- ¿Tú crees que yo voy a ser capaz de ponerme esto solo? – preguntó Yamato, confuso.

- Pues… Esperaba que sí, porque si tengo que vestirte a ti, luego a Aiko y luego arreglarme yo… Me va a dar el cambio de año todavía en pijama.

Se acercó hacia la ropa que había dejado encima de la cama, divertida por el drama que traía el rubio. Lo peor es que tanta idea tenía él como podía tener aquello, pero, si tenía que elegir entre ayudar a la niña o a su padre habría dado por supuesto que el adulto iba a ser capaz de arreglárselas mejor.

- Mira, vamos a hacer una cosa… Traigo a la chiquitina y así os ayudo a los dos a la vez. Aunque quería que la vieras por sorpresa… Pero… ¿Qué te parece? No creo que te cueste mucho imaginarte que la nena está para comérsela… De hecho, así podemos hacer la prueba para ver quien de los dos se porta mejor.

- ¿Vas a darme una galleta si me porto bien? – ladeó sus labios en una sonrisa.

- Depende, a lo mejor algo más, según como te portes durante toda la noche – imitó su gesto, acabando por reírse-. Voy a por la chiquitina, ¿vale?

Sin darle tiempo a Yamato a cogerla para poder acercársela, salió hacia la habitación en la que se quedaba Aiko para subir con ella y con sus cosas para que le fuera más sencillo. Ya se arreglaría ella más tarde cuando los dejara a los dos listos. Así se podían vigilar el uno al otro mientras tanto.

- ¡Papi! – dijo la niña entrando a las carreras para subirse a la cama y así poder quedar más a la altura.

- ¿Qué tal la siesta? – se agachó para poder quedar más a su altura dándole un toquecito en la nariz-. ¿Has dormido bien?

- ¡Sí! Y he merendado poquito para que me suene la barriguita para cenar…

La confesión de la niña hizo que su padre se echara a reír, ayudando a Sora a dejar todas las cosas donde no se fueran a arrugar, quedándose mirando hacia la miniatura de adorno para el cabello que acababa de quedar a la vista, adivinando a quién pertenecía.

- Oh no – dijo Sora dándose cuenta-. Aiko, acabamos de perder a tu padre…


El rubio se quedó sentado en el sofá mientras que seguía a la niña con la mirada. No había sido tan complicado vestirse, tenía que reconocerlo, en comparación con las vueltas que había visto dar a Sora para terminar de ponerle su kimono a Aiko, él solo había necesitado ayuda para que se lo abrochara. Ahora, su entretenimiento consistía en quedarse completamente embobado mirando a la niña. Parecía una muñeca, Sora tenía toda la razón. No era imparcial, también lo admitía, pero la pequeña peineta que llevaba puesta en un intento de moño para que no se le fuera el pelo a la cara, en combinación con todo lo demás, no ayudaba tampoco. El kimono de Aiko era de color crema con flores en tonos rosados y lila que se iban concentrando más a medida que se acercaban a la parte de abajo y en las mangas. El obi también era de color lila, al igual que los adornos en el pelo.

- Ven aquí – la cazó de la que pasaba a las carreras tras Gabumon-. ¿No te da un poquito de vergüenza estar tan guapa hoy? – la escuchó reírse-. Vamos a tener que mandarle una foto a tus abuelos, ¿qué te parece?

- ¿De los tres? – el rubio supo enseguida que se estaba refiriendo al digimon, asintiendo a la pregunta de la pequeña-. ¡Ven Gabu!

Entretenido por el comportamiento de Aiko, alargó la mano para poder coger su teléfono para poder sacar las fotografías, viendo por el rabillo del ojo como la niña acababa consiguiendo que el digimon fuera con ella.

- A ver, primero una de vosotros dos. Poneos cerca de la puerta de la terraza y así sale de fondo el paisaje nevado que tanto le gusta a Aiko… - se levantó, teniendo cuidado de no tropezar.

A pesar de que solía apreciar las tradiciones del país de ese tipo, no habían sido tantas las veces que se había vestido de esa forma. No iba a negar que se sintiera extraño y que empezaba a echar de menos ir cómodamente con unos pantalones más de su estilo, pero, por una noche podría sobrevivir. Sora había acertado, como siempre, y le había llevado para él también un kimono, solo que en su caso, cambiaba totalmente la forma con respecto al de ellas. Sora le había tenía compasión con aquello y se había asegurado de que fuera lo más cómodo posible para él, y, el mayor problema que tenía por el momento era que no estaba acostumbrado a mangas y perneras anchas. Por lo demás el color azul oscuro casi negro en contraste con el blanco de las capas inferiores le gustaba.

