Yamato dejó que Taichi pidiera, observándolo. Lo conocía como la palma de su mano, pero, cuando se ponía así lo dejaba bastante confundido ya que era incapaz de decidir si lo que le pasaba era bueno o malo. Lo único que tenía claro era que estaba de los nervios.
- ¿Vas a decirme ya lo que te pasa? – preguntó nada más que se quedaron solos.
- Pasa que he escuchado a Koemi de la que salía de casa por la mañana hablando con su madre.
- ¿Y qué? ¿Estaba diciéndole que a ver si le llegaban de una vez los papeles del divorcio porque se ha cansado de aguantarte? Normal, dile que si necesita un abogado seguro que puedo amenazar a alguno con lo de que trabajo para la JAXA – se apoyó en el respaldo de la silla, quedándose de brazos cruzados.
- Qué gracioso… - puso los ojos en blanco-. Pasa que le estaba diciendo que tenía un retraso.
El rubio arqueó una ceja de forma automática con lo que acababa de escuchar, entendiendo de repente el motivo por el que estaba de los nervios. Pudo ver como él parecía respirar al haberlo dicho en alto. Entendía la histeria con la que llevaba todo el día, por qué lo había llamado con aquella urgencia por la mañana.
- ¿Te ha dicho ella algo a ti?
- No – negó con la cabeza-. Nada. Se lo estaba diciendo cuando yo en teoría ya me había ido. Tuve que volver porque mi olvidé unas cosas del trabajo en casa y… Lo escuché. No me ha dicho nada, supongo que no quiere preocuparme.
- Si tiene un retraso no quiere decir nada – le dijo intentando tranquilizarlo-. ¿Estás seguro de que estaba hablando de eso? ¿No habrás escuchado mal?
- Estoy completamente seguro – dijo con firmeza.
Había escuchado perfectamente bien. La respuesta de su suegra no había dejado opción a duda. Y él no había sido lo suficientemente valiente como para dejar claro que lo había escuchado. Sin dudas, no era un secreto que él iba a estar más que encantado con la noticia y que iba a estar celebrándolo, como mínimo, un par de semanas. Llevaba tiempo queriendo tener otro enano por casa trasteando, no se molestaba en ocultarlo de ninguna de las maneras.
- Y no sé si prefiero que sea una falsa alarma – habló, contrariamente a lo que parecería esperar todo el mundo de él.
- ¿En serio? ¿Llevas años dando la lata con que quieres una niña y ahora que puedes tener la opción me dices que prefieres que sea una falsa alarma?
- Sí… - se encogió de hombros.
- ¿A ti va a entenderte alguien?
- Dijo el que sabía que Sora no le decía que quería ir a por otro hijo porque sabía que estaba preocupado por ella – puso los ojos en blanco-. ¿Tengo que recordarte que estoy mucho menos en casa de lo que me gustaría? ¿Te hago el croquis para que entiendas sobre quién caería toda la responsabilidad de todo mientras que yo voy de avión en avión?
No necesitó más aclaración por parte de Taichi para entender lo que le estaba queriendo decir. Sin duda, eso también era parte del encantado de él, que por mucho que se estuviera muriendo de ganas por algo, prefería dejarlo de lado si sabía que iba a "perjudicar" a alguien. Y, en ese caso, no podía más que saber a lo que se refería. Él había convivido con ese fantasma mucho tiempo. Primero cuando empezaba su relación con Sora en aquella última oportunidad, luego cuando había querido llevar las cosas a terreno más serio. Cuando su trabajo parecía impedirle poder tener una vida más apropiada para tener más familia.
- ¿Qué te preocupa exactamente? ¿Estar menos por casa o la carga que pueda derivarle a ella?
