- ¿Sabes qué? – le dijo Sora divertida una vez que escuchó como Yamato se las arreglaba para cerrar la puerta tras ellos con el pie-. Creo que me iba a venir bien darme un baño antes de irme a la cama.
No estaba del todo seguro si lo decía como una invitación a que fuera con ella, si lo decía en serio ya que con las idas y venidas de las hormonas cualquier cosa era posible, o si simplemente se estaba riendo de él. La sonrisa qe ella le dedicó descartó la opción de que hubiera cambiado de idea, pero las otras dos no consiguió aclarárselas.
- Puede que yo también esté bastante de acuerdo con esa idea – le dijo, tanteando.
- Esa era la intención – amplió algo más su sonrisa.
- Pero, te vas a ir a la bañera cuando yo te deje irte a la bañera – acabó por decirle sonriendo de medio lado.
Y por extraño que pudiera parecerle a la pelirroja ese comentario vino seguido de un ligero empujón por parte de él que la desestabilizó. No era algo extraño en él hacerle eso para reírse luego de ella por no haberse enterado de que la había llevado hasta allí sin que se enterase. Lo que sí que le parecía raro era que se hubiera olvidado de su manía de tenerla entre algodones con el tema del embarazo y eso la hizo reírse, cuando se quedó ligeramente incorporada sobre sus codos.
- ¿Intentas ir ahora de marido controlador? – uso un tono juguetón al decir aquello-. Ten cuidado, alguien lleva queriendo darte picotazos en la cabeza cosa de dos años…
- ¿Me estás amenazando?
- Con todas las letras – entretenida, siguió sus movimientos, sobretodo cuando se arrodilló haciéndola separar las piernas al darle un toquecito en las rodillas para avanzar sobre ella hasta quedarse a su altura y poder encararla sin dejar su peso sobre ella.
- ¿Estás cansada?
- Yamato… Si me empujas a la cama y me lanzas esas miradas y ahora me dices que si estoy cansada… Lo de los picotazos va a ser una realidad y no una amenaza – le echó los brazos al cuello, provocando así que tuviera que bajar la cabeza hacia ella para poder besarlo.
Al igual que tenía una facilidad extrema en aquellos días para poder echarse a llorar, también la tenía para otras cosas. Y en cosas como celebrar interiormente que había conseguido salirse con la suya y llevarse a su marido a la cama con tanta facilidad era una de ellas. Se quedó mirando para él cuando se apartó para poder respirar, viendo la sonrisa que volvía a lanzarle.
- A ver qué podemos hacer para que la señora Ishida tenga un día algo mejor que el que lleva – volvió a hacer fuerza con sus brazos para poder incorporarse hacia atrás.
La pelirroja optó por dejarlo hacer, ya que parecía lo que quería. Lo dejó escaparse y volver a incorporarse del todo hasta quedar arrodillado y poder tener así una vista más directa de ella. Llevaba puesto uno de los nuevos conjuntos que él le había regalado para que estuviera más cómoda, y la verdad es que aunque la ropa premamá le daba un aire mucho más adorable, a él seguía consiguiendo despertarle las mismas sensaciones. Volvió a posarle las manos en las piernas, subiéndolas por sus pantalones, entreteniéndose en llegar hasta la cintura y poder empezar a deslizarlos hacia abajo.
Dejó la vista fija en la de ella, entretenido por cómo lo estaba observando mientras que colaboraba en la tarea, moviendo las piernas para facilitarle las cosas hasta que consiguió quitárselo, volviendo a recorrer sus piernas con las manos.
- Todavía no me has hecho un pase con la ropa que te regalé, que lo sepas – le dijo, volviendo a acercarse.
- Creía que solo te gustaban cuando eran otro tipo de compras – le contestó mordiéndose el labio.
- Me interesas lo mismo hasta con un saco de patatas, ¿en qué idioma te lo tengo que explicar? – dijo antes de alcanzar nuevamente sus labios, besándola con ganas, haciendo que se olvidara de cualquier tipo de contestación que hubiera podido darle.
