- Ven conmigo un momento – dijo Yamato mientras que tiraba de la mano de Sora tras la cena para que fuera con él.
- Oye… que empiezo a cansarme por todo… ¿A dónde quieres que vaya? – a pesar de protestar se dejó poner en pie.
Aunque lo que realmente le pasaba era que le daba pereza levantarse, aunque fuera para ir a alguna parte de la casa. Tras la cena solo le apetecía quedarse un rato más ahí hasta ser capaz de convencerse para poder ir a la habitación a descansar. Pero, parecía que el rubio tenía otros planes y que la estaba arrastrando hacia el salón.
- Como tu idea sea que me quede sentada en el sofá mientras que terminas de recoger vas a tener que llevarme tú a la cama. No es una amenaza, es un hecho que será probado en cosa de diez minutos…
- Si pretendes que eso me vaya a preocupar creo que vas por mal camino – contestó divertido-. Ya sabes lo terriblemente mal que me parece la idea de tener que hacer el gran suplicio de meterte en la cama como acabo de hacer con Aiko… Ven, anda, que quiero enseñarte una cosa.
No estaba poniendo muchos problemas para ir tras él, pero con aquello último colaboró algo más en vez de solo dejarse arrastrar, caminando a su lado pero sin soltarle la mano. Por la forma en la que le había dicho aquello, algo le decía que era algo que parecía tener ganas de enseñarle, y no iba a ser ella entonces la que le dijera que no. Fue entonces cuando se dio cuenta de que encima del sofá había algunas bolsas que llamaron su atención, girando la cabeza hacia él notando la ligera sonrisa que se le había dibujado en el rostro, delatándose.
- ¿Qué es eso?
- ¿Por qué no lo vas a ver tú? – le dijo, soltándola-. La verdad es que te he mentido un poco y no tenía ninguna reunión…
Aquella confusión consiguió que lo mirase aún más confusa, acercándose hacia el sofá para poder mirar las bolsas, las cuales, no tenían ningún logotipo que pudiera reconocer a modo de pista, por lo que no pudo hacerse a la idea de lo que en ellas había.
- ¿No habrás ido a comprar cosas para el bebé en camino, verdad? Que no tengo gana de empezar a montar el drama otra vez… - mientras que hablaba se había acercado a coger uno de los paquetes.
No tardó demasiado en empezar a abrirlo a sabiendas de que no iba a contestarle, más entretenido en quedarse apoyado no demasiado lejos para poder observarla. Empezando a ponerse algo nerviosa, terminó por romper el paquete y se quedó confusa al ver lo que había en el interior.
- Me ha ayudado Mai porque no es un tema del que yo controle demasiado…
Lo que estaba en las manos de la pelirroja era una pieza de ropa vaquera, a la cual tuvo que darle un par de vueltas hasta darse cuenta de que era una especie de pichi y que dentro del paquete tenía también una camiseta para combinarlo con ello. Confusa, levantó la vista hacia su marido.
- ¿Me has ido a comprar ropa?
- No, te he ido a comprar ropa de pre-mamá… La tuya te aprieta así que sí… - nervioso, sin saber muy bien cómo iba a reaccionar, no pudo evitar llevarse la mano al cabello, revolviéndoselo.
- ¿Me has ido a comprar ropa de pre-mamá? – repitió, intentando asimilarlo.
- Si no te gusta o no te vale, me lo dices y vamos mañana los dos a…
Debería de haberlo visto venir, pero la reacción de ella fue empezar a hacer ligeras muecas, intentando controlar sus hormonas, para acabar finalmente echándose a llorar. Era algo superior a ella cuando estaba embarazada, era capaz de llorar hasta porque se le acababa la comida del plato. ¿Cómo no se iba a emocionar por aquello?
- Por la mañana te quejabas… Y tienes que estar cómoda. Le pedí ayuda a Mai y en eso nos hemos tirado media tarde. Sé que necesitarás más, pero si te gusta es para que salgas del paso y podemos ir el fin de semana si te apetece.
