- Oye, deja de mirarme con esa cara, que ya me siento bastante culpable – le dijo Taichi a Sora mientras que se alejaba el camarero que acababa de tomarles nota.
No había terminado de calmarse del todo, quedándose algo disgustada por lo que había pasado en la calle momentos antes. Incluso todavía podía notar alteraciones en su respiración en forma de pequeños hipos. No podía culpar completamente a Taichi, podría haber montado el mismo drama porque se le hubiera acabado el té de media mañana, pero, no le había gustado que se hubiera alejado de ella "por lo que hubiera podido decir la gente".
- No me hagas mucho caso – acabó por decir-. Ya sabes que me pongo mucho más sensible de la cuenta cuando estoy embarazada – resopló ligeramente-. Podría haberme puesto a llamarte de todo en mitad de la calle, así que da gracias.
- Te prefiero gritándome y llamándome de todo a llorando.
- Esa frase es de Yamato, mira a ver si te la deja usar o tienes que pagarle derechos – alargó la mano para coger el paquetito de panes que tenían en la mesa. Habían acabado en uno de los restaurantes italianos favoritos de ella. Estaba apartado y no solía estar tan abarrotado como estarían los demás sitios.
- No, mejor no se lo digo, que si se entera de que has acabado llorando por mi culpa me persigue por todo Tokio – dejó caer casi que de forma automática, viendo como Sora se echaba a reír por el comentario.
Se quedó observar cómo se reía, acabando él también por sonreír a su vez. Eso ya estaba mucho mejor. No lo había hecho queriendo antes en la calle, ni el cogerla, ni el soltarla. Lo primero era una costumbre y lo otro… No estaba acostumbrado a tener que guardar las distancias con ella porque sí que pudiera importarle lo que pasaba la gente. Aunque, ¿desde cuándo le importaba lo que pensara la gente de ellos dos?
- Koemi dice que no tengo que preocuparme por ella – habló de nuevo-. Que a ella le da igual lo que la gente diga… Te prometo que si no fuera por ella, podrían decir lo que quisieran… Hasta yo les daría ideas…
- Taichi – cortó sus palabras-. No es la primera vez que lo harías…
- Pues… ahí voy a tener que darte la razón – sonrió entendiendo el comentario de ella-. Ya me entiendes… Lo que pasa es que… No puedo evitarlo. Al igual que tampoco pude evitar en su momento llamar a Yamato cuando te dejé en el hotel para decirle que nos quedábamos en la misma habitación.
- ¿Llamaste a Yamato? – arqueó una ceja.
- ¿Qué? Me he vuelto más paranoico con el paso del tiempo… Tampoco creo que me falten motivos.
- No hace falta que me lo jures…
Ellos dos sabían perfectamente de lo que estaba hablando ella. Habían sido muchas veces en las que por hacer el tonto habían dado más que hablar de lo que deberían. Estaba segura de que se seguía hablando de lo supuestamente bien que se lo habían pasado en la graduación ellos dos. Y, la verdad, es que sí que se lo había pasado bien con él, aunque de una forma muy diferente de la que los demás pensaban.
- Supongo que no estoy acostumbrado a que la gente cuente cosas sobre nosotros que… sí que son verdad – dijo finalmente, aprovechando que ella terminaba de masticar.
- ¿Verdad? – arqueó una ceja, tardando un poco más en darse cuenta de lo que realmente estaba diciendo él-. Taichi, ¿en serio?
- ¿Qué? No he podido evitar que se me haya venido a la mente. ¿Qué quieres que haga? Sabes tan bien como yo que no es algo que se nos haya olvidado y ahora me ha dado por… Verlo con perspectiva.
- Verlo con perspectiva… - miró ligeramente hacia los lados, comprobando que podían tener aquella conversación en paz-. Hace ya muchos años que pasó. ¿De verdad me estás diciendo que ahora te ha entrado el remordimiento de que traicionara a Ryo contigo? ¿Ahora? ¿Qué tiene que ver eso con lo que ha salido en la prensa? Porque que yo sepa… No estamos en la misma situación.
- Ya, ya – le hizo un gesto-. No te me alteres. Pero no he podido evitar pensar en que, en el fondo, de lo que se nos acusa en su momento fue… verdad – dentro de lo que cabía, ellos dos se enteraban-. Y ahora que tenemos las cosas tan… No sé, claras y la vida tan organizada me ha afectado más de lo que parecía.
Había muchas cosas entre ellos dos que guardaban precisamente porque no eran asuntos de nadie más. ¿Para qué? Había pasado tanto tiempo que ni siquiera merecía la pena pensar en ellos. Y, cuando en Londres Yamato había escuchado lo que no debía, ¿para qué revolver más el asunto? No tenía sentido dar tantas vueltas por algo que no iba a ninguna parte ya.
Ella era perfectamente consciente de a quién le debería explicaciones llegado el caso. Pero, por lo demás, absolutamente nadie más que ellos dos tenía derecho a meterse. Ni mucho menos Taichi tenía que sentirse culpable ahora por lo que había salido en la prensa.
- ¿De verdad estás así por eso? Me tenías mucho más preocupada. Cuando me dijo Koemi que lo estabas pasando mal se me pasó por la cabeza cualquier cosa menos esto…
- No me siento culpable por … - chasqueó la lengua, molesto-. No sé lo que me pasa. Yo creo que esto ha revuelto más de la cuenta cosas que tenía bastante asimiladas en el pasado y que me lo he tomado demasiado a la tremenda.