- Las dos cosas – contestó, dándose cuenta de que el rubio había entendido por dónde iban los tiros-. Puedo convivir con lo primero, es algo que ya hablamos ella y yo en su momento cuando estaba estudiando los pro y los contra sobre pedir el puesto. Aunque me gustaría pasar más tiempo en casa, yo creo que tampoco es para tanto – se encogió de hombros-. Pero si ahora… Si ahora está embarazada de verdad, ¿qué hago? ¿Me largo dos semanas de viaje? Y cuando nazca, ¿la dejo a ella sola con el trabajo, la casa y los niños? Esa carga es demasiado bestia y entiendo perfectamente que no la quiera – negó con la cabeza-. No es justo.
- ¿Habéis estado hablando de ello?
- No hace falta, ¿cuántas veces me ha dicho que el motivo por el que no quiere más nenes es mi trabajo?
- ¿Tú estás seguro de que no lo dice solo por tocarte las narices?
Algo le decía que Taichi estaba empezando a ahogarse él solo en un vaso de agua, porque, creía que conocía a Koemi lo suficiente a esas alturas. Y eso le llevaba a pensar que sí, seguramente viera complicadas las cosas, pero que si de repente ese retraso era por algo en serio, la que se iba a alegrar más que nadie iba a ser ella.
- Claro que se iba a alegrar – como si hubiera leído sus pensamientos habló nuevamente-. Se iba a alegrar ella, me iba a alegrar yo y luego, a la hora de verdad, cuando la realidad se haga notar, verás tú cómo van a ser las cosas…
- ¿Puedo serte sincero?
- Pues… Te lo agradecería.
- Creo que tú solo te estás montando películas. Y te lo digo desde la total experiencia. Si buscas a alguien experto en montarse paranoias con esos temas, hablas con el indicado. Te podría decir que me daba pánico que la relación con Sora se volviera más seria años atrás solo porque empezaba a pensar en el futuro y veía que yo no iba a poder estar todo lo que me gustaría.
- Yamato no es lo mismo…
- Ya sé que no es lo mismo, pero déjame acabar. Lo que te quiero decir es que yo creo que no deberías de volverte tan loco. Primero porque no sabes si es un retraso o no, y lo segundo porque estoy completamente seguro de que seríais perfectamente capaces de compaginarlo. Que os va a costar… Efectivamente. Pero os las vais a acabar arreglando sí o sí. Y lo que vais a salir ganando compensa sin duda alguna. ¿O te crees que a mí lo que me gustaba de mi trabajo era el sentarme en el despacho? Ahora no te lo cambiaría por nada del mundo, porque eso ha conllevado unas consecuencias demasiado valiosas. Tú hazme caso, que al final os vais a acabar arreglando.
El embajador no pudo más que quedarse mirando hacia su amigo. Solía buscar hablar con Yamato de algunos temas como el que ahora mismo estaban tratando porque era más directo y otra cosa no, pero de tacto estaban los dos más o menos al mismo nivel. Con lo que no contaba con la respuesta tan… ¿madura? Que acababa de darle.
- ¿Tú crees?
- Sí, te digo a ciencia cierta que os vais a acabar arreglando. Y… siendo un poco egoísta. ¿Te das cuenta de que si es verdad tendrían la misma edad? – pudo ver como finalmente sonreía de forma ligera-. Mira, no te adelantes. No te me vuelvas loco antes de tiempo y espero a ver qué te dice ella. Y, además, ten en cuenta que un retraso no implica un positivo. Que me he llevado unos cuantos sustos por eso.
Taichi se dio cuenta de que llegaba el camarero con la comida, guardando silencio antes de decir nada más, simplemente apartándose para poder dejarlo servirla, aprovechando el momento para procesar lo que Yamato le había dicho. Seguramente tuviera toda la razón del mundo y que se estuviera montando películas sin tener motivos.
- Lo peor es que si al final no es nada más que un susto vas a andar por ahí con cara de perrito abandonado. Pero hazme el favor, ¿eh? Nada de empezar a consentir más al gato ese que ya me ha dicho mi hermano que ya duermes hasta con él en la cama.
