Taichi salió de la reunión de trabajo con aire serio. A pesar de que dentro de su mundo laboral se solía comportar de una forma mucho más adulta, seria y formal de lo que lo solía hacer para el resto de los aspectos de su vida. Aquella vez no era solo la fachada, sino todo lo contrario. Y era en parte un alivio por extraño que pudiera resultar.

Estaba de mal humor y no tenía ganas de fingir no estarlo con nadie.

Su seña de identidad siempre había sido tener el humor y tener buena cara para todo el mundo. Y aquella vez no podía ser más diferente. Llevaba unos días de perros, en los que, hiciera lo que quiera, tenía que controlar sus reacciones. Estando en casa con Koemi y Daigo no quería que se le notara demasiado y, el día anterior, cuando había ido a ver a Sora, más de lo mismo. Allí, sin duda, no tenía que disimular nada. No tenía ni la más mínima intención en hacerlo.

Cerró la puerta tras él, yendo a dejar las cosas en su mesa, no queriendo así acabar perdiendo los papeles que llevaba encima, echando a andar hacia la ventana y dejando vagar la vista totalmente perdida por la ciudad. Quizás hubiera prefiero que aquello lo pillara fuera de la ciudad para poder digerirlo a gusto.

Le daba rabia que todo aquello hubiera acabado salpicándole a él. Aunque el día anterior lo había hablado con Sora de forma más directa y había bromeado con ella, realmente, sí que estaba considerando la idea de guardar las distancias algo más con ella. Estaba completamente seguro de que había cosas de la relación entre ambos que habían quedado únicamente entre ellos y que prefería que fuera así. Además, había también muchas cosas que poca gente entendía y le daba igual. Seguramente mucha gente fuera incapaz de comprender la cercanía que tenían sin que hubiera necesidad de que hubiera algo más de amistad entre ellos.

No iba a molestarse en negar que seguía atrayéndole físicamente. Hasta dónde él sabía, aquello era ilegal, tenía ojos en la cara, al igual que sabía que era algo mutuo. Sabía lo que había. Los dos lo sabían y también dónde habían establecido los límites tiempo atrás. Luego, las cosas habían llevado los caminos de cada uno hacia lugares diferentes, llegando por fin a un punto de equilibrio con el que absolutamente todos estaban cómodos.

Y ahora, justo en ese momento, era cuando un idiota había decidido revolver todo y volver a traerlo a su cabeza.

Cruzó los brazos sobre el pecho, cerrando con algo más de fuerza de lo normal los puños antes de resoplar e intentar relajarse. Debería de intentar que le diera igual y seguir con su día a día, pero su cabeza no estaba por la labor. Ni siquiera era capaz de entender por dónde iban sus propios pensamientos. No estaba seguro si el enfada que alguien hubiera hecho aquello en el presente o si estaba enfadado por cosas que hacía tiempo que habían pasado y que ahora parecían salir de nuevo a flote sin tener que hacerlo.

Luego estaba el hecho de que no quería tener que dar explicaciones a nadie, de ningún tipo, ni siquiera a Koemi. Eran cosas que prefería dejar para sí mismo, y que como mucho podía llegar a tratar con Sora si no fuera por la situación de ella. Había preferido no preocupar a la pelirroja y dejar que su esposa siguiera pensando que solo estaba de mal humor por las tonterías que ella pudiera llegar a escuchar. Cosa que también lo enfurecía mucho y esperaba no tener que escuchar ninguna de forma directa porque no estaba seguro de se capaz de dejarlo pasar.

El sonido de unos golpes en su puerta lo devolvió a la realidad, girándose para ver aparecer a uno de los mensajeros con unos papeles.

- Son urgentes, si puedes echarle un vistazo ahora te lo agradecería – dijo a medida que se acercaba hacia él.

- Claro, ahora mismo – eso le vendría bien, distraer su propia cabeza de todo aquello con trabajo.


Sora se había quedado mirando hacia Koemi de reojo mientras que el camarero les dejaba lo que habían pedido para desayunar. Lo cierto era que lo que le había dicho ella sobre que Taichi estuviera más afectado de lo que dejaba notar no le había gustado demasiado. Si bien era cierto que no estaba acostumbrada a que le ocultada nada, tampoco a no darse cuenta. ¿Tan bien lo había hecho que se había pensado que estaba todo bien y como siempre?

Sabía que entre todos la tenían en una burbuja y que eso iba a seguir así hasta dentro de una buena temporada. Y era consciente que para ella la tranquilidad y la calma era lo primero de todo en su estado, y más aún desde el susto que se habían llevado hace años. Pero también era consciente de ello y sabía controlar sus propias emociones dentro de lo que las hormonas se lo permitieran. Y esas iban por libre, por lo que poco tenían que decir en lo que ella sabía o no.

Hasta donde ella había visto su amigo estaba molesto por el tema, sí, pero tampoco nada demasiado grave. Con ella se había comportado todo lo normal de siempre aunque quizás aquello fuera también porque Aiko se le había quedado dormida encima y eso había servido como método de relax total.

- Muchas gracias – escuchó como Koemi decía al camarero.

- Gracias, sí… - volvió a la realidad antes de conectar con la realidad mirando hacia su comida. De repente tampoco tenía demasiada hambre, pero, a pesar de todo, alargó la mano hacia los cubiertos.

- ¿Te encuentras bien? Tienes mala cara – le dijo observándola curiosa.

- Sí… Creo que tengo el estómago algo revuelto – mintió-, pero voy a intentar desayunar algo no vaya a ser que sea hambre.

- ¿Segura? ¿Quieres que te pida una infusión?

- No, no… tranquila.

