Aiko asomó la cabeza desde el pasillo, observando a las visitas que habían llegado esa noche. Estaba costumbrada a ver a los compañeros del trabajo de su padre por casa muchas veces, pero a Hideki y su mujer, no habia tenido tanta oportunidad de verlos. Curiosa, desde allí los observó, todavía sin decidir que iba a salir a saludar tan a las carreras como lo hubiera hecho si fuera Mai la que hubiera llegado.

Yamato se adelantó para saludar a la pareja, aprovechando para poder recoger los abrigos de ambos y poder dejarlos donde no se estropeasen, cerrando la puerta tras ellos rápidamente para evitar el frío de la calle.

- ¿Había mucho tráfico? – preguntó.

- No, los atascos hasta esta zona siempre se forman cuando tú tienes prisa, deberías de saberlo – dijo Hideki, mientras que negaba con la cabeza-. ¿Te han dejado solo?

- No, Sora está en la habitación cambiándose porque estaba algo incómoda con la ropa y Aiko… No tengo demasiado claro dónde se ha metido, porque estaba rondando por aquí hace nada.

- Con la niña tan buena que tenéis seguro que puedes quedarte tranquilo. Yo me sé de dos que si estaban callados era motivo de preocupación – dijo Shiori-. Muchas gracias por la invitación.

- No, no hay nada por lo que nos tengáis que dar vosotros dos las gracias – negó rápidamente con la cabeza, haciéndoles un gesto para que pasaran y no se quedaran en la entrada.

- ¿Has hablado más con Mai?

- Con Mai no, pero con Arata sí – le contestó al general-. La verdad es que debe de haberse quedado tranquila ya y, lo que es mejor, muy a gusto – admitió riéndose.

Y estaba seguro de que aquella era la afirmación más en serio que podía hacer en aquel día, porque con la última temporada que habían tenido, ahora que lo veía con un poco de perspectiva, las cosas no podrían haber terminado de otra manera.

- Sentaos – ofreció antes de ver por fin a los dos digimon aparecer por detrás de la esquina del pasillo, dándose cuenta de que estaba Aiko con ellos-. Uy, nos estaban vigilando – hizo notar, señalando con la cabeza hacia donde estaban-. ¿No vienes a saludar?

Sonrió al ver que la niña salía de su escondite para caminar hasta su padre y quedarse agarrada a su pierna para observar a los dos visitantes. Sin duda era tarde para que ella estuviera por ahí, y más con el día que llevaba de morirse de sueño por las esquinas. Hacía rato que le había pedido la cena a sus padres y ahora estaba con el pijama puesto.

- ¿No me digas que te da vergüenza? – se agachó para cogerla, dejándola en sus brazos a sabiendas que desde ahí se solía sentir más cómoda-. ¿Segura que no? Si los has visto más veces.

Entretenido la observó, viendo que por fin parecía despejar la cabecita de él y mirar hacia los visitantes, curiosa, antes de terminar por llevarse una mano a los ojos y empezar a frotárselos, sacándole una risa a su padre.

- Anoche vino mi hermano a quedarse con nosotros y creo que aquí cierta señorita se le coló en la cama y no lo dejó dormir hasta las tantas y hoy… Pues tiene el día – sonrió algo más antes de dejar un beso en su cabello.

- Pues por nosotros no la tengas levantada – dijo Shiori sonriendo a la niña-. Es una fotocopia tuya… Hola Aiko.

Divertida pudo ver como la niña volvía a guardar la cabeza contra el pecho de su padre. La había visto más veces y no solía ser tan tímida, pero ahora se le notaba a la legua que estaba muerto de sueño y que solo quería meterse en la cama.

- ¿Vamos a que te duermas? – le preguntó el rubio antes de posar la vista sobre los digimon-. ¿Y vosotros qué vais a hacer? ¿Venís? – esperó a ver su respuesta, viendo como Gabumon estaba despidiéndose de Hideki antes de hacerles un gesto para echar a andar hacia el pasillo-. Me la llevo, vuelvo ahora mismo, vosotros poneos cómodos que en nada vendrá Sora seguro.

Aiko seguía siendo demasiado pequeña y cuando le entraba el sueño solía hacerlo notar rápidamente. En aquella ocasión su día de había resumido en pedir mimos a todo aquel que se cruzaba en su camino y acabar quedándose dormida en el intento.


Hideki sonrió al ver como desaparecían los dos rubios seguidos por los digimon, acabando por girar la cabeza hacia su esposa.

- Me lo dices hace unos diez años y no me lo creo. Y eso que no lo tenía tan calado como ahora.

- Bueno, yo no lo conocía, así que… - se encogió de hombros-. Pero siempre te voy a decir lo mismo. Si es que solo hay que verlo con la niña para ver que se le cae la baba…

- Ya, posiblemente por eso mismo es que ha dado el cambio tan drástico. Lo que le pasaba al más cascarrabias de la isla era que le faltaba alguna que otra cosa. Pero mira, yo lo prefiero así, que cuando jugábamos a ver quién de los dos sabía parecer más borde no me caía tan en gracia.

