Yamato llevaba con él a Aiko entre los brazos, caminando lentamente para no despertarla. Se le había quedado dormida nada más cogerla, saliendo del edificio principal en dirección hacia el lugar en el que se estaban quedando. Tenían algo de tiempo todavía para que empezaran los fuegos artificiales, por lo que todavía podían ver qué hacían con la pequeña.

- ¿Está dormida? – preguntó Sora, caminando algo más despacio de lo que solía ser normal para ella, no queriendo resbalar con la ropa que llevaba.

- Totalmente, no sé yo si sabremos de ella hasta mañana – contestó él, girándose hacia ella-. Si la cambiamos y la metemos en la cama se queda durmiendo hasta que le entre hambre…

- Y con lo bien que ha cenado me parece a mí que va a ser más o menos al mediodía.

- Tampoco tenemos mucha prisa. A ver – le hizo un gesto, llegando hasta la puerta-. Mete la mano en el bolsillo.

- ¿Cuál? – entretenida, se fijó en cómo señalaba con la cabeza hacia el derecho, acercándose y metiendo la mano para poder sacar la tarjeta que hacía de llave-. Si es que tendría que haberla guardado yo…

Sacándola finalmente, se acercó ella a la puerta para poder abrir y dejarlos a ellos pasar primero, esperando hasta lo digimon entrasen, cerrando ella con cuidado de no hacer ruido. Se tomó unos segundos más para quitarse el abrigo y los zapatos, echando a andar hacia el interior, viendo a Yamato seguir hacia la habitación de la pequeña. Fue tras él, dispuesta a ayudarlo, alargando la mano para que le dejara su abrigo y así poder moverse con más facilidad.

- Voy a ponerle el pijama – murmuró él sin apenas alzar el tono-. ¿Quieres hacer tú lo mismo?

- No – negó con la cabeza-. Te ayudo…

Se acercó hacia donde había dejado la ropa para dormir de la niña, cogiéndola con ella y volviendo a caminar hasta donde estaba él, tendiéndosela. Habían llevado con ellos algunos de cuerpo entero para que estuviera más caliente a la hora de dormir. La pelirroja se quejó a la espera de que él le fuera dando las piezas del kimono para ir colocándolas con cuidado para que no se arrugasen, sonriendo sin poder evitarlo ante le tamaño de todo.

- Uy – dijo de repente Yamato al darse cuenta de que estaba siendo observado-. ¿Y eso?

Aiko no le contestó, alargando los brazos hacia su madre, pidiéndole así que la cogiera con ella. Sora, que no pudo más que sonreír por el gesto de la pequeña le tendió lo que había recogido para que lo fuera a dejar él a su sitio.

- ¿Tú no tenías mucho sueño? – le preguntó una vez que la tuvo en brazos.

- No – negó, llevándose una mano al ojo de nuevo para frotárselo-. Yo quiero ver las luces.

La pelirroja arqueó una ceja, dándose cuenta de que estaba hablando de los fuegos artificiales. Le habían contado que aquella noche los habría varias veces y ahora se acordaba de ello. Sonrió, bajando la cabeza hacia la suya para darle un beso en la frente.

- Ven, que podemos verlos desde tu ventana – le dijo, acercándose con ella-. No debe de quedar mucho.

Pudo ver como estaba algo más despierta, aunque conociéndola no le iba a durar tampoco demasiado. La sujetó mejor, entreteniéndose en moverse ligeramente hacia los lados mientras tanto hasta que sintió las manos de Yamato posarse en su cintura, colocándose tras ellas.

- Vosotros dos… Si queréis verlo más os vale venir hasta aquí – dijo él, haciendo referencia a los digimon mientras que se colocaba bien, abrazándolas desde la espalda y asomándose por encima del hombro de Sora-. ¿Qué hora es? – preguntó él.

La respuesta no se la llegó a dar ella, sino que el sonido de los primeros fuegos lanzados le sirvió como tal, seguido del posterior apagado de luces generalizado del lugar. Guardó silencio, divertido al ver como la pequeña había levantado la cabeza para estar atenta a lo que iba a pasar, dejando la vista en el cielo segundos antes de que los primeros dibujos lo iluminasen.

- Feliz año nuevo, preciosa – murmuró Sora a la niña volviendo a dejar un beso en su cabello.

Si momentos antes había considerado aquel como si mejor cambio de año, ahora sí que estaba completamente segura de ello. Se recostó algo más contra el rubio, usándolo como punto de apoyo y notando como la abrazaba algo más. Así, con ellos dos a su lado y los dos digimon cerca, era exactamente donde tenía que estar. Y donde siempre querría estar.