Se entretuvo en acariciar sus piernas descubiertas mientras tanto, subiendo por ellas hasta colarlas por debajo el jersey todo lo que pudo debido a la postura, consiguiendo de esa forma que ella se separase del beso, dando un ligero respingo. Respondió con una de sus sonrisas de medio lado antes de aprovechar el momento para tirarle también de la prenda hacia arriba, viendo que colaboraba con facilidad al levantar los brazos.
No iba a ser ella la que se quejara si de repente parecía que el rubio tenía intenciones de algún tipo para con ella. Todavía no había llegado ese momento y no tenía demasiado claro que fuera a llegar alguna vez. Se echó el pelo hacia atrás cuando el cuello del jersey se encargó de despeinarla, pudiendo observar a Yamato así, quien como era de esperar, se había distraído unos segundos hacia la curva que se podía empezar a apreciar ya.
- No sé si convencerte para que te pongas ropa más ajustada otra vez – le lo escuchó murmurar antes de volver a acercarse a ella.
- Fíjate que hasta me lo pensaría – le dijo divertida antes de intentar alcanzarlo de nuevo, viendo como entonces la esquivaba.
Las atenciones de Yamato no tardaron en empezar a repartirse por su cuello, bajando por él con rápidos besos y poder seguir así con sus exploraciones, descendiendo por el cuerpo de su esposa sin demasiada prisa. Arrastró las manos por sus hombros, moviéndose desde ellos hacia abajo, consiguiendo de esa forma acariciarla por encima del sujetador según se iba moviendo. Tuvo cuidado de no hacerle daño a pesar de todo, notando como ella se arqueaba, levantándose al apoyarse en sus codos para poder dejarlo ir hacia su espalda y quitárselo. Sonrió, encantado por la colaboración y porque ella se dejara con tanta facilidad y lo dejara disfrutar de lo que hacía en vez de intentar hacer ella también algo, cosa que tenía costumbre.
- ¿Me vas a dar el gusto? – le murmuró en el oído cuando tuvo que inclinarse para poder desabrocharle el sujetador. Escuchó la risa de ella, dándole un poco de tiempo para poder maniobrar los dos a la vez y terminar de quitárselo.
- ¿Darte el gusto implica que te deje hacer lo que te venga en gana? – acomodándose de nuevo le subió las manos por los brazos, acariciándolo de esa forma-. Aprovecha mientras te dure…
No le importaba, ni lo más mínimo, dejarlo a él controlar todo lo que quisiera. Y como invitación, volvió a repetir el paseo por sus brazos, solo que ahora hacia abajo hasta acabar soltándolo y dejándolos hacia atrás, dejando claro de esa forma que podía aprovechar. La sonrisa que él le dedicó tampoco la hubiera dejado hacer mucho más ya que daba igual el tiempo que pasara que era completamente de crear un pensamiento coherente en su cabeza cuando la miraba y sonreía de esa forma.
Entreabrió los labios con un jadeo que no pudo contener cuando se hubo inclinado hacia ella dándole un mordisco en uno de sus sensibles senos, notándolo mucho más intenso de lo que lo habría hecho con normalidad. Yamato se dio cuenta perfectamente, decidiendo aprovecharse de aquella circunstancia. No lo hizo inmediatamente, sino que aún se tomó unos momentos para bajar con su mano por su torso hacia su vientre para poder quitarle toda la ropa. Le lanzó una mirada, encantado con lo que veía, antes de volver a acomodarse a su lado, bajando la cabeza para poder empezar a dedicarle toda su atención a su pecho. Le llamó la atención ver cómo apenas tras unos instantes se arqueaba hacia él,
Aquello le gustaba, saber que ella estaba mucho más receptiva lo animaba a tantearla durante más tiempo con aquello, dedicándole total atención a toda la zona entre besos, caricias y aún que otro mordisco que provocó que ella pronunciara su nombre entre suspiros. Arrastró su mano derecha por su cuerpo de nuevo, en aquella ocasión en busca de su pierna, empujándosela hacia uno de los laterales para dejarle libre acceso. Fue directo a colocar su mano en la zona más sensible, comprobando así que sus provocaciones ya habían surtido efecto aunque no por ello las dio por terminadas demasiado entretenido con lo que hacía. Levantó ligeramente la cabeza para poder observar su reacción cuando empezó a hacer movimientos perfectamente estudiados con sus dedos allá donde había dejado la mano. Sonrió al verla estremecerse y levantar la cabeza para observarlo.
