Notó la vibración en el teléfono, sacándolo para poder ver lo que pasaba. Había estado entretenido asegurándose de que Sora comía algo por fin y dejaba de estar en ayunas a esa hora de la mañana ya que no tenía esperanzas de que ella quisiera irse a ninguna parte. Con lo se daba por contento con aquello y prefirió mirar a ver qué era lo que le había llegado. Arqueó una ceja antes de tenderse su teléfono a Sora.

- Mira… Creo que mi padre ya puede dormir en paz – dijo para reclamar su tención, riéndose ligeramente al ver como se giraba todavía con un mordisco a medio dar en el bollito.

- ¿Hm? – no pudo hacer más que ese sonido mientras que intentaba tragar.

- Ya ha salido el artículo que desmiente todo lo que salió en la prensa el otro día – explicó, levantando el teléfono para que pudiera verlo mejor al darse cuenta de que tenía manos con lo que cogerlo.

Pudo ver como ella bajaba los ojos y se quedaba observando la pantalla. Sabía lo que ponía, ya que para algo les había llegado el borrador, pero quería verlo más detalladamente ahora que ya estaba completo. Seguramente compraría alguna de las revistas para poder verlo con más detalle.

- Cuando salgamos recuérdame que compre una y se la lleve a Mai firmada, que mira, ahora que estamos los cuatro podemos aprovechar – comentó divertido-. Lo que no entiendo es cómo mi padre se ha salido con la suya tan rápido – la pelirroja se encogió de hombros aprovechando para terminar de tragar.

- A lo mejor tenía algún conocido…

- O les dijo que iba a usar a tu madre cabreada en tu cuenta – intentó no reírse, pero cuando la pelirroja lo hizo con suavidad mientras que negaba con la cabeza-. Anda, déjame el vaso a mí y así lo puedes leer tranquilamente – le tendió la otra mano para hacer lo que le había dicho.

Agradeciéndolo, dio un trago rápido e hizo lo que le había dicho, pudiendo así coger el teléfono y leer lo que él le había enseñado. Debía de admitir que aunque ella hubiera seguido siendo partidaria de que hacer nada, ahora que había pasado el tiempo, no le parecía tan mala idea lo que había hecho su suegro. Y, aunque Yamato fuera a poner el grito en el cielo, ella se había quedado con las ganas de tener unas palabras de forma directa con Emily.

- Fíjate que estaba empezando a pensar a tu padre capaz de mandarles fotos para que las pusieran bien – comentó bromeando-. Tenemos que hacer algo para darle las gracias.

- Pensaba que te daba igual…

- Me importa cómo ha reaccionado él porque alguien se había metido conmigo – levantó la vista hacia su marido.

- Bueno, digamos que hace tiempo que le caes tú mejor que el zoquete de su hijo – sonrió-. También le molestó muchísimo por la parte de Taichi – explicó-. Lo que pasa es que él más que nadie sabe hasta qué punto vosotros dos habéis sido… No sé cómo llamarlo, ¿Apoyos? ¿Buenas influencias? Peor ya me entiendes a lo que me refiero. Más allá del aprecio que os haya podido coger con el tiempo, él sabe perfectamente que siempre me ha venido teneos cerca a los dos.

- ¿Tú crees? ¿Se nos da bien llevarte por el buen camino? – levantó la vista hacia él, sonriendo-. Aceptaré el bollito que me has traído para desayunar como agradecimiento.

- ¿Quieres otro? – le dijo divertido por su salida.

- No… Pero dame el chocolate, que me lo…

El sonido de la puerta abriéndose reclamó la atención de ambos, girándose hacia allí. Los ojos se Sora se quedaron fijos automáticamente en Taichi, adivinando por la expresión que traía en su cara lo que les habían dicho. Se puso en pie de golpe y aceleró sus pasos para llegar hacia la pareja, aprovechando que estaban cerca y pudiendo abrazarlos a los dos a la vez.

- ¡Enhorabuena!

Yamato tardó todavía unos segundos en ser capaz de comprender dónde había ido Sora y por qué le estaba dando ya la enhorabuena, limitándose únicamente a sonreír y a ponerse en pie, dejando antes las cosas apoyadas donde no se fueran a caer.

- De todos los hospitales de la ciudad habéis acabado en el mismo – dijo divertido mientras que llegaba hasta donde ellos, esperando que la pelirroja los soltara.

- Bueno, ahora es el que tenemos más cerca… - contestó Taichi cuando por fin pudo hacerlo.

- ¿Tengo que daros la enhorabuena? – ampliando así su sonrisa, se quedó mirando hacia Koemi.

Tuvo que reírse sin poder evitarlo cuando vio la expresión de ella. Quería creer que la conocía lo suficiente a esas alturas como para poder interpretar algunos gestos y, sin duda, la cara que traía no era la que esperaría ver en alguien que había provocado que Taichi fuera a buscarlo histérico porque iba a estar muy enfadada con él si era cierto que al final estaba embarazada. Aprovechó finalmente para poder acercarse y felicitarla en condiciones.

- Este idiota estaba aterrorizado ayer. Como poco debía de estar pensando que ibas a irte de casa para no volver y dejarlo ahí solo – comentó como si quisiera hacerlo de forma confidencial pero asegurándose de que lo escucharan.

- Bueno, cuando me encuentre mal, se ponga muy pesado o me ataquen las hormonas es munición que puedo usar en su contra – contestó.

- Me alegro muchísimo. De verdad… Por los dos.

