- ¿Cómo que tus padres no estaban viviendo juntos ya? – preguntó Sora mientras que terminaba de abrocharse el abrigo provocando que Yamato se riera.

- Eso mismo le dije yo… Yo qué sé – se encogió de hombros-. Son mayorcitos, ellos verán los que hacen. Me ha hecho gracia que haya venido mi padre casi que a pedirme a mí consejo sobre lo qué hacer. Se supone que debería de ser al revés…

- Bueno, vosotros dos siempre os habéis traído un estilo de relación un poco extraña – sonrió llegando hasta dónde él y cogiéndose a su brazo para ir caminando-. Pero mira… Yo no me puedo alegrar más por ellos dos. Creo que de cosas que no funcionaron por no ocurrir en el momento apropiado entiendo bastante y si por fin ha llegado el momento, aunque sea a estas alturas mejor para ellos. ¿No te parece?

Yamato entendió perfectamente a lo que ella se refería, sonriendo ligeramente dejándola mientras tanto cogerse bien a su brazo, caminando de esa forma hacia el jardín de infancia que iban a visitar aquella tarde.

- Más o menos es lo que le dije. Y que si quería luego podía llamar a su querido "suegro" para darle la noticia, que eso seguro que lo animaba. Yo creo que estaba algo preocupado por lo que le pudiera decir mi madre.

- Yamato, después de estar viviendo juntos meses en Tanegashima y estando a apenas unos meses de la boda, tuve que decirte yo que te vinieras conmigo a casa porque sino de ti no salía porque no te atrevías. ¿Queréis dejar de ser una fotocopia el uno del otro?

No fue capaz de responderle a esas palabras de ninguna manera, ya que tenía toda la razón del mundo. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Si es que habían sido ellos dos solos durante mucho tiempo. Por mucho que Takeru hubiera estado también presente y su padre se pasara la vida trabajando tiempo atrás, nadie más que ellos dos era consciente de cómo habían sido las cosas por aquel entonces.

- Bueno, por el momento vamos a centrarnos en lo que nos tenemos que centrar. Y por favor… Intenta no ponerte demasiado quejica con todo que algún sitio tendremos que buscar para Aiko.

- ¿No puedo dedicarme a sacarle pegas a todo hasta desquiciarte?

- No, no puedes. La última que hizo eso fue Mimi con el vestido de la boda y a día de hoy todavía me pregunto por qué le sigo hablando.

- ¿Me estás amenazando? – comentó divertido.

- No sé, tienes el sofá ya bastante a tu gusto, así que tú verás si quieres irte para ahí de seguido.

- ¿No habíamos quedado en que no se te daba bien dormir sin mí?

- Creo que voy a probar a ponerle tu pijama a unos cojines… La cosa debe de ir en que tengo que dormir abrazada a algo… - divertida con la conversación, hizo un esfuerzo por no seguir riéndose ya que por fin llegaban a su destino, frenando los pasos de ambos antes de llegar del todo y poder quedarse mirando hacia su marido-. A ver, que como se nota que vienes de estar con tu padre…

Aprovechó el momento para soltarse de su agarre y poder llevar así las manos a los cuellos de su ropa para poder colocárselos bien, dedicándole la mejor de sus sonrisas por la conversación que habían estado teniendo.

- Sí, sí… Ya vendrás – murmuró, dejándola hacer tranquilamente-. Anda, que todavía vamos a quedar mal nosotros por andar llegando tarde y este es el que más cerca nos queda de casa y así la tortuguita puede dormir algo más por las mañanas…

Sora sonrió de forma automática por las palabras de él, asintiendo y continuando su camino hacia el interior del lugar. Debía de admitir que a ella también le daba una pena enorme que la pequeña tuviera que empezar ya con todo aquello. Prefería poder llevársela con ella al trabajo o saber que se quedaba en pijama rondando a alguno de sus abuelos hasta que fuera mejor hora para ella pero, era lo que tocaba. Pero también sabía que el que peor lo llevaba era Yamato porque para él eso significaba que Aiko había crecido ya lo suficiente como para tener que empezar a hacer aquellas cosas. Y sabía lo mal que llevaba esos temas él.

- Tú tranquilo, que todavía le queda mucho antes de conseguir llegarte más allá de la rodilla - le murmuró por lo bajo justo antes de enfocar a la persona con la que tenían concertada la entrevista.


- ¿Qué tal las visitas de ayer? – preguntó Kaori mientras que salía a la par de su socia de la sala de reuniones.

- Pues si me lo preguntas a mí yo diría que bastante bien. Al padre de la criatura mejor no le saques el tema porque creo que ha estado hasta mirando hasta debajo de los sillones a ver s estaba todo a su gusto – pudo escuchar la risa de ella-. Poco a poco… Todavía tenemos algo de tiempo antes de que abran los plazos de matriculación. A ver si entre medias se le pasa el drama a Yamato.

- Pobrecito… Os tiene que dar mucha pena…

- Bastante, pero es mejor que vaya cogiendo la costumbre poco a poco. Y eso que yo soy la que está más acostumbrada a tenerla incluso aquí conmigo… - se distrajo a medida que hablaba, dejando la vista perdida por el estudio pensando en la pequeña, acabando por sonreír-. Pero bueno, lo dicho, poco a poco. Por el momento a ver si soy capaz de centrarme en el diseño con el que te estuve poniendo en apuros ayer… Aunque yo creo que las sugerencias que diste son bastante apropiadas, que lo sepas.

- Ya sí… Seguro que sí – negó con la cabeza.

