- Sora, llevas cosa de media hora mirándome de reojo, así que… ¿qué te parece si me vas diciendo qué es lo que quieres? – dijo Yamato sin molestarse tan siquiera en levantar la vista de las verduras que estaba cortando.
Sorprendida, se vio pillada de repente. Hacía un rato que habían llegado a casa y que habían estado entretenidos con la niña. Yamato había pasado a buscarla por el trabajo ya habiendo recogido a Aiko y tras estar un rato pendientes de ella, se habían puesto a hacer la cena. O, más bien, lo había engañado para que acabara haciendo la cena él.
- Entre que te lo piensas y no, ¿te importa pasarme un tomate de la nevera? – pudo ver como ella se ponía en pie, perezosa, caminando para poder darle lo que él le había pedido-. Muchas gracias – le dijo girándose para poder observarla más de cerca.
- Hoy he estado con Andrew trabajando un rato en el estudio – dijo, decidiendo que podía sentarse en la banqueta que le quedaba más cerca de su marido-. La verdad es que está un poco estresado.
- ¿Andrew? ¿Sabe lo que es estresarse? ¿De verdad? Y yo pensando que le había dado por casarse con Haru para ver si ella le pegaba un poco de su histeria…
- ¡Yamato! - protestó la pelirroja dándole un ligero manotazo mientras que tenía que empezar a reírse a la vez que él.
- Vale, vale… ¿Tiene problemas en el trabajo?
- No, pero… A la vez sí. Le va demasiado bien – se encogió de hombros, atrayendo así la atención de Yamato, quien entendió perfectamente a lo que ella se refería. Asintió a la mirada que él le estaba lanzando-. Hoy la verdad es que lo he visto levantar la voz por el teléfono y eso sí que no es propio de él. Se le notaba el agotamiento…
- Y habla la experta en esa materia – comentó finalmente, decidiendo prestarle más atención y no estar también pendiente de la comida.
- Pues… lo cierto es que sí. Hablo desde la experiencia. ¿Te acuerdas cuando unas semanas antes de la boda exploté porque no podía más y los mandé a todos a paseo? ¿Te acuerdas de lo que me lo arregló?
- Se me ocurren varias respuestas, pero te voy a dejar que me lo cuentes tú que no tengo gana de llevarme otro manotazo… - bromeó, entretenido por la cara que le estaba poniendo.
- ¿Sabes que cuando quieres eres muy tonto? – arrugó ligeramente la nariz.
- ¿Y tú que te pones muy guapa cuando haces ese gesto? – intentó no echarse a reír, acercándose a ella para colocarse justo delante, aprovechando que estaba sentada entreteniéndose en ver cómo lo seguía con la mirada hasta terminar por dejar la cabeza alzada para poder mirarlo, dándole entonces un ligero toquecito en la nariz.
- No me distraigas – se le escapó un tono que poco podía tener que ver con su edad-. Lo que me dio la vida fue largarme de aquí, esconderme del mundo dos semanas contigo donde a mí me vino en gana – pudo ver como sonreír cuando lo metía a él en la ecuación-. Y había estado pensando que… Mira, yo no puedo estar mejor. No necesito a Haru a mi lado esta temporada, me las puedo arreglar.
- ¿Vas a indicarle, amablemente, que haga el favor de cogerse unas vacaciones?
- Sí, tanto si quiere cogerlas como si no… - hizo de nuevo una ligera pausa-. Pero… Lo que había pensado era… Ya que estos meses nosotros no podemos viajar porque no quiero coger aviones a no ser que no me quede más remedio…
- Sora, deja de dar vueltas. Que manda narices que tengas que darlas conmigo a estas alturas para… ¿pedirme algo? – posó las manos a sus laterales mientras que hablaba.
- ¿Podemos decirles que se vayan a pasar unos días a Tanegashima? Nosotros no vamos a poder ir y… Yo creo que es la mejor opción que se me ocurre. Es una forma de darles también las gracias por todo lo que han estado cuidándome siempre…
- ¿Acabas de pedirme permiso? – arqueó una ceja.
