Antes de que Taichi hubiera conseguido abrir la puerta de casa, los correteos de Daigo pudieron escucharse desde el otro lado provocando que Yamato posara en el suelo a Aiko para que pudiera ir a saludarlo nada más que abriera.
- Ten cuidado, ¿eh? No vaya a ser que un día te salga con que tiene novio… - le murmuró la pelirroja, revolviéndose cuando sintió que la pinchaba en las costillas como respuesta del comentario.
Divertida por las acciones de él y bajando la mirada hacia los niños, no pudo más que sonreír y esperar a que los dejaran entrar. No iba a negar que una de las cosas que más le gustaba ver era que Aiko y Daigo se llevaran bien. Sin duda, le recordaban demasiado a aquella época en la que ella y Taichi se habían conocido y eso le gustaba. Le gustaba mucho.
También le encantaba que el pequeño estuviera encariñado y empeñado en cuidar de Aiko. Le parecía totalmente adorable y cuando los veía se distraía con suma facilidad. Sin darse cuenta, se llevó la mano hacia donde aún no se notaba absolutamente su vientre, pero dónde crecía cada día el nuevo miembro de la familia, pensando en las escenas que se le veían en casa cuando llegara. Iba a tener a dos chiquitines por casa rondando todo el día y eso sí que provocó que se le aumentara la sonrisa.
- Sora, venga… - le dijo Yamato posando la mano en su cintura-. Despierta – divertido, le murmuró aquello por lo bajo.
Despertado de su propia burbuja, sonriendo ante lo que le decía, mirándolo unos segundos, haciendo lo que le decía y entrando por fin en la casa, saludando a Koemi con un gesto, viendo que, tal y como había dicho ella hacia un rato, ya se había encargado de que la cena estuviera lista.
- En serio… No hacía falta que preparases nada… - le dijo.
- Deja de protestar – sonrió-. Bastante tienes con haberte quedado secuestrada anoche por este pesado – se quedó mirando hacia Taichi viendo que por fin había cazado al niño y caminaba con él hacia donde estaban.
- Pobrecito… El que tuvo que aguantarme fue él – dijo riéndose-. Que por la mañana me puse a darle la lata porque tenía hambre y lo desperté bien temprano.
- Bueno, aquí donde lo ves ahora madruga un montón. Creo que está empezando a convertirse en alguien más serio… Y no tengo que sacarlo de la cama a tirones a media mañana o tirarle al niño encima.
- Eso sí que no me lo termino de creer. Oye – Yamato se quedó mirándolo-. Ahora que te quedas por aquí… ¿Vas a venir conmigo a correr?
- Oye, oye… No os paséis – dijo mientras que volvía a posar al niño en el suelo para que fuera a saludar a los que habían llegado con él.
Yamato aprovechó para acercarse también a saludar a Koemi, revolviéndole el pelo a Daigo de la que pasaba corriendo a su lado, ofreciéndose, como siempre solía hacer, para ayudarla a terminar de preparar las cosas.
Sora se quedó sentada al lado de Koemi, distraída, todavía vigilando con la mirada como los dos niños grandes jugaban con los pequeños. Posó la cara sobre su mano, teniendo el codo apoyado en la mesa, y la enfocó.
- Como me vuelva a dar la lata con que quiere que vayamos a por la niña… - murmuró divertida Koemi.
- Anda que no se te iba a caer la baba a ti si lo tienes por casa enredando con una nena pequeña…
- Ya… Si soy consciente, pero no me veo preparada emocionalmente para que me salga otro terremoto – se rió ligeramente-. En realidad, no te voy a decir que no me apetezca. Ya has visto cómo es con los niños… Pero con el trabajo de los dos… - se encogió de hombros-. No creo que precisamente a ti tenga que darte muchas explicaciones.
- Entiendo… - murmuró Sora, dándose cuenta entonces de lo que pasaba.
Ella mejor que nadie entendía lo que podía estar pensando Koemi. Ella se había visto en la perspectiva de haber tenido que crecer con su madre todo el día pendiente del Ikebana y su padre fuera de casa y, aunque eso seguramente nunca lo admitiría, había llegado a pensar en cómo podrían ser las cosas con Yamato en la otra punta del país. Sin duda sabía lo que ella le quería decir, que era mejor estar los dos en condiciones para poder plantearse aquella idea.
- Perdona por haberlo secuestrado anoche…
- ¿Tú a él? – contestó Koemi mirando hacia ella-. Te digo que él ya tenía mirado dónde os ibais a quedar… Creo que no entiende que solo estás embarazada, no enferma… Pero bueno, lo tuve por casa diciendo que seguro que te ibas a cansar y que era mejor pasar la noche allí. Lo que me extraña es que no te haya obligado a llevarte el pijama…
- Bueno… Calla… Que me dejó algo de lo que tenía de hacer deporte y no me quieres ver…
- Eh, solo por esa imagen ya me compensa el haberte secuestrado – dijo Taichi pasando por dónde estaban, llevando la mano al cabello de ella para revolvérselo.
