Kaori llegó un rato más tarde de vuelta al estudio, llevando con ella algunos recipientes con lo que había pedido. No podía evitar que le hiciera gracia comentarios como el que le había hecho antes sobre conseguir algo con cafeína cuando la había visto con cara de estar a punto de empezar a dar cabezazos. Pero mientras que eso fuera lo peor que le fuera a tocar por ahí estaba segura de que nadie de su entorno se fuera a quejar.

Llamó a la puerta del despacho para poder dejarle lo que había traído, saludando con una ligera sonrisa antes de ir hacia la mesa.

- Creo que Yamato también tiene chantajeada a las cafeterías de por la zona – bromeó antes de acercarse a posar el zumo-. Pero me han dado esto que seguro que te alegra la mañana…

- Muchas gracias… - la pelirroja sonrió automáticamente entretenida por su comentario-. ¿Has visto? Los tengo a todos compinchados para vigilar lo que hago todo el día… Y ahora usan a Yamato de excusa pero me parece a mí que poco tiene que ver…

- Bueno, en mi caso… Era lo bueno de vivir en Tanegashima en aquella temporada. Que dentro de lo que cabe te quita muchos factores de encima…

Sora se puso en pie para poder ayudar a Kaori a sacar las cosas, acabando por arrugar el gesto al darse cuenta de que lo que traía con ella era más bien para dos, delatándose de esa forma.

- Eh, eh – dijo rápidamente su ayudante-. No me vengas a gruñir que yo ya me he tomado lo mío allí mientras que estaba en mi tiempo de descanso… Esto es para vosotras – notó como se reían por la forma en la que había respondido.

- Bueno, si te lo digo es porque ya nos conocemos, ¿eh? Que parece mentira que lleves en este puesto ya más de tres años – dijo negando con la cabeza-. Quédate si quieres y así me das tu opinión… Bueno – giró su cabeza hacia Shiori-. No te importa, ¿no?

- Claro que no – negó con la cabeza ella rápidamente.

- ¿Mi opinión? ¿De qué? – confusa, terminó de dejar las cosas.

La pelirroja sonrió, haciéndole un gesto con la cabeza para terminar de sacarlo todo y poder sentarse cómodamente, cogiendo el zumo que le había traído y dando un sorbo, tardando unos segundos en hacer una mueca al notar la acidez.

- Te he traído también azúcar si quieres echarle – le dijo divertida, viendo como negaba con la cabeza.

- No, está rico así, solo no lo esperaba – lo posó en la mesa-. Estaba hablando con Shiori sobre qué tipo de ropa le puede quedar bien.

- ¿Para qué?

- Para un evento importante – explicó la pelirroja no sabiendo si podía dar detalles o no sobre el asunto-. Bastante serio e importante. Y estaba hablando con ella sobre lo que podría darle bien o no… ¿tú qué opinas?

- ¿Me estás pidiendo que te lo diga yo? – arqueó una ceja.

- Pues sí, porque por el momento pienso beberme el zumo a ver si termino de resucitar de una vez…

Cuando hacía cosas d ese tipo no podía evitar pensar en Haru y en las veces en las que le había hecho jugadas de ese estilo. A fin de cuentas, no solamente buscaba una ayudante que le hiciera de secretaria, para eso valía cualquiera. Siempre le gustaba encontrar a alguien que poco a poco pudiera ir conociendo más para poder ver dónde acababa por encajar. Haru lo había tenido más fácil ya que eso había ido ocurriendo a la vez que con ella misma. Ella no había empezado sabiéndolo todo sobre su estudio. Pero sí que había empezado al lado de Haru y eso había acabado derivando en la situación en la que habían acabado.

Pudo darse cuenta de la cara con la que la estaba mirando, sonriendo divertida.

- Te lo estoy diciendo en serio. Échale un ojo tú y dime qué es lo que te parece. Quiero saber lo que opinas.


- ¿Qué te ha dicho Sora? – preguntó Hiroaki tras haber ido a buscar a Yamato para comer con él.

El rubio dejó el teléfono, habiendo estado contestando algunos mensajes que ella le había mandado, guardándolo en su bolsillo y girándose entonces hacia su padre.

