- Sora estás muerta de sueño – dijo su madre al darse cuenta de que hacía un rato que estaba con el codo sobre la mesa para poder sujetar así su cabeza al dejarla apoyada en su palma.

- No… No, estoy bien – contestó, poniéndose algo más recta para disimular.

- Ya, claro… - negó con la cabeza-. Anda, que ya es tarde y nosotros ya nos vamos…

- No mamá, que no hace falta…

- A callar – riéndose cruzó una mirada con su marido, el cual asintió-. Que ahora lo que mejor te va a venir es descansar todo lo que puedas. Además, según tengo entendido, os vais de viaje, ¿verdad?

Despejándose algo más con ese tema, sonrió a modo de respuesta. No había tenido tiempo de pensar en ello demasiado con todo lo demás y le hacía especial ilusión que aquella vez se llevaran con ellos a Aiko.

- Nos vamos a Hakone, sí…

- Bueno, creo que está vez has ganado tú con la sorpresa- se rio ligeramente por lo bajo-. Anda, venga, que nosotros nos vamos ya, que sino también se me va a acabar quedando dormido tu padre y anda algo especialito desde que le has dicho que va a volver a ser abuelo.

Sora sonrió buscándolo con la mirada unos segundos. Sabía el susto que le había dado, al igual que a todos. Agradecía que se preocuparan todos tanto por ella, eso no lo iba a negar, pero no estaba loca. Hacía ya tiempo que tenía un motivo muy importante por el que tener cuidado con cada paso que daba, y hacía rato que estaba durmiendo en su cama desde hacía rato. Jamás hubiera insistido con el tema si le hubieran dicho que iba a ser peligroso. Ya no era ella sola. Sin duda su padre era uno de los que más rápido se había preocupado, ya que a pesar de que estaba en Tokio, lo tenía todavía algo más perdido.

- No digas tonterías – contestó por fin el profesor, poniéndose en pie para ir a coger las cosas-. Además, esta vez al menos no me he enterado el último… Que seguro que había alguno que se me quería colar.

- Oficialmente me enteré de las sospechas antes… - dándose automáticamente por aludido, Hiroaki contestó a sus palabras, habiendo ido momentos antes él también a por su abrigo y el de Natusko.

- Papá, por favor, no empecéis… Que voy a acabar teniendo pesadillas con vuestros dramas de abuelos – Yamato, negando con la cabeza, acabó por colocarse al lado de Sora cuando ella se puso en pie.

Hacía ya un rato que tanto Taichi y Koemi como Takeru y Hikari se habían ido. Al tener a los niños con ellos, el sueño había empezado a pasar factura y nadie quería volver demasiado tarde a casa con ellos. Ahora que solo quedaban los más adultos con ellos, la conversación se había ido volviendo más tranquila, acabando en la típica discusión de ofrecer ayuda para recoger las cosas entre unos y otros.

- ¿En qué te vas a casa? – le preguntó Yamato con el mejor aire de inocencia que era capaz de disimular a aquellas alturas.

- Me lleva tu padre – explicó mientras que terminaba de ponerse el abrigo, ajena a la mirada que le estaba lanzando su hijo a Hiroaki en ese momento-. No te preocupes.

- ¿Seguro? Porque si hace falta te llevo yo, ¿eh? Es un momento…

Yamato pudo sentir el suave codazo que Sora le daba para que dejara de picotear a su padre, viendo la cara que le estaba poniendo, intentando así aguantarse la risa cuando Natsuko terminó de colocarse bien el abrigo y poder esperar ya para irse. Tuvo que tomarse unos segundos y carraspear ligeramente, intentando guardar las apariencias.

- Sí, segura, tú tranquilo. Que no creo que nos vayamos a perder… Además, seguro que Sora tiene gana de irse a la cama de una vez – contestó sin llegar a darse cuenta de lo que pasaba.

- ¿Ves? Ya somos dos las que decimos que tienes más o menos la misma cara que Aiko hace un rato – dijo Toshiko haciendo exactamente lo mismo que ella-. Si necesitáis algo antes de iros de viaje avisadnos, ¿entendido?

