- ¡Sora!
Haru frenó en seco en el pasillo cuando la vio aparecer a la pelirroja en el estudio. Sin duda no contaba con verla por allí en aquellos días. Giró hacia ella, echando a andar hacia donde estaba, no tardando en alcanzarla, posando las carpetas que llevaba consigo en la mano para poder trabajar en la sala de reuniones donde estaba mucho más cómoda desplegando todos sus tratos por encima de la mesa.
- ¿Qué? ¿Ya pensabas que te habías librado de mí? – dijo son una sonrisa a modo de saludo.
- ¿No habíamos quedado en que te ibas a tomar unos días?
- Estoy perfectamente, Haru. De verdad. Y creo que ya estoy saturada de Yamato rondándome a todas horas – dijo riéndose ligeramente-. ¿Me tienes invadido el despacho?
- No, todavía no – sonrió volviendo a coger las cosas-. Venga, que te acompaño y así me cuentas…
Accedió sus muchos problemas, echando a andar hacia su despacho para poder dejar su abrigo e ir acomodándose poco a poco. Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que Biyomon estaba esperando por Sora un poco más delante.
- ¿Y eso?
- Pues… No estoy demasiado segura, pero creo que ahora se están turnando para vigilarme a mí y a Aiko, así que uno se ha ido detrás de mi madre y a la otra… Ya la ves. A saber, capaces son de tenerse hecho un horario…
- Pobre Sora, me parece que se te empieza a hacer muy complicado eso de tener un rato libre hasta dentro de una buena temporada…
- Bueno, yo no lo veo tan grave – aprovechó para quitarse el abrigo-. Te dejo intentar adivinar de dónde ha salido esta ropa que traigo hoy…
Sin duda, cuando acudía al estudio era cierto que la pelirroja solía vestirse de forma más arreglada, pero, en aquella ocasión, llevaba el pichi que la noche anterior había sacado de entre las bolsas que Yamato le había traído.
- ¿Ya estás con ropa pre-mamá? – preguntó sonriente, dándose cuenta del detalle.
- La que tenía cuando estaba esperando a Aiko la tengo toda en cajas y, además, no sé si me servirá para este embarazo. Acuérdate de que había perdido mucho peso… - se posó la mano el vientre ajustando algo más la ropa-. Lo que pasa es que el otro día no me entraban los pantalones, Haru…
- ¿No?
- No… - sonrió de la forma más delatadora que pudo-. Y Yamato no tuvo mejor ocurrencia que ir a buscarme algo de ropa para que esté cómoda.
- ¿Yamato? – arqueó una ceja.
- Sí… - amplió más la curvatura de sus labios antes de ir a sentarse-. Déjalo, lo tengo mucho más protector de la cuenta por todo en general. Aunque tengo que empezar a hacerme con algo más de ropa esta temporada, así que seguramente le diga a mi madre si quiere venir conmigo que creo que puede hacerle ilusión. ¿Quieres venir? – levantó la vista hacia ella.
- ¿Cuándo?
- El fin de semana – tomó asiento, acomodándose, viendo que su compañera lo hacía no demasiado lejos de ella.
- El fin de semana no vamos a estar en la ciudad – dijo con una ligera mueca de decepción en el rostro-. Pero tú puedes darme la lata por el móvil todo lo que quieras mientras que te compras la ropa. Es más, podemos hacer videollamada…
- Pobre Andrew – acabó por contestar divertida-. La verdad es que ayer fui a desayunar por la mañana y estaba superincómoda con todo. Acabé llegando tarde solo por buscar algo que no me molestara compatible con el frío que teníamos.
Haru sonrió entretenida con las explicaciones de ella. También recordaba a la perfección lo mal que la había visto pasarlo hacía unos años. Le había tocado verlo también desde primera fila, y ahora escucharla tan pronto hablar de que la ropa le apretaba, le gustaba mucho.
- ¿Fuiste a desayunar fuera ayer? – preguntó dejando las cosas en la mesa de la pelirroja para aprovechar y poder enseñarle así lo que iba a hacer hasta que ella había llegado.
- Sí, fui a desayunar con Koemi – levantó la vista hacia su socia, dándose cuenta de que la estaba observando más directamente ante la mención de quién acababa de hacer-. Tranquila, está todo bien.
Lo que no estaba tan bien era lo que le había dicho sobre que parecía que el que tenía más atragantado todo el problema era Taichi. Y sí que se había dado cuenta de ello, ya que no había sabido más de él desde que lo había tenido rondando por casa, donde se había comportado con bastante normalidad, pero, ahora que sabía que la cosa era más complicada de lo que parecía.
