Sora sonrió al camarero cuando le trajo lo que había pedido y adelantándose a su suegro para poder dejarlo pagado antes de que él volviera, ya que sino se sabía la discusión absurda que iban a tener. Y no descartaba tenerla también cuando volviera, pero ya no iba a poner hacer nada. Sonrió, entretenida, bajando la vista hacia el zumo que había pedido, entreteniéndose unos segundos en probarlo para ver si necesitaba echarle algo de azúcar por ser demasiado ácido, decidiendo dejarlo así.
Se frotó las manos, terminando de conseguir que le calentaran ya que en la calle seguía haciendo bastante frío. Quizás debería de haberse pedido algo caliente, pero también tenía sed, así que sus opciones de cosas calientes estando embarazada no solían servir para las dos cosas a la vez. Sacó su teléfono, decidiendo mandarle una foto a Yamato y así poder preguntar cuánto le quedaba, posándolo encima de la mesa una vez hubo terminado y lanzando una mirada a su alrededor.
Se dio cuenta entonces de que algunos se habían posado en ella, sobretodo los que estaban más cerca. Le gustara o no, tenía que reconocer que llevaba el suficiente tiempo en el mundo de la moda como para haberse hecho un nombre y perder algo de ese anonimato que siempre había disfrutado tanto. Sonrió ligeramente como única muestra a la atención que había atraído, intentando centrarse en sus cosas.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que precisamente las de la mesa de al lado que habían despertado su interés parecían estar cuchicheando mientras que miraban de forma poco disimulada hacia ella. Y una cosa eran los cuchicheos que estaba acostumbrada a ver, posiblemente sobre si sería o no ella, y otro… Había algo que no le gustaba en la forma en la que parecían estar hablando. Fue entonces cuando se dio cuenta de que precisamente había estado hablando con su suegro de ello hacía apenas unos minutos.
¿De verdad? ¿Podría ser que estuvieran cuchicheando por lo que había salido en la prensa? Parpadeó, confusa, sin poder creerlo, pero, todo indicaba a aquello. Bajó la vista rápidamente sin poder evitarlo. ¿Empezaba a entender por qué Taichi la había soltado el otro día de repente en medio de la calle? ¿Era por eso? ¿Y todavía le había montado el numero al pobre? Sacudió ligeramente la cabeza, alejando esos pensamientos de su cabeza, se suponía que hacía mucho tiempo que le importaban más bien poco lo que cualquiera pudiera decir de ella… ¿debería de dejar que cuchicheasen lo que quisieran? Exactamente. Volvió a obligarse a sí misma a alzar la cabeza e intentar fingir que no se había dado cuenta.
Ella no había hecho nada, y, además, si lo hubiera hecho tampoco sería asunto de la gente como para ponerse a cuchichear por verla de repente.
- Perdona – la voz de Hiroaki la distrajo, provocando que diera un respingo al no haberlo sentido volver- era del trabajo.
- No pasa nada – contestó, alargando la mano hacia su zumo, llevándoselo a los labios.
- ¿Estás bien? – frunció el ceño, observándola atentamente.
- Sí, sí… - dejo la vista en el vaso, volviendo a revolverlo un par de veces antes de volver a mirar hacia su suegro-. Se supone que tenías la mañana libre, ¿no? Le he escrito a Yamato para ver cuánto les quedaba…
- Ya… ¿Segura que estás bien? - frunció algo más el ceño, mirando a su alrededor, y dándose cuenta de que desde la mesa de al lado parecían estar pendientes de ellos-. ¿Sora?
- No pasa nada, ¿vale? – volvió a bajar la mirada hacia el vaso.
Estaba todavía intentando terminar de atar cabos. Sin duda no se creía que no le pasara nada a su nuera, porque cada vez que la miraba la veía más nerviosa. Y, conociendo a las cotorras de aquella ciudad se podía imaginar perfectamente lo que estaba pasando.
- ¿Te han dicho algo? – preguntó en voz alta.
- No, no, no… - negó con la cabeza-. No me hagas caso, de verdad – siguió negando con la cabeza.
