Hola tortuguitas. Creo que esto ya os lo he comentado más veces, pero buneo, por si acaso. En ocasiones, cuando subo los capítulos a la página puedo ver cómo se come palabras y cosas la página. No sé por qué es, es algo que no entiendo, pero la cosa va de que normalmente se puede leer igualmente. Esta vez, no sé qué ha pasado, se ha comido frases completas y me he encontrado con los huecos, palabras cortadas a la mitad y cosas siniestras. He intentado corregir todo lo que he encontrado, pero, puede ser que me lo vuelva a hacer en el momento en el que grabe esto para subirlo, estáis avisados si de repente os falta como media frase a mitad de historia.


Sora se había levantado primero que Yamato de la cama. Aquella mañana había quedado con Koemi para poder desayunar y hablar tranquilamente y él no entraba hasta más tarde. Aunque había hecho por no despertarlo cuando había sonado su despertador, no había podido ser todo lo sigilosa que le gustaría. Sobretodo porque desde que había descubierto que estaba embarazada parecía tener un nuevo sentido que le avisaba cuando ella se movía o algo por el estilo.

Dejó su ropa tirada encima de la cama, quedándose mirándola de reojo antes de empezar a desvestirse con resignación. Pudo escuchar perfectamente la risa de Yamato por las caras que estaba poniendo. Aquella mañana hacía frío y aunque ya se había duchado, no había tenido moral para secarse el pelo solo con la bata puesta. Así que se había puesto el pijama y ahora, tenía que volver a cambiarse.

- No te rías de mí… - le dijo cuando sacó la cabeza de dentro de la ropa, tirándoselo a él antes de seguir quitándose la ropa.

- No me rio, ¿cómo iba yo a reírme con las vistas que tengo ahora mismo? Oye, ¿y si te robo la jugada de atacarme por las mañanas? ¿Tú crees que Koemi se enfadaría mucho si la tienes esperando en la calle?

- Ni se te ocurra… - le dijo divertida antes de alargar la mano hacia sus pantalones para meter rápidamente las piernas y empezar a tirar de él hacia arriba.

- ¿Vas a ponerte a dar saltitos?

Estaba disfrutando con la escena. Primero porque le gustaba demasiado lo que veía y segundo porque entre que tenía frío y que los pantalones eran ajustados, verla dando pequeños brincos para subirlo lo más rápido posible le hacía gracia. Se debatía mentalmente entre el reírse de ella o el cumplir su amenaza y darle una buena excusa a Koemi para enfadarse porque llegara tarde.

Sora terminó de subirse el pantalón, no sin que le costara terminar de pasarlo hasta su lugar, queriendo terminar de una vez. Cogió los extremos del cierre, tirando de ellos para poder cerrarlo y se encontró con que no era capaz de llegar a hacerlo a la primera. Frunció el ceño, confusa, volviendo a intentarlo y bajando la vista hacia el cierre. Sin duda, podría llegar a abrocharlos, pero tendría que hacer fuerza y le quedarían bastante apretados. Arqueó las cejas, tardando solo unos segundos en caer en la cuenta de lo que pasaba y girarse haca su marido con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Qué? – confuso, se sorprendió al ver su gesto.

- No me cierra el pantalón – anunció muy orgullosa de ello.

Yamato necesitó unos momentos más para entender tan siquiera de lo que le estaba hablando, reaccionando por fin para bajar la vista el pantalón. Subió la mirada de nuevo hacia el rostro de la pelirroja y, el gesto de ella, terminó de confirmárselo.

- Te prometo que no me estado poniendo otra vez hasta arriba de tortitas cuando no mirabas… - dijo todavía ampliando más su sonrisa.

- ¿No te cierra? – se arrastró por la cama hasta quedar de rodillas frente a ella.

- No… Osea, sí, pero me apretaría mucho… - volvió a intentarlo, dejando que él lo notara ahora más cerca.

El rubio sonrió a juego con ella antes de llevar la mano a la cintura de su esposa, asegurándose de acariciar la piel de ella, moviéndose por su vientre, como si fuera capaz de ver al bebé que creía en el interior. Se quedó mirándola completamente encantado con el descubrimiento de aquella mañana.

- Ya son… dos meses y medio… Es normal… - dijo bajando la vista hacia él-. La otra vez como lo pasé tan mal… Ya sabes que hasta perdí peso y no se me notaba nada. Pero… - posó los dedos en su cabello, jugando con él de forma distraída.

Le tendió la mano para que la acompañara al espejo, aprovechando unos segundos para volver a quitarse los pantalones, ya que tampoco se los iba a poder poner aquella mañana. Lo que quería era poder mirarse en el espejo y comprobar que sí, que aquella pequeña curva era el pequeño o pequeña de ambos creciendo sano. Yamato se levantó, aceptando su invitación y acompañándola al espejo rápidamente sin perder la sonrisa en los labios. Se quedó observándola unos segundos, dándose cuenta de cómo se dedicaba a colocarse correctamente delante del espejo para poder observar con más detalle cómo, aunque no se hubieran dado cuenta en los últimos días, sí que se le notaba una ligera curva donde antes no la había. Amplió más su sonrisa antes de alargar las manos y colocarse tras ella, pudiendo así pasar sus manos en torno a su cintura, bajándolas algo más hacia donde la nueva forma se dejaba notar.