- ¡Taichi! – protestó la pelirroja-. Vete a jugar con Yamato, corre.
- Uy, a jugar dice… Luego nos acusan de tener montado un matrimonio de cuatro y te quejas.
- ¿Yo? Yo no me quejo, soy plenamente consciente de lo que había desde hace muchos años. La que tiene derecho a queja es ella – señaló a Koemi -, que no lo vio venir hasta que ya era demasiado tarde.
- Era mejor cuando todavía te miraba algo mal porque no terminaba de entender lo que os traías entre los dos – dijo divertida-. Pero yo creo que ahora ya estoy curada de todos los espantos posibles.
Sora se rio por lo bajo, entretenida en seguir con la mirada de nuevo a su amigo tras las palabras de Koemi. No la podía culpar. Para quien no los conocía estaba segura de que su comportamiento podía ser confuso. Y más en la sociedad en la que vivían. Pero llevaban demasiado tiempo compartiendo demasiadas cosas que muy poca gente podría haber vivido y eso, sin duda, había creado un vínculo que era complicado de explicar. Por suerte, Koemi había tardado poco en darse cuenta de lo que realmente pasaba entre ellos y pensando en ella desde hacía mucho tiempo atrás como en alguien más de la familia. Sabía que muchos a su alrededor todavía cuchicheaban, pero cada día le daba más igual.
- Oye – la voz de Yamato la devolvió a la realidad-. ¿Tú no estabas cansada y te querías volver pronto para casa?
- Bueno, pero… Estoy aquí sentada y tampoco quiero que por mi culpa…
- Por tu culpa… -negó con la cabeza-. Aiko hace un rato que se ha empezado a querer subir encima de Gabumon y ya sabes que eso acaba con ella durmiendo. Y tú no me extrañaría que no empieces a hacer lo mismo no tardando…
- Bah… vaya fama que me das – cruzó los brazos, aprovechando para apoyar la espalda en la silla.
- La justa y merecida – dijo Taichi metiéndose en la conversación-. Así empezaste anoche y casi te quedas dormida a medio cenar…
Koemi se echo a reír por el comportamiento de ambos hacia ella. Conocía a Sora y sabía que era una de las personas más independientes con las que se había cruzado y, justamente, con aquellos dos, había ido a dar con la horma de su zapato. A cada cual más vigilante con ella.
- Hazles caso. Tiene que descansar de pasar demasiadas horas seguidas aquí con el respetable embajador de la ONU… Y nosotros tenemos que meter a los dos terremotos de la casa en la cama que no son horas para que anden por ahí enredando – buscó con la mirada a Daigo, viendo asomar su cabello revuelto no demasiado lejos de dónde se había quedado Aiko.
Siguiendo la misma dirección de la mirada de ella, terminó por asentir. Estaba cansada, no lo iba a negar, pero, estaba cómoda con la compañía y no le importaría quedarse más rato de no ser por los niños.
- ¿Vamos? – levantó la vista hacia Yamato, viendo como asentía, divertido-. Deja de reírte, no me voy a quedar dormida en el coche…
- ¿Apostamos? – sonrió de forma ladeada.
- Bah…
Provocando que la otra pareja se echara a reír Sora chasqueó la lengua, poniéndose en pie finalmente para ir a coger a Aiko con ella, murmurando por lo bajo que necesitaba de alguien que la defendiera.
Yamato aparcó, divertido, mirando por el retrovisor y comprobando que Aiko estaba completamente dormida en su silla junto a los digimon. Pero, hacía rato que se había dado cuenta de que no eran los únicos. Había visto la cabeza de Sora caer hacia uno de los lados y no había vuelto a saber más de ella en todo el trayecto.
- La que no tenía sueño… - murmuró antes de apagar todo y poder quitarse el cinturón para girarse hacia la pelirroja, posando la mano en su rodilla-. Sora…
- Hmm… - se movió ligeramente.
- Sora, ya hemos llegado a casa – apretó algo más con sus dedos en su pierna, reclamando algo más de atención y viendo como finalmente abría los ojos-. Entra en casa, ya llevo yo a la niña…
Desorientada, empezó a mirar hacia los lados, reconociendo la silueta de la casa y luego mirando hacia el rubio, dándose cuenta de que se estaba riendo de ella. Arrugó la nariz en una mueca características, consiguiendo que retirase la mano que tenía en su pierna para darle un toquecito en ella y que dejara de ponerla.
- Venga, entra en casa – repitió, haciéndole un gesto.