- Ya la mando yo ahora para la cama sin que proteste, tranquilos – dijo riéndose por lo bajo.

Se podía imaginar que no tardaría en quedarse dormida. El día anterior había madrugado más de la cuenta para aprovechar por la mañana y decirle lo del embarazo, luego, no se podía decir que hubieran dormido demasiado por la noche y, de nuevo, por la mañana había vuelto a desvelarse para decirle a Aiko que iba a ser hermana mayor. Además, recordaba que solía tener más sueño de la cuenta durante el anterior embarazo.

Cuando cerró la puerta tras haber despedido a los padres de ambos, Yamato aceleró el paso para atrapar a Sora antes de que se alejara demasiado, cogiéndola así por le cintura desde detrás, reteniéndola de esa forma a su lado.

- ¿Qué? – preguntó con una leve sonrisa usándolo de apoyo de forma automática, dejándose abrazar.

- ¿Todo bien?

- Todo perfecto – giró el cuello para poder encararlo y darle un beso en los labios al haberse acercado él-. ¿Recogemos?

- No, recojo yo. Tú te vas a la cama…

- No me quiero ir a la cama sola – protestó, arrugando la nariz, provocando que le diera un beso en la punta, divertido por el gesto.

- Recojo rápido. Meto lo que haya que meter en le nevera y lo demás al lavavajillas. Tú mientras tanto vete a ponerte el pijama y estoy contigo antes de que te duermas, prometido.

- Te ayudo…

- Vete a ponerte el pijama. No me hagas llevarte a la cama, que sabes que lo hago…

La soltó lentamente, dejándola que echara a andar hacia la habitación resignada. Se les avecinaban unos meses entretenidos en los que esperaba que no protestara demasiado y se dejara cuidar. A fin de cuentas, era uno de sus entretenimientos favoritos. Luego estaría Mai preocupada sobre si una periodista le hacía ojitos o no… A buen sitio iba con él. No podía estar la cosa más perdida desde hacía mucho tiempo.

Saliendo de su ensimismamiento, se acercó a la mesa para hacer exactamente lo que había dicho, guardándolo todo para que no se estropeara. Al menos iban a tener comida para no tener que preocuparse al día siguiente y poder aprovecharlo para hacer las maletas tranquilamente. Lo mejor seguía intentar gastar todo lo que tenían que se pudiera estropear antes de irse. Colocó todo lo que pudo en la nevera, dejando las cosas lo más organizadas que pudo y todos los platos sucios en el lavavajillas para que solo fuera echarlo a andar al día siguiente. Además tampoco quería tardar demasiado en irse a la habitación. No quería que Sora se quedara dormida y acabar él despertándola al meterse en la cama, de manera que no tardó en apagar las luces e irse a la habitación.

Sonrió al ver que estaba todavía sentada en su mesita, desenredándose el pelo, seguramente haciendo tiempo para esperarlo. Aprovechó el momento para así poder llegar hasta donde estaba y quitarle el objeto de las manos y poder hacerlo él.

- Mañana no creo que tengamos que cocinar – dijo a modo de conclusión, buscando la mirada de ella en el reflejo.

- Lo suponía… A no ser que la chiquitina quiera otra cosa…

- ¿Sí? ¿No habíamos quedado en que no había que consentirla tanto?

- Eso recuérdamelo cuando no la vea tan contenta por casa porque va a tener un hermanito… - sonrió a la vez que él-. O hermanita… ¿Te hago la pregunta comprometedora o mejor dejamos que sea sorpresa?

- ¿Qué? ¿Qué si quiero que sea niño o niña? Pues… La verdad es que me da igual. No creo que te sorpresa la respuesta, pero… Ya puestos a pedir… Yo creo que ya te dije que no me iba a enfadar si decidía parecerse a ti…

Escuchó cómo se reía ella con sus palabras. Sí, se acordaba de lo que habían hablado en su momento con Aiko. Realmente, en el lugar en el que vivían, ambos tenían unos rasgos bastante extraños para su entorno, por lo que ya era algo más raro de ver cualquiera de las dos opciones. Sin embargo, de los dos ella era la que se llevaba la palma. Estaba segura de que alguna de aquellas clases en la que les hablaban de guisantes de un color u otro ella siempre salía perdiendo. Pero, tampoco iba a ser ella la que se quejara si volvía a tener otra cabecita rubia por casa rondando. La sonrisa que se dibujó en su cara, sin duda, delató lo que estaba pasando por su cabeza.

