Sora sonrió cuando vio salir a Aiko de la habitación a las carreras para irse a la busca de su padre, que, como bien había dicho un rato atrás, se la iba a llevar a chapotear un rato en la piscina. Le hacía gracia que hasta en eso se tuviera que parecer a él. Una cosa era que la gustara bañarse en casa, con sus juguetes y en sitio conocido y otra muy diferente que desde el primer momento que la habían llevado, todavía siendo un bebé, a Tanegashima el drama hubiera venido cuando la habían intentado sacar del agua. Ahora que el plan incluía estar ellos dos solos y que el agua seguramente fuera caliente… Tiempo le había faltado para salir a las carreras con el albornoz que acababa de ponerse.

Escuchó como las voces de ambos se alejaban, aprovechando para terminar de recoger la ropa que la pequeña había dejado tirada antes de salir de la habitación, encontrándose a los digimon observándola desde el salón.

- ¿No habéis ido con ellos? – esperó a ver como negaban con la cabeza-. ¿Y eso?

- Yo me quería quedar contigo – dijo Biyomon consiguiendo que sonriera.

- Ya, ya… Lo que no os apetece es mojaros…

Divertida ante la cara que pudieron al verse delatados les hizo un gesto para que la siguieran si querían. En realidad, podría haber dio con Yamato y Aiko a pasarse un rato a remojo, pero prefería dejarles a ellos un poco de tiempo para enredar y así aprovechaba ella y descansaba un poco. Lo había ido notando en los últimos tiempos, aunque no se había parado a pensar que fuera cosa de un posible embarazo, sino que lo había achacado más bien a todo lo contrario. Ahora, le parecía la mejor de las ideas tener un rato para quedarse echada si el motivo no era otro más allá que consentir un poco al futuro nuevo miembro de la familia.

- Voy a ponerme algo más cómoda, vengo ahora – les dijo a ambos, cogiendo sus pantalones de pijama para cambiarse a ellos.

En otra ocasión lo hubiera hecho allí mismo, pero estaba segura de que sería un poco cruel comprobar hasta qué nivel de rojo era capaz de ponerse todavía Gabumon a aquellas alturas de la vida, de manera que prefirió hacerlo en el baño. Cuando volvió a salir, sonrió al ver que estaban sentados en la cama.

- ¿Qué os parece el sitio? – les preguntó, sentándose ella también.

- ¿Lo ha escogido Yamato? – dijo Biyomon yendo a colocarse más cerca de ella.

- Sí, es su regalo de Navidad. ¿A ti no te había dicho nada? – habló mirando hacia el compañero del rubio mientras que se arrastraba para acomodarse entre los cojines-. Ay… - hizo una mueca una vez que consiguió coger postura, dándose cuenta de que desde allí no llegaba a poder taparse-. ¿Me acercas la manta esa?

El digimon negó con la cabeza a la primera de las preguntas mientras que hacía lo que ella le había pedido, viéndose atrapado cuando llegó a su altura par que se quedara también echado a su lado en vez de en la otra punta. Enrojeció automáticamente escuchándose a continuación la risa de la pelirroja.

- Anda, que me va a acabar pareciendo mal que todavía te dé vergüenza a estas alturas – le dijo, terminando de acomodarse con la manta y los dos digimon.

- Es un vergonzoso – comentó Biyomon mientras que buscaba acomodarse bajo el brazo de la pelirroja.

Sora posó los ojos en él, dándose cuenta de que se había relajado rápidamente pasada la sorpresa inicial. Tampoco quería agobiarlo, pero, al igual que Yamato años atrás, solo había que darle unos segundos para acostumbrarse y luego, posiblemente, fuera el último de irse de su lado. Sonrió, dejando que su cabeza quedara apoyada en los cojines. Sin duda era una de las mejores ideas que había tenido en lo que llevaba de decía, notando como rápidamente empezaban a pesarle los párpados y que todo le iba pareciendo cada vez más lejano hasta quedarse completamente dormida.