- Claro… - lo observó-. Yamato es tu casa…
- ¿Tengo que volver a darte otra vez la charla de que no es mía?
- No, pero es tuya… Al menos para este tipo de cosas. Te estoy pidiendo permiso para que me des las llaves para poder dejárselas a ellos…
- Sora… Esos dos llevan desde que los conozco pendientes de ti y de Aiko, especialmente cuando yo no estaba aquí – sonrió-. ¿De verdad tienes que pedirme permiso? Si me dices las fechas puedo dejarles yo sacados los billetes, ya sabes que la JAXA tiene el convenio con los vuelos a esa isla.
Prefería que Haru estuviera pendiente de Sora mientras que estaban en el estudio, no lo iba a negar, pero se merecía ella también un descanso. Incluso la chica que había de ayudante de Sora en aquellos días estaría más que encantada de estar más vigilante.
- Lo único que hace tiempo que no vamos y a lo mejor van a tener que ponerse a limpiar… - hizo una ligera mueca-. Si quieres puedo llamar para que alguien se pase por allí a dejarlo todo listo. ¿Te parece bien?
- Me parece de maravilla – sonrió-. Gracias…
- No. Creo que precisamente por hacer algo por esos dos no es algo por lo que tengas que darme las gracias. Y que sea la última vez que me vuelves a pedir permiso porque "la casa es mía".
- Bah – acabó por dejar ir una sonrisita, estirándose para darle un beso rápido en los labios.
- ¿Puedo irme a terminar de haceros la cena? – comentó, aprovechando para pincharla n los laterales-. En realidad yo también tengo una cosa que contarte, pero no tengo demasiados datos por el momento – habló mientras que volvía hacía donde había estado cortando las verduras-. Hoy por la mañana tuve una reunión con Hideki.
La pelirroja lo siguió con la mirada unos segundos más, optando por fin por ponerse en pie y echar a andar hasta su lado para empezar a ayudarlo, estando entretenida con la conversación que estaban teniendo entre medias. Se acercó al armario para poder sacar más cosas que pudieran hacerles falta.
- ¿Sabes que ya va a hacer diez años desde que fuimos a Marte por primera vez?
- ¿Diez años? – giró la cabeza de forma automática a él.
- Sí… Cuando volví hacía ya más de un par de años desde que nos habíamos ido. La verdad… Es que fue mucho más largo que el último, y además… Bueno, ya sabes que me pasé un tiempo luego en el hospital hasta que me dejaron volver, pero, más o menos, sí, este es el año en el que se cumple la década y la JAXA quiere hacer un acto de reconocimiento.
Pudo ver perfectamente como ella hacía una mueca de disgusto ante la mención del hospital. No era un tema del que les hubiera gustado hablar nunca. Él se lo había contado lo mejor que había podido, ya que era algo de lo que no tenía demasiados recuerdos, porque quería que lo entendiera, pero, más allá de eso, no lo había considerado necesario.
- ¿Van a haceros un acto de reconocimiento?
- Sí, y es para los familiares también. No tengo ni idea de lo que tendrán en mene ya que evidentemente no se ha hecho antes la celebración del viaje a Marte, pero… Voy a poder llevaros a vosotras conmigo y al nene chiquitín, claro.
- ¿Aiko también? – sonrió al darse cuenta de lo que implicaban sus palabras.
- Sí. También quieren que Gabumon esté presente en el acto. Sin él… Sin él nada de todo esto habría sido posible en todos y cada uno de los sentidos de la palabra. Hasta Hideki me lo decía por la mañana y yo no puedo estar más de acuerdo.
- ¿Solamente tú? – sonrió-. ¿Te han dicho cuándo va a ser?
- Según Hideki en un mes o dos, que no sabe demasiados detalles por el momento, pero que ya me irá poniendo al día. Creo que va a ser un evento en la sede y… que será por todo lo alto.
