Yamato bajó la vista hacia Sora, dándose cuenta cuando se dio cuenta de que llevaba un rato hablando solo, observando como se había quedado completamente dormida. No pudo evitar que le hiciera gracia, ya que, al otro lado de ella, Aiko se llevaba el dedo a los labios y le hacía un gesto para que guardara silencio.

Le hacía gracia la facilidad con la que se podía quedar completamente dormida en cuestión de minutos una vez que se quedaba cómoda. Le había pasado en el primer embarazo, aunque él seguía manteniendo que los motivos no podían ser más diferentes. Ahora se cansada por lo que se tenía que cansar, no por cosas en las que ni siquiera quería pararse a pensar. Hacia un rato que se habían sentado en el sofá mientras que terminaba de hacerse la cena pero no había pasado demasiado tiempo hasta que había notado como la cabeza de la pelirroja se iba apoyando más y más en su hombro hasta que había dejado de contestar.

- Ven aquí – le dijo a Gabumon sin alzar demasiado el tono, viendo como el digimon lo miraba extrañado-. Tengo que ir a terminar la comida… Ven – con esas palabras consiguió que se pusiera rojo completamente al entender a lo que se refería.

Sabía que sería mucho más sencillo que Biyomon le solucionara el problema, pero Gabumon era mucho más util para aquello. Simplemente quería que aunque él se levantara, la pelirroja no terminara de caer de medio lado en el sofá, despertándose de esa forma seguramente. Por suerte, no tuvo que insistir demasiado, viendo como le hacía caso y que conseguía dar el cambio sin que ella se llegara a despertar.

- Como te vea ella así de rojo se va a estar riendo de ti una semana – le murmuró, acercándose a la niña-. ¿Te quedas cuidándola tú?

- Sí, papi – le dijo asintiendo con la cabeza.

El rubio sonrió, poniéndose en pie tras darle una ligera caricia en la mejilla, echando entonces a andar hacia la cocina notando como la compañera de la pelirroja lo seguía, girándose hacia ella cuando estuvo ya en su destino.

- ¿Tienes hambre? ¿Quieres algo? – ofreció al entender que era lo que pudiera querer.

- No – se posó en la encimera, observándolo desde allí-. Vengo a ayudarte.

Yamato sonrió ante la respuesta del digimon, asintiendo a modo de respuesta antes de empezar a dejar algunas de las cosas que pudiera necesitar al lado de ella y poder dejarla ayudarlo aunque quedara poco por hacer. Agradecía que la pelirroja se hubiera quedado dormida para no meter la pata y que se le acabara escapando que había estado comiendo con Taichi. No quería hacer mención alguna a lo que habían estado hablando antes de que fuera nada seguro. Además, si no había ido el embajador a contárselo a ella nada más haberlo escuchado estaba seguramente relacionado con el estado de ella y el no querer ponerla nerviosa y eso, iba a acabar en la pelirroja gritándole por bobo.

- ¿Qué prefieres? – le preguntó Yamato a al digimon volviendo a la realidad sacando la cabeza de la nevera con acompañamientos para la comida.


Sora abrió los ojos cuando sintió que algo le hacía cosquillas, tardando unos segundos en ubicarse y poder darse cuenta de que su cabeza estaba apoyada sobre algo que no era Yamato, sino algo más blandito y con pelo. Confusa, parpadeo un par de veces antes de poder centrarse mejor, reconociendo a Gabumon, el cual, al darse cuenta de que ella lo estaba observando se puso rápidamente del mismo color que su cabello.

- ¡Mami! – dijo la niña mientras que llegaba correteando hasta ella, habiéndose escapado hacia la cocina para rondar a su padre en busca de algo que poder picotear antes de la cena.

- ¿Me he quedado dormida? – era una pregunta de la que sabía la respuesta -. Oye, cómo te sigas poniendo así de rojo me voy a enfadar contigo, que lo sepas – le dijo al digimon alargando un dedo para pincharlo en el costado-. ¿Has visto Aiko? Que se me todo rojo todavía… ¿De dónde vienes tú? – le preguntó a la pequeña incorporándose por fin y estirándose.

