Sora llevaba un rato con la cabeza apoyada sobre su codo, distraída totalmente mirando hacia la niña. Se había empeñado en que quería sentarse encima de su padre mientras que se comía el postre, no poniéndole ninguna pega ninguno de ellos porque así era más sencillo que no se manchase la ropa mientras tanto. El año pasado, a aquellas horas, estaba completamente dormida ya, ajena a todo lo demás. Y ahora que la veía especialmente preocupada por no dejar ni una sola gota de la bolita de helado que le habían pedido en el plato, estaba encantada. Sin duda era la mejor forma de acabar el año que se le podía ocurrir y la mejor entrada que iba a tener en toda su vida.

- ¿Está rico? – le preguntó Yamato a la niña, divertido al verla ponerle especial insistencia a lo que estaba haciendo.

- No sé – contestó la pelirroja -. Puedes preguntarle a ellos dos, que parecen igual de animados que ella… - señaló hacia los digimon.

Ella también tenía delante su postre, pero se lo estaba tomando con más calma. Tal y como solía pasarle, por mucho que le gustara la comida, como había estado picoteando de unos lados y de otros, le estaba costando terminárselo. Aunque, sin duda, había probado también el del rubio, para no hacerle el feo cuando se lo había ofrecido.

- Papi… - Aiko levantó la cabeza hacia él, mirándolo con los ojos abiertos de par en par.

Yamato intentó no echarse a reír, dándose cuenta de que había terminado y que estaba intentando chantajearlo. Alargó la mano para coger la servilleta y así poder limpiarla, habiéndose manchado la cara con el helado.

- Anda papi… - insistió tras dejarse limpiar.

- ¿Te das cuenta de a quién le hace chantaje? – dijo Sora, divertida-. Aiko, cielo, luego te va a doler la barriguita… Mira, te doy yo un poquito de lo mío para que lo pruebes, ¿vale? – cogió con su cuchara un poco de su postre, acercándoselo para que pudiera comérselo.

Él se quedó mirándolas entretenido. Claro que la niña iba a hacerle chantaje a él. Estaba claro. No se molestaba ni en negarlo y ya lo había admitido incluso antes de que naciera. Llevaba las de perder con Aiko. Solía acabar tirándole de las orejas Sora a él cuando lo pillaba consintiéndola más de la cuenta. Y era consciente de que tenía toda la razón. Tenía suerte de que la niña había salido con un carácter bastante bueno, porque de él no podía depender el decirle a algo que no. Simplemente no sabía. Y a la madre tampoco.

- Debe de estar bueno – comentó al darse cuenta de que estaba sintiéndola moviendo las piernecitas.

Esperó a que terminara para volver a limpiarla. Al igual que Sora, la niña se tomaba su tiempo con aquellas cosas, saboreándolo con calma siempre. Cuando solía ser al revés y era él quien tenía un buen primer plano de ambas mientras que hacían cualquiera de las comidas del día podía entretenerse viéndolas un buen rato.

- Pues me ha gustado la cena – dijo Sora, haciéndolo despertar de nuevo-. Empiezo a arrepentirme de haberle dicho a Biyomon que me atara bien el obi… Pero bueno, yo creo que puedo sobrevivir.

- ¿Hoy no te puedes soltar el botón del pantalón? – le dijo divertido-. Bueno, tampoco es que te hayas comido tú sola medio catering. Si al final tanto cuento… y acabo comiendo yo más que tú.

- Porque a mí me gusta probarlo todo… Ya te tengo a ti para que te vayas terminando lo que yo no puedo – divertida, se empezó a reír.

Solía ser la dinámica a la que solía a recurrir cuando comían fuera de casa, porque por mucho que le gustara, también se solía llenar con facilidad. Ahora con el embarazo, la cosa parecía querer cambiar un poco más. Solo esperaba no tener que volver a ser incapaz de retener nada de lo que comía en aquella ocasión.

- ¿Quieres algo más? – le dijo ella a los digimon, viendo como negaban con la cabeza-. Oye, esto todo lo dejan incluido en la factura para cuando nos vayamos… ¿o cómo hay que hacer?

El rubio se quedó mirándola, acabando por sonreír de forma delatadora, consiguiendo que ella arquease las cejas al adivinar por dónde podían ir los tiros, quedándose a la espera de la respuesta de palabra de él.

- Ya te lo dije, es mi regalo de Navidad… Así que no quiero ni quejas ni protestas. Es más, ahora que ya ha terminado el postre la tortuguita… a lo mejor quiere venir conmigo un rato.

