- Pero… ¿qué narices estáis haciendo vosotros dos aquí? – la voz de Hideki provocó que tanto Taichi como Yamato se dieran la vuelta-. ¿No me puedo librar de ti ni en un día libre?
- Ehm… - se llevó la mano al pelo automáticamente-. Hemos venido a por la cuna para el bebé…
- ¿Y de quién ha sido la idea de dejaros venir a vosotros dos?
No pudo evitar ni el comentario ni reírse por él. Las caras de ambos dejaban bastante claro que parecían no saber dónde estaban las cosas por allí y, conociendo a Yamato como no conocía a esas alturas, no le extrañaba.
- A mí me mandan a por cosas más sencillas – dijo dejando ver que tenía unas cuantas cosas de menaje y algunas velas-. Pero… creo que las cosas de "dormitorio" las tenían en el pasillo del fondo - lo señaló con la cabeza.
- ¿En serio? – Taichi giró para mirar hacia dónde él indicaba, dándose cuenta entonces que estaba señalizado y que era lógico esperar que esas cosas estuvieran allí.
Hideki acabó por reírse de ellos de nuevo, moviendo el brazo para hacerle un gesto y que se acercaba entonces cuando vio aparecer a la mayor de sus hijos, llevando con ella la planta que llevaba un rato buscando entre la zona de jardinería.
- ¿Tú no te has perdido? – le dijo, saludándola así.
- No… Y he encontrado también la maceta que quería mama – le dijo señalándola con la cabeza antes de mirar hacia delante y fijarse en aquellos dos los que hablaba su padre, reconociendo al menos a Yamato.
- Hola Michiko – saludó el rubio-. Oye, ¿tú no medías como la mitad la última vez que te vi? – y lo decía completamente en serio.
- Sí, ha pegado un buen estirón. Pero no se lo digas mucho que se pone roja como un tomate y luego no me quiere hablar en el camino de vuelta – dijo divertido notando la mirada desdeñosa que le lanzaba ella.
- ¿Gabumon? – preguntó ella.
- En casa. Me tiene totalmente vendido - se encogió de hombros.
- Normal que te venda – aprovechó Taichi a meterse en la conversación, dejando de mirar hacia el final del pasillo.
- Fue a hablar precisamente el más apropiado…
- Pues así igual con los del trabajo – le dijo Hideki a su hija intentando parecer confidencial-. Para que luego tu hermano y tú no me creáis cuando os digo que no es todo tan serio como parece… - se rió de nuevo ante de enfocar a Yamato-. El lunes ven a verme al despacho, tengo que hablar contigo de una cosa. Calma… Te prometo que por una vez es bueno. Si es que sois capaces de salir de aquí…
Yamato asintió, terminando por volver a llevar la vista hacia la chica y sonreírle a modo de despedida. Le había hecho gracia que le preguntara por el digimon. Eso le gustaba, porque sabía que era que el pobre, a pesar de todo, se hacía querer y conocer aunque lo hubiera podido ver pocas veces.
- Nos vemos el lunes – se despidió finalmente de palabra.
Sora despidió a Jou, sujetando a Aiko en sus brazos todavía, quedándose a la puerta de casa hasta que lo perdió de vista. Fue entonces cuando giró la cabeza hacia la niña para pincharla con la nariz en la mejilla y después darle uno de los besos que hacían ruido y que de más pequeña le hacían tanta gracia. La risa de ella provocó que ella también se riera.
- Oye, ¿llamamos a papi a ver dónde se ha metido? Porque empiezo a creerme que de verdad se ha perdido con Taichi.
- ¡Chi! – se sujetó mejor a su madre con los brazos.
- Sí, con Chi. Si es que tendríamos que haber mandado a Gabumon con ellos. Más les vale que nos traigan algo de postre rico para comer… Y hablando de comer, ¿me ayudas a hacer la comida luego? – se apartó de la puerta, cerrando por fin con la pierna, viendo a los digimon que asomaban desde el sofá-. Vamos a llamarlos primero… A ver, ¿sabéis donde tengo el teléfono?
- En la mesa de la cocina – le contestó Biyomon.
