- ¿Dónde está?
Hideki dio un respingo en su asiento. Hacía ya un rato que había llegado de no demasiado buen humor. Él también se había despertado con las maravillosas noticias de la prensa. Como para no hacerlo. Shiori aquella mañana, por algún motivo se había levantado antes y ya se había encargado ella de despertarlo con su ofensa sobre lo que estaba viendo. Y él no podía estar más de acuerdo. Aunque no estaba totalmente puesto al día de la relación o no que pudiera tener la esposa de Yamato con el amigo de ambos, algo le decía que aquello era tan real como la seriedad que él había intentado aparentar años atrás.
Conocía a Sora y no creía que estuvieran precisamente en el caso. También había tenido la oportunidad de verlos en Tanegashima cuando en el último viaje se había acercado el embajador hasta la isla para estar presente el día del aterrizaje. Y no iba a mentir, sí que le había chochado ver el comportamiento entre ambos la primera vez, pero no le había hecho falta que nadie fuera a hacerle un croquis para entender lo que pasaba ahí.
De manera que no le había sentado nada bien nada de todo aquello. Y, por la cara que tenía Mai mientras que caminaba hacia él dejando la puerta abierta, algo le decía que no era el único.
- ¿Por quién me preguntas exactamente?
- Yamato ya sé que está en casa. ¿Dónde está "esa"?
- Pues la verdad, no lo sé y espero no tener que verle la cara hoy por aquí… - se encogió de hombros-. ¿Has hablado con Yamato?
- Sí, se le ha puesto Sora mal. Espero que sea cosa de las nauseas de por la mañana y eso, pero casi no me pudo hacer caso porque estaba pendiente de ella…
Hideki arqueó una ceja con sus palabras, cogiendo aire unos segundos para hacer una pausa y terminar de decidir sobre una idea que llevaba un rato teniendo en mente. Lo había pensado para evitarse más problemas, pero, sin duda, ahora le sonaba como la mejor de sus opciones. Sacó el teléfono de su bolsillo.
- ¿A quién llamas?
- A los de enfermería para que te traigan un calmante… - le hizo un gesto con la mano para que no dijera nada-. No te doy la lata, que ya me ha dicho Mai que tienes a Sora revuelta. Quédate con ella hoy, ¿de acuerdo? No, no… Haces más falta en casa. Ya lo autorizo yo. Salúdala de mi parte cuando esté mejor.
La piloto se había quedado de brazos cruzados mirando para él adivinando con quién hablaba nada más empezar a escucharlo. Le parecía de maravilla lo que acababa de hacer, aunque quizás a todos les vendría bien que Yamato se cruzara con Emily con el enfado que debía de tener encima. Pero no pasaba nada, así podía hacer ella los honores.
- Estaba mejor, se había vuelto a quedar dormida – explicó tras colgar-. Deja de mirarme así, yo no tengo la culpa, así que deja de intentar matarme con la mirada.
- Mira, es que como me la cruce la voy a agarrar de los pelos y voy a fregar los pasillos con ella – arrugó el gesto en una mueca-. ¿Cómo se atreve? ¿Qué cree que así va a conseguir que el zoquete de Yamato vaya corriendo tras ella? Sí, para meterle cuatro gritos. Es que no me puedo creer todavía lo que he tenido que ver.
- Mai, cálmate, ¿quieres? Lo primero, yo no voy a ser el que te impida dejar relucientes los suelos si quieres. Y lo segundo, yo tampoco lo entiendo, pero no he querido preguntar más, no era el momento.
Sin duda no lo era. Ni siquiera estaba seguro de si quería indagar más. No veía demasiado posible que todo aquello fuera salido de la nada. Recordaba que hacía unos días se había encontrado a la periodista bastante enfadada con Yamato en un pasillo. Quizás había pasado algo que no sabía, pero aquello prefirió guardárselo.
- Cálmate, ¿de acuerdo? Entiendo que los aprecies, pero es mejor hacer como si nada, que no note que ha tenido repercusión de ningún tipo.
