- ¿Se ha quedado dormida Aiko ya? – preguntó Sora sonriendo al notar que Yamato volvía de nuevo hacia el salón y tomaba asiento a su lado.

- Sí, ha caído rendida. Después de pasarse media tarde intentando ahogarme creo que se ha quedado cansada – aprovechó para alargar el brazo y pasarlo en torno a los hombros de la pelirroja.

- Lo dices como si no hubiera estado correteando el resto del día… - sonrió, acomodándose a su lado automáticamente nada más notar su gesto-. Y eso que se quedó dormida por el camino…

- Pues como otra que yo me sé… - divertido bajó la vista hacia ella, notando como hacía una ligera mueca arrugando la nariz.

No pudo más que echarse a reír por la reacción de ella, apretándola algo más para evitar que le diera el manotazo con el que lo amenazaba. Aprovechó para hacer algo más de fuerza y, de esa forma, arrastrarla con él a medida que se iba quedando recostado en el sofá.

- Oye, para encima que te traigo a un sitio bonito… - bromeó.

- Ya… Por el paisaje te libras… - fingiendo ofensa en el rostro, se acomodó mejor, quedándose mirando hacia el ventanal que desde allí se podía ver.

Sin duda eso no se lo podía negar de ninguna de las formas. Desde allí se podía ver la terraza que daba lugar al pequeño jardín privado que tanto le había llamado la atención a Aiko cuando habían llegado al verlo cubierto de blanco. Se revolvió algo más, dejando su brazo apoyado encima de él y así terminar de ajustarse a su lado. Decidió no decir nada, dedicándose únicamente a disfrutar de su cercanía. A aquella hora hubiera sido bastante probable que ella también se hubiera quedado dormida ya. Lo venía notando de las semanas pasadas ya pero lo había combatido como había podido. Ahora que sabía que lo que pasaba no era cansancio sin más, se iba a consentir mucho más el irse a la cama cuando le apeteciera o el levantarse más tarde si consideraba que le hacía falta. Dejó ir una leve sonrisa cuando empezó a sentir como los dedos de Yamato trazaban formas por su jersey a la altura del costado.

- Oye – le murmuró pasados unos segundos, notando como le indicaba que tenia su atención con un ligero sonido-. ¿No habíamos quedado en que íbamos a estrenar la piscina nosotros dos por la noche?

- ¿Si? – bajó la vista hacia ella, arqueando una ceja, divertido, haciendo como si no hubiera estado pensando en ello durante toda la tarde-. No lo sé, yo creía que no… - se delató con sus propios gestos-. Podemos dejarlo para mañana si tienes gana de…

- Termina la frase y duermes en el sofá – le dijo, revolviéndose para poder ganarle algo de ventaja y quedarse apoyada sobre él de esa forma-. ¿Vamos o no?

Intentó no echarse a reía de forma inmediata por la salida de ella, rodeándola con los brazos para terminar por dejársela encima, notando como se acomodaba con facilidad, quedándose ligeramente sentada.

- Pero para eso vas a tener que subir a la habitación a ponerte algo de ropa de baño – le dijo, colando las manos por debajo de su jersey para dejarlas en su cintura, pero sobre su pie, no consiguiéndolo al encontrar la camiseta interior.

- ¿Tú crees? – divertida, le sonrió, apoyando sus manos por encima de sus hombros para poder incorporarse ligeramente-. Lo que pasa es que… Me da pereza. ¿Tú crees que alguien se podría escandalizar si no lo hago?

- Yo. Y mucho – confesó, siendo totalmente sincero-. No me puedes hablar de estos temas con semejante cantidad de capas de ropa encima y esperar que no me escandalice por su presencia.

La pelirroja se echó a reír ante la cara de fastidio que puso el rubio al decir aquello, llevándose ella misma una mano a los labios para no hacer ruido y empezando a revolverse para que la soltara y poder ponerse en pie. Cuando lo consiguió, le tendió la mano para que se pusiera en pie e hiciera lo mismo que ella, estando a punto de perder el equilibrio cuando lo que hizo fue darle un tirón para que se le acercara al quedarse él sentado, en vez de ponerse en pie.

- ¿Tú crees que me puedes convencer tan fácilmente? – le dijo, levantando entonces la vista hacia ella tras asegurarse de que no se fuera a caer por su movimiento, posando así sus manos en su cintura.

- ¿Contesto a eso sinceramente o te sigo algo el juego? ¿Cómo ves tus niveles de ego hoy? – divertida, no pudo evitar reírse mientras que posaba sus dedos en su cabello.

- Podría aceptar un poco de negociación – permitió llevar sus manos hasta la cadera de la pelirroja, arrastrándolas muy lentamente hacia atrás para pegársela algo más.

