Yamato sonrió.
Hacía ya un rato que habían salido del agua y, en lugar de recoger las cosas, se había encargado de arrastrar a Sora con él hacia la tumbona en la que antes habían dejado las cosas, apartándolas hacia un lado para poder quedar ambos recostados en ella. Por suerte, en aquella zona no hacía frío y podían permitirse tener un momento sin preocuparse por vestirse por el momento. Y él lo agradecía espacialmente ya que estaba haciendo una de sus actividades favoritas.
Con Sora apoyada sobre él, se entretenía paseando sus dedos por su espalda descubierta, subiéndolos y bajándolos por ella con lentitud, disfrutando de cada movimiento casi tanto como la que estaba recibiendo las caricias. La cual, no estaba demasiado seguro de que siguiera en el mismo universo que él. Sonrió ligeramente antes de bajar la cabeza para poder dejar un beso en su cabello, dándose cuenta de que ella al tenerlo más largo que el suyo sí que iba a necesitar secárselo y que quizás fuera a acabar enfriándose antes que él. Alargó la mano con la que no la estaba acariciando hacia su albornoz, cogiéndolo específicamente a sabiendas de que era más grande, echándoselo por encima a ella.
- Como me duerma vas a tener que ponerme el pijama tú, que lo sepas – murmuró la pelirroja.
- Si eso es una amenaza creo que podría aceptarla… - sonrió, continuando de nuevo con sus movimientos.
- Sí, no suena como algo demasiado terrible – levantó algo más el rostro hacia él para poder observarlo-. Me gusta mucho el sitio, y creo que a la chiquitina le ha encantado el museo de cristal.
- Pues… ¿Tú cómo ves que se quede despierta hasta la medianoche? – amplió su sonrisa ante el gesto de confusión que obtuvo como respuesta-. El día de Año Nuevo es el espectáculo de fuegos artificiales. Yo creo que le van a gustar mucho pero igual es muy tarde para ella.
- Bueno, podemos intentarlo y si se nos queda dormida ya vemos cómo hacemos… ¿Se pueden ver desde aquí?
- Puedo preguntar. Sino podemos verlos desde la terraza de fuera – la señaló con la cabeza-. Y si le entra el sueño nos la llevamos a la cama. Así no coge frío… Y sino podemos ir al edificio principal donde hemos comido hoy que tampoco queda lejos. Es más, creo que van a hacer una cena…
- ¿Me estás diciendo, Yamato Ishida, que podría existir la posibilidad de ir a una cena de Año Nuevo y que no me has avisado? – entrecerró ligeramente los ojos.
- ¿Me estás diciendo, Sora Ishida que estás preocupada de repente sobre lo que te vas a poner?
- Takenouchi para ti en estos momentos…
Soltó una risa por lo bajo, pinchándola en las costillas por el ataque que acababa de recibir. Tampoco era algo que hubiera planeado, no se le podía pedir tanto. Su cabeza planeaba eventos, no se paraba a preocuparse sobre lo que tendría que decirle a ella que tenía que meter en la maleta o no. Normalmente, solía ser al revés.
- Seguro que te arreglas… Mañana si quieres me informo bien y con lo que sea ya vemos como salimos del apuro…
- Suena bien… - volvió a bajar la cabeza para apoyarla donde la había tenido hasta entonces.
Se quedó revolviendo por los armarios de la cocina, buscando donde había dejado las cosas que habían comprado por la mañana. Sabía que en alguno de ellos había dejado lo que necesitaba. Había conseguido convencer a Sora para que fuera a secarse y a ponerse el pijama de nuevo mientras que él se había ofrecido a hacer algo caliente para poder tomarse antes meterse en la cama.
- Aquí está… - murmuró cuando encontró el chocolate, dejándolo encima de la mesa.
Tenían una pequeña cocina para poder salir del paso si no les apetecía ir al edificio principal o pedir que les levaran algo. Y, conociendo a aquellas con las que convivía, para evitarse que situaciones como aquella se quedaran en nada. Fue hasta la nevera para poder sacar la leche, empezando a dejarlo todo listo.
Estaba seguro de que la escena que había tenido delante de sus ojos un buen rato atrás era algo que iba a hacer que se le fuera la cabeza a las nubes mucho más de lo que ya solía írsele cuando se quedaba pensando en sus propios asuntos. No se dio cuenta tan siquiera, dibujando su típica sonrisa ladeada mientras que estaba pendiente de calentar el líquido y que no se le acabara saliendo por los bordes. Pudo ver a la pelirroja asomarse de nuevo pasado un rato haciéndole un gesto para que no bajara y que se quedara en la habitación, cogiendo con él las dos tazas.
- ¿Qué has hecho? – le preguntó cuando lo vio con el líquido humeante.
- Luego si quieres discutimos otra vez si me vas a dejar de gustar o no – le tendió la taza-. Pero por el momento te tomas eso y te metes en la cama a dormir hasta mañana.
- ¿Me has hecho chocolate? – sonrió, aceptándola-. ¿Vamos a tomarlo como costumbre esto también?
- Si quieres lo ponemos por escrito. Tú me vienes a rondar por la espalda y luego yo te hago chocolate… Me parece bastante justo.
