Hiroaki tomó asiento, leyendo los papeles que habían llegado aquella mañana a la emisora. No les había hecho demasiado caso hasta que había visto el remitente y se había retirado a su despacho para poder leerlos con detenimiento. En su rostro se dibujó una sonrisa cuando pudo ver que era un borrador con el artículo que llevaba queriendo leer desde hacía semanas.
Cogió su teléfono según terminó de leerlo, buscando entre los contactos más habituales el nombre de Natsuko para poder llamarla, quedándose a la espera de que ella descolgara.
- ¿Estás ocupada? – fue su saludo.
- Estoy en el trabajo, ¿pasa algo?
- ¿A qué hora sales?
- A las cinco, ¿por qué?
- Paso a buscarte, tengo que enseñarte una cosa.
- ¿No me vas a decir lo que es? – la voz de ella sonaba con resignación.
- Te veo a las cinco…
Sin darle tiempo a insistir más dio por terminaba la llamada. Ciertamente, no esperaba por que fuera todo tan rápido, pero la suma de circunstancias con la que había ocurrido todo había jugado a su favor, estaba seguro de ello. Posó el teléfono en la mesa, quedándose distraído, decidiendo volver a revisar el texto.
Natsuko miró la hora en el reloj, viendo que no debería de faltar demasiado para que aquel por el que estaba esperando apareciera, comprobando su teoría al verlo aparecer por la esquina de la calle con paso tranquilo.
- ¿Se puede saber qué tramas? – le dijo a modo de saludo.
- Llevas dándole vueltas desde que te llamé, ¿a que sí? – sonrió.
- Sabes ponerte muy insoportable cuando quieres – cruzó los brazos en modo de protesta.
- Y tú no puedes aguantar la curiosidad – entretenido, decidió alargarlo algo más antes de echar a andar por la calle.
Había llamado a sus dos hijos también para quedar con ellos en el centro, habiendo descubierto que Yamato tenía la tarde libre y que podía ir sin problemas. La idea de quedar en casa de alguno de ellos también le había tentado, teniendo así la excusa para estar un rato con sus nietos, pero eran otros los asuntos que tenía aquel día entre manos.
- ¿Dónde vamos?
- Pues le dije a Takeru que viniera a buscarnos a la cafetería a la que vas siempre tú, supongo que Yamato tampoco tardará demasiado en llegar…
- Vamos, que te has pasado toda la mañana jugando a hacerte el interesante con toda la familia. ¿Te has dejado a alguien por el camino?
- Pues mira, a tu querido padre no se me ha ocurrido invitarlo.
- Ten cuidado no lo vaya a invitar yo a pasar una temporada conmigo en Tokio otra vez, aunque seguro que no tardará en aparecer por aquí para poder estar algo con sus bisnietos…
Aquello lo estaba usando como una amenaza contra él, pero era un hecho bastante probable. Aunque su padre ya tuviera una edad no se iba a perder por nada del mundo el pasar una temporada por allí para poder conocer al nuevo miembro de la familia y el clima ya habia mejorado bastante como para que a él le apeteciera viajar. No pudo evitar reírse al darse cuenta de la cara que estaba poniendo aquel que la acompañaba.
- Si a día de hoy estamos así, yo de verdad que no sé cómo te las arreglaste en tu momento para acercarte a menos de cinco metros de distancia de mí en su momento… - acabó por decir, divertida.
- No le tengo miedo a tu padre, simplemente no tengo ganas de aguantarlo.
- Eso me lo creo ahora, pero hace unos años sí que se lo tenías… - entretenida por la mueca que hizo-. Te lo mereces por tenerme todo el día queriendo saber qué pasa…
- ¿A ti tampoco te lo ha contado? – la voz de Yamato entró en la conversación, atrayendo así la atención de ellos dos, pudiendo ver que llegaba con Takeru-. ¿Qué pasa papá? ¿Viene el abuelo y has decidido contarnos que por fin has cumplido con tu amenaza de desheredarnos para dejárselo todo a tus nietos por si te lincha de una vez?