Yamato se quedó mirando hacia Aiko cuando la pequeña se acercó hasta la orilla de la piscina todavía con el albornoz puesto, entretenido al ver que, como mucha de la ropa de andar por casa de ella, tenía orejitas. Sabía perfectamente a quien acusar de aquello y no iba a ser él quien protestara. Aprovechó el momento para quitarse él también el suyo y luego agacharse para que la niña volviera a su lado.

- Ven aquí tortuguita – la cogió por la cintura cuando la tuvo a mano, ayudándola así a quitarse la prenda y dejarla encima de la de él.

- ¿Mami?

- Tenía sueño, pero no te preocupes que se han quedado con ella Gabumon y Biyomon. Luego tenemos que ir a buscarla.

- ¿Vas a ayudarla a ella a que se bañe también?

Intentó no reírse, ni mostrar reacción alguna sobre la inocente pregunta de Aiko y lo que realmente había pasado por su cabeza. Sin duda, era su intención para más tarde, cuando la pequeña durmiera.

- Claro, pero eso más tarde – cazándola con él, se puso en pie y caminó hacia la piscina.

Aún era demasiado pequeña como para soltarla de golpe en el agua, la idea era meterse él y que así ella se fuera acostumbrando poco a poco. Incluso entonces seguía haciéndolo, a sabiendas de que era bastante probable que en cuanto la soltara ella sola se las arreglase para meterse de una carrera y un salto. Dejando ir una sonrisa ante esos pensamientos, terminó de bajar las escaleras.

- ¿Está bien el agua? – le dijo a la niña, soltándola para que pudiera empezar a chapotear ella sola tranquilamente.

Hacía ya tiempo que Aiko había aprendido a nadar. Sin duda, había sido uno de sus entretenimientos favoritos. Le encantaba que a ella le gustara también una de sus mayores aficiones y había aprovechado el último verano para que ella aprendiera. No confiaba tanto en la situación como para dejarla sola, pero disfrutaba tanto como ella de aquellos momentos, así que estaba encantado de acompañarla. Conectó con la realidad cuando sintió que un chorro de agua impactaba en su espalda, girándose para ver a Aiko riéndose.

- ¿Ah sí? ¿Esas tenemos? Ya verás, ya… - aprovechó para meterse él del todo en el agua también, yendo tras la niña buceando.


Sora se había quedo completamente dormida. A pesar de que su intención había sido descansar solo un rato, el sueño había podido con ella. Se le habían cerrado los ojos y había desconectado con la realidad y había quedado rendida. No sintió el momento en el que Yamato entró de nuevo en la habitación, todavía con el pelo mojado, sonriendo al verla.

Intentando no hacer ruido, caminó hacia donde Sora había dejado sus cosas, revolviendo para poder encontrar el secador de pelo y terminar de secar a Aiko. Hacía un rato que habían vuelto de la piscina, la había ayudado a bañarse después y ahora quería terminar de secarla para que no cogiera frío. Sonrió al ver que los ojos de Gabumon, quien estaba al lado de Sora, se quedaban fijos en él, llevándose un dedo a los labios para que no dijera nada y volver a desaparecer de la habitación segundos más tarde.

Gabumon lo siguió con la mirada, quedándose en silencio, moviendo la cabeza para ver que Biyomon también se había dado cuenta de que los dos rubios de la familia habían vuelto, esperando a verla asentir para irse tras ellos y poder estar un rato también con la niña dejando a Sora a su aire en la cama y asegurándose de que quedaba tapada.

- ¿Qué estáis haciendo vosotros dos aquí? – dijo Yamato nada más verlos, con Aiko sentada encima de las rodillas-. ¿Has visto? No son capaces de dejarte en paz ni cinco segundos…

- ¿Mami se ha quedado solita?