Por suerte, Koemi no la conocía tan bien como para darse cuenta de que no estaba diciendo la verdad. Se le había quitado el apetito, pero no le iba a hacer bien quedarse sin desayunar, así que aprovechando que así evitaría generar un silencio incómodo, se puso a comer finalmente.


Yamato se quedó mirando hacia Mai mientras que la veía terminar de recoger sus cosas, todavía pensativo, terminando de darle vueltas a una idea que había aparecido en su cabeza tras terminar su jornada laboral, quedándose así esperándola.

- ¿Qué? Ya sé que soy tu nueva heroína, pero como me sigas mirando así se me va a poner celoso Arata – dijo levantando la cabeza hacia él-. ¿Te pasa algo?

- ¿Dónde vas a ahora?

- A ninguna parte… Osea, a casa quiero decir – se encogió de hombros-. ¿Por qué?

- Porque… ¿me acompañas a hacer una cosa? Luego te llevo yo a casa.

Confusa, se quedó mirándolo unos segundos antes de decidir asentir sin llegar a saber qué era lo que quería. Se adelantó para coger el par de carpetas que se quería llevar aquel día con ella para revisar y ponérselas en los brazos.

- Así entrenas un poquito más de la que vamos hacia el aparcamiento – dando a entender así que aceptaba el secuestro, fue a por su abrigo para ponérselo y así poder salir con él por el pasillo-. ¿Dónde se supone que vamos?

- Pues… es que necesito tu consejo…

- ¿Mi sabio consejo?

- Ese mismo – se rio por lo bajo antes de sujetar bien las capetas que ella le había dado, negando con la cabeza cuando quiso recuperarlas, sin importarle llevarlas él-. A Sora ya le empieza a apretar su ropa – explicó-. Hoy por la mañana intentó ponerse unos pantalones y no le servían y luego estuvo revolviendo y está incómoda con todo. Había pensado que me podrías ayudar para comprarle algo…

Mai no pudo más que mirarlo sorprendida. Primero porque a medida que hablaba se le había ido dibujando una leve sonrisita en los labios a la vez que se le subían los colores. Posiblemente fuera una de las cosas que no hubiera esperado escuchar nunca, pero no iba a ser ella la que dijera que no estaba encantada.

- ¿No sabes qué comprarle?

- Lo que no sé es qué es lo más cómodo ni dónde mirar… Y pensé que tú me podrías ayudar, que tienes algo más práctica que yo en esos temas.

- Un poco más que tú sí, y menos mal, porque cualquier te aguanta a ti embarazado. Aunque bueno, eso de hacer de futuro padre preocupado parece que se te da bastante bien – sonrió-. Anda, ven, que vamos a ir a un sitio donde solía comprar yo… Y ya te diré una vez allí qué es cómodo y qué no de lo que te guste anda…

No se molestó en disimular que ampliaba más la sonrisa. Le había hecho ilusión encontrarse con aquella sorpresa por la mañana. Hacía unos días que Sora había estado por casa, en ropa cómoda y por eso debía de haber notado el contraste con su ropa de diario.

- ¿Qué tal la cena ayer con Hideki y señora?

- Bien… De hecho, muy divertida – dijo tras una pequeña pausa-. Deberías de ver la cara de susto de él cuando se les echó a llorar Sora.

- ¿Por? – confusa, dirigió la mirada hacia él.

- Porque nos trajeron un par de detalles para Aiko y el bebé en camino y claro… Digamos que a Sora los embarazos le provocan llorar por las cosas más absurdas. Así que… Ahí me la encontré con ellos dos con cara de no saber dónde meterse…

- Pobre Hideki. Si además él ya ha pasado por eso también, no sé por qué se nos asusta tanto.

Era el mayor de todos, aunque tampoco había una diferencia tan abismal de edad con él, solo la suficiente para que fuera algo más por delante de los demás. Sin duda, con lo serio que intentaba parecer dentro de las paredes de la sede con los que no tenía trato, le hacía gracia imaginárselo con cara de susto mientras que Sora dejaba caer lagrimones reales por cualquier tontería.

- A mí me daba por llorar cuando Arata tenía buenas rachas en el trabajo porque se me metía en la cabeza que me iba a dejar por eso – admitió finalmente-. Pobrecito mío, si algún día me deja será para irse de retiro espiritual… Con lo que tiene que aguantar el pobre. Deberías de haber visto la cara con la que me miraba cuando llegué a casa y le conté el episodio con la zorra esa…

- Pues yo creo que te miraría con resignación porque era solo cuestión de tiempo que te fueras a por ella.

- Eso mismo dijo él – admitió entrando en el coche y entreteniéndose en ponerse el cinturón, quedándose a la espera de Yamato quien estaba dejando las cosas en el asiento de atrás-. ¿Has sabido algo más?

- ¿De qué? – contestó sentándose y haciendo lo mismo que ella.

- De la arpía esa…

- No, ya le dije todo lo que le tenía que decir. Lo único que voy a saber es si mi padre ha encontrado forma de lincharla porque ese es su nuevo entretenimiento. Se ha enfado más él que yo. Parece ser que no tolera que nadie le toque a la nuera… - y eso hasta cierto punto le gustaba.

Aunque tampoco era de extrañar porque estuvieran o no casados, no le extrañaba, en absoluto, que su padre le tuviera aprecio a Sora simplemente por ser cómo era. Luego, teniendo en cuenta todo lo que había hecho con su existencia en su vida por él, sin duda, entendía el afecto que le tenía su padre.

- Anda, arranca, que sino no vamos a llegar a ninguna parte como te quedes mirando con cara de merluzo a la nada… - le dijo al rubio antes de empezar a reírse y acomodarse bien en el asiento.


Os subo capi ahora y ya os contestaré a las review que se me ha hecho tarde. Como siempre, mil gracias por leer ❤❤❤