- Nada, que tiene para toda la tarde y que se va a quedar a comer en el estudio. Así que si quieres podemos ir nosotros a casa y comer ahí tranquilamente. Aiko sigue con Toshiko… Y luego tengo que ir a buscar a Sora para ir a empezar a ver jardines de infancia – aquellas últimas palabras sonaron con total resignación.

- ¿Ya?

- Sí… Le tocaría empezar el año que viene. Y te juro que de solo pensarlo me pongo enfermo. Pero… Es lo mejor, y así además le generamos a ella una rutina y os dejamos de dar tanto la lata.

- Claro, dejarme a Aiko a mí cuenta como darme la lata – saltó automáticamente, viendo como él se reía antes de echar a andar en dirección hacia casa.

- Ya, ya lo sé… Pero bueno, tú espera a que tengamos que darle la noticia a Gabumon y Biyomon. Aunque bueno, estarán ocupados ya acosando al niño con un poco de suerte y el drama por parte de ellos no será tan grande. No puedo prometer nada yo por mi parte…

Hiroaki se tuvo que reír con la forma en la que lo había hecho su hijo, aunque no podía más que darle la razón. Que seguro que tener que dejar a Aiko fuera de casa durante tanto tiempo iba a ser uno de los peores dramas de los últimos años por parte de todos los miembros de la familia.

- ¿Vais a mirar en dónde trabaja tu cuñada?

- Pues… Ojalá – se encogió de hombros-. Pero no sé cómo estará el tema de que un familiar trabaje en el mismo centro. Porque ya ves que a los de ellos no los tienen ahí, ni tampoco a Daigo.

- Porque Hikari no estará segura de dejar a esos dos elementos en el colegio y que luego la quieran linchar sus compañeros – bromeó-. Ya, algo me tienen dicho sobre el tema ahora que lo dices.

- La idea es buscar por la zona, que así es más fácil para poder llevarla e ir a buscarla nosotros, que nos han dicho que hay algunos sitios bastante buenos que podríamos hasta llevarla dando un paseo. Hemos estado investigando y no tenían mala pinta. A ver qué nos cuentan luego, ya te contaré.

Estaba bastante seguro de que el que peor lo iba a llevar de todos era él. Aunque fuera el que pasara más tiempo sin Aiko porque no se la podía llevar al trabajo como Sora, sabía que se quedaba con sus familiares más que encantada. Pero eso de tener que llevarla a un lugar con gente que ella no conocía y que no sabía si le iba a gustar le iba a dar para montar más el drama a él que a ella. Estaba plenamente seguro de ello. Y también de que Sora se iba a estar riendo de él como mínimo unos cuantos días.

- ¿Qué te apetece para comer? – le preguntó a su padre cuando llegaron por fin.

- Pues…

- No me digas, ¿te da igual porque en casa sigues viviendo de congelados?

- Pues no. Mira tú por dónde que no.

- No te creo – dijo riéndose mientras que quitaba el calzado.

- Tu madre me vigila desde que estuve ingresado – dijo con resignación.

Yamato se rió, echando a andar hacia la cocina una vez que dejó todo en la entrada, esperando que su padre lo siguiera, yendo hacia la nevera para empezar a rebuscar algo que pudiera apetecerle para hacer la comida de una vez. Quizás podría hacer más cantidad y de esa forma dejar también la cena hecha. Eso lo hizo directamente empezar a buscar los ingredientes que solía utilizar para el arroz que solía pedirle siempre Sora, comprobando que los tenía todos, decidiendo así rápidamente el menú.

- Pobre mamá, que te tiene que hacer de niñera a estas alturas – cerró la puerta y fue hacia la encimera empezando a posar las cosas-. Vengo ahora mismo, voy a -ponerme algo por encima que no quiero ensuciarme la camisa.

- Vale – asintió, aprovechando para tomar asiento y quedarse a la espera de su hijo, mirando hacia lo que había sacado sin tener demasiado claro lo que iba a prepararle.

Tampoco era algo que le preocupara demasiado que para algo habían llegado hasta esa edad los dos, seguramente, gracias a las habilidades de Yamato en la cocina. Ese pensamiento provocó que se riera ligeramente, quedándose así a la espera hasta que volvió a verlo aparecer con ropa de andar por casa.

