Taichi llegó al estudio con aire distraído, aprovechando el tiempo en el ascensor para intentar colocarse un poco el pelo, el cual, a causa del viento que se había levantado amenazaba con querer coger la misma forma que la de sus tiempos más adolescentes. No pudo evitar reírse antes de conseguir dejarlo en si sitio, saliendo entonces del ascensor.

Se cruzó con algunos de los trabajadores en el pasillo, los cuales lo saludaron con total normalidad. Aquello hizo que terminara de desterrar una de las dudas que más había aparecido en su cabeza sobre el ir a buscar a Sora hasta allí. No tenía demasiado claro cómo iba a estar el ambiente si de repente lo veían aparecer después de todo lo que habrían podido leer, pero, lo único que recibió fue la sonrisa amablemente de la ayudante de la pelirroja.

- ¿No te has ido a comer todavía? Vaya jefa más explotadora que tienes – comentó a modo de saludo.

- Ahora mismo – le contestó ella-. Está en el despacho, seguramente esperando...

- Vale, muchas gracias. Y vete a comer de una vez…

Se despidió de ella con un gesto antes de entrar en el despacho, aprovechando que estaba la puerta entreabriéndola y cerrando a su paso, viendo que la pelirroja estaba completamente distraída con la vista fija en el papel. Intentó acercarse hasta ella sin hacer ruido, no siendo capaz de conseguirlo al levantar ella la vista.

- Eh… ¿de dónde has salido tú? – dijo sonriendo al verlo.

- Ya sabes que tengo comprada a tu ayudante. ¿Estás ocupada?

- No… Bueno, sí, pero fantaseando un poquito, mira – le tendió el papel hacia él, dejando que viera entonces el dibujo que había terminado hacía un rato para la pequeña-. Pero ni media palabra a Yamato.

- ¿Por qué? – cogió el papel que ella le tendía, dándose cuenta entonces de lo que era.

Cosas como esa volvían a conseguir que se le olvidaran todos los dramas de su cabeza, sonriendo de forma automática al adivinar la destinataria de aquella diminuta prenda. No era complicado provocarle aquella reacción con cualquier cosa relacionada co su ahijada.

- Me pidió uno ella – acabó por explicar, entretenida al ver la expresión de él-. Yo creo que le gustó el que le puse en Año Nuevo.

- Normal, parecía una muñeca – contestó mientras que se lo devolvía.

- Sí, es la frase que decimos todos… - sonó distraída mientras que lo guardaba-. Yo ya he terminado así que nos vamos a comer a dónde quieras…

- ¿Yo? Tú eres la que trabaja aquí, sabrás mejor a algún sitio al que llevarme…

- Pues… Lo pensamos por el camino, porque todos los sitios que me gustan están en la misma calle. Y tengo hambre ya…

- Tenéis hambre ya – lo decía principalmente por el embarazo, pero, también por la digimon que acababa de acercarse a saludarlo-. ¿Vienes con nosotros?

- No, no viene. La traidora de ella se quiere quedar con Haru porque luego va a pasar cerca de la casa de mi madre y dice que ya le toca irse con Aiko – sonrió-. Creo que ya cuestas como vigilancia…

No pudo evitar dar gracias al recibir aquella información, aunque estaba bastante seguro de que la digimon se distraería con cualquier cosa, preferiría estar completamente a solas con ella para poder hablar lo más tranquilamente posible.

- Bueno, acepto el trabajo de niñero, no te preocupes. Yo creo que ese se me da bastante bien – sonrió mirando hacia la pelirroja antes de volver a enfocar a la digimon-. Saluda a Aiko de mi parte.


Sora se colocó bien el abrigo, arrugando la nariz nada más poner un pie en la calle y que el aire le revolviera el pelo hasta el punto de que no fue capaz de ver. Resopló mientras que se lo echaba hacia atrás, volviendo a enfocar, cerrándose mejor los cuellos antes de intentar echar a andar.