La pelirroja sonrió de forma automática al darse cuenta, por la forma en la que hablaba, de que le hacía especial ilusión el hecho de que pudieron ir con él al evento. Ella, sin duda, estaba más bien encantada con la idea de que la pequeña pueda ver algo así centrado en su padre y en Gabumon, aunque no fuera a tener recuerdos cuando creciera, ahora su reacción iba a ser digna de ver.
- Oye, ¿tú estás seguro de que quieres que vaya contigo? – le dijo divertida al darse cuenta de un detalle.
- ¿Por qué? – arqueó una ceja, confuso.
- Porque como me dé por echarme a llorar yo sola como una magdalena todo el rato a ver cómo hacemos…
- Puedo dejarte con Takao y Katsu tú tranquila – bromeó, entretenido.
Se notaba en la ligera rojez de sus mejillas que le gustaba la idea y que se lo había contado hasta cierto punto emocionado. Le extrañaba en parte de él, ya que solía ser muy poco amigo de todos aquellos temas pero no iba a ser ella la que se o recordara. Más bien sonrió algo más ampliamente.
- Podría hacerme algo bonito con lo que lucir bien una barriguita de cinco meses… - dejó caer-. Estoy segura de que no voy a tener nada apropiado que ponerme y con lo que estar cómoda, así que… Ya tengo entretenimiento.
- ¿Esas son tus intenciones para con mi pobre persona?
- Claro que sí. De lo demás ya se encarga Aiko – sonrió-. Oye, si es un evento importante… ¿Vas a tener que volver a sacar el uniforme de gala del armario? Porque lamento informarte de que no sé cómo puedo reaccionar a eso en mis condiciones actuales…
- Eh… No – dejó ir una leve sonrisa ladeada al darse cuenta de lo que ella estaba hablando-. Te recuerdo, que tu queriendo amigo con el que sueles conspirar en mi contra ha estado ayudando a hacer renovaciones. Así que por una vez creo que se va a poner de mi parte… - aprovechó que estaba a su lado para inclinar la cabeza levemente y poder hablarle al oído, sabiendo exactamente el tono que utilizar-. Pero el otro me lo pongo cuando tu quieras para tu gusto y disfrute…
No pudo más que echarse a reír al ver cómo a ella se le escapaba de las manos la lechuga que había ido a coger momentos antes al perder del todo la concentración por culpa de sus palabras, no pudiendo más que girarse hacia él entrecerrando los ojos, delantándose ella sola con el rubor de sus mejillas.
- ¡Papi! ¡Me suena la barriguita!
Aiko había llegado a las carreras hasta donde ellos estaban, agachándose al ver la lechuga en el suelo y cogiéndola para tendérsela a su madre con la misma cara que la pelirroja solía ponerle a las espinacas.
- Trae chiquitina – le dijo Yamato-. Eso es para tu madre, que tiene que comer algo sano de vez en cuando… Ahora está la cena.
- Eh, que yo como muy sano – protestó, intentando distraerse de sus propios pensamientos-. ¿Te suena mucho la barriguita? – se agachó para quedar a su altura.
- Sí mami…
- Bueno, pues ven conmigo que te voy a dar un trocito de pan para mientras papi termina de hacer la cena que es un lento y no sé qué anda haciendo… - alargó la mano hacia la pequeña, quitándole la lechuga y posándola así en su sitio antes de volver a tendérsela y que se cogiera a ella si quería.
- ¡Papi lento! – se rió yendo con su madre encantada-. Oye mami, a ellos también les sonaba la barriguita – señaló hacia los digimon, los cuales se habían asomado por la puerta también.
Aquello provoco que la pelirroja se echara a reír, no notando nada raro que ninguno de ellos tres tuviera hambre a aquellas horas, yendo hasta la mesa para poder coger lo que había dicho.
- Pues tres trocitos serán entonces…