- Qué tonto eres cuando quieres… - empezó a reírse por lo bajo antes de ir a sentarse a la cama llevándose la taza con ella.
Tomó asiento, subiendo las dos piernas a la cama y quedándose mirando hacia el chocolate ajena a que Yamato la estuviera vigilando. Si bien antes en la cocina había estado pensando en la forma en la que ella lo había provocado antes de irse al agua con él, ahora solo tenía que verla con su pijama gordito de invierno, que difícilmente pasaría como propiedad de una seria y profesional diseñadora de moda, acomodándose entre las almohadas.
- ¿No es igual que el pijama de Aiko? – preguntó por fin él.
- Claro, ¿por quién me tomas? – sonrió de la forma en la que solía hacerlo cuando alguien hacía referencia a la pequeña-. Ya te lo dije, he encontrado un sitio dónde tienen talla para las dos. Así que vete preparándote…
- ¿No te habrás ido a comprar pijamas a la sección de niña, no?
No obtuvo más respuesta que una ligera risa mientras que, tras soplar un par de veces al interior, se llevaba la taza a los labios para dar un trago, poniéndose cómoda entre los cojines. Ni siquiera en los tiempos en los que habían empezado a volver a verse se había andado con tonterías. Aunque eso seguramente hubiera tenido que ver con el hecho de cuando habían estado juntos más de seguido al principio había sido en verano y que luego, cuando había llegado el clima frío no se habían dado demasiadas ocasiones. Al igual que sobraba decir que las veces que había aparecido por sorpresa en Tokio, la última de sus preocupaciones había sido el pijama que seguramente no se fuera a poner. Luego, cuando por fin habían normalizado las cosas, había pasado a ser una preocupación inexistente y ahora hasta lo usaba en su contra conjuntándose con la niña.
- No es mi culpa que me valgan perfectamente… - contestó como única respuesta, sin aclarar o no las cosas, volviendo a reírse.
- Seguro que sí – entretenido, hizo lo mismo que ella, acomodándose y notando de repente todo el cansancio acumulado del día. Sin duda no se podía decir que, a pesar de estar de vacaciones, hubiera pasado mucho tiempo vagueando-. Mira a ver si la próxima vez encuentras uno para mí también.
- Pensaba que eso ya lo habíamos intentado y no había salido demasiado bien…
El rubio arqueó las cejas, confuso, intentando ubicar las palabras de ella sin darse cuenta. Aprovechó para dar el también un trago al chocolate que había hecho, pensativo, necesitando algo más de tiempo para acabar cayendo en lo que ella decía. Empezó a reírse sin poder evitarlo.
- Eso es que tienes envidia de lo bien que me quedaba a mí… - ahora se daba cuenta de que ella se refería a una de las visitas sorpresa que le había hecho, cuando, por la noche le había entrado el frío y le había tenido que dejar ella una de sus camisetas, la cual, a Sora le quedaba algo más grande y a él… Mejor no entrar en detalles simplemente por la diferencia de alturas entre ambos.
- ¿Sabes qué es lo peor? – comentó, ladeando la cabeza para observarlo mejor así-. Que hasta así estás guapo… ¿No te da un poco de vergüenza?
Se quedó a la espera de ver la típica sonrisa ladeada en Yamato, ya que estaba todavía bebiendo de nuevo de la taza. Con lo que no contaba era con que cuando levantara la cabeza, lo que viera fueran sus mejillas algo más rojas de lo normal.
- ¿En serio? – entre risas, se arrastró algo más hasta llegar a su lado.
- ¿Qué problema tienes? – hizo como si no fuera consciente de la reacción que sus palabras habían provocado-. Es el humo del chocolate…
- Ah, claro… - divertida, amplió más su sonrisa-. Pues ten cuidado no te vayas a quemar, que luego te pasas el día protestando – comentó decidiendo que el mejor sitio en el que podía dejar su cabeza en ese momento era apoyada sobre el hombro del rubio.
ElenaAA23: bueno, vamos a ignorar el lapsus que acabo de tener, porque vamos, se me acaba de poner la pantalla azul de windows en la cabeza jajajajajajaja Luego te preguntas cómo es que doy clase de ciencias a cursos más altos jajajajajajajaja Aay jajajajajajaj Tengo para reírme toda la tarde jajajaa
Bueno, aquí tenemos una sesión de azúcar, lo sé. Pero ya sabemos cómo son estos dos y lo bien que se les da el tema de ponerse ñoños y más aún si han tenido un rato para tartaruguear ellos dos sin que nadie los moleste o tengan que ir con prisas por si Aiko los va a rondar. Fíjate tú que si el otro día comentabas tú lo de Santorini, yo con esta opción tampoco me quejaba, fíjate tú jajajaja
Y el pobre rubio se le ha vuelto a poner rojo a Sora. Que ya no tiene remedio, eso y debe de ser algo natural, porque si es que cualquiera diría que vienen de estar un buen rato más que entretenidos en la piscina para que ahora le de vergüencita que su mujer le diga que está guapo de cualquiera manera (sabiéndolo como lo sabe, que ya sabemos que lo sabe jajaja).
En fin vecina, voy a subir el capi ya antes de que me la líen otra vez las neuronas porque madre mía jajajaja ¡Un bico grandote!