Caminó hasta ella para poder posar su mano encima de su brazo, llamando su atención y terminando por tirar de ella para acercársela y poder darle un beso en la frente.
- Pero no tenías que comprarme nada…
- Ya, lo hago porque quiero. No quiero que estés incómoda… También me perece entretenido comprar ropa de este tipo, tranquila. Se nos ha echado el tiempo encima porque me gustaba todo… Pero ahora, es tu territor…
No terminó de decir aquello porque su esposa había dejado la prenda sobre el sofá antes de avanzar hacia él para poder abrazarse a él, escondiendo su cabeza contra su pecho, disfrutando de su cercanía. Sonrió sin poder evitarlo, limitándose a rodearla.
- Oye, vamos a tener que hacer algo con esas lloreras que te pegas tú sola por todo ¿eh? Al menos ya no me asustas tanto como al principio – bromeó, entretenido al ver que como respuesta solo conseguía que escondiera más la cara-. Son solo algunas cosas para que estés cómoda hasta que tengas tiempo para ir a comprar, ¿vale? – levantó una mano para pasarla por su cabello con lentitud-. Anda, vete a ver qué más hay…
Entretenido, bajó la vista hacia la pelirroja, viendo como levantaba la cabeza y se quedaba mirándolo, con el gesto que solía poner cuando estaba hasta molesta consigo misma por ser incapaz de contener el llanto por cualquier cosa. Aquello le daba un aire muy divertido, ya que estaba seguro de que fácilmente podría hacerle la competencia a Aiko en alguno de sus momentos de llanto.
- Venga, corre – le dijo llevando las manos a sus costados ahora con la intención de hacerle cosquillas y provocar que se alejara.
Se sentó en uno de los reposabrazos, observando como iba abriendo los paquetes, entretenida en lo que se iba encontrando, sonriendo a medida que iba avanzando en sus descubrimientos. No necesitaba ningún motivo para regalarle algo a nadie de aquella casa, pero debía de reconocer que con los días que habían pasado la noticia que ella le había dado por la mañana lo había motivado mucho más.
- ¡Yamato! – la protesta de ella hizo que volviera a la realidad, casi que asustándose.
- ¿Qué? – dio un respingo, dándose cuenta de que había dado con algunas cosas que había aprovechado para comprar para el pequeño que venía en camino. Confuso en un principio porque no le respondía, terminó por echarse a reír al caer en la cuenta de lo que pasaba, teniendo que echarse a reír suavemente.- ¿Te traigo los pañuelos?
- ¡Déjame en paz! – protestó, todavía con el diminuto pijama que había encontrado, acompañado de sus correspondientes pares de calcetines a juego.
- Yo creo que quizás deberías de hablar primero con sus superiores para que se arregle la cosa "por las buenas" – dijo Natsuko mientras que le tendía al menor de sus hijos una taza con infusión y luego hacía lo mismo con Hiroaki.
- Yo voto por poner al día a Biyomon y presentarle a la asquerosa esa y un problema menos – dijo el rubio mientras que sonreía a su madre a modo de agradecimiento-. Hikari ha hablado con Taichi, la verdad es que creo que está de bastante peor humor que papá – y no estaba seguro de que eso fuera posible.
- Me parece bien esa idea – dijo el aludido-. Tiene que estarlo, no creo que sea plato de buen gusto para nadie y más si tu nombre aparece en la prensa. Pero bueno, yo lo que quiero es que se retracte públicamente, el cómo me da igual. Aunque ahora que mencionas a Taichi seguro que tiene algo más de idea que yo de temas más internacionales…
- Oye, no vamos a exagerar las cosas. Lo primero de todo porque creo que al paso que vais, a la primera persona que se le ocurra, tan siquiera, estornudarle cerca a Sora, os lo vais a cargar. Pero, además… ¿De verdad merece la pena tanto revuelo? Ya sé que la gente es demasiado aficionada a hablar, pero… Quizás dejarlo pasar fuera la opción más sensata.
