Aiko echó a correr nada más que la posaron en el suelo de la que, durante aquellos días iba a ser su nueva casa. Detrás de ella fueron los digimon y, mientras tanto, entre sus dos padres terminaron de meter las maletas en el interior. Sora se distrajo nada más cruzar la puerta, quedándose mirando hacia el lugar con una ligera sonrisa ampliándose poco a poco en sus labios.

Era la mejor opción para ellos en la situación en la que estaban. Sin duda eran muchos para una misma habitación y con unos horarios muy diferentes. Cuando la pequeña estuviera durmiendo ya ellos dos seguramente todavía estuvieran con todo a medio hacer y eso sería molestarla y que se anduviera muriendo de sueño por las esquinas. Y la idea de dejarla sola en una habitación aparte no era algo que hubiera pasado por la cabeza de Yamato aunque supusiera que los digimon iban a quedarse con ella encantados. De manera que no le había costado mucho llegar a la conclusión de que en vez de quedarse en un hotel de habitaciones era más sencillo buscar un lugar del estilo en el que se habían quedado en Grecia a medio camino entre un hotel y una residencia privada.

- ¿Te gusta? – le preguntó a la pelirroja nada más conseguir cerrar la puerta.

- ¿Tú qué crees? – se giró hacia él con la mejor de sus sonrisas-. Aunque se me sigue dando mejor a mí el secuestrarte, que lo sepas – aprovechó que la niña había salido corriendo para explorar por el lugar para acercarse a él a murmurarle aquello y terminar la frase con un beso-. Y yo diría que a Aiko también…

Sonrió a las palabras de ella, quedándose mirándola unos segundos antes de volver a sentir los correteos de la niña y girarse al verla llegar hacia ellos buscando coger a su madre y tirar de ella para que la acompañara.

- ¿Dónde me llevas?

No llegó a escuchar la respuesta de la niña, quedándose entretenido hasta que las perdió de vista. Decidió que lo mejor que podía hacer era ir quitando las maletas del medio. Le hacía gracia ya que sabía que Sora no era alguien que soliera llevar demasiado equipaje con ella, pero, en aquella ocasión parecía que se iban dos meses de casa. Estaba seguro que el motivo se podía resumir en jerséis gordos y enormes en los que se solía esconder en fechas como aquella. Hacía ya tres años, por aquellas fechas, habían sido los responsables de que él no hubiera descubierto aún que Aiko ya se estaba dejando notar. La otra opción eran los pijamas de invierno. Aquel pensamiento provocó que se empezara a reír por lo bajo antes de empezar a llevar las cosas a la habitación.

Sora se dejó arrastrar por Aiko, notando como los digimon iban con ellas, esperando que la pequeña se detuviera para saber qué era lo que había visto. Se quedó sorprendida cuando lo hizo delante de una ventana y empezó a señalar hacia el exterior.

- ¿Qué has visto chiquitina? – se agachó para quedar a su altura.

- Mira qué blanquito está todo mami…

Aquellas palabras hicieron que se diera cuenta de que quizás fuera la primera vez que ella viera tanta nieve junta. Bien era cierto que el invierno en Tokio aquel año estaba siendo más duro, pero el tráfico de gente y vehículos conseguía que no hubiera nieve acumulada. Ahora, lo que se podía ver desde la ventana que había encontrado la niña, era el pequeño jardín de la casa cubierto completamente.

- ¿Has visto? Vas a tener que ponerte todos tus gorritos y bufandas para poder salir, que aquí hace más frío que en la ciudad, ¿vale? – esperó a ver como asentía, sonriéndole-. ¿Te gusta?

- ¡Sí!

- Ha escogido papi el sitio, ¿quieres ir a ver tu habitación? – la respuesta de la niña fue volver a tirar de la mano de su madre para hacer exactamente lo que había dicho.

La habitación seguramente fuera algo más pequeña que la principal pero estaba segura de que iba a tener una cama que, comparada con el tamaño de Aiko, iba a ser bastante grande. Aunque algo le decía que eso era bueno, ya que así iban a poder dormir con ella dos que ella se sabía. Miró hacia los lados, intentando adivinar dónde podría estar, viendo entonces a Yamato asomarse.

- La nuestra está arriba – explicó señalándole así hacia un pasillo que salía del salón-. Ya he dejado sus cosas allí.

- Vale – respondió la pelirroja, asintiendo-. ¿Te ayudo con eso?

- Vete con la niña, corre…

Divertida por la respuesta que le había dado, siguió a Aiko ya que aún la tenía cogida de la mano. Abrió la puerta que había al final del pequeño pasillo para dar por fin con la habitación que faltaba, dejando pasar primero a Aiko, notando como entonces se escapaba para irse corriendo al interior.