- Voy…
Sin duda, era una batalla completamente perdida. La anterior vez había pensado que el agotamiento se debía a lo mal que se había puesto por las mañanas, pero no. Parecía que era una consecuencia de su estado que poco tenía que ver con cómo hubiera despertado. A ella los embarazos le daban sueño. Alargó la mano para coger su chaqueta, echándosela por encima de los hombros antes de sacar las llaves y salir finalmente para poder ir hacia la casa como le había dicho él.
Entretenido, Yamato la siguió con la mirada hasta que desapareció, haciendo lo mismo que ella con la chaqueta antes de bajarse e ir hacia donde Aiko y los digimon estaban, abriendo primero para que ellos se pudieran bajar y después acercándose con sumo cuidado a donde la pequeña dormía aún. No quería despertarla, de manera que le quitó los cinturones de la forma más suave que pudo antes de cogerla en brazos y rodearla bien con su abrigo para que no cogiera frío.
Cerró el coche, asegurándose de que todo quedaba apagado antes de salir del garaje y entrar también en casa. Lo primero iba a ser meter a la niña en la cama y luego a la otra niña. Le hacían gracia esas situaciones en las que casi que tenía que hacer lo mismo primero con una y luego con la otra. Al menos Aiko no protestaba tanto cuando la mandaban a dormir. Caía rendida con la misma facilidad que su madre, pero ella no se ponía a protestar como Sora y a decir que estaba bien y que no tenía sueño.
No exageraba mucho cuando decía que al final la niña se acababa portando mejor que la madre. Entretenido con sus propios pensamientos, caminó hacia la habitación de Aiko con intención de ser él quien le pusiera el pijama, contento por poder volver a hacerlo tras un par de días fuera de casa. Eso sí que lo había echado de menos.
No le gustaba tampoco haber tenido que dormir solo esos dos días. Estaba tan acostumbrado a la vida que tenía en aquel momento que aunque solo fueran unas noches, si se salía de sus rutinas, las echaba muchísimo en falta. Si alguien se lo hubiera dicho una década atrás se habría estado riendo un par de semanas seguidas.
- A ver, tortuguita… Vamos a ponerte el pijama…
Nadaoriginal: no solo tenía tratado lo de la cena, sino que todo lo demás. Lo raro de todo es exactamente lo que dicen en este capítulo que no se le hubiera ocurrido llevar el pijama ya y hacer que lo llevara también ella, o que no se hubiera dejada hecha la reserva incluso antes de ir. Que a la pobre la tienen más que calada y ya saben lo que le pasa. Aunque no tuvieran en cuenta el mareo, seguro que sí que estaban esperando que le entrara el sueño y que ella seguramente agradeciera el pillar la cama cuánto antes. Así que nada, por mucho que se quiera poner de brazos cruzados e hinchar los mofletes no le queda más remedio que aceptarlo.
Y lo mismo con Yamato y el encariñamiento que tiene Daigo con Aiko. Ya puede ir mentalizándose el pobre hombre, porque con la nena más maja que le ha salido va a tener hasta minimoscones rondando jajajajaja Verás tú los dramas familiares que puede ocasionar eso. Pobre Yamato...
¡Un besito de tortuguita!
ElenaAA23: con lo mal que lo pasó yo manteniendo el azúcar sin liarla, vamos a ver jajajaja Que lo tardo en escribir una desgracia frente a lo que tardo en mataros del subidón de azúcar es de risa. Pero bueno, es que yo ya sabes lo bien que me lo paso haciendo el mal cuando nadie mira a la par que me busco destinos en los que huir o que me pongan en el programa de protección de testigos.
Y seguimos en la racha de capis que te gustan a ti, solo que ahora entra también en el juego miniTaichi y Koemi, que esos siempre vienen bien a la vista de todo el mundo. Que el matrimonio a cuatro cuando se junta tiene bastante peligro. Y la pobre Koemi en su momento pensando que cuando se casaba lo hacía solo con Taichi... Pero bueno, anda, tan mal no le ha salido la jugada, que el resto no son tan desastrosos. Si es que cualquiera que vea el estilo de dinámica de ellos, y más en ese país, tiene que saturar la neurona del todo. Todo esto mientras que Daigo vigila que Aiko pueda dormitar tranquilamente encima de su barriga favorita - hasta que la de su madre se note más, que entonces igual empezará la competencia - para gusto de Koemi que debe de ser los únicos momentos en los que ve calmado al nene.
Bueno vecina, se llama pandemia mundial - o no porque tampoco sería tan raro jajajaja - y que no haya a dónde ir sin ponerse de mala leche o teniendo que haber reservado desde la semana pasada si pretendes ir a tomar algo tan siquiera porque estamos hasta arriba de turistas. No es cosa de este año, los odio a muerte todos los veranos porque no se puede ir a niguna parte por su culpa T_T Pero bueno vecina, que dejo de gruñir ya. ¡Un bico grandote grandote!
