- ¿Pues sabes qué te digo? – dijo Sora mientras que se terminaba de abrochar los pantalones ante la atenta mirada de Yamato-. Que te vas a quedar aquí con los digimon haciendo lo que te apetezca…
- ¿Qué? ¿Por qué? – confuso, se incorporó, habiendo estado disfrutando de las vistas que le proporcionaba la pelirroja mientras que se cambiaba.
- Porque tu tortuguita y yo nos vamos a ir de compras y tú no estás invitado – sonrió, sacando la cabeza de dentro del jersey y quedándose mirando para él-. Es más, vamos a traerte algo para que te pongas tú y vas a tener que fiarte de nuestro gusto.
- Pobre de mí… - intentó poner un puchero, sin conseguirlo demasiado-. Además, tus gustos no son fiables.
- ¿Cómo que no? – arqueó una ceja.
- Venga ya, ¿no había nadie menos rarito hace veinte años en el que fijarte?
- Amor, la cosa estaba entre Taichi y tú, que hayas salido ganando como el más normal de los dos tampoco dice nada demasiado bueno de ti – se apoyó en la cama para darle un beso en la mejilla-. ¡Aiko! – llamó a la pequeña escapándose de Yamato cuando intentó agarrarla, echando a andar hacia las escaleras para bajar al salón.
Yamato se puso en pie, siguiéndola, pero sin llegar a bajar, asomándose a la barandilla de las escaleras para poder ver como Aiko llegaba a las carreras para ver qué quería su madre, seguida de los digimon como era costumbre, dejándose atrapar por la pelirroja.
- Oye, ¿vienes de compras conmigo? – le dijo una vez que la tuvo en brazos.
- ¡Sí! – agarrándose a su madre, dejó los bracitos tras su cuello-. ¿Y papi?
- A papi lo dejamos en casa y nos vamos las dos de tarde de chicas – se la acercó para poder rozar su nariz con la de ella-. Si se porta bien le podemos traer algo y todo…
Entretenida por la reacción de la pequeña escuchándola reírse, echó a andar con ella hasta la habitación para poder ponerle ropa de abrigo y que no fuera a pasar frío por el camino. Se fijó en que los digimon iban tras ellas de nuevo, quedándose observándolas.
- ¿Queréis venir? Vamos a comprar unas cosas que nos hacen falta para el día de Año Nuevo.
- ¿Vais los tres? – preguntó Biyomon.
- No, Yamato se queda. Es tarde de chicas… Bueno, a ti te dejamos venir si quieres, Gabumon – le dijo al digimon cuando vio su cuerno asomar por el otro lado.
- No, tenéis que cuidar de papi – dijo Aiko mientras que dejaba que Sora la cambiara de ropa-. Sino se queda solito y se queda triste.
- ¿Y tú vienes a cuidarnos a mí y al nene chiquitín?
Amplió más la sonrisa al verla asentir. Al final iba a acabar consiguiendo que quisiera que viniera un niño en vez de darle completamente igual. Llevaba solo un par de días con la noticia y como no hacía más que escuchar a Aiko llamarlo así ya casi que empezaba a hacerlo ella también. Les esperaban un par de meses entretenidos hasta que supieran el género del bebé.
- Oye, como ya eres una nena grande el día de Año Nuevo vamos a ir a una cena y si no te entra sueño, a medianoche habrá fuegos artificiales, ¿crees que te entrará sueño?
- No, mami. Yo ya soy grande… - sacó la cabecita del jersey, asomando con el flequillo completamente revuelto.
- ¿Vamos nosotros dos también? – dijo Biyomon, alzando el vuelo para quedarse al lado de ellas, observándolas.
- Claro, nos vamos todos. A no ser que no os apetezca, claro. Aunque seguro que Aiko os iba a echar un montón de menos si no venís…
Yamato se quedó mirando hacia el exterior a través del cristal. Hacía un rato que lo habían dejado solo con los digimon y ellos hacía ya tiempo que habían pasado a ignorarlo completamente y se habían quedado con la televisión en cuenta. Cogió aire, soltándolo lentamente antes de girarse hacia el interior de nuevo.
- Voy a la cocina, si queréis algo, avisad – dijo antes de echar a andar a donde había dicho.