- Venga anda, que vas a coger frío, vete par la cama que ya me cambio yo ahora, que anoche no es que hayamos dormido demasiado.

- ¿Y la culpa de eso de quién es?

- Toda tuya – se inclinó para dejar un beso en su cabello-. Y mañana por la noche a ver si aprovecho antes de que se nos duerma Aiko y le enseño el telescopio que seguro que le va a gustar.

Posó el cepillo para irse al armario y poder sacar el pijama para cambiarse, haciéndolo rápidamente al notar el contraste de temperatura y pudiendo así irse al baño a lavarse los dientes justo cuando veía que Sora finalmente abría la cama para poder meterse en ella y acomodarse. Realmente, le había dicho la verdad, cualquier opción le iba a parecer bien. Si venía otra niña bien y si conseguían tener la parejita, también bien. No iba a ser él quien se quejara de ninguna de las dos opciones. Si hubiera sido al revés y Aiko hubiera sido un niño, quizás la cosa fuera diferente, aunque solo fuera por culpa de su padre, pero, en el punto en el que estaban, a él se le iba a caer la baba de cualquier forma.

Lo tenía asumido. No era algo que no fuera a ocurrir viniera lo que viniera. Tampoco creía ser capaz de sobrevivir a que le viniera un pequeño o pequeño idéntico a su madre, posiblemente fuera a tener verdaderos problemas para salir de aquella, pero, no quería pensar en ello tampoco. Tenían unos cuantos meses por delante y en lo que prefería centrarse era en que Sora estuviera perfectamente todo aquel tiempo.

Dio un respingo al sentir que le caía la pasta de dientes por la barbilla, mirando su reflejo en el espejo antes de echarse a reír y escupir para poder aclararse antes de desgraciarse el pijama y tener que volver a cambiarse. Alargó la mano para coger la toalla y así secarse una vez que hubo terminado, apagando la luz al salir y acercándose con rapidez a la cama.

- ¿Qué haces ahí sentada? – le preguntó al verla incorporada.

- Esperarte… - se encogió de hombros.

- Esperarte… - repitió negando con la cabeza acelerando entonces para poder apagar la luz y meterse con ella entre las sábanas-. Si tienes más cara de sueño que Aiko cuando la empecé a ver dar cabezadas en el sofá.

- Anda, deja de dar tantas vueltas y échate de una vez – le dijo esperando a que él estuviera listo, arrugando la nariz al ver que no alargaba el brazo para que ella pudiera usarlo como apoyo.

No pasaron más que unos segundos antes de que empezara a reírse él tanto por la cara que le estaba poniendo como el hecho de que se hubiera quedado a la espera. Alargó el brazo para que pudiera usarlo como apoyo, entretenido por el comportamiento de ella. No se quedó simplemente bocarriba, sino que se ladeó ligeramente para poder encararla y usar su otro brazo para pasarlo en torno a su cintura.

- ¿Todo bien hoy? – le preguntó.

- De maravilla – contestó, quedándose con la vista fija en la de él aprovechando así la cercanía-. Me gusta mucho juntar a toda la familia…

- ¿La parte Yagami cuenta como tal?

- Esos vienen de mi parte – asintió divertida.

- Pues… Tampoco te voy a llevar la contraria – sonrió, adelantando el cuello para darle un beso en la frente-. Duérmete venga…


Hoy estoy vaga, así que me vais a perdonar que no os conteste. Os dejo capi extra, que es lo que realmente cuenta, pero me he pasado la tarde entera currando y no da la cabeza para más. Así que venga, aquí os cierro el día de Navidad de estos dos con un poco más de azúcar.

¡Besitos de tortuguita!