Los ojos del rubio leyeron con detenimiento el papel que su padre le había tendido. Mantenía el gesto serio porque el tema se lo pedía. Había querido no darle vueltas al tema de la prensa durante más tiempo de la cuenta, pero, aquello sí que era algo que le interesaba. Por fin había llegado la rectificación por parte del medio que había publicado la noticia tiempo atrás sobre Sora y Taichi.
- Sabes que ella te va a volver a decir que prefería simplemente dejarlo correr, ¿verdad? – acabó por decir al terminar de leerlo.
- Lo sé, pero me dio luz verde y mira, yo me quedo más contento. A mí no me gusta que con lo apartada de la vida pública que siempre se ha mantenido venga una mocosa con una pataleta a tocarle las narices. Y Taichi tampoco, que ese sí que no es nada público y no creo que le vaya a ayudar demasiado en el trabajo. Yo me quedo mucho más tranquilo y listo.
- No, si a mí no tienes que convencerme, papá. Estoy perfectamente de acuerdo con que quede claro que, por rara que le pueda parecer a todo el mundo la relación de ellos dos, no es lo que se han dedicado a cacarear. Aquí son mucho de juzgar por este tipo de cosas y cuántos menos problemas podamos tener, mejor…
Precisamente aquello que acababa de decir Yamato era lo que lo había motivado a tomarse las cosas tan en serio. Sabía cómo funcionaban las cosas en ese país y sabía que la gente iba a hablar de lo que no sabía. Conocía a Sora y Taichi desde siempre, los había visto, y podía entender que a ojos de los demás pudiera parecer lo que no era. Pero como sabía que era totalmente mentira, no iba a dejar que nadie dijera ni una palabra más alta que otra sobre ellos dos.
- Yo creo que ha cedido… Primero por Taichi, que es quién más se ha visto afectado por todo esto…
- ¿Taichi? – Takeru lo miró extrañado-. ¿Desde cuándo a él le importa lo que digan o dejen de decir de él?
- ¿No te dijo nada Hikari?
- Solo que estaba más raro de lo normal… Pero seamos realistas… Es Taichi…
- Pues no, no le importa lo que digan sobre él, pero, al contrario que nuestro entorno que está aburrido de verlos toda la vida interactuar entre ellos, el de Koemi no – notó como su madre asentía, seguramente habiendo entendido por dónde iban los tiros-. Pero bueno… Que a Sora también le conviene laboralmente que nadie relacione su trabajo con nada más.
- Pues ya está. Que un lio tuyo de hace una década monte una pataleta porque pasas de ella no va a ninguna parte. Que manda narices, a todo esto, pero bueno… Problema arreglado – volvió a hablar Hiroaki-. Ya me encargaré yo de que llegue a los medios que tengan que ser.
Yamato sonrió. Sabía que siempre iba a quedar el eterno comentario, pero, con ese llevaban viviendo toda su vida. Él había sido uno de los inventores de esas preguntas y ahora mismo, jamás se creería nada. Confiaba en ellos dos a ciegas. Y tenía gracia, ya que justamente ahora sabía que sí que habían tenido algo entre ellos, fuera lo que fuera, pero no podía importarle menos. Ahora sabia exactamente lo que había y tenía otras cosas en las que pensar que poco tenían que ver con ponerse celoso y montarse él solo paranoias como cuando era un adolescente.
- ¿Quieres que se lo enseñe yo o prefieres hacerlo tú?
- No, no, llévaselo y que lo vea – le tendió el sobre para que pudiera guardarlo-. Y así de paso que lo vean sus padres, aunque no creo que ellos hayan visto demasiado afectados con todo eso porque a ver quién es el listo que va a decirle alguna estupidez de su hija a Toshiko Takenouchi.
Takeru empezó a reírse por lo bajo, no pudiendo no darle más la razón a su hermano respecto a todo lo que había dicho. Él, personalmente, no había escuchado demasiado, y daba gracias porque iba a quedar muy feo por su parte el tener que andar defendiendo a su cuñado cuando era uno de los primeros que se apuntaba a picortearlo.