Acabó por apuntar con el teléfono a la pequeña, sacándole varias fotografías, aunque en todas estaba preciosa.

- Ya verás, a tu abuelo van a tener que ponerle un babero – murmuró divertido.


Sora se quedó a la espera de que Biyomon le terminara de abrochar bien las cintas, sonriéndole a modo de agradecimiento, aprovechando para colocarse bien las mangas, sacando así del todo los brazos. Su kimono era casi igual que el de la niña, solo que el suyo era algo más elaborado. Con Aiko había priorizado en que fuera más cómoda que en otra cosa, ella, se había permitido ir algo más arreglada. El estampado era el mismo, pero las diferencias venían al notar que llevaba una capa más, ligeramente transparente, que recubría todo lo demás, donde se podía apreciar el estampado de fondo más llamativa. Además, era algo más largo por la parte trasera, teniendo que tener más cuidado al moverse.

- ¿Te gusta? – le preguntó a la digimon.

- Son más bonitos los que haces tú – le dijo, quedándose mirándola.

- Y Aiko está mucho más guapa… - amplió la sonrisa antes de caminar hacia el espejo para terminar de arreglarse el cabello y retocar los últimos detalles-. Yo creo que ya estoy, podemos bajar ya antes de que Yamato le sature del teléfono a medio Tokio de fotos de Aiko.

Se empezó a reír a la vez que el digimon, sabiendo que tenía completamente toda la razón y que lo raro era que no le hubieran empezado a llegar a ella también. Aprovechó para recoger algunas cosas y poder meterlas en el bolso antes de bajar las escaleras con sumo cuidado de no tropezarse.

- ¡Mami!

La vocecita de la niña la delató, echando así a correr hacia su madre para ir a buscarla. Por suerte, sabía que no les gustaba que subiera sola las escaleras, ya que era demasiado pequeña, por lo que se quedó al pie de ellas, evitando así que Sora pudiera llegar a tropezarse.

- ¿Qué tal se ha portado tu padre mientras tanto? – le dijo cuando llegó hasta donde ella.

- Papi está hablando con el abu.

- ¿No me digas? Será que ha estado mandándole fotos de alguien…

Divertida al ver que Aiko ponía una mueca traviesa que delataba lo que ella ya sospechaba que Yamato había estado haciendo, aprovechó a acercarse a uno de los espejos del armario de la entrada en el que habían podido dejar la ropa de abrigo, lanzándose un vistazo global a todo el conjunto.

No se veía para nada extraña, estaba demasiado acostumbrada a aquel tipo de ropa. Aunque hiciera tiempo que no la llevaba, su madre era quién era, y habían sido muchos años los que la había ayudado, fuera como fuera. La única incomodidad que podía notar estaba relacionada con que aquel kimono quizás fuera algo más elegante que los que solía llevar tiempo atrás, por el largo de las mangas y del conjunto en general. Se distrajo, acercándose al espejo para ajustarse bien el cabello, no dándose cuenta de que Yamato ya había terminado de hablar con Hiroaki y se había acercado hasta ella, colocándose tras ella, aprovechando para observarla detenidamente.

- ¿Para eso querías que me vistiera yo primero solo? ¿Querías aparecer a la vez con la niña las dos así? – se inclinó algo más hacia ella, pudiendo así bajar el tono y que lo escuchara perfectamente-. ¿Tengo que darte otra vez la charla de que hay formas menos crueles de convertirte en viuda?

La pelirroja sonrió, levantando la vista hacia él. Esa había sido su idea, pero claro, no era tan fácil vestirse con aquellas prendas si no se tenía costumbre y había que ceder para poder ayudarlo. Al final su intención inicial, la cual había sido soltar a la pequeña así vestida y que fuera a rondarlo, había tenido el mismo efecto. Así que tampoco había sido tan terrible la pérdida.

- ¿Quién te ha dicho que yo intento eso? ¿Tú sabes el caos que debe de ser tener a dos nenes corriendo por casa sin tenerte por ahí? No, no… No es buen momento para quedarme viuda – aprovechó para posar la vista en la de él a través del reflejo, tomándose tambien su tiempo en decidir en que, como era de esperar, también le gustaba con ese aspecto-. Además, la misma acusación podría hacerte yo. ¿Qué formas son esas de estar mirándome en público?