- Me lo ha dado papi – contestó enseñándole el pequeño palito de pan que estaba comiendo.

- ¿Te lo ha dado papi o se lo has robado? – dijo la voz de rubio metiéndose en la conversación y asomándose por el otro lado del sofá-. ¿Te ha despertado?

- No… Estaba yo ya despierta – sonrió antes de ponerse en pie, aprovechando para cazar a la pequeña en brazos-. ¿Está ya la cena?

- Sí, venía a avisarte… - posó la vista en el digimon que seguía aún sentado-. ¿Vienes o vas a seguir ahí poniéndote de todos los colores tú solo?

- Pues como tú – le dijo bajándose de un salto para ir tras ellos.

Sora se rio por lo bajo, saliendo con la pequeña hacia la cocina, notando que era la hora de cenar y que su estómago se quejaba, sobretodo cuando le llegó el olor, viendo que estaba puesta hasta la mesa. Aquello la llevó a preguntarse cuánto se había quedado dormida para no haberse enterado de nada más. Caminó hasta dejar a la pequeña en su silla. Hacía ya una temporada que estaba cenando a la vez que ellos porque ella misma empezaba a tener los mismos horarios que Aiko.

- A ver, que tu padre tiene pinta de que ha estado entretenido… - le dijo asegurándose de que quedaba bien colocada.

- Bueno eso es porque ha venido Biyomon a ayudarme – comentó él caminando hacia donde había dejado la comida-. Venga, sentaos todos que sino se nos va a acabar enfriando.

Sora se quedó mirando hacia su compañera, sonriendo y haciendo lo que él había dicho. Estaba algo más cansada ya de lo normal y posiblemente en cuanto cenase se iría a la cama, más o menos a la vez que la pequeña, tras haber ayudado a Yamato a recoger. Levantó la vista hacia él, para seguir con la mirada, entretenida, dejando los ojos posados en la comida. Fue entonces cuando ella misma dio un respingo, llevando su mano a su vientre de forma automática.

- ¡Uy! – no pudo evitar la sorpresa.

- ¿Qué? – Yamato giró la cabeza de forma instantánea.

- Espera, espera… - se quedó quieta, a la espera de volver a notar algo, pasando tan solo unos segundos hasta que volvió a notar el movimiento bajo la palma de su mano-. Se está moviendo…

El rubio frunció el ceño, confuso, no entiendo de lo que le estaba hablando. Tardó unos segundos más en atar cabos, especialmente al ver dónde tenía ella posada la mano.

- ¿Se mueve?

- ¡Sí! – alargó la mano para tirar de la de él y poder posarla al lado de la de ella para que pudiera notarlo, quedándose a la espera de que el pequeño quisiera dejarse notar nuevamente.

Aiko se quedó mirando hacia sus padres, sin entender nada de lo que pasaba, observando a una y al otro, no tardó en ver que él sonreía pasado poco tiempo, quedándose con la mano donde la pelirroja la había dejado.

- Mira, chiquitina – la llamó Sora-. Acércala, ¿quieres? – le dijo a su marido-. Se está moviendo el nene chiquitín.

- ¿El nene chiquitín? – repitió ella mientras que su padre la cogía para acercarla.

- Acerca la cabecita a la barriga de mami, verás – le dijo Yamato a la niña a sabiendas de que solía hacerlo en condiciones normales, esperando tener suerte y que ella también pudiera sentirlo-. Quédate quieta, ¿vale?

Algo le decía que le iba a valer más la pena quedarse a la espera de la reacción de Aiko que poner él también la mano. Ya tendría más oportunidades para poder sentir al bebé, pero, ahora, había otras cosas más importantes. La observó, viendo como se quedaba con la mejilla pegada a la pequeña barriga de su madre, obedeciendo, no tardando mucho en ver como sus ojos azules se abrían de par en par, cruzando una mirada con la pelirroja, viéndola asentir.

- Eso es que te está saludando – le dijo.

- ¡Hola nene chiquitín! – se abrazó mejor a la cintura de Sora para poder sentirlo mejor.

- ¿Lo sientes? – le preguntó ella, acariciándole el pelo.