- ¿En qué momento ha empeorado tanto el día? Yamato se ha ido al trabajo corriendo para aprovechar y cuando salga…

- Cuando salga que se aguante o que se ponga a hacer autostop que seguro que se le da de maravilla- divertido, se quedó mirando hacia ella, notando como de nuevo tenía que detenerse para poder quitarse el pelo de la cara.

- Muy guapa – comentó mientras que se echaba reír.

Empezó a caminar entre la gente, notando como al llegar a una de las esquinas el aire todavía empeoraba, dándoles en la cara y haciendo que notaran mucho más el contraste de temperatura provocando que, como acto reflejo le echara el brazo por encima a su amiga casi que sin darse cuenta.

- ¿Cuándo piensa mejorar el clima este año? – la escuchó protestar mientras que se acercaba a él agradeciendo el gesto.

- Creo que para la semana que viene empieza a mejorar – contestó, acomodando mejor el brazo en torno a ella-. Anda, vamos porque a este paso nos vamos a quedar los dos congelados por el camino.

Dejó que fuera ella la que lo guiara, caminando un paso por detrás de ella para poder mantener el agarre y así poder ir siguiendo sus pasos. Había podido llegar a notar el escalofrío que había dado al poco de dejarse coger, provocado por el aire. La observó unos segundos antes de volver a mirar hacia su alrededor.

- ¿Tienes alguna apetencia con la comida? Yo casi que prefiero algún sitio donde haya cosas suaves, que sino me paso toda la tarde algo revuelta…

No le contestó, quedándose distraído. Era algo tan natural para él un gesto como el que acababa de hacer que ni siquiera se había parado a pensar en nada más, siendo ahora cuando se daba cuenta de que algunos ojos estaban posados en ellos. Quizás en aquel lugar de Tokio, donde Sora no pasaba tan desapercibida, debería de ser fácilmente reconocida. Y, parecía que lo estaba siendo. Y ahora estaba paseando bajo el brazo de aquel con el que había salido en la prensa hacía apenas unos días.

- ¿Te pasa algo? – le preguntó confusa, dándose cuenta de que caminaba más despacio.

- No… - contestó ligeramente distraído antes de carraspear, colocándose algo más recto y retirando su brazo de dónde lo tenía.

Confusa por su repentino comportamiento, se quedó mirando hacia él, intentando entender qué pasaba. No fue hasta que se fijó en que algunos ojos estaban posados en ellos que se dio cuenta de lo que estaba pensando él. Dejó los labios ligeramente entreabiertos, sorprendida por su reacción. Cuando la sorpresa se lo permitió, dio un giro sobre sus propios pasos, echando a andar con paso rápido entre la gente.

- Sora – la llamó al darse cuenta de su reacción, teniendo que acelerar el paso tras ella para poder alcanzarla-. Oye, oye, ven aquí… Venga, vamos a buscar dónde comer…

- ¿Para qué? – dijo cuando por fin notó que llegaba a su lado-. ¿Para que nos estén vigilando? Tendríamos que habernos quedado en el estudio…

- Oye, no – alargo la mano para cogerla por el brazo-. Mira, solo me di cuenta de que nos estaban mirando y no quería empeorar las cosas…

- ¡Pues que miren lo que quieran! – lo contesto de golpe alzando el tono por encima de el de él, enfadada.

Enfado que apenas duró unos segundos, porque aunque ella siempre sabía comportarse en todas las situaciones, aquella vez no podía dolerle más lo que acababa de pasar y, para encima, estaban sus hormonas haciendo de las suyas. Estaba enfadada y triste a partes iguales, lo que se traducía en que tenía las mismas ganas de gritarle que de echarse a llorar en ese mismo momento y, lo primero, ya lo había hecho. Solo fue cuestión de segundos que lo segundo ocurriera.

- Sora… Venga, no, por favor – dándose cuenta, fue tras ella cuando volvió a intentar alejarse de él-. Te prometo que lo siento muchísimo.

- ¡Quedamos en que íbamos a seguir como siempre! – no le importó que nadie pudiera escuchar lo que hablaban.