Yamato se quedó apoyado en la puerta de la habitación, viendo como Sora iba y venia doblando bien la ropa de la pequeña, aún sin haberse desvestido ella. Sonrió algo más, adentrándose y dejando la puerta cerrada tras él.

- Se ha quedado dormida del todo, ahora sí que sí – le dijo haciéndose notar de esa forma.

- Pobrecita, si estaba que se caía cuando la tenía yo cogida – asintió girándose hacia él.

- Pues tú no tienes cara de estar demasiado despierta, lamento informarte…

- Estoy bien, y sino ya me despertaré de la que me cambio de ropa, que tengo para rato.

- Pues… No voy a ser yo el que te diga que no – hizo el comentario, dejándolo en el aire unos segundos antes de tirar de ella-. ¿Qué te tengo dicho de venirme con lazos de los que tirar y tenerme pasando ganas toda la noche?

La pelirroja se echó a reír nada más escucharlo. Sin duda no se la podía acusar de haberlo hecho queriendo en aquella ocasión, era parte de la vestimenta hiciera lo que hiciera ella. Se giró hacia él, divertida.

- Bueno, de lo mismo podría acusarte yo – habló, dejando que su mano buscara precisamente uno de los cierren de la ropa de él-. Lo que pasa es que yo tengo algo más de autocontrol, claro.

- Si intentas picotearme con eso no te va a funcionar. Admito abiertamente que lo considero una tentación importante. Sino, ya sabes lo que pasa cuando sales de la ducha solo con el albornoz puesto por encima…

Sin duda era uno de los motivos por los que tanto él como ella solían andar a las carreras por la mañana. Los días que él estaba más despierto de la cuenta, solían acabar igual, pasando ella a por su ropa tras haberse duchado y acabando perdiendo por el camino la poca ropa que tuviera ya puesta.

- Bueno, no te preocupes. Porque a mí también me gusta tirar de los lacitos para ver qué esconden debajo – dijo dándole un tirón para provocar que la parte de arriba se le soltara, sonriendo-. Y además, me sé de una forma de empezar el año que nos va a dar muy, pero que muy buena suerte.

- ¿Si?

- Claro que sí, ven conmigo que te lo explico más detalladamente – le dijo, tirando de la ropa para acercárselo más, notando como las manos de él se posaban automáticamente en su cintura.

Ella sonrió antes de estirarse para poder darle un beso menos comedido que el resto que podían haber compartido a lo largo de la noche con la niña presente que daría pie a otras muchas cosas que tampoco implicaban a la niña presente de ninguna de las maneras.


Semanas más tarde, Sora estaba sentada en el sofá de casa mientras que terminaba de contestar unos correos electrónicos de trabajo. Aiko, no demasiado lejos de donde ella estaba, dibujaba con todos sus colores desperdigados por toda la mesa.

- Oye – Yamato apareció, reclamando así la atención de la pelirroja, con el teléfono en la mano- ¿qué día me habías dicho que era el evento que tenías fuera de la ciudad?

- Dentro de tres días, ¿por qué?

- Porque tengo que irme mañana a Tanegashima a cubrir unos papeleos importantes que no se pueden posponer… Y no sé si tengo vuelo para poder estar a tiempo para ir contigo…

- Bueno, no te preocupes, puedo ir sola, no me va a comer nadie.

- No, no, ni hablar. Tú sola no vas – negó con la cabeza.

- ¿Cómo que no? – arqueó una ceja.

- No vas a ir sola… ¿Y si te mareas?

- Oh… No empecemos otra vez con eso. Ya le diré a Haru que me acompañe y sino me voy sola…

- No vas a ir sola – repitió-. No me mires así – se puso algo más serio-. Si te mareas como te viene pasando estos días no quiero que estés sola lejos de casa. Hazlo solo porque yo me quede más tranquilo, ¿quieres?

Puso los ojos en blanco ligeramente, negando con la cabeza antes de resoplar. Sabía que llevaba las de perder en aquella discusión. Hubiera prefiero que él la acompañara ya que Haru y bastante poco veía a Andrew en temporadas como aquella como para andar arrastrándola a tonterías como aquella donde era un compromiso más bien personal que de trabajo. Pero también sabía a ciencia cierta que llevaba las de perder en aquella conversación. El sonido del timbre hizo que arquease una ceja, confusa.