- Ya me cambiaré luego para ir a buscar a Sora que tengo que tener más o menos pinta presentable – le dijo antes de posar el teléfono encima de la mesa-. A ver, venga, que tengo hambre ya…

- Tranquilo, si quieres te ayudo yo a escoger lo que te pones – bromeó-. ¿Te ayudo con algo?

- No, tú quédate ahí. Que te he invitado yo a comer, y eso implica que te quedes ahí quieto – contestó mientras que empezaba a coger el material que pudiera necesitar antes de empezar a cocinar.

- ¿Ya te estás aprovechando que con Sora el que tiene que agachar las orejas y obedecer eres tú que vienes a mangonear a tu pobre padre?

- Tu nuera sabe tenerme más controlado que tú. Y no te las des que seguro que has hasta dejado que mamá te haga algo verde para comer sin protestar demasiado… - levantó la vista hacia su padre, notando la cara que le ponía teniendo que echarse a reír.

Pudo ver la ligera mueca de su padre de fondo, empeorado así la risa del rubio, especialmente cuando lo escuchó chasquear la lengua, teniendo que acabar uniéndosele. Empezó a cortar algunas verduras de formas distraída.

- Oye – reclamó su atención Hiroaki-. Llevo una temporada dándole vueltas a una cosa y… No sé…

- ¿Qué? – levantó la vista ligeramente hacia él-. ¿Pasa algo?

- No… No pasa. Osea, sí, sí que pasa, pero no es nada malo. Espero – empezó a parlotear de forma distraída, haciendo un gesto que Yamato pudo reconocer al momento como uno de los que él también había acabado heredando, al verlo revolverse el pelo.

- ¿Qué has hecho ya? – arqueó una ceja.

- No he hecho nada – protestó, entrecerrando los ojos.

- ¿Qué vas a hacer? ¿Te has vuelto a pelear con el abuelo?

- ¿Quieres dejarme hablar de una vez y dejar de decir tonterías? – protestó, viendo como su hijo ponía los ojos en blanco y posaba el cuchillo con el que había estado cortando los tomates y se quedaba a la espera-. ¿Tú cómo verías si le digo a tu madre que podemos volver a vivir juntos?

El rubio puso cara de sorpresa, no habiendo esperado escuchar eso tan de repente. No por el hecho lo que le había dicho, sino porque no contaba con que fuera a serle tan directo con algo de ese tipo. Sin embargo, pudo pasar la sorpresa inicial rápidamente, relajando el gesto.

- Ah… ¿pero que no estabais haciéndolo ya? – no pudo evitar el comentario, sonriendo de forma ladeada-. Papá… Eres mayorcito como para tener que pedirle permiso a tus hijos para ver lo que haces o dejas de hacer con nuestra madre. Y… Ahora en serio, ¿no lo estabais haciendo ya?

- De forma aleatoria – contestó ya con resignación.

- Mira, lleváis desde antes de que yo me casara en ese plan. Que yo no me quiero meter porque estoy bien con lo que sea que estéis bien vosotros dos. El de los traumas es Takeru… - volvió a retomar lo que había estado haciendo-. Te lo digo en serio. Yo creo que a ti no hay nada que te vaya a venir mejor, si te soy sincero. Mucho reírte de mí con lo bien que me ha sentado que Sora no me estrellara el teléfono en la cara cuando se me ocurrió empezar a hablarle en el momento en el que volví, pero es que..

- De tal palo tal astilla, Yamato – cortó su padre-. Me preocupa ponerla a ella en un apuro.

- ¿Un apuro por qué?

- Porque tu madre vive muy bien a su aire sin tener que aguantarme tan de seguido.

- ¿Quieres decir que lo que te preocupa es que el pasar más tiempo juntos se os vuelva a torcer la cosa? – negó con la cabeza-. Mira, papá… No me acuerdo mucho de aquella época, pero con el tiempo con todo lo que hemos cambiado todos… Además, si cuando no estáis trabajando a la mínima que podéis os vais los dos juntos, especialmente a los reportajes fuera de Tokio. Que me doy cuenta… Díselo, yo creo que va a estar encantada. Luego ya os peleáis sobre qué hacéis o a dónde os vais.

- ¿Tú crees?

- Claro que sí. Y luego le mandas a tu querido suegro una postal contándoselo – sonrió, divertido, volviendo a ver como su padre se relajaba y se unía aquella vez, a la risa de él por el comentario.