- Está todo perfectamente – le dijo la doctora a Yamato mientras tanto-. Yo creo que aunque mantengamos las revisiones quizás… Y puede que no sea asunto mío, pero… Quizás deberías de relajarte un poco.
El rubio levantó la vista hacia ella, habiendo estado distraído mirando hacia los papeles que ella les había dado. No pudo más que esbozar una ligera sonrisa. Entendía perfectamente por lo que lo decía, siempre aprovechaba los momentos en los que Sora no estaba delante en la consulta para estar más enterado de cómo estaban las cosas realmente, y, aunque las respuestas solían ser buenas, no podía hacer nada para evitar los nervios.
- Ha estado algo más nerviosa de la cuenta esta última temporada – explicó, encogiéndose de hombros-. Preferimos tener la situación totalmente controlada.
- Lo sé, y lo entiendo. Pero… ¿el motivo del nerviosismo ha causado más problemas en su salud que eso?
Yamato tardó unos segundos más en responder, notando hasta el apuro con el que ella parecía intentar hacerse entender sin sacar directamente el tema. Eso lo llevó a él a coger aire, soltarlo lentamente y a acabar por dedicarle una leve sonrisa.
- No, no le ha causado ningún tipo de problema más. Todo el asunto de la prensa está ya bastante… cerrado y no ha sido más que un malentendido. No la ha afectado demasiado – habló claramente él por ella-. Es más, de no ser por las hormonas, quiero creer, que le habría dado bastante igual. Pero agradezco la preocupación. Si hubiera pasado algo más ya me habría pasado por aquí un par de veces.
- Ahí no tengo absolutamente nada que objetar – le tendió otro papel, firmado ya por ella, más aliviada porque él hubiera entendido de lo que estaba hablando-. Sora está bien y el bebé diría que más que bien. Con un poco de suerte la única queja que vamos a tener que escuchar es que, de nuevo, no le abrochan los pantalones.
- Eso suena muy bien – le contestó él, alargando la mano para cogerlo-. Muchas gracias.
Pudieron ver como la pelirroja se acercaba hacia ellos, terminando de ajustarse bien el pelo tras haberse cambiado ya de ropa. Llegó hasta el lado de su marido, quedándose así de pie unos segundos sin llegar a sentarse.
- ¿Todo listo? – preguntó ella.
- Todo listo – le respondió la doctora-. Podéis iros y… Si queríais que fuera un niño, mi más sincera enhorabuena.
- Pues yo creo que nos daba un poco igual, pero la parejita está bien. No creo que él esté preparado para tener dos nenas por casa – y aunque estaba hablando en broma, sabía que estaba bastante en los cierto, que se podía imaginar dramas futuros con dos adolescentes en casa por parte de Yamato más que de sobra sin necesidad de ponerse muy creativa.
Escuchando un ligero sonido de protesta por parte de él a la vez que se ponía en pie, se apartó para dejarlo hacerlo, quedándose a su lado.
- Vamos a seguir con todo como estaba previsto, ¿de acuerdo? La próxima vez haremos las analíticas para ver si todo está bien, la cita está en los papeles que le he dado a él.
- Muchísimas gracias – dijo la pelirroja, dándose cuenta de que Yamato aprovechaba para recoger los abrigos de ambos.
Dando así por terminada la reunión, no tardaron tampoco en salir de la consulta de ella. Echando a andar por el pasillo, no pudo más que volver a sonreír a la vez que se acercaba más a él y se cogía a brazo para poder caminar lo más cerca de él posible.
- ¿Has visto? Te dije que el nene chiquitín iba a estar perfectamente – le murmuró por lo bajo, ajustándose mejor a su agarre, notando como cerraba sus dedos en torno a los de ella con la mano contraria-. ¿Quieres decírselo tú a Aiko?
- ¿Yo? – giró la cabeza hacia ella.
