Yamato llegó caminando con paso tranquilo hasta la zona de la sede en la que estaba el despacho de Hideki. Se había entretenido al encontrarse por el camino a Takao, el cual, como siempre, parecía estar enfadado con todos allí porque nadie le hacía caso y hacían siempre las cosas al revés de cómo él planteaba en los planos y luego se quejaban de que las cosas no funcionaban. Sobraba decir que aunque estaba seguro de que tenía toda la razón, no iba a ser él quien perdiera la ocasión de meterse con él y preguntarle que si no habría sido él quien lo había puesto todo al revés.
Llamó a la puerta con los nudillos a pesar de encontrársela abierta, atrayendo así la atención del general, el cual estaba distraído revisando algunos papeles que tenía en la mano. Posándolos, le hizo un gesto para que entrase y que cerrara la puerta tras él.
- A ver si con un poco de suerte no vienen a tocarme las narices en un rato – dijo mientras que rubio terminaba de acercarse.
- Mientras que no te venga Takao a protestar…
- Ya ha venido por aquí a recordarme que son todos unos inútiles y que ahora tiene que irse él a Tanegashima a ver qué narices han hecho esta vez – se encogió de hombros con resignación.
- Bueno, así se airea. Con un poco de suerte engaña a Katsu para que vaya con él y así no se aburren – tomó asiento, riéndose. En el fondo sabía que tenía razón con estar molesto, pero poco podía hacer él-. Ayer fuimos a la revisión de las 12 semanas – aprovechó el momento de pausa-. La verdad es que se nos hizo un poco tarde, pero… Es niño. Viene un niño-
Hideki había tardado unos segundos en entender de lo que le estaba hablando, mirándolo confuso, hasta que escuchó las últimas palabras de él, arqueando entonces las cejas en un gesto de sorpresa.
- ¿Un niño? Vais a tener la parejita… - acabó por sonréir-. ¿Debo de dar la enhorabuena o querías que fuera una niña?
- Yo… quería que fuera cualquier cosa – se encogió de hombros-. Pero, no te voy a negar que esté contento con la noticia.
- Pues en ese caso enhorabuena. Díselo a Sora de mi parte, por favor.
- Claro que sí – asintió-. Y, casi más importante que esto. Me ha dicho la doctora que está todo bien, que podemos relajarnos un poco, que no hay señales de que las cosas se puedan complicar otra vez.
- Pues de eso me alegro mucho más. No creo que vaya a servir para que se te pase la histeria, pero tampoco se te puede culpar – él también se acordaba de la cara con la que había visto a Yamato el día que se había acercado al hospital a llevarle las cosas que había olvidado en el trabajo al salir a las carreras. No podía culparlo de que ahora estuviera mucho más paranoico de lo esperable-. Pero bueno, con un poco de suerte creo que tengo una noticia que te puedes distraer un poco. No sé hasta qué punto a tu versión huraña y cascarrabias le va a gustar pero… - se fijó en la cara en la que él le estaba poniendo, teniendo que reírse-. No, no es ningún otro documental, no me mires así.
- Por si acaso – contestó, lanzándole una ligera mirada desdeñosa que solo consiguió que se riera algo más.
- Lo que pasa es que va a hacer ya diez años desde que nos fuimos a Marte por primera vez.
- ¿Ya? – confuso, no ocultó la sorpresa en su rostro.
- Sí. Posiblemente ahora mismo estaríamos todavía con los aislamientos, pero… Diez años. Yo tampoco me lo creo, pero bueno, como ha sido un evento bastante importante para… absolutamente todo lo que se me pueda ocurrir en este momento, quieren hacer un acto de reconocimiento en común con las demás agencias que participaron en el proyecto. De aquel entonces no creo que nadie tuviera demasiado claro que fuera a salir algo bien… Y mira, tú por ejemplo ya llevas un par de viajes a tus espaldas. Y te lo digo a ti, pero, también está incluido Gabumon en todo esto. Él más que nadie es el directo responsable de que esa misión saliera bien. Nunca se le reconocerá de cara al público porque oficialmente siguen sin haber pasado nada más que un fallo de comunicaciones, pero yo, personalmente, posiblemente le vaya a estar agradecido lo que me queda de vida.
- No se lo digas directamente o se va a pasar el mismo tiempo rojo – dijo a pesar de que no podía estar más de acuerdo con sus palabras. Él, en su caso, tenía demasiadas cosas por las que estarle agradecido a aquel digimon, empezando porque nunca le hubiera perdido la paciencia a él. Todo lo demás se había ido construyendo encima de aquello.
- Ya tendremos más detalles cuando terminen de organizarlo, pero supongo que querrán hacer una especie de gala a la que pueda asistir la familia. En teoria todo el royo de la prensa también estaba relacionado con esto, pero el evento será algo más privado, para el personal y los familiares.
Aquello no le sonaba mal. Por contrario que fuera a todo el tema de eventos de ningún tipo de trabajo, no iba a negar que el hecho de que fuera algo más privado y que la cosa se quedara en los más cercanos sí que le agradaba. Realmente, lo que tenía en la cabeza era la idea de poder llevarse a Aiko a algo así, ya que sería la primera vez que podría hacerlo.
- Yo creo que será dentro un par de meses por lo que me han contado. Ya te confirmaré la fecha en concreto y te daré más detalles, pero puedes ir avisando en casa.
- A ver si no le coincide a Sora con nada de su trabajo.
- Seguro que se puede negociar algo… Que además, estará bien como pierdes la poca fama que te queda de cascarrabias si te ven pasearte por aquí con Aiko de la mano. Y… Con Sora de unos cinco meses.