- ¿A dónde papi? – giró la cabeza hacia él, dándose por aludida rápidamente.

- Bueno, esto es una fiesta y hay que aprovechar, ¿no?

Se les había hecho algo tarde mientras que Aiko terminaba de comer, siendo mucho más lenta que sus padres todavía y hacía ya tiempo que la gente disfrutaba de la fiesta bailando. Todo el mundo sabía que era muy raro que él fuera voluntario a hacer algo así, pero, sin duda, estaba con sus dos excepciones a esa regla y, llevarse a la niña con él a bailar un rato le gustaba más a él que a ella.

- Huye… huye cobarde – le dijo la pelirroja mientras que lo seguía con la mirada viendo cómo aseguraba bien a Aiko en sus brazos, intentando no perderlos de vista entre la gente.

Era una costumbre que Yamato había adquirido desde que Aiko no era más que un bebé de unos meses. Si tenía oportunidad, la llevaba con él a bailar y ella, no podía más que quedarse mirándolos completamente embobada porque era lo único de lo que era capaz. En aquella ocasión, ella sola tardó unos segundos en darse cuenta de que había dejado su mano posada sobre su vientre de forma inconsciente.

- ¿Qué Gabumon? Si te cuentan esto hace un par de décadas, ¿cuánto tiempo habrías estado riéndote? – no pudo evitar el comentario.

- Hace un par de décadas tenía mis dudas de que tuviera la capacidad de moverse tanto – dijo el digimon, levantando la vista del resto del postre que había quedado sin tocar.

- ¿Lo quieres? – dijo entre risas, dándose cuenta de hacia dónde había estado , puedes terminártelo.

- ¿Y yo qué? – protestó Biyomon.

- Oye, que si os tengo que pedir uno a cada uno solo tenéis que decirlo ¿eh? Que estamos de fiesta hoy… Esperad, ya veréis – le hizo un gesto a uno de los camareros que pasaban cerca pidiéndoles que trajeran algo para ellos.


- ¿Tienes sueño? – le preguntó Yamato a la pequeña mientras que bailaba con ella habiendo encontrado un hueco entre la gente.

- No – negó con la cabecita a pesar de que se le podía notar perfectamente en la cara que estaba empezando a ser tarde para ella-. Ya soy grande, papi.

- No, tú no puedes ser grande – negó con la cabeza, acercándosela para chocar su nariz con la de ella-. Tú te tienes que quedar así siempre…

- Pero yo tengo que cuidar al nene chiquitín.

- Puedes hacerlo así, tú tranquila – sonrió con las palabras de ella-. Oye, ¿me dejas que me traiga a mami conmigo y tú te quedas con Gabumon y Biyomon un rato? Solo un poquito, ¿vale?

Esperó a verla asentir, para echar a andar con ella de nuevo hacia dónde estaba la pelirroja dándose cuenta de que estaba con la vista fija en ellos. Sonrió, encogiéndose de hombros ligeramente, notando que la pequeña se llevaba la mano a los ojos, frotándoselos.

- Oye, ¿tú sigues comiendo? – le dijo a su compañero.

- Déjalo, los he invitado yo – dijo ella, divertida-. Pero bueno, ¿y esa carita de sueño?

- No tengo sueño mami… - protestó Aiko, quedándose sentada entre los dos digimon.

- No, claro que no… ¿Quieres que nos vayamos, chiquitina?

- No – negó con la cabecita-. Tienes que bailar con papi.

- ¿Ah sí? – preguntó divertida.

- Ya has visto, lo ha dicho ella, así que no nos queda más remedio que hacerle caso – le tendió la mano a Sora para ayudarla a ponerse en pie, teniendo cuidado con el kimono.

- ¿Os quedáis con ella?

- Claro que se quedan con ella. Si ellos están encantados… - le posó una mano en la cintura, guiándola así-. Ten cuidado…


- Está muerta de sueño – le dijo mientras que se perdían entre la gente-. Podemos irnos y si aguanta que vea los fuegos desde casa…

- Me parece bien – asintió-. Pero ahora vamos a aprovechar tú y yo un momento, que no he tenido tiempo de presumir de compañía.

- ¿Ah no? ¿Y qué hacías hasta ahora?

- Babarme encima y recordarle que tiene prohibido crecer más… - se encogió de hombros antes de detenerse, esperando que ella hiciera lo mismo para así poder cogerla contra él-. ¿Te ha gustado la cena?

