Observó a su marido en silencio unos segundos mientras que se entretenía en soplar su propia taza para poder dar un trago. Quería darle algo de tiempo, ya que estaba empezando a notar que faltaba muy poco para que explotase y terminase por confesar. No era que no supiera más que de sobra lo que le pasaba, pero quería obligarlo a exteriorizarlo y que dejara de dar tantas vueltas al asunto en su cabeza.
Dio un sorbo, paladeando el líquido caliente unos segundos más de la cuenta, dejando que el calor bajara lentamente por su garganta antes de posar la taza de la forma más distraída que pudo.
- Lo que me revienta es que no entiendo por qué me está pasando, pero es que no me puedo quitar de la cabeza todo lo que pasó hace tiempo – soltó de golpe él, casi provocando que diera un respingo-. Hace ya más de diez años de la época en la que nos pasamos de la raya a las espaldas del novio de aquella época de ella, ¿por qué ahora que sé que es una soberana estupidez me viene un sentimiento de culpa mucho mayor que entonces?
Dio gracias de haber tragado ya porque estaba segura de que le hubiera provocado que se atragantara la conclusión con la que acababa de salirle Taichi. De hecho, le costó llegar a caer en la cuenta de lo que estaba hablando exactamente en esos momentos.
- Creo que… Creo que me he perdido.
- Estoy hablando de hace años, cuando estaba con Ryo y tú y yo todavía no estábamos juntos. Vamos a ver, si eso no era impropio de verdad de dos amigos que solo eran amigos que alguien me explique lo que era y es que me daba exactamente igual.
- Ah… Eso – hizo una pausa, intentando terminar de ordenar sus propias ideas sobre el tema en la cabeza-. Creía que esa fase ya la habíamos pasado – alzó las manos, para frenarlo y que no arrancara con excusas que no venían a cuento por malinterpretarla-. Es decir, que ya se había acabado el problema cuando lo habías hablado con Yamato.
- Ya, y que tampoco iba a darle más vueltas desde que ella y yo lo dejamos todo más que claro. Son muchas cosas las que se me ocurrió suponer y no entiendo cómo han podido venirme todas de golpe ahora.
- Taichi… - estiró la mano para coger las que él había posado encima de la mesa, atrayendo así su atención-. Te ha vuelto todo a la cabeza porque precisamente es de lo que se os está acusando ahora en la prensa del país. Así de sencillo. Pero la diferencia es que ahora solo son rumores y, espero no equivocarme, los dos estáis más que contentos con vuestros respectivos… - sonrió ligeramente para que viera que bromeaba con el último comentario-. Mira… Entiendo que estés enfadado porque haberte visto así cuando la cosa no va ni siquiera contigo, pero… Es que no va contigo. Y no quiero, que por nada del mundo te pongas ahora a mantener las distancias con ella.
Confuso, levantó la mirada hacia ella. No se podía creer que la que estuviera dándole esa charla fuera precisamente Koemi. Aunque, ¿quién mejor que ella? A medida que había ido pasando el tiempo, ya tantos años atrás, se había visto en el punto de querer contarle todo. Había sentido la necesidad de ir con la verdad por delante con ella, y ahora mismo no se arrepentía.
- ¿Cómo te dejaste engañar para hacerme caso en su momento? – acabó por decir, cediendo algo más y girando así sus dedos entre los de ella para poder cogerla también.
- Porque cuando quieres puedes ser muy adorable – contenta con la reacción que por fin parecía estar teniendo efecto en él-. Taichi, nadie está enfadado contigo, al contrario. Habla con Yamato si quieres… Todo esto quedó atrás hace tiempo y ni siquiera tiene sentido que te sientas mal por lo que pasó o no, ya ha quedado demasiado atrás.
- Lo sé – admitió con aire cansado-. Si lo peor es que lo sé…
- Pues ya está, ¿de acuerdo? No te quiero volver a ver de los nervios en lo que queda de día.
Y aquellas palabras las dijo lo más seria que pudo. No le gustaba verlo así. Alguien como Taichi siempre tenía que hacerse notar allí donde estaba, los silencios no eran lo suyo, y, una vez que se le había ido asentando el susto de leer la prensa, parecía que le había comido la lengua el gato y que se lo tenía que sacar todo con sacacorchos.
- Y, sí te quedas más contento, quizás deberías de llamar a Yamato. Y olvidarte de que Sora está embarazada también hablar con ella. No creo que le vaya a afectar de ninguna manera nada que tenga que ver contigo más allá de verte preocupado o distante con ella. Así que en vez de hacerte el encantador como ayer o babarte entero porque Aiko se te quedó dormida encima, vas y hablas con ella directamente de lo que tengas que hablar y te vuelves para casa tranquilito.
La cara de él debía de ser un poema ya que había ido arqueando las cejas hasta quedarse, seguramente, con cara de susto mirando para ella. No podía tener más razón. Estaba diciendo lo que era lo más lógico en la situación en la que estaban y lo único que le quedaba por hacer era darle la razón y dejar de protestar. Acabó por sonreír antes de apretar algo más sus dedos entre los de ella.
- ¿Ya te estás preguntando cómo te las has arreglado para llevar vivo hasta la edad en la que nos conocimos?
- Más o menos – sonrió por fin esperando que ella le devolviera el gesto-. ¿Puedes explicarme cómo es posible que en este tema la única que me diga algo con sentido seas tú?