- Vale, pues… Los llamamos y luego nos ponemos a cocinar. Vete pensando qué te apetece hoy, que vas a escoger el menú tú señorita – le dijo a Aiko, continuando con ella en brazos hasta poder llegar a la cocina, dejándola entonces en el suelo para poder coger el teléfono, encontrando rápidamente el nombre de su marido-. Dime, por favor, que no os habéis perdido… otra vez – fue su saludo cuando lo sintió descolgar.
- No, es que nos hemos encontrado a Hideki y nos hemos entretenido – contestó él rápidamente.
- Mentira, el rubio este se ha perdido y me tiene dando vueltas por Ikea desde hace un par de horas – pudo escuchar a Taichi de fondo, notado como su voz al final sonaba más alejada como si hubiera escapado del alcance de Yamato.
- ¿Sigue Jou en casa? – habló él al cabo de unos segundos tras resoplar.
- Se acaba de ir. De hecho, te llamaba para ver si vas a tardar mucho porque iba a ponerme a hacer la cocina con Aiko como pinche. La tengo escogiendo el menú…
- No, ya tenemos la cuna, ahora solo tenemos que pagar y ya nos vamos para casa. ¿Necesitas algo de la tienda?
- Pues… No, pero bueno, si te pasas por alguna puedes traer algo de…
- ¿De postre? – pudo escuchar como se reía-. Ya veremos qué se me ocurre.
- Vale, pues… Aiko, dile a tu padre que haga el favor de dejar de dar vueltas – le pasó el teléfono a la niña.
- ¡Papi! ¡Trae algo rico!
Taichi se quedó mirando entretenido hacia las caras que iba poniendo el rubio, adivinando con quién estaba hablando en el último momento de la conversación, llegando incluso a poder escuchar la vocecita de Aiko. Sonrió él también, sujetando todavía el carro con la cuna mientras que seguían caminando hacia donde habían dejado el coche.
- Oye – el rubio giró la cabeza hacia él-. ¿Quieres venir a comer con nosotros?
- No puedo. Hoy nos vamos a pasar la tarde fuera de la ciudad con Daigo para que enrede un poco por ahí.
- No, no puede – contestó al teléfono-. Vale, sí, te veo en un rato. No te preocupes. Hasta ahora…
- ¿Ya te han llamado para pedirte algún antojo? – dijo divertido cuando vio que finalmente colgaba.
- Sí… Esta vez le han dado primero. Pero mira… Yo encantado. La otra vez tuve que llevarla de compras porque iba perdiendo la ropa a estas alturas del embarazo. Ahora se me queja de que le aprietan las cosas… Yo le llevo lo que me pida.
- Normal – asintió-. Yo creo que es buena señal, además.
- ¿Tú crees?
- Sí, si está comiendo bien va a estar mucho mejor. Más sana. No sé si el problema de la otra vez estuvo relacionado, pero la anemia y lo debilucha que estuvo después del parto seguro que sí que estaba relacionado con los tres meses de los horrores que pasó.
- Puede ser – asintió-. De hecho, a ver si un día que tenga yo libre la acompaño a que se compre más cosas. O no sé si quería ir Toshiko con ella… Como sea. Pero sí, yo también creo que es buena señal.
Metió la mano en el bolsillo para poder sacar las llaves del coche, habiendo llegado por fin hasta él, abriendo el maletero. Por suerte, las piezas de la cuna no pesaban demasiado y se arreglaban perfectamente para poder meterla en su interior.
- Voy a ir a comprar unos recados – señaló el centro comercial que tenían al lado-. ¿Tienes tiempo?
- Sí, voy contigo. Así también aprovecho y me llevo alguna ofrenda de paz a casa por tardar más de la cuenta.
Hiroaki se quedó sentado en la cafetería. Hacía ya un rato que había llegado, a sabiendas de que le sobraba tiempo, pero prefiriendo así tener el sitio ya cogido para cuando llega su nuera. Había quedado con ella para poder hablar más seriamente el tema de la prensa. No le hacía gracia tener que molestarla con aquello, pero, a fin de cuentas, la principal afectada era ella.
