Sora se había quedado sentada en la cama, distraída, mientras que Yamato había ido a echar a dormir a la pequeña. Cuando habían llegado a casa la habían llevado con ellos, dejándola tumbada en la cama junto a su madre mientras que terminaban de recoger algunas cosas. Una vez que habían terminado por fin, Yamato se la había llevado para que pudiera dormir más cómoda en la cama dejando así a la pelirroja sola.

A la última hora de la cena se había empezado a notar más cansada, como solía pasarle durante las últimas noches. Sin embargo, se había quedado dormida, al igual que la niña, en el coche de vuelta a casa y en esos momentos, estaba bastante despierta. No contaba con que le durase demasiado, pero, en su cabeza había aparecido una idea y no le disgustaba ni lo más mínimo. Por culpa de andar durmiéndose por los rincones, hacía ya más días de los que a ella le gustaría que no había podido rondar a su marido en condiciones.

La simple idea provocó que se le dibujara una idea en el rostro, quedándose sentada a la espera de que volviera. Había notado que estaba de buen humor, que parecía que la llegada de los papeles, aunque jurase y perjurase que prefería olvidarse del tema, había ayudado con ello. Y ella no iba a ser la que le dijera lo contrario tampoco. También lo había visto algo… ¿Emocionado? No estaba segura de que esa fuera la palabra, pero, lo había notado emocionado con lo del aniversario de los diez años. Lo cierto era que dicho viaje solía traerle malos pensamientos a la cabeza, porque sabía cómo había estado a punto de acabar, pero… Resultaba, que aunque nadie hablara de ello, ¿Yamato iba a aparecer en todos y cada uno de los libros de historia como parte de uno los proyectos más ambiciosos del siglo? Ese pensamiento se estrelló contra ella de repente como si, después de tanto tiempo, fuera la primera vez que caía en la cuenta.

- A ver… cuéntame, porque esa cara de susto que tienes ahora mismo puesta seguro que merece una buena explicación – dijo la voz de él, dándose cuenta de que se había quedado apoyado en la puerta cruzado de brazos.

- Ehm… - confusa, intentó centrarse de nuevo.

- ¿Estás bien? – arqueó una ceja.

- Sí, sí… Pero…

- ¿Pero? – cerró la puerta tras él para poder caminar hasta la pelirroja.

- Si te lo digo te vas a enfadar conmigo… - acabó por admitir levantando la vista hacia él.

- ¿Yo? ¿Enfadarme contigo? – marcó más el gesto de su rostro, empezando a temerse que sus hormonas se hubieran puesto en su contra mientras que él no las vigilaba-. ¿Desde cuándo yo sé hacer eso?

No estaba demasiado seguro de cómo interpretar los gestos de ella. De entrada parecía que se encontraba bien, pero… ¿qué pasaba? Ya se conocía las salidas de la cordura a la que lo tenía acostumbrado cuando estaba embarazada, y quizás había hecho algo y ni siquiera era consciente de ello. Aunque, había dicho que ¿él se iba a enfadar?

- Oye, ¿no me vas a decir nada? – le dijo acabando por agacharse y poder quedar así a su altura.

- No…

- Sora… - en el fondo le hacía gracia esa forma de comportarse que podía llegar a tener cuando quería, por mucho miedo que le diera por dónde pudieran salirle las hormonas esa vez.

- Estaba pensando en lo del evento de los diez años que me contaste…

- ¿Eh? – aquello terminó de descolocarlo todavía más-. ¿Qué pasa con eso?

- Pues que… conmemora algo muy importante. Osea… Importante de verdad… Importante para todos – la dejó parlotear, no estando demasiado seguro de a dónde quería quedar-. Y yo solo suelo asociarlo con que a raíz de eso volviste a Tokio.

- Creo que voy a necesitar que seas un poco más clara si pretendes que entienda algo, Sora – posó las manos en sus rodillas, manteniendo mejor así el equilibrio.

- ¡Si te lo digo te vas a enfadar conmigo! – levantó la vista hacia él dejando que viera que realmente parecía preocupada.

Un par de años atrás lo hubiera preocupado de verdad, ahora ya sabía que cuando se ponía así, era casi mejor razonar con ella como si lo hiciera con Aiko. Había que mantener las cosas sencillas y recurrir a chantajes de los sencillos. Le hacía gracia que alguien como ella fuera capaz de cambiar tanto cuando estaba embarazada, no podía evitarlo. Le daba pena también que no tuviera control alguno sobre sus recciones y a la vez le enternecía verla así.

- ¿Si te prometo que no me voy a enfadar me lo cuentas? – apretó con sus dedos la rodillas reclamando así su atención cuando ella parecía no querer contestarle.

- Es que te vas a enfadar conmigo… Porque… siempre estás pendiente de lo que hago o acompañándome a los eventos y yo no – protestó desviando l vista de nuevo hacia el suelo.

- Bueno, en eso te equivocas. Eso sí que lo hacías al principio pero ahora yo creo que sí que demuestras interés… - estaba volviendo a perderse-. Venga Sora… que me voy a acabar enfadando porque no me lo cuentas.

- ¿Te parece normal que me dé cuenta ahora de lo sumamente importante que has hecho? ¡Que te has ido dos veces a otro planeta al que nadie había ido más! Y yo aquí, pensando que solo es importante porque volviste a casa… - confesó de golpe.

Parpadeó, confuso. Aquello sí que lo había pillado por sorpresa. ¿Le estaba diciendo que se acababa de dar cuenta ahora de que su trabajo había tenido alguna que otra consecuencia en la historia? No estaba del todo seguro de que Sora se estuviera dando cuenta de aquello y que no fueran las hormonas pero… Cada vez entendía menos lo que pasaban alli.