- Vaya cama más grande – dijo divertida mientras que la vigilaba-. A ver si te vas a perder en ella…

Se acercó hasta ella cuando la vio querer subirse, ayudándola al cogerla por debajo de los brazos y así dejarla sentada en ella. Le hizo un gesto para que se estuviera quieta y así quitarle el calzado, que ya la conocía más que de sobra y sabía que se iba a poder a dar saltos.

- Desde aquí también se puede ver la nieve de fuera – le señaló la ventana-. Vamos a tener que darle las gracias a papi luego, ¿eh? – alargó las manos para hacerle cosquillas, escuchando cómo se empezaba a reír-. ¿Vais a dormir con ella?

Los dos digimon asintieron caminando hacia ellas para acompañar a la pequeña, subiéndose Biyomon de un revoloteo y ayudando Sora a Gabumon al cogerlo tal cual había hecho con Aiko momentos antes, sonriendo ampliamente al ver cómo enrojecía.

- Oye, me lo voy a tener que empezar a tomar a malas, ¿eh? – dijo divertida porque todavía a esas alturas de la vida le diera vergüenza por algo así-. Aunque, compañero de uno que yo me sé tendrías que ser…

- Papi siempre se pone rojito – asintió con la cabeza, quedándose sentada entre ellos.

- Y antes se ponía mucho más – susurró como si le estuviera contando algo confidencial-. ¿Sacamos tus cosas de la maleta? - no esperó a que le respondiera, acercándose a por las cosas de la pequeña para poder sacarlas. Le hacía gracia que al final la maleta de ella fuera casi igual de grande que la de sus padres, pero sabía perfectamente lo que se había dedicado a meter dentro. Intentó no reírse mientras que la dejaba al lado de Aiko y la abría-. No me digas, ¿no sabías cuál elegir? ¡Si vamos a tener que repartirlos por todo el lugar para que tengas sitio para dormir!

- No mami, entramos todos en la cama – nada más vio que estaba abierta la maleta alargó las manos hacia ella para poder coger algunos de sus peluches.

- Oye, ese no te lo conocía yo – alargó el dedo hacia ella para pincharla en el costado y hacerle cosquillas.

- El abu me dijo que "shhh" – imitó el gesto con el dedo.

Ni siquiera se molestó en preguntar qué abuelo había sido en aquella ocasión, echándose a reír sin más por la explicación que le había dado ella. No podía culpar a ninguno de los dos, ella intentaba fingir ser la más seria en ese tema, y también tenía sus problemas para no aparecerle siempre que podía con algo a la niña.

- ¿Me dejas alguno a mí? Mira que igual luego papi tiene miedo él por la noche – le dijo volviendo a centrarse.

- Pues te usa a ti para eso como lleva haciendo años – escuchó como soltaba Biyomon de golpe haciendo que girase la cabeza hacia ella y tuviera que echarse a reír, dándose cuenta entonces de que Yamato estaba apoyado en la puerta y que empezaba a estar de un color parecido al de su pelo.

- A ver, chiquitina, vamos a sacar tus cosas antes de que tu padre empiece a hiperventilar…

Intentando no echarse a reír de manera demasiado evidente volvió a centrarse en la maleta de la pequeña, sacando asi los juguetes y buscando entre todos ellos las cosas de ella para poder dejarlas donde no se fueran a arrugar mientras que estaban allí.


- Lo mejor es que no puedes decir que Biyomon no decía la verdad – dijo Sora divertida una vez que se habían quedado solos en la que iba a ser su habitación, sacando también la ropa de la maleta.

- No lo niego. Yo encantado de poder usarte de peluche – alargó la mano rápidamente hacia ella cuando notó que pasaba cerca de él ya sin los jerséis, acercándosela para poder rodearla con los brazos-, creo que es bastante evidente.

- ¿Si? Con lo rojo que te pusiste cualquiera diría que no es así – sonrió, dejándose atrapar y girándose hacia él para dejar sus manos en sus hombros, moviéndolas poco a poco hasta dejarlas tras su cuello y así jugar con los mechones a los que llegaba desde ahí-. ¿De dónde te has sacado este sitio?

- Soy un antisocial, ya lo sabes. Cuando me pongo a buscar sitios de vacaciones lo mío son sitios tranquilos como este o como cuando encontré el pueblecito aquel cerca de Londres.

- Oye, a mí tampoco se me da nada mal eso de secuestrarte, que lo sepas…

- Nadie ha dicho lo contrario – sonrió, inclinándose hacia ella para poder besarla, tomándose su tiempo en aquella ocasión, disfrutando de cada roce con ella, moviendo un brazo hacia su cintura para dejarla bien pegada a él y arrastrando el otro hasta dejar su mano apoyada en la nuca de su esposa para acercársela más.

Se quedó pegada a él, dejando los ojos cerrados mientras que intentaba acordarse de cómo poder recuperar el movimiento cuando se separaron. Era gracioso que después de tantos años ya siguiera teniendo el mismo efecto, o peor, en ella. Cogió aire, soltándolo lentamente para poder alzar la vista hacia el rubio, encontrándose con su mirada fija en ella. sonrió de forma automática.