- Qué gracioso…
Sin embargo, tampoco podía negar que no era una verdad muy gorda. Era perfectamente consciente de la facilidad con la que se le empezaba a caer la baba cuando las tenía cerca y más en esas condicione en las que acababa de decir el general.
- Aunque, lamento informarte de que no estás demasiado libre de esa misma acusación tú…
- Bueno, pero los míos ya son algo más grandes e igual me ignoran algo más. Sobretodo una que yo me sé que estará demasiado ocupada dejando que las hormonas piensen por ella y vigilándote allá por dónde vas – acabó por echarse a reír-. Aunque bueno, no tengo demasiado claro quién me la dejó revolucionada al salir de Ikea de los dos.
- Bah – protestó, siendo plenamente consciente de que estaba notado cómo se le subían los colores a las mejillas-. Tonterías.
- Ya, ya… Tonterías – continuó riéndose.
Sora se quedó distraída mirando para Andrew el cual hacía un rato que estaba hablando por teléfono con gesto serio. No estaba demasiado acostumbrada a verlo usarlo, por lo que no podía evitar que le llamara la atención. Estaban trabajando cuando él había recibido una llamada y había querido atenderla allí mismo a pesar de que le había ofrecido dejarlo solo.
- Me da igual si no sois capaces de hacer una sola cosa bien sin que esté yo ahí. Acabo de llegar a Tokio y no me da la gana de tener que coger un avión. Así que más os vale arreglarlo de una vez o me buscaré a gente que sí que sepa hacerlo – acabó por alzar el tono antes de dar la llamada por terminada.
Tenían la suficiente confianza como para que ni siquiera se molestara en esconder su mal humor y dejar el teléfono tirado de mala manera encima de la mesa. La pelirroja le dio unos segundos antes de intentar reclamar su atención, confusa todavía.
- ¿Estás bien? – le preguntó finalmente.
- Son una panda de inútiles. ¿Tengo que hacerlo yo todo?
- Siéntate anda – le dijo poniéndose en pie ella y poder llegar a su lado-. Que hace muchos años que no te veo desquiciarte… Venga…
Le posó la mano en el hombro, intentando que así le hiciera caso y se sentara, pasando de largo por detrás de él para ir hacia dónde un rato atrás les habían dejado algunas bebidas para poder pasar el rato. Cogió agua, acercándole así un vaso y dejándolo delante de su amigo.
- No tengo gana de volver a viajar ahora mismo – refunfuñó cuando vio que se sentaba de nuevo, ahora a su lado-. Estoy casando.
- ¿Estás cansado de qué? Porque si todo esto tiene que ver porque no quieres irte solo te mando yo a Haru de una patada en el trasero, que yo me arreglo perfectamente sola así…
- No, no es solo eso. Estoy cansado de verdad. Y… Creo que sabes de qué tipo de cansancio te hablo.
Asintió. Claro que ella sabía perfectamente de lo que hablaba. Había pasado por ello una cuantas veces, la última vez había sido la vez más grave de todas ellas y poco le había faltado para mandarlo todo a paseo. Sin embargo, su solución había sido sencilla. La de él… La de él quizás lo fuera también.
- Mándalos a paseo, que arreglen el problema ellos y… Tú y Haru os vais a ir de vacaciones a la de ya. Y… creo que después de todo lo que me habéis estado ayudando vosotros dos desde… quién sabe cuándo me vais a permitir que sea cosa mía. Creo que no te veo tan cabreado desde que te echaron para atrás algún proyecto por cuestión de gustos…
- ¿Desde cuándo la palabra "cabreado" está en tu lenguaje? – levantó la vista hacia ella con una ligera sonrisa-. No digas tonterías…
- No las estoy diciendo. No acepto queja o un no por respuesta, avisado estás. Como tú has dicho antes, sé exactamente de qué clase de cansancio me hablas Andrew. Hazme caso y deja que me dé el gusto…. Os lo debo, ¿vale?
Levantó la vista hacia ella, observándola en silencio. La conocía más que de sobra como para saber lo cabezota que era y que le iba a costar mucho quitarle esa idea de la cabeza. Contando que le sonaba demasiado bien, no se veía tampoco con demasiada moral para hacerlo y ella hablaba tan segura del tema que casi que estaba seguro de que sabía algo que él no.
- Tú déjame a mí y mañana mismo te digo. Y no le digas nada a Haru… Ya la engaño yo un poco. Si tú estás agotado, ella tiene que estar a la par… Lleva haciendo su trabajo y el mío desde que este señorito – posó la mano en su vientre, llamando así la atención de Andrew por la forma en la que se había referido al bebé- tuvo a bien convertirme antes de tiempo en algo que mantiene una relación más dependiente con la almohada que con su propio marido…
- Quieta, quieta, ¿cómo que señorito?
- Nos lo dijeron en la última revisión – sonrió-. Es… Pues… Lo que tenía que ser. Es un nene chiquitín.
- ¿Y cómo no me habías dicho nada todavía? ¿No te da vergüenza?
- Bueno, iba a hacerlo luego cuando apareciera también Haru por aquí – sonrió-. La verdad es que me hace ilusión que ahora venga un niño. Yo no sé si Aiko lo llama así porque no sabe decirlo de otra forma o porque es lo que quiere, pero se va a poner muy contenta. Pero no estamos hablando de eso – le dijo Sora negando con la cabeza-. Vete mentalizándote de que te vas a ir de vacaciones y no quiero ni una sola queja. ¿Queda claro?
- ¿Tengo opción a quejarme?