- Ni se te ocurra moverte - volvió a dedicarle una sonrisa como la de antes, ahora divertido al verla dejarse caer hacia atrás con una exhalación.
No iba a negar que le encantara recibir sus atenciones también, pero estaba disfrutando demasiado ahora del cuerpo de ella y de las reacciones que le estaba provocando. Volvió a bajar la cabeza para centrarse en su pecho. Pudo verla revolverse, intentando encontrar algo sobre lo que cerrar sus manos, siendo incapaz de estarse quieta. Estaba demasiado receptiva en general y él la conocía excepcionalmente bien.
- Yamato, por lo que más quieras… Déjate de tonterías y… - cortó sus palabras incapaz de continuar.
- ¿Y qué? – estaba disfrutando casi tanto como ella de la situación. Aprovechó para dejar algo más olvidadas las delicadezas y mover sus dedos con más rapidez.
- Haz… Ha… - no era capaz de formular la palabra en su cabeza por su culpa de manera que le estaba pidiendo demasiado si pretendía que le dijera algo.
- Creo que no te entiendo, vas a tener que explicarte mejor – dejó la cabeza alzada para poder observarla.
Reconoció en su gesto que estaba seriamente dudando sobre si darse por vencida o darle el manotazo que se estaba ganando al reírse de ella. Por suerte, se aseguró de que se olvidara de todo con algunos movimientos certeros más que consiguieron que ella misma buscara apoyar la frente contra el brazo que tenía como punto de sujeción el rubio, temblorosa, buscando algo de aire sin estar demasiado segura de ser capaz de estar consiguiéndolo.
- Descansa – le murmuró antes de dejar un beso en su frente.
No daba por terminado el momento entre ellos, sino que iba a aprovechar para desvestirse él mientras que ella recuperaba el aliento. Con Sora disfrutaba lo mismo de momentos como ese en los que ella lo dejaba hacer lo que quisiera, que cuando buscaba tomar el control sobre él. Sabía que con el embarazo estaba más cansada a esa hora del día y, entre eso, y que al estar más sensible enseguida perdía el control sobre sus acciones, poco más había podido hacer. Volvió a su lado cuando se hubo quitado la ropa.
Lo primero que hizo fue colocarse a su altura para dedicarle un beso, suave y cariñoso aquella vez, notándola a ella más relajada mientras que le echaba los brazos al cuello para disfrutar de su cercanía. Lo sintió perfectamente colocarse para empujar entre sus piernas a mitad del beso. No se separó más que lo necesario, queriendo tenerlo cerca. Su cuerpo aún estaba sensible y los dos lo sabían. Además, la situación anterior también le había pasado factura a él, por lo que sabía que ninguno quería juegos o provocaciones ahora.
Se incorporó lo justo para poder moverse tranquilo sin preocuparse de dejar su peso sobre la barriguita de ella, manteniéndose sobre sus brazos, en los cuales pudo ver como ella posaba las manos. Quería establecer contacto con él, pero entendía que se hubiera alejado algo más, de manera que se conformaba con aquello, no tardando tampoco mucho en volver a desconectar de la realidad. Aquella noche parecía que podría llegar al clímax simplemente porque su marido la mirase como lo había hecho al principio. No sabía si eran las hormonas o qué era, pero, no iba a ser ella la que protestara. Algo le decía que aquella noche iban a ser varias veces en las que él iba a conseguir que se le olvidara hasta cómo se llamaba.