- ¡Sí!

Levantó la vista hacia el rubio, sonriéndole abiertamente, viendo que él estaba haciendo exactamente lo mismo tras haber estado observando a la niña sin quitarle la vista de encima. Recordaba el susto que le había dado la primera vez que ella se había movido, cuando lo había despertado al caérsele la bandeja del desayuno cuando aún vivían en el aparamento con las escaleras. También recordaba cuando la había sentido moverse después de que Sora hubiera salido del hospital, algo que había conseguido que volviera a respirar del todo tras el susto que se había llevado.

- ¿Por qué se mueve? – dijo la niña sin querer despegarse aún.

- Siempre se ha movido, solo que era demasiado pequeño para que pudiéramos sentirlo. Se mueve porque está creciendo bien y sano para venir a conocerte pronto – llevó su mano al pelo de la pequeña mientras seguía pegada a ella.

Tuvo que sonreír hasta que le dolieron las mejillas por forzar tanto el gesto al verla abrazarse con más fuerza a ella. Con la escena que estaban viendo, sin duda alguna, daba igual que la cena pudiera llegar a enfriarse, porque la pequeña estaba consiguiendo uno de esos recuerdos que iban a tener en la cabeza pasara el tiempo que pasara.


Koemi se quedó mirando hacia Taichi de reojo al ver que seguía vigilándola a medida que iba de un lado para otro de la cocina. Desde que había vuelto del trabajo lo había notado especialmente distraído, extraño y callado. No le había hecho tampoco demasiada investigación para adivinar qué era lo que podría pasarle. Y por eso se apoyó en la puerta de la habitación con los brazos cruzados por encima del pecho.

- Me has escuchado hablando con mi madre esta mañana, ¿a que sí? – soltó directamente, viéndolo dar casi que un brinco en la cama al no esperar que ella le hablara tan de repente.

- Fue sin querer – no se molestó en ocultarlo-. Entré a casa a por unos papeles que me había olvidado y os escuché.

- ¿Y qué tienes que decir al respecto? – caminó hacia el interior.

Estuvo a punto de reírse por la cara que puso él, habiéndose visto sin una respuesta con la que poder salir del apuro. Seguramente llevara todo el día con la cabeza a punto de echar humo intentando pensar tan siquiera qué opinión tenía sobre lo que había escuchado.

- No te iba a decir nada – se adelantó ella, viendo que podía quedarse viuda en cualquier momento-. No al menos hasta saberlo más a ciencia cierta, porque ahora mismo solo tengo un retraso de unos días y eso puede ser hasta el estrés del trabajo. Y… como ya nos conocemos más que de sobra, pues quería evitarte el ataque de histeria si no había motivo para que lo tuvieras – acabó por sentarse a su lado-. Iba a esperar unos días para poder hacer la prueba con más seguridad, pero ahora que lo sabes tú… ¿quieres que vayamos al médico y así lo sabemos seguro?

- ¿No estás cabreada conmigo? – preguntó mirándola.

- ¿Contigo? – arqueó una ceja-. ¿Por qué iba a estarlo?

- Pues porque…

- No seas bobo – lo cortó antes de que pudiera decir más-. Evidentemente ha sido un accidente y ha sido por parte de los dos, así que mira… Vamos a hacer las cosas como adultos de la edad que ya tenemos, ¿vale? – posó la barbilla en su hombro al estar él algo más inclinado hacia delante.

- Llevo mucho dándote la lata con esto y no estabas demasiado por la labor…

- Ya, porque seguro que soy capaz de sacar más pegas que cosas a favor – esperó unos segundos-. Pero es que la cosa a favor pesa más que todo lo demás – aprovechó para enredar su brazo en torno al de él-. No vamos a sacar conclusiones adelantadas, ¿vale?

- Menos mal que ya tienes tú cabeza por los dos – giró el cuello para poder observarla unos segundos-. Mañana tengo una reunión, pero la cancelo y vamos al médico.

- ¿Cómo vas a cancelar una reunión por mí?

- Una reunión y lo que haga falta – le dijo antes de adelantarse para poder dejar su frente apoyada en la suya.