- Vale, pues… Pasaos por casa cuando queráis para verlas a ellas… Aiko no sabe todavía que es niño el bebé, así que tened cuidado, ¿vale? Ya os avisaré cuando se lo digamos – dijo-. Y yo creo que me voy a ir ya a casa de mis suegros así para por el camino y les llevo algo.
- Saluda a Sora de mi parte que hace tiempo que no la veo – dijo su madre a modo de despedida-. Y a la nena darle un beso enorme de mi parte, ¿entendido?
- Claro que sí – sonrió, poniéndose en pie-. Y gracias otra vez, papá – miró a su hermano-. ¿Te llevo a casa? Me queda de camino…
- Pues... Ya que estás… Te lo agradecería.
Sora hacía rato que se había quedado dormida complemente en la que un día había sido su cama. No era consciente del tiempo que llevaba durmiendo. Tampoco se había enterado de que Aiko hacía un rato que había salido corriendo, seguida de los digimon, al sentir la voz de Yamato cuando había llegado.
Al igual que tampoco sintió el momento en el que él se sentó a su lado y se quedaba observándola unos segundos. Tampoco notó las primeras veces que él le pasó la mano por el pelo para reclamar su atención necesitando que lo hiciera algunas veces más para empezar a abrir los ojos poco a poco.
- ¿Cuándo has llegado? – murmuró confusa.
- Pues… hace un ratito. Ya está la cena – le dijo.
- ¿La cena? – volvió a mirar a su alrededor, desorientada.
- Sí, la cena. ¿Cuánto llevas durmiendo, eh?
- Pufff… - se revolvió para poder estirarse, dándose cuenta de que se había enroscado del todo en la manta que se había echado por encima.
- ¿Estuviste trabajando mucho cuando me fui o qué?
- No, pero aquí el nene chiquitín quiere hacerse notar ya – sonrió, terminando de estirarse, aprovechando entonces para alargar el brazo y tirar de él para acercárselo y que la saludara en condiciones.
- Oye, que mi yo adolescente está bajo control, pero mejor no lo invoques – bromeó inclinándose para dejarla alcanzarlo y darle así el beso que sobreentendía que quería.
La escuchó reírse cuando se separó, observándolo unos segundos antes de incorporarse para poder quedar sentada. No necesitaba volver a adormilarse, aunque mejor no le contaba a sus hormonas que estaba con Yamato en la que había sido su habitación de adolescente, no fuera a ser que se les ocurriese alguna idea que no tuviera que ver con la cena.
- Espera un momento. Quiero que veas una cosa y que lo puedas hacer tranquila sin que la niña se entere – le dijo él-. Me ha dado mi padre el borrador del artículo en el que se aclara todo el tema de Taichi y tuyo. Lo tengo conmigo, luego si quieres en casa te dejo que lo leas.
- ¿Se ha salido tu padre con la suya?
- Sí, se ha quedado a gusto. Le he mandado las fotos a Taichi también para que lo pueda leer. Él seguro que duerme hoy mucho más tranquilo aunque ya parecía bastante más relajado con todo las últimas veces.
- A saber… - se sentó, dejando los pies en el suelo por fin y aceptando la mano que él le ofreció para poder ponerse en pie-. Con lo especialito que sabe ponerse él solo cuando quiere… Pero sí, yo creo que ya se va a quedar más tranquilo ahora.
Se incorporó antes que ella para poder ayudarla, asintiendo a lo que decía sobre el amigo de ambos. Por eso mismo se lo había enviado, para que se lo enviara a su suegro si sus niveles de paranoia llevaban al punto de necesitarlo como garantía.
- Vamos a cenar, anda… Por cierto, le he dicho a mis padres ya que estamos esperando un niño… ¿Le has dicho algo a los tuyos?
- Yamato… ¿tengo cara de haber estado haciendo algo más que dormir como una marmota desde que te colgué? – hizo una pausa-. Madre mía que pelos… ¿cómo no me dices nada? – protestó nada más ver su reflejo en el espejo, empezando a colocárselo como pudo.
- Pues no lo sé porque ya te tengo visto con esa misma cara por casa y tú seguir insistiendo en que no tenías sueño y seguir intentando hablar conmigo – le dijo divertido, dejándola colocarse.