- ¿Seguro? – sonrió al notar sus gestos-. Yo creo que quizás deberíamos buscar un sitio un poco más apartado para las negociaciones.

Por mucho que le apeteciera, estaba segura de que estaban demasiado cerca de Aiko como para poder llegar a hacer ruido y que ella pudiera escucharlos e ir a buscarlos. Necesitaban una garantía de que no fuera a aparecer y que ellos no tuvieran que salir a las carreras. Sonrió algo más al sentir como Yamato pegaba su rostro a su vientre.

- Me he dado cuenta de un detalle horrible – habló él, haciendo una pausa hasta notar que tenía su atención.

- ¿Cómo de horrible?

- Espantoso – intentó sonar serio sin conseguirlo-. Feliz Navidad "nene chiquitín"…

Sora arqueó las cejas rápidamente, sorprendida por sus palabras, no pudiendo más que ampliar la sonrisa que había dibujado antes de oreja a oreja por el gesto de él. Entendió entonces la referencia que él le hacía, ya que años atrás, cuando estaban en París, había hecho lo mismo con Aiko.

- Creo que eso cuenta como hacerme chantaje a mí – acabó por decir, observándolo unos segundos más.

- Anda – se puso en pie, buscando ahora coger su mano-. Vamos…

No se estaba haciendo de rogar porque no quisiera acompañarla, fuera para lo que fuera, iba a estar más que encantado de ir tras ella a la piscina, solo había querido provocarla un poco. Comprobó que la luz de la pequeña siguiera apagada antes de tirar de la pelirroja para salir con ella hacia el lugar del que habían estado hablando.

- ¿Sabes qué es lo bueno? – le dijo una vez que entraron-. Que puede que haya dejado algunas cosas yo ya aquí de tarde mientras dormías…

Había dejado los dos albornoces que les habían dejado allí cuando había estado recogiendo las cosas, así como un par de toallas, al igual que también se había dado cuenta de que la puerta podía cerrarse por dentro, haciendo eso nada más que había entrado también la pelirroja.

- ¿Estás menos cansada ya?

- Estoy perfectamente, amor. Pero si quieres puedes ir metiéndote tú al agua, primero.

- ¿Yo? ¿Por qué? – confuso, la observó.

- ¿No eras tú el que decía que quizás tenía que convencerte un poco? Venga, al agua… Bueno, espera, que te ayudo yo…

Todavía sin tener demasiado claro lo que estaba pasando por la cabeza de ella, dejó que se le acercara. Sabía que fuera cual fuera la conclusión a la que ella había llegado, no podía ser mala. Mantuvo la mirada fija en ella, notando como se acercaba algo más, esquivándolo en el último momento para poder rodearlo, colocándose así a su espalda.

- Normalmente me acusas de empezar a rondarte de esta forma – le murmuró nada más pegarse a él, rodeándolo con los brazos-. Tómate esto como una aceptación de la acusación – se puso de puntillas para poder dejar así un beso detrás de su oreja.

Se dio cuenta del ligero escalofrío que tuvo él con ese gesto, sonriendo antes de buscar con sus manos el final de la sudadera que él llevaba puesta, metiendo las manos por dentro para empezar a tirar hacia arriba, lentamente, a la espera de que levantara los brazos para ayudarla. Arrastró también la camiseta a su vez, prefiriendo ganar así algo de tiempo.

- Deja de reírte – gruñó por lo bajo cuando tuvo que ser él quien terminara de quitarse las prendas al no llegar ella para hacerlo bien debido a la altura de él.

No le respondió, aprovechando para girarse hacia una de las tumbonas que había, en donde estaban el resto de sus cosas, para tirarlas hacia allí y evitar que se mojaran de esa forma. Volvió a notar como lo rodeaba con los brazos, empezando a acariciar su torso con sus manos, dejando pequeños besos en su espalda provocando que entrecerrase los ojos. Iba a dejarla tomar el control de la situación a ella, por mucho que le costara estarse quieto en esas situaciones. Se le cortó la respiración cuando sintió que colaba su mano dentro de sus pantalones, acariciándolo de esa forma por encima de la ropa interior, continuando con sus besos en su espalda. Dejó caer algo hacia atrás la cabeza, teniendo cuidado con lo darle a ella, notando como aprovechaba para poder recorrer su cuello con los labios.

- Hoy me toca a mí – le susurró al llegar a su oído, rozándolo al hablar justo en el momento en el que sus dedos dejaban atrás la ropa interior y se cerraban, con cuidado, sobre donde tenían que hacerlo.

