Sora abrió los ojos cuando todavía no había amanecido. Desorientada, le costó unos segundos saber dónde estaba, reconociendo su habitación y, más importante, a Yamato a su lado. Parpadeó unos segundos para recordar que ya había vuelto a casa del evento y que él también de sus asuntos en Tanegashima.
Sonrió, girándose para quedarse frente a él, dedicándose a mirarlo mientras que dormía. Lo había echado de menos. Llevaba mejor ser ella la que no estuviera en casa que al revés. La casa estaba demasiado vacía sin Yamato enredando con Aiko por ella. Amplió más su sonrisa cuando notó que arrastraba el brazo por la cama, aún más sobre su cintura donde lo había tenido posado para tirar más de ella hacia él.
- ¿Qué haces despierta? – murmuró abriendo los ojos para enfocarla.
- ¿No puedo vigilarte mientras duermes?
- Tú ahora tienes que dormir algo más – se arrastró por la cama más para quedar tan cerca de ella que sus narices pudieran rozarse.
- Yo te he echado mucho de menos estos días y voy a hacer lo que me venga en gana – comentó, divertida.
- ¿No te convenció la compañía de anoche?
- No… Esto que quede entre nosotros, ¿eh? – bajó el tono, como si alguien más fuera a poder escucharlos-. Pero soy más de rubios…
Teniendo que reirse por la genialidad con la que le había salido ella se entretuvo en pasar mejor su mano en torno a ella para poder acercársela así algo más, asegurándose de que su cuerpo quedara pegado al de él antes de adelantar la cabeza para poder atrapar sus labios. No había podido hacerlo desde hacía unos días. Cuando había llegado estaban sus padres, Taichi, Aiko y los digimon y no lo había considerado apropiado y, cuando por fin se habían quedado solos en casa ella se le había quedado completamente dormida. Y, sin duda, era algo que sí que había decidido que le hacía falta con bastante regularidad. Casi sin darse cuenta hizo algo más de presión para provocar que ella dejara de estar de medio lado y que quedara echada sobre su espalda, tomando una posición algo más ventajosa.
- ¿Esa es tu forma de convencerme de que me duerma otra vez? – preguntó cuando abrió los ojos mientras que enredaba sus dedos en su cabello.
- Bueno, se me ocurre alguna que otra forma de conseguir que mañana te levantes más tarde si es lo que estás preguntando.
- ¿Si? ¿Estás completamente seguro de eso? ¿No crees que es una afirmación demasiado seria?
- Tampoco hace falta que entres a atacarme para que pique… No te lo decía como una provocación, sino como una clara declaración de intenciones.
Volviendo a conseguir que así le entrara la risa por sus palabras, no tardó en sonreír para sí mismo cuando notó que se le cortaba al empezar a dejar pequeños besos por su cuello. Se entretuvo con aquello, acariciado por encima de las mantas su cintura aún, notando como echaba algo más hacia atrás la cabeza.
No iba a ser él quien se quejara de la dirección que habían tomado las cosas desde que se había despertado. Le pasaba desde hacía una temporada. Estaba seguro de que era su propio subconsciente el que lo despertaba al mínimo movimiento que sentía que Sora hacía. A fin de cuentas, estaba todavía preocupado porque pudiera volver a ponerse tan mal como los tres primeros meses que estaba teniendo el sueño más ligero.
Aquella vez, por suerte, no había sido un mareo o nauseas y, las cosas habían tomado una dirección con la que no podia estar más de acuerdo. Coló el brazo por dentro de la sábanas para poder posarlo más directamente sobre ella, buscando el comienzo del pijama y así poder introducir su mano por él, yendo directo a acariciar la zona del vientre de la pelirroja. Otra costumbre que era superior a él, sabiendo especialmente lo que estaba pasando en ese lugar en aquel mismo momento.
Levantó la vista hacia ella al ver cómo le sonreía y dejaba sus brazos caer hacia atrás para facilitarle las cosas y que se librase del pijama. Sin duda no iba a ser él quien protestara, dedicando unos segundos a hacerle cosquillas en cuanto su mano tocó la piel de su cintura, riéndose al ver como se revolvía ligeramente. Aprovechó esa distracción para tirar más firmemente hacia arriba de la ropa y quitársela. Le pareció divertido ver como rápidamente se le erizada la piel al notar el contraste con la noche fría, asegurándose de acercarse a ella sin dejar su peso encima de ella. No solía hacerlo ni mucho menos ahora que por nada del mundo quería poder lastimarla al saber que algunas zonas estaban más sensibles.
Él mismo llevó la mano a su cabello para ser él quien se lo colocara tras haberle quitado el pijama, cruzando así una mirada con ella e inclinándose lo justo para que su nariz chocase con la de ella antes de volver a deslizarse por su cuerpo, cubriendo de besos todo a su camino. La había echado en falta a su lado y aquella era su mejor forma de demostrárselo. Se tomó su tiempo a pesar de todo, llegando por fin al final de la clavícula, notando como se arqueaba ligeramente. Sonrió de forma ladeaba unos segundos, haciendo algo de fuerza con los brazos para poder tener una mejor perspectiva de ella tal cual se había colocado.