- Sí, pero a mi madre le hago más caso cuando me manda a la cama – comentó riéndose por lo bajo-. La verdad es que no encuentro momento con la chiquitina cerca, pero bueno, podemos aprovechar y decírselo a todos a la vez…
- Como quieras – asintió-. A mí casi que me pareció raro que Takeru no se hubiera ido de la lengua con mis padres.
- Sí, eso sí que es raro… Anda, vamos a cenar de una vez antes de que venga Aiko a buscarnos diciendo que le hace ruido la barriguita.
El último comentario de ella provocó que a él se le pegara la risa, asintiendo y saliendo a su vez, compañándola con la mano posada sobre su cintura, dándole un ligero pinchacito a modo de cosquillas cuando la soltó para poder caminar ya hacia la mesa.
- Anda, mira quién ha vuelto a nuestro mismo planeta – dijo Haruhiko nada más verlos-. ¿Has descansado?
- Sí… Pero bueno, posiblemente cuando llegue a casa me ponga el pijama y me quede dormida antes que Aiko – acercó su mano al cabello de la niña, aprovechando para echárselo hacia atrás-. Oye, ¿has estado durmiendo conmigo?
- No, estaba cuidando del nene chiquitín – le contestó provocando así la sonrisa de su madre.
En ese momento, volvía Toshiko hacia el comedor con la cena, yendo a dejarla a la mesa. Se dio cuenta de que la pareja ya había vuelto, sonriéndole a Sora unos segundos mientras que posaba la comida.
- ¿Has descasado? – extrañada, pudo ver como su hija se echaba a reír-. ¿Qué?
- Nada… Que me acaba de preguntar papá eso mismo – le dijo sonriendo-. Oye… Antes de cenar. Nosotros queríamos contaros una cosa – cruzó una mirada con Yamato, viendo como asentía ligeramente-. A todos…
- ¿Pasa algo? – preguntó el profesor.
- Pues… Que tuve revisión en el médico el otro día y me dijeron que estaba muy bien, que podíamos relajar incluso un poco el control tan estricto – sonrió-. Que me van a hace runos análisis para ver qué tal todo, pero que tiene muy buena pinta…
- Me alegro muchísimo, aunque solo hay que verte para saber que es esta vez estás mucho mejor – dijo Toshiko automáticamente, y ella hablaba con total conocimiento, ya que, junto a Yamato, había sido quién había visto más de cerca el primer embarazo y sabían muy bien de lo que hablaba.
- Sí, aunque puede que lo haya dicho para que yo deje de darle la lata – comentó el rubio-. Un día me va a prohibir el acompañarla… Pero bueno, mientras que me dé buenas noticias yo prometo no ir a acosarla…
- Yamato, no tienes capacidad de cumplir con eso – le dijo la pelirroja divertida-. Lo que pasa… - no pudo evitar coger a Aiko mientras que hablaba para dejarla sentada sobre ella-. Oye chiquitina, ¿tú no le dijiste a papi que querías un nené chiquitín para cuidarlo tú? – esperó a ver como asentía-. Bueno, pues… Ya nos han dicho que es un niño.
No estaba segura todavía de a qué se refería la pequeña cuando lo llamaba así. Aún tenía sus problemas para hablar por lo que igual no sabía lo decía porque quería que fuera un niño, o porque no sabía decirlo de otra forma.
- ¿Un nene?
- Sí, un nene – levantó la vista hacia sus padres, observándolos también con el gesto de sorpresa en el rostro.
- Eso ya lo sabía mami – se ladeó para poder dejar de nuevo, como solía hacer tantas veces, la cabeza en el vientre ya algo marcado de su madre.
- ¿Niño? – habló Haruhiko todavía distraído mirando a su nieta.
- Sí, nos costó un poco verlo porque estaba en mal ángulo, pero insistió un poco más y consiguió verlo – habló Yamato, intentando distraerse de lo que estaba viendo-. Así que viene un niño – sonrió.
- ¡Pero bueno Toshiko! – escuchó al profesor hablar, provocando que todos se quedaran mirando hacia ellos-. ¿Qué te pasa?
- Nada… Que se me ha metido algo en el ojo – contestó frotándose los ojos para disimular el efecto que había tenido en ella la combinación de la noticia junto con el comportamiento de su nieta-. Anda, vamos a cenar de una vez…