Las palabras del mayor de sus hijos, no pudiendo ser más apropiadas, provocaron que Natsuko se echara a reír abiertamente incluso sin ver la reacción de Hiroaki, la cual debía de se ser también un poema con la conversación que ellos dos habían estado teniendo hasta entonces.
- Pues… no os diría yo que no – protestó finalmente-. Me dan menos dolores de cabeza…
- Eso lo dices porque está Aiko en la ecuación, que sino, con los otros tres nietos seguro que no se te daba tan bien…
- Porque Aiko es la niña más tranquila que he visto en mi… - empezó Natusko, dándose cuenta entonces de las palabras de Yamato-. Oye, que a lo mejor os sale otra miniAiko y a tu padre tenemos que ingresarlo de verdad…
- Puede que salga tranquilo, pero una miniAiko dudo que sea, ya que nos han dicho que es niño…
Llevaba varios días aguantándose las ganas de darles la noticia a su familia y aquella era la primera vez que había podido verlos a todos reunidos. Le hubiera gustado que Sora estuviera también pero últimamente, nadie tenía tiempo para nada, y no quería dejarlo pasar.
- Oye tú, ¿lo sabías y no nos habías dicho nada? – Natsuko miró hacia Takeru.
- Eh eh eh, que os lo diga él que para eso es cosa suya.
- Si a él se lo dijimos primero porque no tenemos gana de aguantarlo peleándose con Taichi por ver quién de los dos se entera de las cosas primero – dijo Yamato poniendo los ojos en blanco-. Es un niño y está perfectamente. Nos lo dijeron el otro día. Al igual que Sora está perfectamente… - no quería hacer comentarios sobre lo que realmente le había dicho la doctora, no habiendo querido compartir los datos que en su día le había dado sobre el riesgo- y en nada le harán unos análisis para ver que no nos dé ningún susto. Así que… viene otro niño a la familia.
- ¿Y nos lo dices así? – abrió la boca por fin Hiroaki.
- Pues sí, no he tenido tiempo para veros hasta ahora… La otra vez te pusiste pesadito tú con que querías una nieta y ahora Aiko pedía un "nene chiquitín". Aquí todo el mundo contento – sonrió con las caras de todos.
- Lo que mejor me ha sonado de todo es que Sora siga perfectamente – dijo su padre-. Que fuera niño o niña me daba igual en esta ocasión… Pero como te lo había pedido ella, entonces seguro que te tengo que dar la enhorabuena…
Yamato sonrió a las palabras de su padre sin poder evitarlo, asintiendo a la conclusión que había sacado. A Hiroaki se le iba a caer la baba lo mismo viniera lo que viniera, todos los sabían, de manera que mejor dejar contenta a Aiko.
- Enhorabuena – le dijo su madre, acercándose a él-. ¿Cómo no te has traído a Sora para para darnos la noticia?
- Se ha ido a buscar a la niña a casa de sus padres, estaba ocupada en el estudio cuando yo salí hacia aquí… Pero ya sabéis que podéis venir por casa cuando queráis, no cuando aquí don intrigas nos convoque a todos para vete tú a saber qué…
Sora escuchó los correteos de Aiko por el pasillo de casa nada más llamar a la puerta, sonriendo sin poder evitarlo y agachándose para poder recibirla con los brazos abiertos cuando fue directa a por ella.
- ¡Mami! ¡Mami! – dejó que su madre la cogiera nada más llegar hasta ella.
- Hola preciosa – no se puso en pie con ella, costándole ya más trabajo ese gesto, dedicándole unos segundos más a la pequeña, abrazándola desde esa posición, antes de por fin ponerse en pie.
- A ver Aiko, deja a tu madre que entre – escuchó la voz de Haruhiko acercándose para poder tenderle la mano a la pelirroja, la cual la aceptó encantada pudiendo así ponerse en pie con más facilidad.