Avanzó nuevamente, llegando al comienzo de la curva de su pecho, frenando en ese momento para volver hacia arriba. Aquella vez no estaba intentando hacerla de rabiar, solo quería tomarse las cosas con algo más de calma llegando así hasta su rostro y poder reclamar un beso. Concentrándose en la sensación que le producía incluso después de tanto tiempo el sentir el roce de sus labios contra lo de él, aprovechó para profundizarlo mientras que una de sus manos empezaba a recorrer el cuerpo de ella. No lo iba a negar, le gustaba demasiado el cuerpo de su esposa, pero en situaciones como aquella no podía hacer nada por evitar que sus manos acabaran acariciando su seno.
Sintió automáticamente como ella se apartaba para poder soltar un suave jadeo. Sin duda sabía que era un punto débil, pero también sabía que más en aquellas circunstancias. Se acordaba de la primera vez, cuando se había asustado pensando que le había hecho daño durante el primer embarazo. Ahora había aprendido también como manejar la situación y de qué forma tratarla. Volvió a sonreír cuando se fijó en la forma en la que lo estaba mirando, echando la cabeza hacia atrás para no dejarla alcanzarlo, volviendo a deslizarse por su figura para cambiar ahora su mano por sus labios, entreteniéndose así lo que consideró oportuno.
- Vas a tener que salir de debajo de las sábanas, me parece a mí… - le dijo divertido cuando se apartó con intención de poder terminar de desvestirla.
- Pues mira a ver si me convences de alguna manera – se incorporó ligeramente-. Pero aquí quiero igualdad de condiciones.
Riéndose por las palabras de ella, dejó que se encargara de hacer lo que había dicho, posando sus manos en su cintura sin dejarla volver a echarse en un principio, aprovechando para atraerla contra él y poder disfrutar de la sensación del contacto entre ambos. No dejó pasar la ocasión para empezar a arrastrar sus dedos por su piel, cogiendo el borde del pantalón y colando las manos en su interior para llevarse a su vez la ropa interior cuando empezó a tirar de ella hacia abajo. Se inclinó, aprovechando el momento para volver a besar sus labios, bajando su ropa hasta donde alcanzó.
Notó como ella se reía en medio del beso, posando las manos en sus hombros para poder usarlo de punto de apoyo y colaborar, sacando las piernas como pudo. No le quedó más remedio que separarse mínimamente para terminar con aquello, dejando entonces que la ropa quedase tirada ene el otro extremo de la cama.
- Échate – le susurró una vez lo hubo conseguido, dejando sus ojos fijos en los de ella unos segundos.
No tardó en obedecer, dejándose caer hacia atrás y volviendo a quedar con la cabeza apoyada en la almohada a la espera de que él hiciera lo mismo, quedándose incluso con los brazos extendidos hacia el rubio a modo de invitación. No lo hizo, quedándose mirándola así desde su nueva posición, tardando su tiempo que igualar del todo las condiciones de los dos y volver a su lado, posando las manos en sus rodillas, acariciándoselas para poder hacer presión así y separárselas, adoptando una mejor posición así él entre ellas. Se inclinó buscando alcanzar con sus labios su vientre, prestándole atención a aquella zona en especial. Más allá de lo que le pudiera gustar escuchar cómo reaccionaba ella, ahora mismo había algo demasiado valioso para él ahí y no podía evitarlo.
Desechó esos pensamientos pasados unos segundos, prefiriendo centrarse en lo que realmente se tenía que centrar y volviendo a cambiar la dirección de sus besos, bajando algo más. Levantó la vista hacia ella, notando que tenía los ojos lavados en él, notando cómo se le había ido alterando la respiración hasta aquel momento. Le dedicó la mejor de sus sonrisas ladeadas antes de volver a bajar, entonces sí, alcanzando su principal destino, notando como automáticamente se arqueaba más, adaptándose mejor a su posición.
La miró de reojo debido a la situación, encantado con las vistas que tenía, observándola unos segundos antes de centrarse en lo que estaba haciendo, dedicándole toda su atención, realizando movimientos estudiados conociéndola ya más que de sobra. Aprovechó el momento para subir una de sus manos por su cuerpo, acariciándola mientras tanto notando cómo subía y bajaba su vientre debido a cómo se le iba alternado la respiración.
No la dejó sujetarlo, escapándose de su contacto para volver a bajar su mano, decidiendo usarla también en lo que hacía, consiguiendo de esa forma que se terminara de dejar caer hacia atrás, dedicándose únicamente a dejarlo hacer lo que quisiera, intentando de esa forma no olvidarse de dónde estaban y que no quería hacer más ruido del que debiera por la cercanía a la habitación de la niña.
