que no había podido verla por culpa del trabajo y parecía que la pequeña lo había echado en falta.

-Si es que eres mi rubia favorita de esta familia… Pero no se lo digas a tu padre que se me pone celoso – le dijo por lo bajo a la niña.

- Papi no es una nena – le dijo, asegurándose bien con las manos, sin mucha intención de que la bajara, apoyando así la cabecita en él.

Divertida por lo que veía Koemi sonrió, cruzando una mirada con él antes de entrar y poder ir quitándose todos de la entrada. Sin duda, entendía que le entraran de repente las ganas de tener una chiquitina por casa a él también, pero, sin duda, sus nervios no estaba por la labor de tener otro terremoto por casa. Caminó para poder dejar las cosas a la entrada, saludando también a la llegada.

- Oye, ¿y a mí no me saludáis? – dijo Sora llegando por fin hasta donde estaban.

Daigo, quien se había quedado mirando hacia Aiko cuando había pasado, giró la cabeza hacia la pelirroja nada más escuchar su voz, echando a correr hacia donde ella estaba, viendo como se había agachado para quedar mejor a la altura de los niños.

- Hola enano – le dijo nada más que llegó hasta onde ella-. ¿Cómo has crecido tanto desde la última vez? – pudo ver por el rabillo del ojo como todos los digimon se habían empezado a juntar en torno al recién llegado a la familia, el cual, seguramente se encontraría mucho más a gusto rodeado de los de su misma especie que de tanto niño-. Como sigas así vas a dejar a tu padre atrás.

- Bueno, eso no es muy complicado – dijo Yamato llegando hasta donde ellos, consiguiendo así que Dai y Reiji fueran también a saludarla.

- Mira, cuando tengo que darle la razón a mi hermano… - Takeru siguió sus pasos-. Oye, ¿papá?

- Pues… Algo decía de que odiaba el tráfico de esta ciudad, así que estará al llegar… - alargó la mano para coger la bolsa que él le tendía-. ¿Qué es?

- Para la cena – se encogió de hombros.

- Oye, ¿no te dije que teníamos de sobra?

- Bueno, eso lo discutes con mamá, yo solo le hago de recadero. Así que déjalo por ahí donde no te estorbe, quejica.

- ¡Quejica! – Daigo se empezó a reír repitiendo así las palabras de su tío, haciendo que se quedaran mirando hacia él los adultos y se echaran a reír.

Toshiko se acercó a saludar a los recién llegados, acompañada también de su marido, el cual había perdido la atención de su nieta al haber llevado las visitas. Aprovechó para colocarse bien la ropa, tras haber estado tirado en la alfombra jugando con ella.

- Oye, traidora, qué rápido me has vendido… - le dijo al darse cuenta de que seguía en brazos de Taichi.

- En algo se tenía que parecer a Sora, Haruhiko… - contestó Toshiko riéndose por lo bajo-. Bueno, en eso y en el buen comer, aunque tampoco he visto nunca protestar a Yamato.

- Porque Yamato ha estado dos veces en otro planeta, pero todavía le tiene miedo a llevarle la contraria a su suegra – dijo el embajador, echándose a reír.

- Hmm… ¿no digo nada, no? – murmuró Koemi tras unos segundos en silencio, aprovechando para posar su mano en la cabecita de Aiko y darle así una suave caricia a modo de saludo.

- ¿Tú de parte de quién estás?

- De la que mejor me convenga en este momento… - se echó a reír ella también a la vez que el resto por la cara que acababa de ponerle él antes de ir a saludar también a Sora.

La pelirroja levantó la vista también riéndose, saludándola así con un gesto al no poder hablar en ese momento y terminando por ponerse en pie por fin cuando los tres niños se fueron corriendo de nuevo hacia la puerta al volver a escuchar el timbre.

- Ya voy yo… - dijo Yamato a sabiendas de que aquel era su padre.

- ¡Abu! – Aiko, sin intención de bajarse todavía de dónde estaba, se quedó siguiéndolo con la mirada-. Papi no le tiene miedo a la abu porque ella lo quiere mucho – murmuró por lo bajito, creyendo necesaria esa aclaración para Taichi.