- Voy a tener que empezar a ponerlo en los requisitos de la entrevista cuando busque gente nueva. Que una cosa es no tener el mismo ego que Mimi y otra que tenga que convenceros que de verdad que no contrato al primero que pasa por la esquina. Anda, ven conmigo y así me ayudas. Te lo digo en serio, no me empieces tú también a hacer como Haru que todavía a día de hoy sigo discutiendo con ella de estas tonterías.

- Pero…

- Nada de peros – se quedó delante de la puerta de su despacho-. Delante de mí, venga – le hizo un gesto para que entrara-. ¿No ves que estoy embarazada y se me funden las neuronas cuando nadie mira?

Y lo peor era que aquellas últimas palabras no eran mentira. Le costaba mucho más que de costumbre concentrarse y eso combinado con el cansancio no solía tener un buen final, pero tenía tiempo. Ella también se tendría que preparar algo, pero sabía que tenía que esperar más tiempo, al menos los ajustes finales ya que no sabía lo que iba a crecer el pequeño.

- ¿Vas a poder llevar a Aiko?

- Sí, creo que sí, ¿por qué? – sonrió.

- ¿Puedo hacerle yo algo? – pudo ver como la pelirroja arqueaba las cejas-. Si no tienes tú pensado algo, claro…

- Eso no se pregunta – la cortó rápidamente-. Ya te la traeré un día para poder ir cogiéndole las medidas, pero ten cuidado con ella, que crece casi que a la misma velocidad que el nene chiquitín…

Kaori sonrió mientras que aprovechaba para bajar la vista hacia el vestido que aquel día llevaba su jefa, notándose perfectamente ya la pequeña curva que por fin delataba su estado.

- Pues como quiera parecerse a su padre también en eso no va a tardar mucho en pasar mirándome por encima del hombro a mí, aunque tampoco es que lo tenga demasiado complicado…

- No digas eso en alto, no vaya a ser que Yamato se entere de alguna manera y se deprima más – tomó asiento finalmente.

- Tomo nota – asintió, divertida-. ¿Cómo se serio es al final el evento de la JAXA?

- Pues… hasta donde yo sé, todo lo serio que puede ser la celebración de que hace una década que hicieron historia – mientras que hablaba se fue quedando distraída, terminando en silencio.

- ¿Pasa algo?

- Pasa que creo que no vendría mal tener un detalle con Yamato también de manera más personal para celebrarlo… - se dejó caer hacia atrás, aprovechando para cruzar las piernas-. ¿Te parece normal que no haya sido capaz de caer en la cuenta de que estoy casada con alguien que ha hecho algo muy gordo para la historia de la humanidad hasta el otro día? – arrugó el gesto en una ligera mueca.

- ¿Eh? - levantó la vista de los papeles que había estado comprobando.

- Nada – negó rápidamente-. No me hagas caso. Tengo que buscar un buen regalo para él por la fecha… Si al final voy a tener yo más que hacer que ellos…

Divertida con sus propias palabras le hizo un gesto para ponerse a trabajar más en serio y poder ir dejando todo lo pudieran adelantado para no andar a las carreras en el último momento.


- A ver, y te lo pido por favor, ¿puedes explicarme qué narices te pasa para hacerme salir del trabajo a las carreras y a punto de sufrir un infarto?

Yamato hacía ya unos instantes que había podido reconocer la silueta de Taichi entre la gente en la calle, echando a andar hacia él y saludándolo de esa forma. Lo había llamado hacía un rato, bastante nervioso y diciendo que necesitaba hablar con él urgentemente.

- Solo dime, por favor, que no has provocado un conflicto internacional por decir lo que no debes en una reunión… Porque tienes la misma cara que deberías de poner en una situación así…

- No tiene gracia – dijo girándose hacia él por fin.

- Es que estás hasta pálido. ¿Ha pasado algo? ¿Tu hermana está bien? ¿Los niños? ¿Takeru? ¿Tus padres? – empezó a hablar al ver que Taichi no le respondía todavía-. ¿Koemi? No le habrá pasado nada, ¿verdad? – se quedó mirando para él, viendo que al menos negaba con la cabeza y quedándose algo más tranquilo por ese frente.

Estaba lo suficientemente alterado como para no ser capaz de explicar las cosas como debía pero cuando se había querido dar cuenta había llamado a Yamato para poder hablar con él. Su propio subconsciente había actuado por él, escogiendo la opción más sencilla en esos momentos.

- A ver… Venga, vamos a que te sientes y sea lo que sea que hayas hecho me lo cuentas, que seguro que con comida te sale mejor la voz el cuerpo – le dio un golpe en el brazo para que echara a andar a la vez que él.

Había salido de la JAXA algo primero, aprovechando que tenía el hueco del entrenamiento antes de la comida. No tenía pensado salir aquel día de la sede hasta terminar su jornada, pero en cuanto lo había llamado había tenido que hacerlo. Si no le pasaba nadie a todos los que había dicho, estaba seguro de que sería algún problema del trabajo o algo de ese estilo y, hasta cierto punto ya se quedaba más tranquilo.

Si había metido la pata con alguna de sus salidas en alguna reunión seguramente la cosa tuviera fácil arreglo. A fin de cuentas, Taichi era muy bueno con su trabajo y no tendría demasiados problemas para poder salir de dónde fuera que se había metido.

También podía ser justamente la opción contraria y que lo que le hubiera pasado fuera algo bueno y estuviera tan sumamente nervioso que no fuera capaz de decirlo en voz alta. Él sabía lo que era pasar por eso, se había visto ya en la situación y lo único que había podido hacer había sido irse a rondar a Sora nada más llegar a casa.

- Siéntate anda… - le dijo una vez que llegaron al local, encontrando mesa-. Y más te vale que empieces a confesar porque esa cara de susto no te la veo desde hace muchos años…