- Creo que está demasiado acostumbrada a nosotros dos – dijo con una ligera sonrisa-. ¿Por aquí todo bien?
- Pues como la gente del estudio – acabó por decir encogiéndose de hombros-. Aquí tenías a unos cuantos muy enfadados. Parece ser que no les ha gustado que nadie se meta con su jefa. Aproveché para hablar con ellos por si acaso, y al final resultó que teníamos hasta a la gente del departamento de fotografía superofendidos porque conocían a los autores de las fotos.
- Bueno… Tengo a mi suegro en las mismas – explicó-. Y yo me he ofrecido a tomar medidas si Koemi y Taichi querían, pero… No sé, creo que prefiero hacerle el vacío. De hecho, por lo que he podido escuchar a Yamato– sonrió de manera delatadora al usar aquellas palabras-, creo que ya ha tenido bastante escarmiento en el tema laboral. Supongo que el hecho de que te mande para tu casa una organización como la JAXA por comportamientos de adolescente no te deja en demasiado buen lugar….
- ¿Yamato no le ha dicho nada?
- Pues… Creo que no quiere que me entere, pero no voy a andar preguntándole por el momento, que bastante especialito anda, sobretodo intentando aparentar que no pasa nada conmigo delante. Bastante histeria tenía él solo cuando vio la noticia, me atacaron las hormonas y me puse a montarle el drama… Te podrás imaginar el susto que le pegué.
- ¿Drama?
- Con mareo y nauseas incluso – dijo antes de echarse a reír-. Tuve que salir corriendo al baño, cuando me puse a levantarme me mareé… Y todo esto después de que me diera la llorera. Así que imagínate la mañana que se pasó él solo… Pobre…
- Y… ¿solo fue por el embarazo?
- El otro día invitamos a su jefe y a su esposa a cenar y me trajeron un detalle para Aiko y el bebé y me eché a llorar como una tonta durante un buen rato. Y anoche cuando Yamato me apareció con la ropa…
- Vale, fue por el embarazo – se echó a reír, acordándose de los dramas que solía montar por cualquier cosa-. Pues… Mira, ya que estás aquí, quería aprovechar y enseñarte algunas cosas en las que he estado trabajando a ver si te gustan…
- ¿Tengo que decirte otra vez que no necesitas ni mi permiso ni mi aprobación para nada de todo eso?
- Que las mires… - dijo mientras que le dejaba la carpeta delante de ella y se quedaba de brazos cruzados apoyada en la mesa.
- Ya las miro, ya… Y te has puesto roja, que lo sepas… - intentó sonar lo más neutral sola, delatándose no tardando al echarse a reír.
Taichi volvió a tomar asiento en su mesa, con aire distraído. Ya había terminado todo lo que tenía que hacer en aquella mañana y estaba haciendo tiempo hasta la siguiente reunión. Tenía que acudir al centro de Ginza al mediodía para poder tratar algunos asuntos bastante importantes para los acuerdos sobre los derechos de los digimon en aquel mundo que llevaba años intentando conseguir. El problema era que su cabeza pensaba en otra cosa que había en esa zona de la ciudad.
No estaba del todo seguro de si al final su amiga se habría incorporado al trabajo ya, aunque por lo que le había dicho Koemi, tenía pinta de que sí. Quizás debería de aprovechar que tenía que comer fuera de casa para ir a ver si estaba en el estudio y hablar con ella. Por otro lado, no estaba del todo seguro de cómo de buena idea sería que los vieran juntos y solos. ¿Debería de comportarse de forma diferente con ella hasta que pasara algo de tiempo?
Aquella simple pregunta provocó que hiciera una mueca y que notara como el mal humor se volvía a apoderar de él. Había llegado al punto de considerar tomar medidas para conseguir que los responsables de aquello se tuvieran que retractar públicamente, pero ya sabía que Hiroaki estaba en ello. Lo único que había podido hacer era ofrecer su ayuda para lo que necesitara desde la posición que ocupaba y los conocimientos que pudiera tener.
Resopló, no queriendo volver a ponerse él solo de mal humor.
Le entraban ganas de ir a meterle un par de gritos a Yamato, porque ¿de qué servía tener fama de ser el borde del grupo para que cuando hacía falta no lo sacara a la luz? Porque si lo había hecho y todavía habían acabado así, iba a tener que empezar a pensar que la periodista aquella tenía problemas serios mentales. Así que prefería inclinarse a que la versión de Yamato que andaba suelta en la actualidad por el mundo se había decantado por irse por la versión amable e ir de buenas y al final habían acabado las cosas peor de lo que estaban.