- Mami está más dormida que tú y yo el otro día que nos quedamos dormidos en el sofá – le contestó él riéndose-. Creo que deben de querer verte… Si es que no los puedes dejar ni cinco minutos solos…

Divertido, negó con la cabeza antes de volver a encender el secador para poder terminar de secarle el pelo a la pequeña y que no cogiera frío. Como se iba a ir a la cama no tardando demasiado, tampoco tuvo demasiado cuidado con la forma en la que lo hacía, entretenido en ver cómo se reía al darse cuenta de que su cabello estaba igual de desordenado que el de su padre.

- Ale, lista, tortuguita. Ya puedes ir a enredar por ahí… Vamos a dejar que tu madre duerma un rato más, así que yo voy a recoger y tú te quedas con ellos dos, ¿vale? – esperó a ver como asentía-. ¿Queréis ir al salón y os dejo la tele puesta? Oye – alargó la mano para pinchar a Gabumon en el costado-, creo que llegas a tiempo para el programa de Mimi.

Entretenido al verlos salir hacia donde había dicho, recogió todos los trastos por allí para ir a dejarlos secando. Él solo se había secado y se había cambiado a ropa más cómoda. Sin duda sus intenciones para más tarde eran otras que no requerían que se terminara de adecentar demasiado. Se llevó la mano al cabello, revolviéndoselo algo más antes de salir y verlos a los tres sentados en el sofá a la espera.

- A ver… - se acercó, cogiendo una de las mantas y echándola por encima de ellos-. ¿Qué os pongo al final?

- Yo quiero ver a la tita… - dijo Aiko, consiguiendo que su padre murmurase por lo bajo que debía de ser la única de la familia mientras que les dejaba la televisión encendida-. Voy arriba a recoger, ¿de acuerdo?

- No despiertes a mami – llevándose el dedo a los labios, la niña se quedó mirando a su padre, el cual sonrió.


Subió las escaleras que llevaban a la habitación principal, abriendo la puerta y encontrándose dos ojos canela fijos completamente en él.

- Ey… ¿desde cuándo estás despierta tú?

- Pues… Tampoco sabría decirte desde cuándo llevo durmiendo – sonrió, aprovechando para estirarse-. ¿Qué tal el baño?

- Muy bien. A este paso va a nadar mucho mejor que yo… De entrada creo que ya le gusta más que a mí…

- Bueno, yo creo que es por la compañía. Mira que yo soy más de tenis, pero si me arrastras contigo a la piscina me motivo rápidamente – sonrió alargando la mano para cazarlo cuando pasó cerca de ella, provocando así que se sentara a su lado.

- Ya la he bañado. Está abajo viendo la tele con los otros dos. No quiero reclamaciones por cómo le ha quedado el pelo… Sigo diciendo que a estas alturas todavía no se me da demasiado bien peinarme a mí mismo como para conseguirlo con ella.

- Pobrecita Aiko… Me la puedo imaginar – se rió por lo bajo-. Es más tengo la prueba delante de mí...

Hizo referencia a que él tampoco estaba demasiado peinado, teniendo el flequillo revuelto cayéndole por delante de los ojos. La diferencia estaba en que la niña estaba muy graciosa cuando andaba así por casa y que en é… No era gracia precisamente lo que le provocaba. Estaba segura de que tenía que ver con que ella solía irse directa a por el cabello de él cuando estaban juntos y solía dejarlo bastante despeinado. Uno de sus momentos favoritos era cuando se separaban y podía verlo tan de cerca, con sus ojos azules mirándola a través de los mechones del flequillo.

- ¿Qué te pasa? – le preguntó él, divertido, notando la expresión que acababa de poner, casi que pudiendo adivinar lo que pasa por su cabeza.

- ¿Qué vamos a cenar? – cambió de tema, volviendo a estirarse más ligeramente que la vez anterior.

- No lo sé. Yo creo que podemos pedir que nos lo traigan y así escoge la chiquitina, ¿te parece bien?

- ¿Te ha estado chantajeando?

- No responderé a esa pregunta sin la presencia de un abogado…


Bueno, como siempre, la web se la comido los comentarios, así que nada, algún día aparecerán de nuevo y os los contestaré, pero, mientras tanto... Yo os dejo capi y os mando un besito de tortuguita para todos.