- Eso es lo mismo que ha dicho Sora – dijo Takeru.
- Ya, porque es la opción más sensata – se encogió de hombros la mujer-. Creo que lo que ella quiere decir es que es mucho mejor hacerle el vacío, fingir que no ha pasado nada, contestarle únicamente con indiferencia. Y, yo si fuera ella, aprovecharía que a tu hermano se le va cayendo la baba tras ella para lucir bien la barriguita que tiene que estar a punto de notársele a su lado. Si de verdad la periodista ésta ha actuado por celos, eso le va a resquemar más que todo lo demás.
- Pues que le resqueme, pero yo quiero que además se retracte. Y me da igual lo que digáis – Hiroaki se encogió de hombros-. No voy a dejar que, estando en mi mano, a nadie se le pase por la cabeza la idea de decir media palabra en contra de ella.
Natsuko acabó por reírse muy suavemente antes de darse por vencida. Tampoco iba a convencerlo de lo contrario, ella también apoyaba firmemente que Sora, e incluso Taichi, eran dos piezas más que claves en la vida del mayor de sus hijos y que ahora mismo los usaran contra él, pues tampoco le hacía mucha gracia.
- Bueno, yo voy a irme ya a casa, que Hikari ya tiene que estar por llegar y tengo a los dos terremotos más que en coma en el sofá – señaló Takeru hacia los niños, dando por terminara la taza que su madre le había dado hacía unos momentos-. ¿Quieres que te acerca a casa mamá?
- No, gracias… Voy a ver si consigo que tu padre cene algo decente y sano… - se dio cuenta de cómo la estaba mirando con ambas cejas arqueadas-. Mira, Takeru, quítate de mi vista y deja de dar la lata, que es que cada día vas más para atrás mentalmente.
- ¿Y yo qué he dicho ahora? – intentó defenderse, poniéndose la chaqueta y esquivando una colleja de su padre-. Ale, vete a que te den la cena, corre… Hasta mañana, mamá.
Riéndose, decidió ir a por los dos niños, comprobando sus sospechas y descubriendo que estaban dormidos al lado de Patamon. No hizo ruido, arreglándoselas para cogerlos con él y poder ir hacia la salida, haciéndole un gesto con la cabeza a sus padres para que alguno de ellos fuera a ayudarlo con el abrir la puerta y el ascensor.
- Ya voy yo… - negando con la cabeza, Hiroaki echó a andar tras él-. Te acompaño hasta dónde hayas dejado el coche que no te vas a arreglar sino, venga…
- Llévate la chaqueta que sino vas a coger frío tú – le dijo la rubia antes de despedir a su hijo con un gesto de la mano.
Sin duda, ella no tenía pensado volver a salir a la calle hasta el día siguiente por mucho trauma que eso pudiera causarle al menos de sus hijos. Sus planes pasaban por cenar pacíficamente e intentar calmar un poco más a la fiera. No iba a negar que no le gustara incluso el hecho de ver cómo había reaccionado Hiroaki a todo aquello. A fin de cuentas, sabía que era mentira, podría haberlo dejado correr o incluso no extrañarse porque todos conocían la clase de cercanía que había entre Sora y Taichi de toda la vida. Sin embargo, se había enfurecido. Y eso dejaba muy claro hasta qué punto tenía aprecio a su nuera.
Y no iba a ser ella la que dijera que no era más que merecido ya que si no fuera por ella no estaba demasiado segura de cómo estaría siendo la vida de Yamato en esos momentos. Sonrió ligeramente antes de que cerrasen la puerta. Quizás antes de ponerse a hacer la cena podría ponerse algo más cómoda.
Como siempre, muchas gracias por las review. Cuando tenga algo de tiempo y sea más persona os prometo que os las contesto. ¡Un besito de tortuguita para todos!