Fue por eso mismo, dado a la desconexión con la realidad que estaba teniendo, que no se dio cuenta del momento en el que él volvió a moverse hasta que notó cómo tomaba posición sobre ella. Abrió los ojos, buscando los azules de Yamato, sonriendo al notar como la estaba mirando entre los mechones revueltos de su flequillo, invitándolo a terminar de colocarse al bajar las manos y posarlas al final de su cadera y apretarlo contra ella de esa forma. Hizo por mantener los ojos abiertos y no romper el contacto mientras tanto, sonriéndole antes de que se inclinara para dedicarle un suave beso en los labios.
Se apartó ligeramente de ella para no dejar del todo su peso sobre ella, teniendo también más libertad de movimiento antes de buscar establecer un ritmo constante para poder ir variándolo de forma gradual a medida que ambos se iban adaptando. No puso evitar sonreír para sus adentros al ver que volvía a arquearse hacia atrás, dejándolo hacer al no ser capaz de poder coordinar sus sentidos. La conocía, era capaz de notarlo, por eso había seguido aquel orden en aquella ocasión.
No iba a ser él quien pusiera ni una sola pega a ello, le gustaba demasiado la visión que tenía delante y tenía muchas cosas con las que poder comparar por las que no lo cambiaría por nada del mundo. Se dejó caer algo más hacia delante, notando que necesitaba tener un punto más de apoyo para seguir con lo que estaba haciendo, sintiendo automáticamente como enredaba sus manos en su cabello, buscando atraerlo y desahogarse de esa forma en un beso. No rompió tampoco la distancia entre ambos cuando notó que llegaba el momento, dejando su frente apoyada sobre la de ella con cuidado hasta que tampoco pudo controlar sus propias reacciones. Momento en el que finalmente cedió con sus brazos y se quedó apoyado sobre ella con la cabeza contra su cuello.
Tardó en volver en abrir los ojos, girando la cabeza y viendo el cabello rubio de él, sonriendo así. No lo soltó ni siquiera cuando se dio cuenta de que quería quitarse de encima para no molestarla, emitiendo un sonido de negación antes de empezar a acariciar con suavidad tus costados.
No lo diría en voz alta, porque en realidad, siempre le gustaba cómo se desarrollaban sus encuentros. Habían llegado a tal punto en el que se conocían tan bien que era sumamente fácil para ambos. Pero, aquel día, en el que parecía que la estaba tratando casi con temor a poder lastimarla, le había parecido muy dulce cómo se había comportado. Sonrió, continuando con sus caricias, encantada por la situación en la que estaban.
- Tú sigue así y me voy a quedar dormido encima de ti… - murmuró levantando la cabeza para poder encararla.
- No me molestas – dijo, sonriéndole.
- Peso mucho, Sora… - quiso sonar como si estuviera regañándola, siendo incapaz.
- A callar… Solo un ratito…
Nadaoriginal: Sora la pobre mujer es que quiere que hagan el favor de acordarse de que es una adulta mucho más funcional que ellos dos, que de verdad que porque esté embarazada no tienen que andar vigilándola todo el día, pero claro, si es que ella seguramente que no podrá más que estar encantada porque sabe por lo que lo hacen. Bipolaridad que se llama. Pero bueno, que yo creo que la van a tener de buen humor en el estudio todo el día sin que proteste por nada.
Que tendremos a Yamato también con unas buenas ojeras en el trabajo pero bien orgullo de ellas, que así da gusto volver a casa, oye. Y hoy dejo respuesta cortita, que estoy cansada de llevar todo el día por ahí de un lado para otro. Espero que hayas tenido muy buen día. ¡Un besito de tortuguita!
ElenaAA23: debería de empezar a ponerlo en CV, seguro que lo consideran como un extra en el trabajo jajajaja Con lo bien que me pasé yo liándola con lo de Londres. Creo que ha sido una de mis trastadas favoritas, porque ahí sí que aún no me teníais calada y no la visteis venir hasta que os explotó en las narices y yo me escondía haciendo muajajaja por los rincones jajajaja
En mi cabeza soy de la misma opinión, vecina, además, que el hecho de tener a Yamato y Taichi de consuegros suena como la cosa más maravillosa de este mundo, porque vamos, no sé yo lo que puede salir de ahí. Y el pobre Daigo... jajajaja va a dejar de aficionado al rubio con su paranoia con el suegro. Sobretodo porque el pobre Haruhiko jamás ha dicho o hecho nada y creo que de Yamato no vamos a poder decir tal cosa jajaja Pero bueno, déjalos, que por el momento parece que la nena solo sirve para bajarle un poco las revoluciones al pobre niño.
Y ahora la parejita se nos ha puesto cariñosa, que han pasado un par de días sin verse y eso no puede ver, vamos a ver... No vaya a ser que les dé un mal sin hacer el pegajoso de la forma que más les gusta y que mejor se les da. Que aquí ya podemos ver hasta qué punto se le ha activado a Yamato el modo "tener cuidado con Sora" que ya se lo hemos visto más veces y el pobre incluso en esa situación es capaz, al menos por ahora, de mantenerlo. Si es que como para meterse con él...
En fin vecina, me voy a hacer un ratito el mal. ¡Un bico grandote!