- Vas a coger frío – le dijo al asomar la cabeza por el lateral de la de ella, observándola desde allí.

- Me da igual… - giró el cuello para observarlo directamente mientras que él estaba mirándola por el reflejo-. ¿Ves? Y tú preocupado porque fuera a estar de mal humor por lo que pasó el otro día… ¿Cómo iba a poder estar de mal humor?

- No me lo recuerdes, hazme el favor – la rodeó algo más con los brazos, de tal manera que se la acercó todavía más, dejando su cabeza apoyada encima de su hombro-. Me quedo con el despertar de hoy.

Bajó las manos por los brazos de su marido, arrastrándolas hasta que quedaron totalmente supuestas, respondiendo así a su abrazo a la vez que lo usaba completamente de apoyo. Había tardado más en notar a Aiko, y ver ya por fin algún síntoma de que todo estaba yendo perfectamente en el embarazo ayudaba notablemente. Se le podían olvidar el resto de problemas que habían tenido en los días pasados.

- Anda – dijo él girando la cabeza para darle un beso en el cuello-. Vete a esconderte dentro de un jersey y algo que no te apriete, corre… Que te preparo algo caliente para que te tomes antes de salir de casa.

- Vete a la cama, Yamato…

- No – sonrió, levantando la vista hacia ella-. Venga, que vas a coger frío… - repitió el gesto de antes para soltarla segundos después y dejarla hacer lo que había dicho.


Koemi llevaba apenas unos minutos esperando cuando mientras que estaba entretenida en colocarse bien los cuellos del abrigo pudo ver como Sora la saludaba entre la gente acelerando el paso así para poder llegar a su lado. Esperó a que lo hiciera para recibirla con una ligera sonrisa.

- Que sepas que tengo a un adulto muy serio terriblemente ofendido en casa porque no le hemos dejado de venir con nosotras a desayunar.

- No me da nada de pena – se encogió de hombros-. ¿Qué tiene miedo de que lo vayamos a poner verde? Perdona por la tardanza, ¿llevabas mucho esperando?

- No, solo un poco, tranquila – le hizo un gesto para echar a andar, conociendo un lugar no demasiado lejos de donde habían quedado-. ¿Había tráfico?

- No, es que no encontraba unos pantalones que ponerme que no me apretaran… - dejó ir una sonrisa, haciendo notar el motivo del porqué con ese gesto.

Koemi se giró para observarla unos segundos, imitando rápidamente su gesto. Era una excusa que aceptaba de muy buena gana en ese caso, aunque no hubiera esperado casi nada por ella. Aquella mañana no hacía tanto frío como otras, pero el invierno seguía haciendo de las suyas.

- Venga, pasa que no tengo gana de que llegues a casa estornudando y tener a Yamato montando un melodrama – bromeó antes de esperar a que ella hiciera lo que le decía, dejándose guiar.

- Bueno, estaba conmigo cuando vio que no me cerraban los pantalones, yo creo que hoy no va a gruñir demasiado – dijo la pelirroja divertida, frotándose las manos al entrar por fin en el local-. Oye, mira que vengo muchas veces a veros, pero este barrio lo tengo perdido.

- Cuando deje de hacer este clima de perros ya te hago yo de guía turística encantada, tú no te preocupes. Los dejamos a los dos de niñeros y que se arreglen entre ellos – dijo divertida mientras que echaba a andar hacia una de las mesas, escogiendo una cualquiera antes de tomar asiento-. Me muero de hambre…

- Yo también – confesó la pelirroja, aprovechando para quitarse el abrigo.

Yamato se había empeñado en que se tomara una taza de leche con algo chocolate caliente antes de salir de casa. Y no podía culparlo, porque ya bastante tenía ella con sus mareos por las mañanas como para salir de casa sin nada en el estómago. Ese pensamiento provocó que se le escapara una leve sonrisa antes de tomar asiento ella también.

- Échale un vistazo a la carta – le dijo Koemi-, que yo ya me sé de memoria lo que quiero pedir…

La pelirroja se despidió del camarero una vez que terminó de tomarles nota. Iba a tener que apuntar la dirección de aquel sitio, porque aunque le quedaba algo fuera de mano, como lo que había pedido estuviera tan rico como parecía, se sabía de un rubio que iba a tener que llevarla los días que tuvieran libres por la mañana. Levantó la vista hacia la mujer que la acompañaba, observándola unos segundos.

- Oye… Yo quería hablar contigo en persona… Y por favor quiero que me digas la verdad – no observó sorpresa en los rasgos de ella, la cual seguramente estuviera esperando por aquello.

- ¿Qué quieres que te diga? – dijo mientras que se apoyaba del todo en el respaldo de la silla-. Sora, evidentemente que no me hace ni la más remota gracia, pero por… Las estupideces de la gente, no por lo que vosotros dos hagáis o dejéis de hacer. Llevo viéndolo desde primera fila unos cuantos años ya. Me preocupa más bien Taichi, fíjate lo que te digo.