Sonrió al notar la reacción de él, disfrutando de que no podía hacer nada más que dejarse dada la posición. Llevó la otra mano al borde de la ropa, tirando de ella hacia abajo para quitársela y poder tener más libertad de movimiento. Mientras que empezaba a atreverse a ganar más intensidad en sus momentos, tras notar que la gravedad hacía su trabajo con los impedimentos textiles, volvió a acariciar su torso con la mano libre.

- Amor… - aprovechó para susurrarle de nuevo en el oído cuando estuvo contenta con el resultado de sus acciones-. Métete en el agua…

- ¿Qué? – confuso por sus palabras, conecto con la realidad.

- Al agua – lo soltó, dando entonces un paso hacia atrás-. Venga…

Se giró hacia ella para poder observarla, aún sin entender nada, notando como ella se alejaba algo más para que no pudiera cogerla y que aprovechaba para recorrerlo con la mirada. La única respuesta que tuvo fue que le señalase el agua con la cabeza. Manteniendo su idea de hacerle caso y dejarla a ella hacer como quisiera, sacó los pies de dentro de los pantalones y la ropa interior, dándole una patada para que quedara lejos del agua y obedeció, agradeciendo que el agua fuera tibia dada su situación.

No solía necesitar mucha ayuda para que Sora consiguiera ese efecto en él, pero, cuando se ponía insistente lograba dejarlo totalmente descentrado, solo pudiendo pensar en ella. Se sumergió, aprovechando ese movimiento para echarse el pelo hacia atrás, volviendo a sacar la cabeza del agua, buscando a la pelirroja con la mirada.

- ¿No vienes? – dijo al verla todavía de pie y vestida. La sonrisa que le dedicó, lo dejó más confuso aún.

- Creo que nunca he hecho esto… Y estoy altamente ofendida por ello…

- Sora… ¿qué?

Ella amplió más su sonrisa, haciéndole un gesto con la mano, llevando un dedo a sus labios, para que guardase silencio antes de acercarse algo, asegurándose de no pisar en zona mojada para no resbalar. En ese momento, clavó los ojos en los de Yamato, bajando el dedo de antes arrastrándolo por su rostro y cuello, lentamente, asegurándose de que él la miraba atento. Continuó con lo que hacía, uniendo la otra mano a sus acciones, dibujando su figura con ellas por encima de la ropa.

- Algo deberes de haber hecho para ganarte esto – confesó por fin, aclarando sus intenciones a la vez que llegada al borde del jersey.

Yamato entendió en ese momento lo que estaba pasando, abriendo los ojos de par en par ante la sorpresa. Lo único que pudo hacer fue agradecer estar en una zona en la que hacía pie y quedarse hipnotizado mirando como empezaba a quitarse la ropa. De forma más lenta que como lo había hecho con él, entreteniéndose en mover su cadera o cintura de forma más sugerente con cada movimiento. Lo primero en desaparecer fue el jersey, quedando tirado sobre la ropa de él, acompañado de la camiseta.

Tras tanto tiempo juntos, sin duda debería de estar más acostumbrado a verla desnuda, pero seguía teniendo en él el mismo efecto que el primer día, sino más. Sabía que Sora había pasado una mala época por culpa de aquella cicatriz que apenas se podía ver ya, mucho menos desde donde él estaba, pero que a él le gustaba por el significado que tenía. No iba a presumir de la época que había pasado antes de estar con ella, pero podía afirmar que ninguna mujer había tenido el efecto que ella tenía en él.

Clavó los ojos en las manos de la pelirroja, siguiéndolas en cada movimiento que hacía, posadas ahora en su propia cadera para quitarse los pantalones flojos a los que se había cambiado horas antes. En el momento en el que se quedó en el conjunto de ropa interior se acercó más al borde, ya sin miedo a mojarse. Le sonrió, esperando que él le devolviera la sonrisa.

Llevó las manos a sus hombros, empujando los tirantes del sujetador para que cayeran por sus brazos, ganando un aire más sugerente todavia, atreviéndose a trazar ella la curva de su pecho con sus manos, bajando por su vientre hasta rozar la cintura de la pieza inferior, bajándola mínimamente. Incluso con Yamato a cierta distancia, sentía que le ardía allá dónde posaba la mirada por la forma en la que lo estaba haciendo, animándola a seguir. Se mordió el labio, divertida antes de volver a subir por su propio cuerpo para abrir el cierre del sujetador y retirárselo muy lentamente, volviendo a moverse y contonearse de la mejor forma que supo, dejándolo caer, intentando que no pudiera ver su pecho aún, cubriéndolo con un brazo.

- Sora… - sintió como decía desde donde estaba, habiéndose acercado al borde de la piscina para usarlo como apoyo.