- Claro, yo le conté que iba a ser hermana mayor, ahora tú puedes decirle que es lo que ella quería – le sonrió algo más-. ¿Qué te has quedado cuchicheando con la doctora mientras que te vestía?
- Nada, lo de siempre, comprobando que no tenga que mandarme a mí a cardiología – la observó unos segundos-. Me ha dicho que no tengo nada por lo que preocuparme más que porque de verdad no tardemos en escucharte en decir que te vuelve a apretar la ropa.
- Me parece justo. ¿Quieres venir de compras conmigo? – le preguntó, dejando algo apoyada la cabeza en su hombro.
- Se lo has dicho a tu madre. Creo que le debo eso a Toshiko. Yo me quedo con Aiko y me la llevo a revolver a la selección de juguetes, no te preocupes – se inclinó para dejarle un beso en la frente-. Anda, vamos a por ella…
- Mira, así dejas de darle la lata pobre Koemi con que quieres una nena porque te entre endivia de que los tengan otra – Hikari tomó asiento al lado de su hermano, señalando con la cabeza a aquellos de los que hablaba.
- Yo no tengo envidia – protestó Taichi, cruzándose de brazos-. Pero oye, con los dos elementos que te han salido a ti…
- ¿Los dos elementos que me han salido a mí qué? – giró la cabeza hacia él entrecerrando los ojos.
- Nada… Nada…
- Te recuerdo que del que tiene que esconder las cosas mamá es de Daigo…
Giró la cabeza también hacia ella, imitando su mismo gesto, teniendo que acabar por reírse y encogerse de hombros. No se iba a molestar en negar que el niño no había podido parecérsele más y que cuando se juntaba con Agumon ya podían ponerse a cruzar los dedos para que lo que rompiera no fuera de demasiado valor. Sin embargo, él tampoco estaba incluso a esas alturas de la vida de acusaciones, pero sus sobrinos también eran unos buenos terremotos.
- Aunque si te digo la verdad todavía sido teniendo mis dudas sobre si te has quedado con la opción buena… - dijo más alto al ver que Takeru se acercaba hacia ellos, mirándolos con cara de confusión.
- ¿Qué problemas tienes tú ya conmigo?
- Unos cuantos, pero si me meto contigo mi hermana me pega – se encogió de hombros antes de ponerse en pie, dejando así que se quedara él con el sitio al lado de Hikari-. Voy a meterme con el otro rubio, que a él no le defienden con tanta facilidad.
Sora estaba entretenida mirando hacia los pequeños de la familia mientras tanto. Aquella tarde habían ido a última hora de visita y ella no podía estar más encantada. Aunque a esa hora del día lo que más le apetecía era ponerse el pijama y hacer el vago en el sofá se veía capaz de sobrevivir.
- Oye, voy a tener que enfadarme contigo – le dijo a Dai cuando pasó por su lado.
- ¿Por qué tita? – se quedó mirando hacia ella, curioso.
- Porque cada día estás más grande y eso no puede ser – le sonrió, revolviéndole el pelo, dejándolo irse a enredar detrás de los demás-. Ah mira, ahora me llega otro nene – dijo al darse cuenta de que Taichi se acercaba hacia donde estaban ella y Yamato.
- ¿Qué le has dicho ya a mi hermano que te está mirando con cara rara? – fue el saludo del rubio.
- Nada, simplemente estábamos hablando de quién tiene al peor terremoto en casa.
- Koemi – dijo Sora automáticamente-. Pero ella se casó con el terremoto voluntariamente hasta dónde yo sé, por lo que no tiene mucha opción a queja.
Se echó a reír automáticamente por la cara con la que él se le quedó mirando, divertida, sin tener tiempo de esquivarlo cuando le echó el brazo por encima de los hombros para acercársela y poder revolverle el pelo.
- ¡Suelta! – protestó.