- Pues él tenía excusa, ¿cuál se supone que era la tuya? Que se te ve venir distancia y eso de hacerte el aburrido ya no cuela – contestó divertida a las palabras de él antes de girar la cabeza hacia el origen de los pasos acercándose, viendo por fin aparecer a Sora.

La pelirroja echó el freno nada más verlos, sorprendida. Cuando se había ido a cambiar de ropa no había escuchado el sonido del timbre y por ello no contaba con haberlos visto aparecer tan de repente en el salón.

- Perdonad, Yamato no me aviso de que ya habíais llegado… ¿Dónde…?

- Tranquila. Se ha ido a echar a la niña, apareció por aquí más dormida que despierta – explicó él mientras que sonreía a modo de saludo-. ¿Qué tal estás?

- Estoy bien… Había ido a cambiarme para ponerme algo más cómodo, a esta hora del día ya estoy casi tan quejica como Aiko.

- Oye, por nosotros dos ni te preocupes – intervino Shiori-. Yo no me voy a escandalizar si quieres ponerte el pijama, y al estirado este si dice algo te dejo que lo eches para el jardín y que la nieve le enfríe las ideas.

- Eh – giró la cabeza hacia su esposa-, ¿y qué clase de problema iba a tener yo con que Sora se pusiera en pijama? Vamos a ver…

Ambas mujeres se echaron a reír, llamando así la atención de Yamato que volvía a llegar desde haber dejado a la pequeña en la habitación. Curioso, se quedó observando la escena, sobretodo por la cara que tenía puesta el general.

- Yo no te voy a defender de ellas que luego me mandar a dormir al sofá – dijo caminando hasta colocarse al lado de ellos.

- Ya me habían amenazado por mandarme al jardín. Ten cuidado con lo que dices que te mandan conmigo. Le estábamos diciendo a Sora que no sea tonta y que si está incómoda que puede ponerse el pijama si quiere…

- No, de verdad. Estoy bien, no os preocupéis. Y por favor, tomad asiento que os tenemos aquí de pie – les hizo un gesto, divertida antes de ver como Yamato se acercaba rápidamente a ayudarla a tomar asiento-. Oye, que todavía soy capaz de levantarme yo sola…

- Deja de protestar – le dijo antes de mirar hacia los recién llegados-. ¿Queréis algo de beber?

- Antes de nada… Os hemos traído una cosa – dijo Shiori, señalando hacia la bolsa que había traído con ella, tendiéndosela hasta la pareja-. Esperamos que os guste…

- Pero… No era necesario… Al contrario, si os hemos invitado a cenar era por... – empezó Sora.

- Por absolutamente nada – negó con la cabeza él.

- ¿Cómo que no? Yamato me lo ha contado – la pelirroja los miró a ambos.

- Os acepto las gracias por el día libre de ayer, pero ya está – admitió.

Lo había hecho porque él también estaba cansado de todo aquello. También lo había hecho porque le importaban los miembros de su grupo y ya, la última determinación que había tomado, había sido algo totalmente personal porque no penaba tolerar que alguien viniera a amenazar a Mai.

- Como sea… Tampoco teníais que traernos algo – dijo Yamato aprovechando que no se había sentado para aceptar la bolsa.

- Ha sido ella, tampoco te pienses tú que yo sirvo mucho para estas cosas – contestó entretenido viendo las caras de uno y de otro.

El rubio le tendió a su esposa el paquete para que pudiera ser ella quien abriera el regalo que les habían traído. Ciertamente, no había sido necesario, ya estaba agradecido por demasiadas cosas hacia ellos como para que tuvieran detalles también de ese tipo. La lista cada vez se hacía más grande. De no ser por algunas decisión de aquel que estaba con ellos, la vida laboral de él sería completamente diferente e incompatible con la vida que tenía en ese momento en casa. E incluso Shiori, a la que apenas conocía, siempre se había preocupado por Sora, incluso asegurándose de echarle un ojo cuando él había estado en su último viaje.

- Oh – la voz de Sora reclamó su atención, haciendo que girase la cabeza hacia ella.

Fue entonces cuando pudo ver que sacaba un colgador para la cuna del futuro bebé. Pero uno bastante particular, ya los adornos que lo decoraban eran estrellas, planteas y hasta un propio astronauta que parecía flotar junto con todos ellos en el espacio.

- Ruri tenía uno parecido cuando era pequeña y cuando lo vi el otro día en una tienda me acordé de vosotros – explicó Shiori haciendo referencia a una de sus hijas-. Supuse que os podía gustar.