- ¿Tienes prisa? – le contestó, descendiendo con sus dedos de la mano libre hasta introducirlos muy despacio por el borde de lo único que le quedaba puesto, dejando escapar un jadeo para provocarlo-. Porque yo no – le dijo después de morderse el labio.

Hizo el esfuerzo por no echarse a reír cuando la salpicó, empezando a desesperarse, sacando paciencia de donde no la tenía ya para seguir disfrutando de las vistas, sobretodo cuando ella retiró el brazo, dejando así su torso expuesto y terminando de desnudarse del todo. En ese momento, se aprovechaba de la confianza que la forma en la que la estaba mirando le daba a ella, para poder moverse lo más tentadoramente que pudo, de nuevo, usando sus propias manos para deslizarlas por su piel caminando lentamente hasta quedar justo frente a él.

De esa forma pudo alcanzarla por fin, siendo incapaz de no hacerlo, posando las manos en sus piernas y acariciándola de esa manera hasta donde llegaba, poco más allá del comienzo de sus muslos. La invitó a unirse, tendiéndole las manos como punto de apoyo, sin quitarle el ojo de encima cuando aceptó y tuvo que agacharse para poder hacerlo al no ir a usar las escaleras. Fue en ese momento cuando la sujetó con firmeza, aprovechándose de que tenía más fuerza que ella para obligarla a quedarse sentada, cogiendo algo de impulso para besar sus labios con deseo y fiereza. Necesitaba desquitarse de haber estado aguantando el no tocarla.

Perdió sus manos por su cuerpo, ansioso, acariciando cada rincón de ella que podía alcanzar, buscando perder sus dedos entre sus piernas, buscando su interior, provocando de esa forma que se separase del beso, necesitando aire. El provocarlo a él también le había pasado factura, estando más receptiva, no pudiendo reprimir los sonidos que escapaban de entre sus labios, fruto de los movimientos y besos de su marido.

Yamato sonrió al notar como ella se revolvía para dejarle mejor acceso a su cadera, decidiendo que era el mejor momento para prestarle toda la atención de sus labios a su pecho mientras continuaba con sus movimientos. Esbozó una sonrisa de medio lado tras haberle dedicado un ligero mordisco, escuchando la reacción de ella.

- Yamato… - susurró su nombre pasado unos momentos-, Quieto… Quieto…

- ¿Por qué? – contestó en su oído, sabiendo por lo que lo decía.

- Porque… Ah – no pudo contestar, notando como en vez de hacerle caso, le ponía más ganas.

- No voy a parar. Yo tampoco tengo prisa, fíjate tú – se apartó ligeramente, volviendo a dedicarse en disfrutar de las vistas, notando como se revolvía y buscaba agarrarse a él para no caerse hacia atrás, necesitando usarlo de apoyo.

Disfrutó especialmente de poderla ver llegar al clímax de esa forma, estando acostumbrado a intentar no perder el autocontrol en otros momentos. Llevó por fin sus manos a su cintura, cogiéndola contra él con fuerza para meterla en el agua, besando su frente cuando se le abrazó. Pasó sus brazos tras su cuello, necesitaba recuperar el aliento unos segundos más.

Cuando la notó levantar la cabeza de nuevo hacia él, cruzó una sonrisa con la pelirroja, adelantando su rostro hacia el de ella para poder besarla, dedicándole su tiempo a aquello mientras que la arrinconaba contra el borde de la piscina para facilitarse más cosas. Se separó de ella cuando sintió como rodeaba su cadera con las piernas, aprovechándose de la facilidad de movimiento que le proporcionaba el agua.

- Sora… - susurró de nuevo, chocando su nariz con la de ella solo segundos antes de hacer presión y deslizarse en su interior, dejando las manos bajo su trasero para sujetarla bien-. Mi Sora…

Lo primero que notó fue que al cerrar las manos sobre su piel, éstas resbalaban y lo arañaba suavemente, dejando que fuera él quien estableciera el ritmo y marcara el movimiento, sabiendo que le gustaba hacerlo así y que tal y como estaban era más sencillo para los dos. Había estado aguantándose las ganas de estar con ella desde que había empezado a provocarlo que era consciente de que le estaban entrando las prisas, descontrolando más el ritmo e intensidad de sus movimientos. Sentir como le clavaba más las uñas y cómo escondía la cabeza contra su pecho le indicó que estaba yendo por el buen camino.

Cuando, pasado un rato, fue incapaz de aguantar más, buscó los labios de su esposa, besándola con ganas y pasión, llegando él en ese momento también al punto álgido, agradeciendo el sentir que ella lo hacía también.