- ¿Esperamos por alguien? – preguntó.

- Que yo sepa no… - le hizo un gesto para indicarle que ya iba él a abrir viendo como Aiko iba tras él correteando para abrir la puerta-. A ver, a ver… Déjame que mire quién…

- ¡Hola!

El rubio no pudo terminar lo que estaba diciendo, abriendo nada más reconocer unas más muy familiares al otro lado dejando que el primero en entrar fuera Daigo, quien ya estaba saludando a Aiko.

- Pasábamos por aquí cerca y si no lo traemos a veros le da un mal – dijo Koemi, sonriendo.

- ¿A cuál de los dos? – preguntó Yamato, entretenido, apartándose del todo para dejar que Taichi y ella entraran, esperando para poder ayudarlos con la ropa de abrigo.

- Pero bueno – Sora se había puesto en pie, caminando hasta donde estaban los demás-. ¿Y este honor?

Ellos eran ese tipo de visitas que siempre eran bienvenidos en casa y que esperaba que se dejaran convencer para quedarse a cenar, sin importarle lo más mínimo que la hubieran pillado ya con el pijama puesto y haciendo el vago en el sofá.

- ¿Cómo estás? – le preguntó Koemi a la pelirroja.

- Si me preguntas a mí bien… Si le preguntas a Yamato te contará un buen drama sobre si me he mareado o dejado de marear…

- Ya empezamos – protestó él, haciéndoles un gesto para que fueran a sentarse-. Está enfadada porque no la dejo ir sola a un evento que tiene fuera de la ciudad.

- ¿Sola? – preguntó la castaña.

- Sí, yo tengo un viaje de trabajo y no quiero que vaya sola. Se anda mareando por las tardes a veces y no creo que sea buena idea que vaya sola.

- Pues claro que no es buena idea que vayas sola – dijo automáticamente Taichi-. ¿Dónde es?

- Nada, a menos de una hora de aquí…

- Pues ya está. Voy yo contigo y fin de todos los problemas – contestó de forma rápida el embajador.

- Es verdad, así lo aguantas tú un rato y yo me quedo tranquilamente en casa – añadió ella-. Sora, si te andas mareando es mejor que te lleve alguien. A ver si te va a pasar por el camino…

La pelirroja se quedó mirando a unos y otros, acabando por hinchar ligeramente los mofletes en una mueca y echando a andar hacia el salón dando por perdida la batalla. Estaba claro que iba a tener niñero le gustara o no y ella estaba muy cómoda con los cojines de los que se había apoderado antes.

- Vale, pero que sepas que no sé si va a haber comida – intentó sonar amenazante. En el fondo no podía evitar enternecerse porque estuvieran todos tan pendientes de ella-. Es más, te voy a hacer chantaje. Yo dejo que vayas de niñero – fue hablando mientras que lo seguía con la mirada, viendo como terminaba por sentarse no demasiado lejos-, pero os quedáis a cenar hoy con nosotros.


ElenaAA23: bueno vecina, la review sigue por ahí flotando en el limbo, peeero esta vez no he borrado el mail, así que te puedo contestar jajaaja Es que Tolkien con sus piedras descritas a lo largo de 5 páginas es el gran referente de ser un cansino con la descripción. Soy incapaz de leerme la trilogía. Me gusta que se den los detalles justos para poder imaginar la escena o a los personajes, pero esa gente que a lo mejor le dedica páginas a describir las cosas...

Y sí, era del otro tipo de azúcar jajaja Ya sabes que no soy de escribir mucho tartarugueo seguido, así que se queda la insinuación aquí de que el pobre Yamato ha estado sufriendo mucho al ver tanto lazo el que tirar y tener a la nena cerca, que ya sabemos que el público no es mucho problema y sabe desaparecer rápidamente con Sora en un visto y no visto.

Y mira quien viene por aquí a saludar y a asegurarse de que la pelirroja no pasa más de cinco minutos sin vigilancia no-vaya-a-ser jajajaja La pobre ya debería de estar mentalizada de que no va a tener muchos momentos para estar ella sola hasta que pasen un par de meses después del nacimiento del bebé, pero al menos lo hacen con buena intención y ya sabemos todos que enfadarse con Chi es un poquito complicado, así que lo aceptamos como amigo-cansino. Y más si viene acompañado del resto de la familia, que siempre ayudan.

A disfrutar del sábado vecina, que hoy parece que vamos a tener buen sábado. ¡Un bico grandote grandote!