- Lo sé, y lo siento. Anda, vamos a comer…

- No… - dejó ir con un tono afectado-. No puedo permitir que absolutamente nada cambie contigo y conmigo ni mucho menos por lo que… esa… haya hecho dejado de hacer – se llevó la mano a los ojos, frotándoselos-. Me dijo Koemi que te había afectado más de lo que parecía… pero esto no.

- Claro que me ha afectado… Pero, ven aquí un momento y deja de escapárteme – volvió a intentarlo-. Por favor, ven – alargó la mano de nuevo para alcanzarla, cogiéndola ahora y acercándosela-. Lo siento, ¿vale? Lo hice sin pensar, pero ahora hazme el favor de tranquilizarte – él mismo acercó sus dedos a la cara de ella, secándole así el lagrimón que bajaba por su mejilla.

- Tú no, ¿entiendes? - sabía que se lo estaba tomando demasiado a la tremenda y que en otras condiciones lo habría dejado pasar, pero lo único que le salió fue acercarse buscando abrazarse a él.

También estaba segura de que eso era cosa de las hormonas, pero, con la amistad de ellos dos no se jugaba. Lo había pasado muy mal durante los años para aprender a pasar de lo que la gente dijera o dejara de decir, no necesitaba que ahora que lo había superado alguien viniera a dejarlos en el punto de partida. Que nunca jamás él se había alejado de ella. Nunca.

- Lo siento – repitió de nuevo, sin apartarse aquella vez. No era el momento de recordarle que estaban en una de las arterias de la zona más concurrida de la ciudad. Además, si alguien veía algo, los dos frentes que les preocupaban no iban a tener nada que decir-. Oye, ¿te ha entrado el hipo? – preguntó ligeramente cuando lo notó al tenerla abrazada.

- Cállate – la sintió protestar con su voz más adulta, escondiendo mejor la cabeza contra él.

No se le había ocurrido que pudiera llegar a afectarle tanto aquel gesto a Sora. No lo había hecho pensando tampoco, pero lo cierto era que en otras condiciones ella lo habría entendido con mucha más facilidad y con la cabeza más fría. No había tenido en cuenta cómo podía maximizar las cosas el embarazo de ella.

- Anda – se inclinó hacia ella para poder dejarle un beso en el pelo-, vamos a buscar donde comer o se te va a poner más roja la nariz y no va a ser culpa mía…

Dejó el brazo por encima de sus hombros aquella vez, solo retrocediendo un paso para echar a andar con ella hacia el lugar en el que iban a comer. Quizás fuera mejor buscar un lugar poco concurrido y así tendrían menos problemas. Se tuvo que echar a reír cuando la vio secarse la cara con la manga del abrigo.

- Ni media palabra de esto a nadie – gruñó por lo bajo, todavía intentando tranquilizarse-. Pero ni se te ocurra volver a hacerme eso o te juro que te va a faltar Tokio para correr.

Sonrió por la amenaza que acababa de hacerle, esperando que nadie más volviera a fijarse tanto en ellos. Pero, era cierto que ellos no habían hecho anda malo, de manera que, si empezaran a comportarse de forma extraña sin motivo, más retorcido iba a acabar siendo todo. Y él quería seguir cogiendo a su amiga como la tenía ahora si le daba la real gana.

- Mira, vamos a ir a un sitio que se me acaba de ocurrir que te va a gustar – le dijo -. Está un poco más apartado, pero creo que es a prueba de pelirrojas con hambre embarazada que pretenden volver al trabajo más tarde.

- Tú espera que no me entre el sueño por tu culpa.

- ¿Por mi culpa?

- Con el disgusto que me acabo de pegar yo sola – volvió a secarse las mejillas-, si ahora me das comida… Ver veremos si no acabo teniendo que pedirte que me lleves a casa…

- Bueno, en ese caso ya sabes que yo encantado. Anda, ven, es por aquí… Además, tienen una larga lista de postres y te invito al que quieras para que me perdones…

- Idiota…