Mantuvo la vista en ella, vigilándola, dándose cuenta en un descuido de ella de que tenía los ojos ligeramente brillantes, arqueando las ceja. ¿De verdad? Siguió con la vista fija en ella sin saber tampoco qué decirle, viendo que en vez de calmarse, se le empezaban a mover los hombros de forma muy ligera, delatando que sí que pasaba algo. Y sabía perfectamente lo que era. Giró la cabeza lanzándoles la peor mirad que pudo en ese momento a las que habían provocado aquello antes de volver a centrarse en Sora.
- No me hagas caso – le dijo ella dándose cuenta-. De verdad que no… - rápidamente subió la mano a su cara, secándose los ojos.
- ¿Cómo que no? ¿Te han dicho algo? Porque como te hayan dicho algo al que me van a oír es a mí – no se molestó en bajar el tono, viendo cómo precisamente las de la mesa más cercana dejaban de mirar hacia.
- Que no, de verdad – intentó calmarse, volviendo a secarse los ojos, ya que aunque iba a cara lavada, no quería tampoco montar un numerito-. De verdad que no – repitió-. Nadie me ha dicho nada… Voy… Voy al baño un momento. Vengo ahora mismo…
Sin darle tiempo a reaccionar pudo ver cómo se ponía en pie y salía con paso rápido hacia dónde había dicho. Estaba demasiado confuso como para poder decirle nada más, era lo último que esperaba que fuera a pasar aquella mañana. Cuando por fin pudo sobreponerse un poco más de la sorpresa, volvió a girarse hacia la mesa de al lado, con la más seria de sus miradas.
- Vergüenza debería de darles, panda de viejas cotorras – comentó en voz alta.
Era un tema que le sabía bastante mal, más allá de porque fuera su nuera. Sino porque era una de las peculiaridades de la sociedad del país y también le había pasado más factura de la cuenta a Natsuko cuando se habían separado. Posiblemente por eso se había tomado tan sumamente mal todo aquel asunto, pero era superior a él. Pudo escuchar como murmuraban algo ofendidas, prefiriendo no prestarles atención, no queriendo entra en la discusión porque si las tenía que echar él mismo te una patada de allí se iba a queda muy a gusto.
- ¡Hola abu! – la vocecita de Aiko calmó de golpe todas sus ansias asesinas, bajado la mirada hacia ella, sorprendido al no haberla visto aparecer, viendo como alargaba los bracitos hacia él para que la cogiera, todavía escondida dentro de su bufanda y gorrito.
Confuso, levantó la vista un poco más allá, viendo entonces también a su hijo llegando tras ella, saludándolo con una sonrisa. Aprovechó el momento para coger a la pequeña dejándola sentada encima de sus rodillas.
- ¿Y mami? – le preguntó la pequeña, entretenida en alargar las manos hacia el zumo abandonado que había quedado encima de la mesa.
- Pues en el baño – le contestó a su nieta, aprovechando para empezar a quitarle la ropa de abrigo y que no pasara calor dentro.
- ¿Se ha ido al baño?
- Sí, y… tú deberías de ir al baño también – le dijo intentando lanzarle una mirada significativa a su hijo, el cual únicamente pudo mirarlo confuso, viendo como le hacía un gesto con la cabeza antes de obedecer.
Yamato buscó con la mirada la señal del baño, encontrándolo al fondo del local y dirigiendo sus pasos hacia allí. Lo único que podía pasar por su cabeza era que Sora se había mareado y que había tenido que salir a las carreras al baño. Y eso no le gustaba ni un pelo, pero, no era nada grave y al menos había estado acompañada por su padre. Se quedó apoyado en la pared a la espera de verla salir de nuevo, encontrándosela apenas unos minutos después saliendo con un pañuelo en la mano.
- ¿Estás bien? – llamó así su atención, notando que levantaba la cabeza sorprendida-. Acabamos de llegar, la tortuguita creo que trama beberse tu zumo. La he dejado con su abuelo…
- ¡Pobrecito tu padre! – le dijo rápidamente acercándose a él-. Me dejó sola un momento y me fijé en que la gente estaba pendiente de mí y me monté una paranoia yo sola… Y me he echado a llorar porque sí – continuó acelerando al hablar-. Se ha pensado que me habían dicho algo y que estaba llorando por culpa de alguien…
- ¿Te has puesto a llorar?