- Pues porque no estamos en privado, que sino a saber de qué me acusarías – aquello lo murmuró directamente en su oído para asegurarse de que nadie más lo escuchara antes de sonreírle por el reflejo y dar un paso hacia atrás-. A ver, venga… Que de mi padre ya me he encargado antes pero yo creo que tengo que mandarle una buena felicitación de año a mi suegro también…

Tardó unos segundos en conectar y poder darse cuenta de lo que hablaba, pendiente todavía en la forma en la que se le había alterado el pulso solo por las últimas palabras y en la forma en la que las había dicho antes de acordarse de los padres de ambos. Sin duda, algo le decía que pasara el tiempo que pasara, había cosas entre ellos que no iban a cambiar. Aquella misma situación años atrás hubiera degenerado en él intentando decir algo parecido sin conseguirlo y en ella sin ser capaz de levanta la vista del suelo durante un buen rato. Por suerte, estaban demasiado cómodos el uno con la otra y aunque él disfrutase de ver cómo se le podían subir los colores cuando le decía algo así, era una situación que no podía ser más diferente.

- Ven chiquitina – fue tras Aiko para cogerla con ella-. Vamos a mandarle una foto a mi padre de las dos para que la enseñe por toda la universidad… Aunque luego tenemos que ver cómo nos las arreglamos para hacer una foto de los cinco, ¿eh?

- Yo creo que podemos buscar dónde dejar apoyado el teléfono y poner el temporizador… Venga, que con esta foto puedo entretenerme un rato también mandándola por ahí.

Sora se rio mientras que colocaba mejor a Aiko a su lado, echándole con cuidado los mechoncitos de cabello hacia atrás para que no le molestase antes de colocarse ella también y esperar a que Yamato les sacara la fotografía, quedándose entretenida unos segundos más mirando para él.

- Oye, ¿y vosotros dos qué estáis haciendo ahí? – les dijo a los digimon-. Venga, venid aquí ahora mismo. Todavía tenemos un rato antes de que sea la hora de la cena y ya sé en qué lo vamos a gastar. ¿A que sí tortuguita? Que papi tiene un álbum nuevo, que lo sé yo, escondido y tiene que buscarse fotos nuevas para poner…

Yamato levantó la vista hacia ella, riéndose al verse pillado, aunque no fuera algo que escondiera demasiado. Había sido una de las mejores costumbres que había adoptado en aquellos últimos años. Y una de la que más tiempo le consumían cuando tenía la oportunidad de poder dedicarse a echarles un vistazo. Cruzó la mirada con la pelirroja, dedicándole una sonrisa, antes de buscar dónde posar el teléfono y poder hacer lo que había dicho con anterioridad.


Lo primero de todo, si alguien lee por aquí y ve que he cometido errores al describir la ropa, pues sobra decir que no es algo con lo que esté familiariza y tampoco me he hecho un estudio. Tampoco necesito que venga nadie a hacerme una formación express sobre la materia, puedo sobrevivir sin ello, pero por si acaso a alguien le resquema ver algún gazapo aprovecho para disculparme.

Y por favor, gente, imaginad que esto os lo dice Gabumon: dejad de hacer el estúpido y comportaos como seres con cerebro y sentido de lo que hay que hacer en cada momento. Poneos la mascarilla y seguid las recomendaciones, que esto no es un juego de ver quién es más rebelde o malote - o quién sabe más - que las consecuencias las pagamos todos. Y si lo cumples todo lo bien que puedes... entonces mucho ánimo y paciencia.

ElenaAA23: bueno, yo creo que el reguero de babas que debe de tener ahora mismo gran parte de la familia debe de ser digno porque la nena de esa guisa debe de ser un peligro para el que la vea. Y además, si eres el padre, pues también tienes que ver a la madre así. Ese honor mejor se lo dejamos a Yamato y a Haruhiko ya, como estrellas del babeo.

Lo más seguro es que los teléfonos de todo el mundo hayan estado sonando a lo largo de la noche mientras que Yamato les mandaba todas las fotos del mundo, sobretodo de Aiko. Yo creo que de verdad tiene que parecer una muñeca, porque entre que ella no puede ser ya más adorable, pue con esa guisa tiene que ser ya el colmo. Así que nada, que Natusko vaya buscando con qué poder evitar que Hiroaki se le desmaye o algo por el estilo jajajaja

Y respecto a lo de la conversación con la doctora... Oye, si yo ya avisé que la sacaría a la luz cuando tocara, ¿no? Pues nunca mejor que en medio de una llamada matrimonial de esos dos, que siempre viene bien y son dos muy dados a comentar el tema para saber de verdad lo que tienen por delante. Ver veremos qué tal transcurre todo cofcofcof o si se me pasa la tos con un caramelito de menta.

¡Un bico grandote vecina!