Arqueó una ceja. Había estado con él toda la mañana del día anterior y lo que había llegado a sacar en claro es que los dos estaban más bien preocupados por cómo pudiera afectarle todo precisamente a Koemi. Él, dentro de lo que cabía tampoco se había comportado de forma extraña. ¿O sí?

- ¿No me irás a decir que te lo ha colado? – le preguntó ella observándola-. Ayer estaba que se subía por las paredes ya desde temprano. Cuando Yamato nos llamó a última hora estaba dormido, sí, pero tampoco quería hablar del tema ni con vosotros. Tengo miedo de que alguien le diga algo sobre el tema y salte.

No se molestó en disimular la sorpresa. ¿La había engañado con fingida normalidad? ¿De verdad? ¿Taichi había sido capaz de engañarla y no se había dado cuenta? Estaba segura de que era la primera vez en su vida que aquello pasaba, ya que, normalmente, sabía leer en él como en un libro abierto.

- Pero…

- Lo que pasa es que estás en la época de que todos te quieran tener entre algodones – se encogió de hombros-. Yo creo que a medida que pasen los días se irá quedando más tranquilo. Pero no quiero que nadie diga algo delante de él porque va a saltar y eso casi que solo traería problemas – se dio cuenta de la cara que traía Sora, sonriendo ligeramente-. No me lo digas, ¿venías a pedirme disculpas por el problema en el que acababais de meterse sin comerlo ni beberlo? Ni te molestes, a mí no me puede importar menos…

No estaba acostumbrada a ser ella la que no viera venir a Taichi desde lejos. Lo admitía, desde hacía una temporada no estaba todo lo centrada que debía, pero en aquella ocasión estaba segura de que, por muchos años que hiciera ya que se conocían, con la que pasaba sus días era con Koemi. A ella sí que no podía engañarla.

- ¿Quieres que tome medidas? – acabó por decir por fin.

- ¿Medidas?

- Tengo mis asesores para temas legales en el estudio. Pensaba ignorarla y no darle el gusto de ver reacción alguna por mi parte, pero, si vosotros queréis, se los tiro encima…

- Sora, tú preocúpate de que no te abrochen los pantalones – negó con la cabeza-. Se le pasará… Ya lo conoces. Y si no ya le hago yo un esquema para que entienda que por mí no se tiene que preocupar. Yo estoy bien y que cada cual diga lo que le venga en gana, yo sé lo que tengo en casa y jamás se me ocurriría pensar nada ni mínimamente parecido. Creo que esa época ya la pasamos atrás hace muchísimo tiempo.


Nadaoriginal: que el pobrecito lleva mucho mucho tiempo con Mai, que por lo que sabemos cuando Yamato la conoció ya estaban juntos y estamos hablando de que esos dos se conocieron al empezar la carrera. Si es que el pobrecito no sabía dónde se metía, bendita inocencia en su momento... Luego ya, pues nada, debe de estar ya acostumbrado al día a día con una piloto loca en casa y dos miniella.

Y... aquí parece que asoma parte del problema que parecía estar arreglo y no lo estaba. Que Taichi no pareció quedar tan tranquilo con el asunto simplemente porque Aiko se le quedara dormida encima, sino que trae algo más de cola el asunto por ahí. Ver veremos cuando se digne a dar señales... ¡Un besito de tortuguita!

ElenaAA23: jajajajajaja menos mal que ellos van por delante y ya saben que las hormonas son muy graciosas cuando quieren y más cuando hay embarazos por el medio. Yo creo que lo de tener más trato con ella y tener más aprecio ha derivado especialmente desde el último viaje a la estación internacional de Yamato. Que se quedaron ellos dos en Tanegashima y Sora también. Estoy completamente segura de que tenían un ojo puesto en ella con la nena, especialmente Shiori. Y ahora, claro, la cosa ya no tiene remedio. Y lo del drama del zumo y la cadena que se tienen montada de vigilancia, ya es profesional jajaja Lo raro es que no saliera Taichi a las carreras a por el zumo.

Lo dices como si hace diez años Yamato y Hideki estuvieran jugando a ver quién se hacía más el rancio, Sora justamente estuviera con otra persona - o justo acababa de mandarlo a pastar - y estaba totalmente convencida de que a ella Yamato ni le iba ni le venía porque ya había pasado mucho tiempo y tenía cosas más importantes qué hacer en esta vida jajaja Sí, ni de broma se les ocurre imaginar ni uno solo de los detalles de esa cena ni de broma.

Y sí, lo de la sociedad nipona vamos a dejarlo porque yo sigo sin entender la adoración que hay hacia ella, pero bueno, como lo de venerar Alemania sobre todas las cosas que está tan de moda ahora... Pero bueno, que luego nos tiran tomatazos vecina.

Exacto, me voy a hacerme la seria y la digna, al menos con los nuevos que no saben lo que hay por el momento y cuela. Y ojo, que con la mascarilla no se nota tanto... jajajaja En fin, voy a ver si hago algo con mi vida más allá que querer seguir haciendo de larva.

¡Un bico grandote!