- Porque de todos soy la que piensa con más claridad de todos – amplió más su sonrisa-. Taichi empiezo a teneros calados a todos demasiado bien. Ya me sé los dramas que sois capaces de montaros Yamato y tú solos sin que nadie os dé ideas, si ahora la cosa parece que se complica y que es algo más pública…
Pudo ver entretenida como, por fin hacía algo mucho más propio de él, echándose hacia atrás en la silla y aprovechando para coger la galleta que le habían puesto con el café que había pedido. Contando que apenas lo había visto desayunar aquella mañana, lo consideraba como todo un progreso.
- Oye… - quiso forzar algo más la situación, atacando por uno de los frentes que más fácilmente funcionaban con su marido-. Tengo algo de hambre… ¿nos pedimos algo para picar?
Amplió del todo su sonrisa al ver cómo levantaba la mirada hacia ella de forma inmediata al escuchar la opción de la comida.
Sora se fijó en que Aiko de repente salía corriendo de la cocina donde había estado con ella toda la tarde. Sonrió al sentir como la puerta se cerraba y poco después escuchar la voz de la niña llamando a su padre. No tardó demasiado en girarse para poder verlos aparecer por la puerta, llevando él a la pequeña en brazos.
- ¿Se te ha alargado demasiado la reunión?
- Más o menos – asintió bajando la mirada hacia la niña-. Oye tortuguita, ¿ya has cenado? – había visto los pequeños platos de ella en la encimera.
-Sí – asintió, dejando los bracitos en torno al cuello de su padre.
- ¿Y te lo has terminado todo?
- Todo, todo, papi – asintió antes de dejar la cabeza apoyada en él sacándole una sonrisa.
Sin duda la visión del pelo rubio de ella apoyado contra él, era algo que le gustaba ver. Levantó la cabeza para cruzar una mirada con ella antes de asentir.
- A ver, chiquitina, que te voy a llevar yo a la cama que seguro que tienes sueño – se acercó hacia la pelirroja para que pudiera darle un beso a la niña.
- No papi, no tengo sueño – el bostezo que dejó ir delató que no estaba diciendo la verdad.
- Claro que no… Anda, vamos – divertido por su comportamiento, salió con ella de la cocina dejando a la pelirroja terminando de hacer las cosas.
Se fijó en que los digimon iban tras ellos, echando a andar hacia el pasillo y llevándola en brazos hasta la habitación. Llevaba ya puesto el pijama y solo le faltaba meterse entre las mantas para caer rendida, se lo notaba en la cara.
- Mañana desayuno contigo, ¿vale? Que hoy se me ha hecho tarde – dijo mientras que la posaba en la cama-. Oye, ¿por qué no miras lo que tengo en el bolsillo?
La niña miró primero a su padre, confusa y luego alargó las manitas a donde él le decía, revolviendo hasta poder cerrar sus manos en la oreja de algo blandito. Tiró de ello, sacando un peluche nuevo con forma de oso. La sorpresa en la cara de la niña provocó la sonrisa de su padre.
- ¿Te gusta? – se llevó el dedo a los labios-. No se lo digas a mami, ¿eh? Venga, ahora métete en la cama que te tapo para que puedas dormir con él.
Entretenido, se quedó a la espera, viendo como hacía lo que le había dicho y se metía en la cama rápidamente esperando porque él la arropase. Giró la cabeza hacia los digimon, optando por coger él a Gabumon y ahorrarle el trabajo, a la vista de que Biyomon alzaba el vuelo.
- No se te ve entre tanto peluche de todos los tipos – dijo divertido antes de llevarle la mano al pelo, echándole el flequillo hacia detrás-. Vete pensando en lo que quieres que te haya mañana de desayuno, ¿vale? – aprovechó para darle un toquecito en la nariz.
Se pudo dar cuenta de que los ojos de ella se quedaban algo más entrecerrados a medida que se entretenía en acariciarla, tomándose así su tiempo para conseguir terminar de dormirla. Le gustaría poder tenerla enredando algo más con él, pero se le había hecho demasiado tarde y no quería que se desvelase de nuevo.
- ¿Ya se ha quedado dormida? – le dijo Sora cuando lo vio volver, posando los vasos en la mesa.
- Sí, se caía de sueño. Creo que ayer nos debió de estar espiando mientras que estaban aquí Shiori y Hideki – explicó, aprovechando para coger a su esposa por la cintura y acercársela-. Perdona por la tardanza.
- No pasa nada, si has llegado justo a tiempo para cenar – posó sus manos en sus hombros, llevándolas hasta su nuca y acariciando así su cabello antes de ponerse de puntillas y poder darle un beso en los labios.
Seguramente su intención inicial hubiera sido un saludo corto, pero cuando sintió que cerraba los brazos con más fuerza en torno a su cintura sonrió ligeramente en medio del beso, aprovechando para dejarse llevar. Cuando se separó de él dejó su frente apoyada en su barbilla, con los ojos cerrados aún y soltando un leve suspiro, demasiado cómoda con la cercanía entre ambos.
- Te he hecho tu cena favorita – le dijo pasados unos segundos.
- ¿En serio? Pero si yo me arreglo con cualquier cosa…
- Yamato, ¿tengo que darte la charla de que solo estoy embarazada y no me he vuelto inútil de repente?
- Bueno, pero… Sigo pudiendo arreglarme con cualquier cosa – aprovechó la cercanía para darle un beso en la punta de la nariz-. Pero huele muy bien, así que mejor dejo de quejarme y me lo como todo sin protestar…
- Exacto, que además… Tengo hambre, así que venga, siéntate que lo voy a ir echando. O bueno… bájame los platos de arriba del armario, anda, que no tengo gana de estirarme a por ellos.
Entretenido por su petición, asintió, soltándola, no sin antes aprovechar para volver a darle otro beso.