- Bueno, yo y otros cuantos que habrán hecho el triple o más que yo… - habló.

- ¿¡Y te parece normal que yo me dé cuenta ahora!?

- Shhh… Que vas a despertar a Aiko – le dijo volviendo a darle el ligero apretón en la rodilla-. No me voy a enfadar contigo por eso.

- Claro que sí – se cruzó de brazos.

- No, no me voy a enfadar contigo porque lo importante es lo que dices tú, que fue lo que provocó que volviera a casa – era mejor manejar las cosas de esa forma.

- Eso lo estás diciendo para que me sienta mejor, peor seguro que no te ha parecido bien…

El tono que usó para decir aquello saltó las alarmas de él. No estaba del todo seguro, pero estaba empezando a ver cómo iba a acabar la cosa y, de verdad que no le apetecía discutir con ella esa noche, pero… Cuando pasaba aquello, ¿qué otra cosa podía hacer más allá que intentar salir lo mejor parado posible? Aquella no era la Sora cuerda que, por suerte, solía tener el control de la situación.

- Ya te he dicho que no estoy enfadado. ¿No estabas muerta de sueño antes?

- ¿Qué? ¿Quieres que me vaya a dormir para que deje de darte la lata de una vez? – protestó, aprovechando el momento para ponerse en pie y escaparse para poder ir a desenredarse el pelo.

- No, no me das la lata. Te lo digo porque…

- Porque no hago más que dormirme por las esquinas y si estoy durmiendo al menos no te tocó las narices ya que por la noche no valgo para otra cosa más – empezó a protestar.

- Sora, yo no he dicho nada de eso – cogió aire, soltándolo lentamente, mentalizándose cómo podía de que a fin de cuentas no era ella la que hablaba-. ¿Te ayudo con eso? – se acercó a ella para cogerle el cepillo.

- No – contestó cortante-. No soy una inútil. Sé cepillarme yo sola, muchas gracias. Pero no te preocupes que ahora mismo me voy a la cama para que no tengas que estar pendiente de mis tonterías más.

Abrió la boca para decirle algo, no teniendo tiempo ya que lo siguiente que vio de ella fue como cogía su pijama y cerraba la puerta del baño delante de sus narices sin tener opción a decirle nada. Se llevó los dedos al puente de la nariz, punzándolo unos segundos, intentando ganar toda la paciencia que tenía. Las primeras veces que había pasado aquello debía de admitir que de verdad lo había asustado., Ahora sabía que lo único que podía hacer era dejar que se le pasara a ella sola porque no había forma de hacerla entrar en razón.

El problema era cuando no sabía qué hacer.

Quizás detrás de todo aquello hubiera algo de verdad y que Sora se hubiera dado cuenta de repente de las repercusiones reales del proyecto del que tenía suerte de haber formado parte. Eso, de hecho, le parecía hasta gracioso. Y la verdad es que tampoco podía culparla ya que él mismo era le primero que no solía pensar en ello. Sabía que ella era plenamente consciente de que su trabajo era algo muy serio y que lo valoraba mucho. Que se hubiera dado cuente de repente de que, posiblemente, aquello sí que quedara registrado en los libros de historia, y con ello su nombre, pues… No podía más que parecerle gracioso.

- ¿De qué te ríes? – la voz de la pelirroja lo hizo dar un respingo.

- De nada, Sora… - adelantó las manos con un gesto cuando la vio caminar hacia él, intentando cogerla.

- ¡Quita! – lo esquivó.

- Oye, ¿no habíamos quedado que el que se iba a enfadar ella yo? – dijo siguiéndola con la mirada.

- Pues sí, y solo te dedicas a darme la razón como si estuviera loca. Porque claro, como Sora está embarazada hay que dárselo todo hecho, no dejarla hacer nada y además darle siempre la razón.

- Nadie hace eso contigo, Sora…

- No te atrevas a negármelo, que sabes que es verdad – se giró hacia él.

- Mira… No quiero discutir contigo – negó con la cabeza-. Voy a irme a por agua y voy a aprovechar a revisar unos papeles que tengo atrasados del trabajo, y así los dejo adelantados. Tú haz lo que te venga en gana…

Huir era la más segura de las opciones. Si seguía enfadada dentro de un rato, seguramente de verdad se acabaría quedando dormida y no iría a buscarlo para seguir discutiendo. Y si se le pasaba el enfado o lo que fuera que tenía, o bien se quedaba tranquila durmiendo o iría a buscarlo. Fuera como fuera, lo mejor era poner algo de distancia entre los dos. No le dio tiempo a responder o a decirle nada más, saliendo así de la habitación y dejando la puerta cerrada tras él.

Solo esperaba que se diera la opción que faltaba y que le diera un episodio de los de disgusto, porque ese era el que menos gracia le hacía. Literalmente la prefería gritándole por casa por una lechuga que cuando le entraba el llanto. De forma sencilla de explicar: no era capaz de verla así. Aunque supiera que era por la mayor tontería del mundo. Se empezaba a poner nervioso y no sabía ni lo qué hacer ni lo qué decir.

Esperó unos segundos a ver si iba tras él o simplemente hacía caso y se quedaba en la habitación, quedándose contento cuando vio que parecía haberse salido con la suya con su treta de escapar. Echó a andar finalmente hacia la cocina a hacer lo que le había dicho, tomándose su tiempo.

No quería estar demasiado cerca cundo se enfadaba ella sola por cosas qe solo pasaban en su cabeza porque tenía miedo de acabar dejándose afectar y contestarle con alguna bordería de las suyas y que aquello acabara en una discusión de verdad, de la cual, no tenía ganas. No había mentido tampoco con lo de los papeles por lo que una vez que se llenó el vaso con agua se acercó a su tablet, caminando hacia el sofá para poder tirarse en él.