- Hola papá – lo saludó con un beso en la mejilla-. ¿Qué tal se ha portado?
- De maravilla, como siempre… Deberías de saberlo ya – sonrió-. Tienes cara de cansada…
- Bueno, es lo que tiene pasear todo el día un pequeño extra – poso las manos en su vientre-, que empiezo a no aguantar todo el día. Pero no pasa nada, porque me sé de alguien que va a estar encantada de echarse un ratito en el sofá conmigo.
- ¿Os viene a buscar Yamato?
- No… Está con sus padres, pero no creo que tarde mucho en llegar a casa.
- Bueno, pues os llevo yo… - posó la mano en su cintura, guiándola hacia la cocina donde estaba Toshiko.
- Papá… No hace falta… He venido tranquilamente dando un paseo y pensaba hacerlo de vuelta hasta el estudio…
- Hazle caso a tu padre, hija… - saludó la mujer dándose cuenta de que ya tenía compañía-. Que te lleve él que tiene que hacer unos recados. O si quieres podéis quedaros a cenar y que Yamato os venga a buscar… Hay cena de sobra para todos.
- Pues… No me suena nada mal la idea… Voy a llamarlo a ver qué me dice y si eso nos vamos la tortuguita y yo un rato a mi habitación a que me eche yo un rato.
- Perfecto – sonrió su madre-. Voy a prepararte algo que seguro que tienes hambre y aún queda para la cena…
Sora no protestó, dando por perdida la batalla antes de sacar el teléfono y tomar asiento, sonriendo al ver como la niña iba tras ella para que la dejara sentada encima de sus rodillas no pudiendo decirle que no.
- Vamos a llamar a papi, ¿vale? ¿Le dices tú que la abuela dice que cenamos aquí hoy?
Yamato se quedó mirando hacia el teléfono cuando vio el nombre de Sora en la pantalla, haciéndoles un gesto a aquellos que estaban con él para poder descolgar. No tuvo tiempo de decir nada, cuando una voz que no era la de la pelirroja, reclamó su atención.
- ¡Papi! – la sonrisa de Yamato delató con facilidad con quién estaba hablando.
- Hola tortuguita, ¿quieres saludar a los abuelos y a tu tío? – sin darle tiempo a contestar, puso el micrófono para que pudieran escucharla-. Salúdalos, venga, que te están escuchando.
Tras dejado a la niña hablar con los presentes, cuando sintió la voz de Sora al otro lado quitó el micrófono para poder hablar con ella y saber para qué lo había llamado, ignorando los comentarios de su hermano de fondo.
- ¿Sigues con tus padres? – le preguntó ella.
- Sí, todavía nos queda un rato porque el pesado de mi padre aún no nos ha dicho qué narices quiere… ¿Por qué? ¿Necesitas algo?
- No, estoy en casa de los míos. ¿Te apetece si cenamos con ellos? Mi madre nos ha invitado.
- Vale, cuando termine aquí voy directo para allí. Si necesitáis que coja algo por el camino avísame y…
- No, tranquilo. Ya ha echado ella a mi padre para que vaya a hacer la compra… Yo me voy a echar un rato.
- ¿Te encuentras bien?
- Perfectamente, pero empiezo a notarme pesada y… Estoy cansada. Me va a venir bien dormitar un rato.
- Dormitar un rato y comida de tu madre. Cuando acabe aquí voy para allí, tranquila. Te veo luego. Y descansa, ¿vale?
Cuando colgó, se encontró con la mirada fija de los otros tres sobre él, posiblemente curiosos sobre la última parte de la conversación. Negó con la cabeza mientras que bloqueaba de nuevo el terminal y lo dejaba encima de la mesa.
- Está bien, quitad esa cara de susto. Que estaba cansada y se iba a quedar en casa de sus padres hasta que yo llegara que nos han invitado a cenar.
- ¿Cansada?
- Papá, está de catorce semanas. Claro que está cansada… A ver, ¿vas a decirme de una vez para qué teníamos que venir hoy?