- Vaya dos… Si es que menos mal que Aiko quiso parecerse a mí…
- Pobre niña, no digas esas cosas de ella que luego nos sale una rancia y eso no puede ser. Menos mal que ya me tiene a mí como su padrino y buena influencia en la vida – intentó no reírse, no habiendo soltado todavía a Sora, la cual seguía protestando-. Oye, tú, mira a ver si te peinas, que menudos pelos de loca que tienes, que no se te pega nada bueno de Yamato.
- Ah, ahora es a ella a la que se le tiene que pegar algo bueno de mí – comentó el rubio volviendo a reírse-. ¿Qué? ¿Qué te parece la noticia de que ahora vayamos a unirnos a la moda de tener un niño?
- Pues mira – soltó a la pelirroja finalmente, esquivándola cuando vio que alargaba la mano hacia su brazo con intención de darle-, realmente… No sé si el mundo estaba preparado para que os saliera otra Aiko. Y un poco de polvorilla en casa no os va a venir mal, que habéis tenido mucha suerte con ella.
- Bah, si tampoco tiene a quién salir con nosotros dos en ese tema. Sora sí que revolvía algo más que yo, pero nada en comparación contigo o con mi hermano – era cierto, él, malos humores aparte, era muchísimo más tranquilo. Y Sora más de lo mismo, salvo por el hecho de que ella siempre había sido mucho más activa en todos los aspectos en general-. Tampoco corre peligro de que llegue a vuestro nivel.
- Pues yo creo que a Dai algo se le ha pegado de mí también – dijo de nuevo riéndose-. Así que yo que vosotros tendría cuidado, no vaya a ser que le de por parecerse a su tío también y tengáis un miniTakeru hiperactivo en casa.
La pelirroja se rió por sus palabras. Ella no veía ningún problema con eso, tampoco le iba a importar tener un pequeño revoltoso por casa. Volvían al punto de siempre, a ella le daba exactamente igual lo que fuera a venir, se le iba a caer la baba igualmente. Sin darse cuenta, pendiente de sus propios pensamientos, dejó caer su cabeza hacia el hombro de Yamato que estaba sentado a su lado.
- Y ni se te ocurra decir que somos unos pegajosos porque te he visto antes rondando a Koemi cuando todavía no me habías visto venir por la calle – le dijo ella a Taichi nada más verlo abrir la boca.
- Oye, que la paranoia de hace unos días parece ser que al final me ha venido bien y todo – se encogió de hombros, quitándole así importancia, atrayendo entonces la atención de Yamato también-. Y ahora que me acuerdo, ¿para qué tenía que hablar contigo urgentemente en su despacho Hideki cuando nos lo encontramos en Ikea?
- Pues… - tardó unos segundos de caer en la cuenta de lo que hablaba, pensativo, recordando finalmente la conversación a la que hacía referencia él-. Si te digo la verdad no tengo ni idea. Todavía no ha tenido tiempo porque alguna tripa se les ha roto a los de arriba, pero supongo que a lo largo de esta semana me enteraré de lo que quería. No debe de ser algo muy importante, porque sino ya nos habríamos arreglado.
- Mira, siempre puedes usar a Taichi de secretaria si algún día los de la ONU se dan cuenta realmente de lo que tienen trabajando para ellos – dijo la pelirroja riéndose.
- Lo dices como si eso fuera a beneficiarlo a él – señaló hacia el rubio-. Yo creo que el poco respeto que pueda intentar imponer se le va a paseo en cuestión de segundos si me tiene a mí de secretaria sexy.
- Madre mía… ¿Por qué? ¿Por qué tienes que abrir siempre de más la boca? Hoy por la noche voy a tener pesadillas y te juro que como aparezcas en ellas voy a buscarte a tu cas ay ya puedes ir echando a correr.
Sora no había podido más que echarse a reír por la cara que había puesto su marido de forma automáticamente tras escuchar las palabras del embajador. Sin duda se notaba que estaba de mucho mejor humor que los días anteriores, pero esa no la había visto venir.