- ¿Qué? – dijo él.

- Eres consciente de que cada día que pasa vamos a peor, ¿no?

- Y estoy altamente orgulloso de ello – movió la mano que había posado en su nuca hasta su mejilla y darle de esa forma una ligera caricia-. ¿Tú no?

Se rió ligeramente, cerrando los ojos de nuevo para disfrutar del gesto de él. Estaba segura de que no era la mejor idea del mundo ponerse cariñosos a esa hora del día habiendo viajado con la pequeña, pero iba a tener que hacer el esfuerzo por no dejar que su revoltijo de hormonas se apoderase de la situación de ninguna manera y simplemente disfrutarla.

- Es más – la distrajo al hablar de nuevo-. Tampoco es que me hayas dado recientemente ningún motivo últimamente para ello, ¿verdad?

- Oye – entendiéndolo a la primera, volvió a sonreír-, creo que de eso tenemos bastante culpa los dos. Y cuando digo bastante, quiero decir bastante, porque creo que nos hemos aplicado mucho para ello.

- Yo me aplico en las cosas importantes – se inclinó, dejando ahora un beso en la punta de su nariz.

Escucharon a la pequeña enredando por el salón, provocando de esa forma que volvieran a conectar con la realidad, separándose ligeramente mientras que él le hacia un gesto a la pelirroja para que fuera a ver qué estaba haciendo Aiko.

- ¡Mami! Me suena la barriguita… - le dijo mirando hacia ella.

- ¿Te suena la barriguita? – se giró buscando a Yamato con la mirada-. ¿Has oído? Pues ya somos dos las que tenemos hambre…

- ¿Y qué me quieres decir con eso? – dejó su propio pijama debajo de la almohada antes de caminar hacia donde estaba la pelirroja-. ¿Tú crees que habrá buscando dónde ir a comer?

- Si no quieres dormir en el sofá… - sonrió de forma ladeada, bajando el tono antes de volver a hablar sin que nadie más que él pudiera escucharla- O esforzarte mucho, mucho, para que luego te deje volver a la cama…

- Menos mal que ya os conozco a las dos como haber dejado reservada mesa para seis– habló tras arquear una ceja y quedarse mirando hacia la pelirroja, frenando sus pasos la darse cuenta de lo que acababa de decir.

- ¿Seis? – la pelirroja lo miró confusa.

No lo había dicho queriendo, pero, los ojos de él se habían posado en donde seguramente dentro de unos meses se notaría la barriguita por fin. La pelirroja siguió la dirección de la mirada de su marido, dándose cuenta al instante de por qué lo había dicho, mordiéndose el labio, intentando controlar un poco su reacción.

- Anda, vamos a comer – le dijo él colocándose frente a ella para poder darle un beso en la frente-. Oye, tortuguita – habló de nuevo empezando a bajar hacia el salón-. ¿Cómo de alto te suena la barriguita?


Bueno, que sepáis que la página está haciendo de las suyas. Me llegó que tenía una review de Nat y ahora no sé qué ha hecho con ella ni dónde la ha metido, así que cuando la web tenga a bien enseñármela ya la leeré, porque de la bandeja de entrada las suelo ir borrando, así que nada...

ElenaAA23: lo raro es que me haya dejado ver la tuya y la otra no, pero bueno, la web sabrá a lo que juega. A ver cuántos días tarda esta vez en dejar de esconderme las cosas.

Mimi es ese típico personaje pedorro petardo al que yo solo querría estrellarle algo en la cara a los 10 minutos de tenerla al lado. Pesada, irrespetuosa, meticona y escandalosa, vamos, el combo total jajajaja Y lo peor es que he tenido que sufrir gente así en el día a día que no pillaban la indirecta tampoco T_T Así que supongo que ahí los gruñimientos de Yamato se basan un poco en mis propias reacciones hacia ese tipo de gente. Y mira que es lo que dices tú, a Mimi la traigo un poco más al campo soportable porque sino me sería imposible escribirla. EL pobre Koushiro... A saber qué pasaba por esa cabeza cuando se le ocurrió el juntarse con ella. Por suerte tenemos a Jou para hacer un poco de mediador entre todos e ir asumiendo que a él también le esperan unos meses de estrés.

Pero bueno, ahora ya se han ido de vacaciones y parece que la más contenta con el destino es la nena. Deben de ser las primeras vacaciones en la que es más o menos consciente de lo que pasa a su alrededor y por eso anda tan emocionada. La pobrecita cuando se la llevaron a Tanegashima seguramente ni se diera cuenta y se acordará de más bien poco. Aunque bueno, mejor para ella, así no se acuerda del mes que tuvo que pasar sin papi a mano. Que menudo trauma sino se le queda a la pobre seguro.

A ver qué tal se les dan las vacaciones a la familia Ishida, que tienen que coger fuerzas para empezar bien el año que les viene por delante. ¡Un bico grandote!