- Hideki, piloté hasta Marte, pero eso no me lo puedes pedir porque ya te digo yo que no soy capaz. Aparte de que estamos hablando de que es un embarazo con cierto riesgo y que esto puede sentarle fatal a Sora… Tú no lo entiendes.
- ¿Cómo que no lo entiendo? ¿Crees que no lo he pensado?
- No, no me refiero a eso. Tú no lo entiendes porque nadie te ha hecho creerte toda tu vida que tienes que tener un comportamiento perfecto y dedicarte únicamente a tu casa y tu familia toda tu vida. Tú en todo caso, serás parte de todos aquellos a los que se les ha enseñado que todos los que no hacen ese deben de ser criticados – lo observó, viendo la sorpresa en su rostro-. Soy piloto, trabajo para la agencia espacial, y con una niña pequeña en casa me fui al espacio. ¿Tú crees que no he tenido que escuchar las peores estupideces? Y te digo yo que Sora habrá tenido que escuchar lo mismo, sino más, dado a que es más pública dada su trabajo. Las fotos esas que has visto hoy en la prensa tienen exactamente la misma fecha en la que Yamato y yo viajamos al sur, ¿a nadie le pareció raro eso? Es la misma situación, ¿no?
- Con vosotros dos es más fácil pillaros tirándoos de los pelos… - dijo intentando que relajara un poco su humor, terminando por asentir-. Entiendo lo que me dices. Pero tanto ella como tú me parece que tenéis la suficientemente cultura global y forma coherente de ver las cosas como para que los cotorreos de viejas aburridas de este país le vayan a dar igual. Que digan lo que quieran.
- ¿Tú crees?
- ¿No la conoces?
- Lo mismo que tú… De boca para fuera. Y yo te meto cuatro gritos automáticamente, pero por lo que me ha contado Yamato, ella es de guardarse las cosas. Si hasta hace no demasiado evitaba ir cogida con él por la calle, vamos a ver… Te digo que esto no va a ser una simple tontería.
- Puede que no sea una tontería hoy, mañana o la semana que viene, pero no creo yo que sea tan grave. No es un personaje público, Mai.
- Ya, pero se te olvida el que a ella lo que seguramente le va a importar es lo que los cercanos puedan decir o los problemas que pueda tener él, por ejemplo… Es que – hizo un sonido de protesta-. Me pone enferma todo esto, te lo digo. Te lo digo muy en serio, como me la cruce ya puede echar a correr.
No había visto el enfoque que le estaba dando ella a todo aquel asunto y ahora entendía un poco más allá el verdadero problema. Tenía todavía la razón, no lo había podido ver porque precisamente él siempre había sido también bastante correcto, sí, pero tampoco se había interesado por la vida de los demás como para saber hasta qué punto el asunto era más grave.
- Tengo una reunión ahora – anunció-. Hazme un favor, no me salpiques las paredes si aparece, ¿quieres? – dijo cuando pasó por su lado.
Yamato caminó hasta la puerta cuando sonó su teléfono. Hacía ya un rato que había llamado a sus suegros para que se acercaran. Sabía el bien que solía hacerle a Sora tener a su madre rondando y, además, iban a poder distraer a la pequeña con facilidad. Como la pelirroja se había quedado dormida les había pedido que lo avisaran a él primero por el teléfono para no despertarla.
- Buenos días – saludó nada más verlos al otro lado.
- Hola – Toshiko le devolvió una leve sonrisa-. ¿Cómo están?
- Dormidas las dos. Aiko está en su habitación porque no quiero que se asuste si Sora se vuelve a revolver.
- ¿Ha devuelto más? – le tendió su abrigo cuando vio que él alargaba la mano, cogiendo también el de él profesor-. Gracias.
- Un par de veces temprano pero luego entre el mareo y el esfuerzo se he vuelto a saber más de ella. Y mejor así, no ha desayunado todavía…
- ¿Ves? – giró la cabeza para mirar a su marido-. Te lo dije.
- Oye, solo te dije que era poco probable que no hubiera desayunado ya…
- ¿Tú has desayunado Yamato? – le dijo pasando a mirarlo de nuevo.