Chasqueó la lengua de nuevo, enfadado, decidiendo que lo mejor que podía hacer era dejar de dar vueltas sin sentido y hacer las cosas acordes a la edad que tenía. Metió la mano en su bolsillo y sacó el teléfono encontrando el número de la pelirroja entre las conversaciones habituales.
Sora había pasado parte de la mañana revisando todo lo que aquellos días no había podido hacer. Había desconectado del todo con el estudio, ocupándose más bien del embarazo que de otra cosa. Le había venido muy bien, sin duda. La realidad que tenía fuera de casa no le gustaba demasiado, así que se había centrado en los más importantes para ella.
Los ojos de ella estaban posados sobre el boceto en el que se había estado entretenido hasta aquel momento. Le había llevado poco tiempo ya que tenía en mente exactamente lo que quería hacer y le gustaba el resultado. Le había dicho a Aiko que le iba a hacer un kimono para ella y eso mismo hacía. La pequeña iba a estar preciosa con él, tal y como había estado en Año Nuevo. Aunque claro, era complicado que no lo estuviera si siempre lo estaba. Sonrió sin darse cuenta ante su propio pensamiento volviendo a la realidad de un respingo al sentir la vibración de su teléfono.
No pudo más que ampliar su sonrisa al leer el nombre de Taichi en la pantalla, notando así el mensaje de él era el que había hecho vibrar su teléfono. Lo cogió para poder contestarle, viendo que lo que quería era algo totalmente normal en él metiendo la comida en el asunto. No respondió, decidiendo llamarlo para ello.
- ¿Te pillo en mal momento? – dijo cuando descolgó.
- No, estaba haciendo tiempo.
- ¿No te queda un poco lejos Ginza para venir a comer conmigo?
- ¿Estás en el estudio?
- Sí, he venido a revisar unas cosas, ¿por qué?
- Porque tengo que ir precisamente al distrito a una reunión ahora y pensaba pasar a buscarte cuando terminara… Si quieres, claro.
- ¿Cómo no voy a querer pedazo de zoquete? – contestó rápidamente-. ¿Te espero aquí o en alguna parte?
- Espérame ahí, por si acaso… Ya te voy a buscar yo.
- Perfecto, pero no me tardes demasiado que aquí somos dos a comer y cuando nos entra el hambre… Nos entra.
- Sora, que estás hablando conmigo… Te veo en un rato.
- Perfecto.
Sonrió nada más colgar, encantada con la idea de que la hubiera llamado para ir a comer. Fuera por lo que fuera, quería quedar con ella y eso era buena señal. Al menos estaba más calmado si daba ese paso y eso le gustaba.
Nadaoriginal: bueno, aprovecho hoy que es domingo y tengo algo más de tiempo para contestaros a las review.
Si es que al final vamos a acabar refiriéndonos a Emily como "pobrecita". En un ataque no propio de su edad pensó que la que le estaba haciendo la puñeta era Sora y ya que se estaba metiendo con su trabajo, ella hizo lo que consideraba más apropiado en ese momento. Posiblemente que se le cancelase el pase al evento debió de tocarle las narices laboralmente... Lo que pasa es que no sabía la que se le venía encima. Y lo más gracioso de todo es que Sora sin hacer/dejar de hacer nada de nada. Simplemente su entorno se encarga de mantener a raya a la pelandrusca en todas las ocasiones. Tiene unos cuantos sicarios bastante efectivos a su alrededor. Sobretodo el suegro, que se lo ha tomado como algo muy, pero que muy, personal.
¡Un besito de tortuguita!
ElenaAA23: a ver, porque os estaba contestando aquí, me mandaron una integral y tres hojas por las dos caras más tarde y una hora de mi vida después, la he terminado, así que retomo jajajaja Esas basuras como se me metan entre ceja y ceja no me quedo tranquila hasta que salen, menuda desgracia.
Y mira, por aquí asoma tu querido embajador que parece que por fin ha decidido dejar de esconder la cabeza cual avestruz y va a ver a su pelirroja favorita. Ahora ver veremos qué tal se comporta porque lo mismo acaba siendo ella la que le tire de las orejas bien quitada. Quién sabe... Taichi cuando quiere es el rey de las paranoias y esta vez le han tocado algo que para él parece ser más delicado de lo que al gente podría esperar, hasta el resto de implicados.
Y de paso os he paseado un poquito a Haru que la pobre anda por ahí algo más perdida últimamente porque el que más chupa cámara es el bando Yagami, pero ella sigue por ahí haciendo de la niñera preferida de Yamato en el campo laboral, que tiene que comprobar que todo este bien y de paso dejar que Sora haga y deshaga en el estudio aunque ya le haya dicho tropecientas veces que no necesita de su aprobación para poder hacer ella lo que quiera.
¡Un bico grandote!