- ¿Llevas mucho esperando? – lo saludó, apareciendo a su lado con una sonrisa.
- Claro que no – hizo el intento de ponerse en pie, no llegando a hacerlo por el gesto de ella-. Aún no he pedido nada, así que aprovecha… ¿Dónde te has dejado a mi hijo?
- Pues… Vienen a buscarnos luego. Aiko se quedó dormida y Yamato quería bañarla él… - sonrió algo más-. Y creo que ya sabes que esos dos cuando los pones a remojo…
Hiroaki asintió, entretenido por las palabras de ella. Levantó la vista hacia la camarera que se les había acercado para tomar nota, pidiendo lo suyo y esperando que Sora también lo hiciera si es que había tenido tiempo de decidir todavía.
- Mira – le dijo una vez que se quedaron solos de nuevo-. Yamato me ha dicho que no querías hacer nada y que preferías dejarlo correr. Yo… respeto tu decisión, pero… No me puedes pedir que la comparta…
- Está bien – lo cortó-. No tienes que darme justificaciones. Yo te lo agradezco muchísimo y me parece bien que la obligues a retractarse si es que puedes. Ya no por mí, sino por Taichi. A mí me da exactamente igual todo, pero él ha estado pasándolo mal por Koemi y mira… Que se retracte.
- ¿Estás de acuerdo?
- No estoy en desacuerdo – se encogió de hombros-. Hiroaki yo te lo agradezco muchísimo. A ti, a Takeru, a Natsuko… Sé que estáis por ahí metidos los tres. De verdad…
- No tienes absolutamente nada que agradecer. No lo hago porque seas mi nuera – negó con la cabeza-. Ni siquiera por todo lo que entre ese cabezahueca de Yagami y tú habéis hecho por mi hijo. Te tenemos aprecio, Sora, y eso nos sobra para poder tomar medidas cuando sabemos que algo así está pasando. Y más aún siendo mentira.
Sora sonrió. Realmente, aquellos que los conocían estaban demasiado acostumbrados a verlos a ella y a Taichi juntos y por eso todos confiaban en que fuera mentira todo. Sin embargo, los que estaban acostumbrados a verlos, podrían tener más que motivos para pensar que fuera todo verdad. ¿Contradictorio? Seguramente, pero ella agradecía que nadie que de verdad los conociera los pusiera en duda.
- Gracias – le dijo-. Haz lo que veas apropiado. Cuentas con toda mi autorización… Así que te he traído los contactos de mi grupo de asesores del estudio – metió la mano en el bolso para poder sacar los papeles y tendérselos a él.
Aceptó lo que ella le pasaba, guardándoselo a sabiendas de que iba a serle útil. El estudio de su nuera tenía la importancia suficiente como para necesitar de ese tipo de trabajadores, no le extrañaba. Suponía que ella también actuaba a sabiendas de que en el país en el que estaban por desgracia, aquello sí que podía afectar a sus negocios. No hizo ningún comentario sobre aquellos temas a pesar de todo, limitándose a aceptar que ella estuviera por la labor de colaborar.
- La verdad es que por lo que sé, ella ya ha tenido suficiente escarmiento. Pero… ¿Sabes qué? Que se aguante. Ella misma se lo ha buscado. Yamato es un atolondrado, pero eso no da pie a que ella se dedica a perseguirlo. Ni mucho menos a atacarme de esta forma porque no le llegó un pase a un evento – habló de forma más abierta por fin-. ¿Esperaba tan siquiera que después de todo le llegara?
- No, la culpa no la tiene Yamato, aunque quizás si hubiera sacado con ella ese humor tan agradable que tiene cuando quiere la cosas serían diferentes – dio un respingo al sentir su teléfono sonar, sacándolo para poder ver quién era-. Vengo ahora mismo… Aquí hay poca cobertura.
Bueno chicos sigo viva que solo que acabo de sentarme en paz como quien dice y la verdad es que me da tiempo a subiros el capi y ya. A ver si poco a poco termino de coger el ritmo al nuevo curso sin acabar loca y cosas de esas porque no lo tengo yo demasiado claro. ¡Un besito de tortuguita para todos y espero que estéis todos muy bien!