- Está todo perfecto – asintió, aceptando su agarre, buscando su mirada con la suya-. De los mejores fines de año que recuerdo.

- Creo que eso no tiene nada que ver conmigo… - entendió perfectamente por lo que lo decía, estando completamente de acuerdo con ella.

- Algo habrás hecho… - sonrió, dejando caer entonces su cabeza sobre su hombro para dejarla apoyada en él mientras que la rodeaba mejor con los brazos ignorando por completo que hubiera más gente a su alrededor-. Gracias… - le susurró acercándose a su oído.

- ¿A mí? ¿De verdad me las estás dando? – la apretó algo más contra él, sonriendo.

No quiso entrar en la discusión de besugos en la que podían meterse con el tema limitándose a disfrutar su cercanía. Le hacía gracia la situación dado el atuendo que llevaban ambos. No podía evitar que se le vinieran a la cabeza todas las veces en las que la había visto vestida con kimonos cuando no era más que una adolescente y lo mucho que se había aterrorizado solo ante la idea de decirle lo guapa que estaba. Ahora, podía hacerlo todas las veces que quisiera, pero no quería tampoco romper ese momento. Sonrió levemente, distraído en sus propios pensamientos, entretenido en trazar formas con sus dedos en su cintura, disfrutando de cada segundo, lanzando una rápida mirada hacia dónde estaban los otros tres para comprobar que todo estuviera bien y que la pequeña estuviera perfectamente a pesar de haberla dejado en la mejor compañía posible,


- Mira Gabu, ¡están como en la foto! – dijo Aiko señalando hacia la pareja.

- ¿Foto? – confuso, no se dignó ni a buscar a Yamato y Sora, dando por supuesto que estarían haciendo el pegajoso.

- Haru me la enseñó. Mami iba muy guapa – bostezó a media frase, tardando algo más en terminarla.

- Haru le estuvo enseñando fotos de la boda – aclaró Biyomon -, seguro que se refiere a alguna de esas…

La niña bostezó de nuevo, dejando la vista fija en sus padres. Era demasiado pequeña para tener también recuerdos de otros momentos en que los hubiera visto así. Estaba muy hecha a verlos tranquilamente por casa y cuando había escuchado que había existido un tiempo en el que Yamato no había estado en Tokio no le había gustado. Ella los veía en casa, con el resto de la familia y amigos. ¿Cómo no iba a haber estado su padre siempre ahí con todos los demás? Tampoco recordaba el mes que él había estado en el espacio, había demasiadas cosas que no entendía todavía. Volvió a bostezar, notando cómo sus ojitos se cerraban algo más.

- Gabumon, siéntate más cerca de ella, a ver si se va a caer – le dijo el otro ser alado-. Se está durmiendo.

Asintiendo, arrastró su silla algo más para dejarla del todo pegada a la niña y así que pudiera usarlo de punto de apoyo, viendo como Biyomon hacía lo mismo para vigilar que no hiciera lo mismo para el otro lado, dándose cuenta entonces de que los habían visto los dos adultos y que volvían junto a ellos para poder llevársela a la cama.


ElenaAA23: di tú que yo además soy de las que no valora demasiado las descripciones hiperdetalladas. Son las responsables de que me salte las 10 páginas en las que Martin describe el encaje del vestido de Cersei o que intentar leerme la trilogía de ESDLA me succione años de vida. Descripciones las justas y necesarias para poder hacerse a la idea y de las cosas importantes, que luego me las salto porque me aburren y me pierdo cosas entre medias jajaja Y vecina, hoy va de vuelta, que ya sé que andas por ahí de guía turística, que no tienes que explicarme por qué tardas o no, pero bueno, eso, que no estoy yo guapa para hablar.

Hoy el capi es uno de esos que suben los niveles de azúcar, está claro. No sé yo si Yamato llegará vivo al año que entra si vuelve y se encuentra a la nena usando de cojín a Gabumon porque le ha entrado el sueño. Que el pobre ya viene con los niveles de fangirleo altos de haber estado pasando el rato con sus dos chicas. Que se lo cuentan hace unos años y le vemos nosotros los morros desde Marte. Yo creo que les ha salido bien el terminar el año, ¿no? A ver si la nena consigue llegar a ver los fuegos.

Y os estoy actualizando ahora porque me voy a ir a la playa en un ratito que hay que aprovechar antes de que empiece a llover otro mes seguido. Tú me entiendes, vecina... ¡Un bico grandote!