- ¡Sí! – hizo un puchero sin poder controlarlo-. Son estas malditas hormonas, ¡ya sabes cómo me pongo por nada! Podría haberme echado a llorar porque el zumo estaba rico…
- A ver – metió la mano en su bolsillo de abrigo sacando el paquete de pañuelos que solía llevar con él, tendiéndoselo a ella-, lo primero, cálmate o no te voy a dejar pedir postre luego – bromeó, hablando con ella casi como si hablara con la niña-. ¿Te han dicho algo o no?
- Solo estaban cuchicheando… No escuché ni de qué – negó con la cabeza.
- Osea, que podrían estar simplemente comentando o no si "esa que estaba sentada en la mesa de al lado era la famosa diseñadora" perfectamente… ¿y tus hormonas han decidido aterrorizar a mi padre?
En otra circunstancia se habría reído, pero sabía que aunque Sora no hubiera escuchado nada, lo más seguro era que sí que los cuchicheos hubieran sido por el tema de la supuesta infidelidad. Conocía a la gente de aquel país y era más que evidentemente que el grupo que tenían al lado correspondía al perfil de cotorras que ponían a cualquiera de mal humor. Pero tampoco era un pensamiento que quisiera compartir con Sora, por lo que le acercó la mano al rostro, como si de esa forma estuviera comprobando que se hubiera secado bien los ojos.
- Si quieres podemos ir a otro sitio a tomar algo… ¿te parece bien? Así te tranquilizas por el camino y mi padre no acaba gritándole a ninguna cacatúa que haya osado mirar a su nuera con dudosas intenciones…
- Estas malditas hormonas van a acabar conmigo… - protestó, devolviéndole los pañuelos.
Yamato no pudo más que reírse del comentario de ella, echándole el brazo por encima de los hombros y acercándosela así para poder dejar un beso en su frente para volver hasta la mesa en la que habían dejado a los otros dos, comprobando que, efectivamente, Aiko se había apoderado de la bebida de su madre habiendo conseguido ya que el camarero el trajera una pajita.
- Oye señorita, ¿tú no habías desayunado ya en casa? – dijo Yamato nada más verla, entretenido.
- Es que se le escapan las vitaminas – dijo Sora, sonriendo y lanzándole una mirada a su suegro casi que de disculpa-. Venga chiquitina, termina de bebértelo que vamos a ir a dar un paseo…
Hiroaki la observó, una vez que ya habían salido del local, viendo cómo estaba todavia entretenida en colocar bien la ropa de abrigo de la niña para que no cogiera frío en la calle. Sintió que su hijo se colocaba a su lado, posándole la mano en el hombro.
- El otro día el motivo del mayor disgusto de la semana fue porque se le había quemado una cosa que había metido en el horno… Papá… Que has tenido dos hijos ¿no te acuerdas de lo bien que se pasa bajo los efectos de las hormonas? Esta vez no me grita tanto, nos saltamos ese paso y se me echa a llorar por todo… No te preocupes – le dijo encogiéndose de hombros.
- Pues yo creo que esas estúpidas algo hicieron – dijo tras unos segundos.
- Seguro que si, pero es Sora. En condiciones normales le habría dado exactamente igual. No te preocupes… Solo está… pasando por la etapa más llorona de su vida. Tú espera que no se repita el proceso por cualquier tontería. No le hagas caso cuando se pone así porque se agobia y se pone todavía peor…
- Mira hijo… Que hace ya más de treinta años que pasé por última vez por esto… Y tenía a tu abuelo tocando las narices todo el día por casa, el que tenía ganas de llorar a todas horas era yo. Así que la próxima vez me dejas el libro de instrucciones.
- No creo que te haga falta – se echó a reír-. Además, así ya sé que puedo dejarla contigo que no dejas que nadie la mire ni de reojo… - bromeó, aunque podría estar hablando completamente en serio.
- Ni de reojo ni de ninguna manera. Te lo digo en serio, no voy a pasar por ahí. Al primer comentario que escuche directamente sobre el tema con malas intenciones le estrello algo en la cara a quién lo haya dicho.
Yamato sonrió. Compartía las palabras de su parte, pero a la vez le gustaba escucharlas. Sabía que lo decía por el aprecio que le tenia a la pelirroja sin necesidad de que tuviera nada que ver con él de ninguna de las formas y eso le encantaba.