- ¿Le habéis traído algo?
- ¿No la conoces ya? – respondió Haruhiko por ella-. ¿Has hablado con Taichi?
- Sí, me llamó cuando yo desayunaba – aprovechó a contestar a la anterior pregunta que le había hecho Toshiko-. Me extrañaría que apareciera por casa también a ver cómo estamos y para asegurarse de que yo no esté pensando en cómo cargármelo – se encogió de hombros-. Voy a dejar las chaquetas, vengo ahora. Toshiko, si quieres prepararle lo que sea en la cocina a Sora, adelante, tampoco es bueno que esté sin comer.
Una vez dicho aquello echó a andar hacia la habitación de invitados y poder dejar así todas las cosas y poder así quitar las cosas de mitad del salón para cuando se levantara la pequeña y evitar que pueda manchar algo. Volvió al cabo de unos segundos, viendo que precisamente Toshiko estaba haciendo lo que a él le había dicho.
- Ya hemos leído la prensa más a fondo – le dijo el profesor-. Tenía que acabar pasando, la relación que tienen ellos dos no es lo más normal que podemos ver a diario por aquí…
- Esto ha pasado porque tengo problemas con una periodista en el trabajo y ha decidido atacar de esa forma a modo de venganza – se ahorró dar vueltas-. Es… - intentó pensar como decir aquello con sus suegros delante, aunque sabía que tampoco era nada malo ni de lo que se le pudiera acusar. Pero, a pesar de todo, quería dejar las cosas claras -. Es alguien de mi pasado que por motivos laborales ha acabado queriendo hacerse notar más de la cuenta.
- Oh – Toshiko se quedó mirándolo.
La sorpresa de la mujer se debía a que jamás hubiera esperado que su yerno fuera a explicar algo así tan de repente. Intentó disimular algo más su sorpresa, bajando la vista hacia la comida que había traído. En realidad, había visto las noticias, se había reído y no le había dado más importancia. Hacía años que había dado a Sora y a Taichi por perdidos. Había sido el día a día de toda su adolescencia y juventud. El vecindario siempre había cotilleado con ellos. En el colegio e instituto habían cotilleado con ellos y, de haber ido juntos a la universidad, estaba segura de que habrían estado en la misma tesitura. Ahora que ella tenía cierta fama, solo era cuestión de tiempo.
- Lo que más rabia me da es que justamente la foto que más destacan ni siquiera fue algo normal de ellos.
- ¿Cómo que no? Si hasta yo que paso poco tiempo en Tokio lo he visto normal… - confuso, Haruhiko volvió a hablar, tomando asiento en una de las banquetas de la encimera.
- Ya, no lo digo por… "cómo" estaban. Sino por el "por qué". Es de la semana pasada, la acompañó a un evento fuera de la ciudad porque yo no estaba y, le dio un mareo. Tanto que se quedaron a pasar la noche allí para que no empeorase la cosa.
Su suegro se quedó mirándolo, entendiendo a lo que se había referido él antes. Ya no era solo que ellos dos se comportasen más cercanos de lo socialmente aceptado en aquel país, sino que todo aquello salía de algo que sin duda no podía tener menos que ver. Ni siquiera con la estrecha amistad entre ellos. Sino de que se había puesto mal por el embarazo.
- Papi… - Aiko apareció por el salón, todavía más dormida que despierta, caminando despacio con un peluche entre sus brazos.
- Eh… ¿qué haces levantada ya?
- Me suena la barriguita… - se frotó los ojos con una mano, mirando después hacia su alrededor, dándose cuenta de que tenían visita-. ¡Abu!
Soltó al peluche para echar a correr hacia el profesor, siendo el que más a mano tenía.
Bueno, dadle las gracias a mi secretaria favorita que me recuerda en qué día vivo y me ha preguntado que si hoy no toca capi, que sino a saber cuándo me habría dado cuenta. Os lo subo ahora para que lo podáis leer con calma y así si mañana no paso por casa gran cosa tenéis todo el día para ponerle un pedastal a Mai y esas cosas. Un besito de tortuguita grandote, grandote para todos.