- Sí claro, como si fuera tan fácil que se me quitara de encima. Que ese gato me acosa – cogió el tenedor -. Un día voy a acabar cargándomelo sin querer al pisarlo y ya verás tú el drama que voy a tener en casa.
- ¿Con el gato o con tu suegro?
Yamato acabó por reírse cuando vio que Taichi lo hacía también, viendo que había conseguido que se relajara. Ya fuera él o fuera la comida, algo había surtido efecto. Tampoco iba a negar que a él le iba a quedar el nerviosismo hasta que lo supiera. Era su amigo, a Koemi le tenía muchísimo aprecio y la idea de que fueran a coincidir en aquel mismo año tanto el bebé que esperaban ellos como el de la otra pareja, en caso de existir, acababa de parecerle la mejor de las ideas de aquel mundo.
- Oye, ¿no le puedo decir ni media palabra de esto a Sora?
- No – negó con la cabeza.
- ¿Vas a decírselo?
- No – volvió a negar mientras que intentaba que la comida dejara de caerse de su cubierto.
- ¿Cómo que no?
- No quiero preocuparla antes de saberlo seguro, así que nada de irte de la lengua en casa…
- ¿Cuándo me he ido yo de la lengua con algo? Vamos a ver…- empezó a comer él también-. Si es que mira que eres zoquete. Si me dices que no le diga nada, pues ya está. No le digo nada.
- Bueno, vale, no te me ofendas. ¿Andas tú también con las hormonas revueltas o qué?
- Mira… Ponte a comer de una vez y deja de decir idioteces.
Taichi negó con la cabeza antes de continuar con lo que había empezado a hacer. Tenía hambre y con los nervios más, por lo que no tuvo muchos problemas para que se le abriera más el apetito. Se quedó distraído, intentando ordenar en su cabeza todo lo que acababan de hablar. Sin duda alguna, podría tener algo de razón en las palabras de Yamato. Daigo ya tenía edad para poder ir al colegio y con eso iban a tener las cosas más relajadas. Al igual que sabía que siempre contaban con la ayuda de los padres de ambos… No quería que Koemi se planteara la opción que la sociedad japonesa consideraría correcta y que dejara el trabajo. No por culpa de ese tema. Se podrían arreglar, incluso él podría manejar mejor su agenda para pasar por casa el máximo tiempo posible. Iba a hacer el esfuerzo, fuera como fuera.
- No debería de darle vueltas antes de saber si tan siquiera tengo algo a lo que darle vueltas… - dijo pasado un rato-. Pero no lo puedo evitar…
- Y es normal – asintió tras haberse limpiado con la servilleta para poder contestarle-. Yo me tengo montadas varias sagas de unas cuantas entregas antes de tan siquiera tener indicios de sospecha. Tampoco intentaba darle vueltas al género del bebé cuando veía Aiko en camino, pero era incapaz de dejar de darle vueltas. O cuando me despertó un día Sora con nauseas y me soltó que tenía motivos para sospechar…
- Ya, pero eso es porque tú eres un paranoico.
- Fue a hablar el experto de la materia de todo Tokio. ¿Quieres dejar de dar la lata y ponerte a terminar de comer? Y ya que estás, en cuanto llegues a casa coges y le dices a Koemi directamente que la escuchaste y te comportas como la persona adulta que eres.
- Fue a hablar el experto de la materia de todo Tokio – repitió las palabras del rubio de segundos antes.
- Que te pongas a comer de una vez y dejes de dar la lata… - lo observó unos segundos antes de sonreír de forma ladeada.
- ¿Qué? - confuso por la cara que le estaba poniendo, no llegó a llevarse lo que tenía en el cubierto a la boca.
- Si acaba siendo un positivo, ¿cómo piensas sobrevivir a tener a Koemi y a Sora embarazadas a la vez?
- Mira Ishida... Que te vayas a la mierda... - tuvo que reírse finalmente.