- Es precioso – contestó automáticamente la pelirroja tras levantar la vista hacia ellos-. Pero no tenías por qué.

- Ya lo sé, y es solo una tontería, así que no le des más importancia de la que realmente tiene…

- Claro que la tiene – contestó dedicándoles una sincera sonrisa de oreja a oreja dejando que Yamato cogiera el objeto-. Muchísimas gracias…

Los ojos de él también se quedaron observando el colgador. Todavía no tenían ni idea de cómo iba a ser la habitación del nuevo miembro de la familia, ya que era demasiado pronto hasta para saber si iba a ser niño o niña, pero, aquel objeto iba a quedar bien en cualquier tipo de contexto. Levantó la cabeza hacia ellos.

- Muchas gracias – dijo solamente ya que no hacía falta que entrara en más detalles, pero todos sabían que lo decía de una forma mucho más amplia y que no se las estaba dando únicamente por el regalo-. Como lo vea Aiko va a querer ella uno también – bromeó.

- Pues le decimos que es para el "nene chiquitín" y seguro que se le pasa – le dijo Sora antes de guardar con sumo cuidado el objeto en la caja de nuevo-. Y vete a traerles algo para beber de una vez que todavía no lo has hecho… Mal anfitrión.

No llegó a tapar de todo el colgado, pasando sus dedos por encima de las figuras, observándolo una vez más. Le parecía precioso y algo que aunque no era más que un detalle, significaba mucho más porque era el tipo de regalos que se hacían con cariño. Estaba viviendo aquel embarazo como si fuera el primero, ilusionándose con cada pequeño momento, y aquel, sin duda, era uno de los que lo provocaban. Amplió algo más su sonrisa antes de volver a enfocar a la pareja

- Es precioso… - dijo de nuevo, cerrando por fin la caja para que no se estropease-. De verdad…

Notaba que se le iba formando un pequeño nudo en la garganta. Era algo que escapaba a su control desde que las hormonas habían vuelto a tomar el control de su cabeza, no podía evitarlo. Cogió aire para soltarlo lentamente, no pudiendo evitar llevarse la mano a uno de sus ojos antes de hacerles un gesto de disculpa.


Pues han aparecido todas las review de repente, debían de estar por ahí de parranda y yo sin enterarme. Vamos a ello entonces.

Nadaoriginal: Yamato más bien debe de andar preocupado por el hecho de que le haya pedido algo verde para comer, pero bueno, bajo los efectos del embarazo cualquier cosa es posible y ya no se debe de asustar. Es lo bueno de que sea el segundo que ya no lo aterroriza si de repente se pone a gritarle y luego a llorar y le dice que quiere espinacas para comer. Y mira, tanto que os llama la atención la reunión con Mai, al final la que os he sacado ha sido la de Hideki y señora, que salen menos y no les venía mal salir de paseo a que alguien le dé las gracias en condiciones por haberles librado de una vez por todas de tener que ver a diario en el trabajo a la pelandrusca esa.

¡Un besito de tortuguita!

ElenaAA23: bueno vecina, a pesar de que la web nos esconde las review cuando le viene en gana, aquí las tenemos de una vez.

Lo del ataque de Taichi babándose con la nena... Eso son cosas que aparecen de repente porque el pobre se baba encima cuando la tiene cerca. Es lo que me has dicho tú alguna vez. El día que se la presentaron, ahí con el pasador igual que el que un día le había regalado él a la madre, ya se lo metió en el bolsillo. Y ahora que anda por ahí pidiéndole mimos pues hace lo que quiere con él. Y normal...

Y a la vez también es normal que se le caiga la baba a Sora al verlos. Que ella los ve y se tiene que morir del amor porque son su nena y su mejor amigo de toda la vida. Al igual que se tiene que morir intensamente del fangirleo cuando ve a Daigo detrás de ella vigilando que no le pase nada. Vamos, es que debe de estar todo el día atacada con esas cosas fangirlenado cual Penny cuando se entera de detalles de Sheldon y Amy jajajaja

Hiroaki era solo cuestión de tiempo que se las arreglara, sí. Está demasiado metido en su mundillo para no poder armarla rápida y eficazmente, que lleva mucho en el mundillo. Estaba - cofcofcofcof - con alguien del mundillo, su hijo también se supone que estaba algo relacionado con el mundillo... Que es solo tirar del hilo poco a poco y al final acababa cayendo. Ahora ver veremos lo que tarda en obtener resultados de verdad. Y Hideki... El día que Hideki y Hiroaki se tengan que juntar para algo que tiemble el país ¿eh? jajajaja Eso, que Hideki el pobre ahora que ya ha hecho lo suyo y ha espantado al moscón, pues ahora parece que se va a llevar un susto cortesía de las hormonas de Sora. Pobrecito... Él que solo iba a cenar y mira lo que han liado con el detalle para los peques.

¡Un bico grandote vecina!