Se le había ocurrido que podía hacer la cena para cuando volvieran Sora y Aiko. Tenían cubiertas las comidas, pero, no era un secreto que a él le gustaba cocinar y, además, habían comprado algunas cosas para el día que no les apeteciera tener que andar pidiendo o salir porque estuviera nevando más de la cuenta. Y él se sabía de cierta pelirroja que no le iba a poner ninguna pega si le preparaba el arroz que le gustaba.
Empezó a revolver por los armarios a ver si tenía lo que necesitaba para poder hacerlo, dando un respingo al sentir la vibración de su teléfono en el bolsillo, sacándolo para ver que era Taichi, aburrido, que estaba mandándole mensajes. Riéndose por lo bajo optó por ignorarlo completamente antes de terminar de sacar todo. Luego, subió con rápido a la habitación para poder bajar con su tableta y dejarla apoyada en la encimera donde se iba a poner a cocinar momentos antes de buscar el nombre de su amigo para hacerle una videollamada.
- Que me aburra yo porque me han dejado solo todavía tiene sentido – dijo nada más contestar-. Pero tú se supone que estás de vacaciones…
- Se han ido de compras y me han dejado en casa – se encogió de hombros.
- ¿Qué haces?
- La cena, ¿por qué?
- ¿Te dejan tirado en casa para irse de compras y te pones a hacer la cena? – empezó a sonreír.
- Sí, porque soy autosuficiente y no corre peligro que incendie la casa – atacó viendo como dejaba de sonreír para hacer una mueca.
- Puedo alimentarme solo.
- Descongelar comida en el horno no cuenta… Y menos si la quemas – acostumbrado a aquella típica discusión, aprovechó para empezar a buscar distraídamente un cuchillo con el que empezar a cortar algunas cosas.
- Qué gracioso… ¿Y para qué se han ido de compras?
- Porque hay una cena el día de Año Nuevo y se me había olvidado avisarla…
- Así que te han dejado en casa a modo de castigo.
- Más o menos – tuvo que admitir, riéndose-. ¿Qué tal todo por ahí? ¿Ha destrozado algo más Daigo?
- Prefiero no ir a comprobarlo… - admitió, encogiéndose de hombros con resignación-. Está con mi querido suegro, así puede entretenerse en liarla todo lo que quiera mientas que nadie mira.
- Luego te metes conmigo y mis suegros… Y lo mío está justificado.
- ¿Y lo de mi suegro no?
Estuvo a punto de abrir la boca para decirle que tampoco entendía el motivo del drama, que de entre todas las opciones, tampoco había salido tan desgraciado, que por lo menos, ahora tenía un buen trabajo y el resto… El resto Koemi parecía tenerlo bajo control. Pero esas palabras podrían usarse muy fácilmente en su contra, por lo que prefirió prestarle atención a la cebolla que había cogido.
- Oye, ahora que no está Sora… ¿Me puedes explicar bien todo el tema del embarazo?
- ¿El qué? ¿Te hago un resumen o mejor te cuento lo bien que se le da a ella mantenerme entretenido en la piscina privada que tenemos entre que ella se mete y no al agua conmigo? – no pudo evitar el comentario, levantando la vista hacia la pantalla y echándose a reír-. Poco más que tú sé, Taichi – hizo una pausa, viendo que seguía a la espera-. Nos llevamos un susto a primeros de otoño y con eso volvimos a sacar el tema.
- ¿Un susto?
- Sí, cuando estuvo con gripe, que como empezó con nauseas ya estaba yo hiperventilando… Pero bueno, a raíz de eso fuimos a hablar con la doctora y nos ha dicho que no tiene por qué volver a pasar… - hizo una pausa, volviendo a soltar el aire de forma algo más lenta-. Sigue siendo un embarazo con riesgo – habló de nuevo-. Ni media palabra de esto, ¿entendido? Aproveché para llamar yo a la doctora sin Sora delante estando en la JAXA.
- ¿Qué?
- Sí, claro. Es muy fácil que se repita de nuevo lo que le pasó la otra vez, pero, si se lleva un control mucho más preciso se puede detectar a tiempo. Ella creo que es consciente, pero no con las palabras "embarazo de riesgo" dichas directamente. La había convencido ya para hacer revisiones como mucho cada dos semanas y parece estar por la labor de colaborar.