- Pues sin que sirva de precedente voy a tener que darte la razón – dijo, observándolo más seria de lo que normalmente solía hacer-. Nunca pensé que después de tanto tiempo fuéramos a tener esta conversación, pero mira… Si así te quedas más tranquilo…
- Claro que no – la cortó, negando con la cabeza-. Lo que quiero decir es que me ha vuelto a traer cosas del pasado a la cabeza y que, aunque no tengan nada que ver con la situación actual, me han afectado más de la cuenta. Pero ya está, le diré a Agumon que muerda al que se atreva a decirle media estupidez a Koemi y todos tranquilos.
- No sé si fiarme de ti – cruzó los brazos, apoyándose hacia atrás en la silla-. El otro día me la colaste en casa.
- El otro día Aiko se me quedó dormida encima después de ir a buscarme para enseñarme sus dibujos favoritos.
- No me saques ahora a la niña como excusa para haberme engañado porque estoy embarazada y vivís histéricos todos porque me pueda alterar. Tengo una edad ya coma para saber controlarme todo lo que pueda… Al menos lo que me dejan las hormonas. ¿Por qué no me lo dijiste directamente? – eso sí que le dolía.
- Porque… porque no quería preocuparte – admitió-. Tú lo has dicho…
- Ya, pero entre tú y yo no acepto que haya secretos de ningún tipo. Nunca jamás los hemos tenido.
Arrugó el gesto, no pudiendo más que quedarse mirándola. Sabía que tenía toda la razón y que lo que había pasado era que había magnificado demasiado las cosas. Hacía ya mucho tiempo de todo como para ahora venir a preocuparse por ello, lo sabía, era plenamente consciente de ellos.
- Precisamente por las cosas que han pasado hemos conseguido llegar a la clase de relación que tenemos ahora. Y mira, no es que me haya arrepentido alguna vez, pero es que cada vez tengo más claro que así aprendimos de una vez dónde teníamos las fronteras que no queríamos cruzar.
- Si ya lo sé – intentó cortarla de nuevo, aquella vez estirando la mano para posarla sobre la de ella unos segundos-. Lo sé, ¿vale? – movió sus dedos para darle una suave caricia antes de soltarla nuevamente-. De los dos soy yo el que mejor lo sabe, puedes creerme.
Sabía que no le iba a rebatir nada en ese aspecto, a él era al que más le había costado darse cuenta de que lo de ellos dos simplemente era que se tenían mucho cariño como amigos y que había atracción física de por medio. Y, en la época en la que las cosas se habían complicado más, tampoco había ayudado para nada la forma de ver el mundo que tenían. Luego, había llegado exactamente a la misma conclusión que ella. Haber cruzado la línea para saber que aquello no era lo que querían era lo mejor que les podría haber pasado. No estaba seguro de querer haber seguido una temporada con la pregunta "¿Y si?" rondando más de la cuenta.
- Y de verdad que siento lo de antes – se refirió a cuando la había soltado-. Es solo que… No sé si es momento para ser tú y yo en un sitio con tanta gente.
La pelirroja lo observó estando a punto de decirle que siempre era buen momento para ser ellos dos. Se detuvo justo a tiempo para darse cuenta de que si una de las principales preocupaciones de él era que la gente pudiera molestar a Koemi, quizás fuera algo coherente aquel comportamiento. No porque fuera nada extraño, sino porque ella misma se había dejado condicionar muchos años por la cultura local que todavía veía con dudosa corrección que mostrara ese tipo de comportamiento en público hasta con el propio Yamato. Seguramente de no haber pasado unos cuantos años fuera del país, ella misma seguiría en esa espiral y habría sido ella la que hubiera esquivado a Taichi cuando la había querido resguardar del aire.
- Tampoco me hagas mucho caso por lo de antes – habló la pelirroja de nuevo-. Me lo tomé demasiado a la tremenda. Soy capaz de entenderlo – pero sus hormonas eran otra cosa.
- ¿Si te invito yo a comer quedo perdonado? – dijo por fin en un tono más propio de él con una de sus características sonrisas que tardó apenas unos segundos en obtener otra de vuelta.
Casi como si hubiera escuchado las palabras de él, se acercó el camarero hasta ellos con los entrantes ganándose la atención de la pelirroja automáticamente, la cual posó los ojos en la comida que le habían puesto delante. Con Aiko nunca había pasado tanta hambre como la que estaba pasando en aquel embarazo. Iba a tener que empezar a llevarse algo más serio a modo de tentempié para media mañana porque la personita que estaba creciendo en su interior, parecí haber heredado su apetito.
- Me dijo Koemi que ayer había hablado contigo y que le habías dicho que si queríamos pensabas tomar medidas…
- Sí, pero creo que ya está mi suegro revolviendo el país entero para eso. Yo pensaba dejarla con las ganas de verme responder… Pero mira… Voy a dejarlo que se desquite, que la cosa al final no me ha afectado a mí como la que más.
Asintió, estando completamente de acuerdo. Quizás debería de llamar él a Hiroaki para ver cómo estaban las cosas y ver si podía ser útil desde su posición para poder hacer algo más. Alargó la mano para coger su tenedor y poder coger algo de los platos que habían puesto en el medio para compartir los dos.
- ¿Y Yamato qué ha dicho?
- Pues… lleva histérico persiguiéndome por casa para comprobar que esté perfectamente. En teoría se han librado de ella en el trabajo y yo estoy completamente segura de que él tampoco se ha quedado de brazos cruzados. Pero… Ya sabes – señaló con el cubierto que había cogido ella también hacia la pequeña curva de su cintura-. Quizás si le preguntas tú directamente te lo cuente. Es más… Deberías de hablar con él, porque si se va a acabar desquitando con alguien es contigo.
- No sé si estoy todavía de acuerdo con tratar estos temas con ¡él! – alzó el tono más de la cuenta cuando sintió la patada que le acababa de caer por debajo de la mesa.