- Suena bastante lógico. ¿Y con el trabajo?
- Pues… Quién me iba a decir a mí que en vez de intentar matarlo con la mirada iba a acabar dando las gracias de tener a Evans colaborando con el estudio… Ahora que se ha centrado más en el tema de los kimonos está más tranquila y no tiene tantísimo trabajo. Yo creo que eso también va a ayudar. Y… que dentro de lo que cabe yo esté ahora mismo en un puesto que me puede permitir gestionar mejor mis horarios… También.
- Bueno, hasta febrero ya sabes que me puedes usar a mí de niñero – se encogió de hombros-. ¿Por el momento lo lleva bien?
- Pues… Yo diría que sí. A mí ya me ha gritado y echado al sofá sin motivo, así que eso me lo tomo como buena señal.
- A mí no se me ha desmayado de repente y por lo tanto no me ha matado del infarto, así que yo creo que también – acabó por sonreír-. Con un poco de suerte esta vez lo lleva mejor.
Yamato arrugó la nariz, quedándose unos segundos confuso, intentando adivinar de dónde venía el olor que le estaba llegando, dando un brinco al caer en la cuenta de que se le había olvidado el aceite en el fuego y que el olor que le llegaba era porque se le había empezado a quemar. Dejó a Taichi con la palabra en la boca y echó a correr hacia dónde estaba el aceite para apagar el calor de la cocina.
Sora estaba mirando para Aiko completamente embobada. Hacía ya un rato que había conseguido comprarse algo para ella y también para Yamato. Había sigo sencillo, ya que, a fin de cuentas, para algo era parte de la industria de la moda y… se sabía mejor que nadie las medidas de su marido. Pero, a la pequeña, acababa de probarle un kimono, que por el tamaño estaba segura de que podía colar por uno de una muñeca, y no podía quitarle la vista de encima.
- Si es que da igual el que le probemos, está para comérsela con todos – dijo finalmente contestando a la dependienta de si le gustaba-. A ver, ven aquí chiquitina.
Esperó a que fuera hasta donde ella para poder verla más de cerca. Más allá del problema de que estaba segura de que todo le quedaba igual de bien, cosa que compartía con el padre pero en otro contexto muy diferente, tenía sus serias dudas sobre cuál de todos le gustaba más.
- Oye, ¿a ti cuál te gusta más? – le dijo, esperando que pudiera así sacarla de la duda, viendo como señalaba el que tenía puesto-. ¿Si? ¿Por qué?
- Porque se parece al tuyo mami…
- Ah, claro… - sonrió algo más, levantando la vista hacia la dependienta-. Pues creo que ya tenemos al ganador.
No le parecía nada mal que la niña fuera a juego con ella. La excusa fácil habría sido buscar algo azul por motivos más que evidentes, pero había dejado que fuera ella la que eligiera aquellos que más le gustaban para ponerse. Y si ella quería ir conjuntada con su madre, no iba a ser ella la que le fuera a decir que no.
- ¿Por qué no vas a escoger algún adornito para ponerte el pelo? – le dijo a la niña señalándole con la cabeza hacia donde estaba la estantería con ellos, viéndola como echaba a corretear hacia allí.
ElenaAA23: esto es para compensar que el otro día se me perdió medio capítulo por vete tú a saber dónde. Yo de verdad que creo que me inventé que me lo había dejado escrito y en realidad no. Pero bueno, mis pobres neuronas dan para lo que dan cuando no tienen que estar pareciendo las activas del lugar.
Y sí, cuando se van de vacaciones se nota mucho, especialmente con Sora. Ahora porque tienen a la nena con ellos, que hace que los niveles de azúcar suban, pero ya sabemos cómo se las suele gastar esa mujer en vacaciones, que parece hasta otra con la forma de comportarse que tiene. Pero bueno, que ahora parece que está entretenida planeando cómo matar a Yamato en cuanto vea a la nena así vestida más a juego con ella. Al pobre se le va a estar cayendo la baba una semana, y cuando esa foto llegue a manos de los abuelos, que se preparen jajajaja
Aiko lo complicado será que no se le quede dormida a papi encima, pero bueno, ver veremos. Por el momento el fin de año de la familia Ishida promete. ¡Un bico grandote!