Pudo ver que Sora todavía se había quedado al lado de Taichi, el cual parecía estar a medio camino entre la confusión y la alegría. Debía de ser una situación curiosa, ya que él no había llegado a pasar por ello. Las dos veces habían hablado primero de buscar el embarazo. Las paranoias que él solo se había montado a lo largo de los años y los sustos que habían acabad en negativo no podía contarlo. Hubiera sido interesante ver su propia reacción, especialmente en el caso de Aiko, si de repente le hubiera recibido Sora como lo había hecho sin tener ni la más mínima sospecha de un embarazo. Estaba seguro de que habría acabado teniendo que llamar a Jou para ver si era capaz de reanimarlo.

- Oye, ¿fuiste a llorarle a Yamato y a mí o me dijiste nada? – le estaba diciendo ella a su amigo.

- ¿Qué? Era el que más a mano me quedaba para ir a montar el drama porque tampoco le atrevía a preguntárselo directamente a Koemi.

- Menos mal que te tengo tan calado que nada más llegaste a casa me di cuenta de que me habías escuchando hablando con mi madre… - contestó ella-. Estoy encantada con la noticia – aprovechó para aclarar-. Todavía no tengo muy claro cómo nos vamos a arreglar, pero… No podría estar más contenta – sonrió-. Y tú deberías de estar muy contenta – le dijo a ella.

- ¿Yo? Claro que sí… Me alegro muchísimo por vosotros dos…

- Ya… - acabó por cambiar su gesto a uno más divertido-. Y así ya tiene a quién acosar en vez de aliarse con Yamato para tenerte vigilada a todas horas…

Sora tardó unos segundos en entender bien a lo que se estaba refiriendo, empezando a reírse sin poder evitarlo, especialmente por la cara que pudieron ellos dos de fondo no pudiendo más que darle la razón.

- Si eso ya se lo pregunté yo – dijo el rubio -. Le pregunté que cómo se pensaba arreglar para sobrevivir a vosotras dos embarazadas a la vez. Estoy por chantajear a mi hermano con algo para ver si nos rematan ellos dos la temporada…

- Yamato, con dos niños en casa me vendría bien tener al padre vivo con ellos. Así que deja de intentar provocarle un infarto…

- Oye, se supone que estáis aquí para alegraros por nosotros y no para tocarme las narices – acabó por protestar el embajador caminando hasta llegar hacia Koemi, quedándose ya a su lado.

- Estamos aquí porque me tocaban a mí análisis para vigilar que esté todo en orden y que no me vuelva a dar una anemia tan fuerte como la otra vez – lo corrigió Sora-. Aunque yo creo que esta vez lo estoy haciendo bastante bien – dejó ir una leve sonrisa a sabiendas de que entendían de lo que hablaba-. ¿Te han dicho de cuánto estás?

- Pues unas tres semanas más o menos… Así que si tenemos suerte yo creo que para principios de diciembre… - contestó ella.

- Entonces a ser los dos del mismo año – comentó el rubio, mirando hacia la cara que se le había puesto a la Sora, divertido-. Aquí a alguien le hacía ilusión la idea.

- ¿Cómo no me va a hacer ilusión? – dijo-. Muchísima. Ya me entraron prisas con Aiko para que no se quedara atrás demasiado…

Koemi sonrió. Le encantaba ver lo sinceramente contentos que estaban ellos por la noticia. Aunque a esas alturas tampoco le extrañaba demasiado viniendo de ellos, eran los amigos más cercanos que tenía Taichi y ella los consideraba también como tal. Sabía que se alegraban de verdad y solo había que ver lo muchísimo que los dos querían a Daigo para saber que era una reacción totalmente sincera.

- Te entraron las prisas… ¿a ti o a él? – acabó diciendo Taichi divertido.

- Eh, que yo no dije ni media palabra. Yo ya venía con ellas de serie, pero había que hacer las cosas bien por un vez – y no se refería a haber tenido que esperar a casarse o incluso a vivir los dos en la misma zona del país, sino que, para él, el momento apropiado para aquello había sido cuando su esposa se lo había dicho. Cuando había llegado a esa conclusión siempre había defendido que tenía que ser cuando ella estuviera cómoda con la idea ya que era la que peor lo iba a pasar ni siquiera se había podido imaginar hasta el punto en el que llegaba con esa conclusión-. Oye, ¿tenéis que ir a trabajar? – les dijo a la espera de una respuesta viendo como negaban con la cabeza.

- ¿Por qué? – le preguntó el embajador.

- Porque podemos seguir esta conversación fuera tomando algo tranquilamente. Si no me equivoco… y te has hecho las pruebas por análisis… Tú tampoco has desayunado, ¿a que no? – habló mirando hacia Koemi.

Ella puso cara de sorpresa, recordando, de repente, que él tenía toda la razón y que con los nervios se había olvidado por completo. Tanto ella como Taichi, que había estado tan alterado desde ya temprano que ni se había enterado cuando Agumon y Daigo le habían robado su desayuno.

- Esa cara es bastante delatadora… Y me sé de alguien que seguro que acepta comer algo más porque con lo que ha comido ahora tampoco ayuda demasiado – volvió a hablar-. Tenemos un par de sitios localizados por aquí cerca de otras visitas que hemos hecho. Y yo creo que puedo llamar para pedirle a Mai que me cubra si se me hace algo tarde y así sale ella primero por la tarde, que no le va a venir mal…

- Suena bien – contestó la pelirroja, quedándose mirando hacia los otros dos-. Venga… Que te está chantajeando con comida…

Entretenida por la respuesta de los otros dos en forma de gesto, giró la cabeza hacia Yamato, viendo que estaba sacando el teléfono para poder llamar y confirmar lo que acababa de proponer. Tuvo que reírse de las caras que él iba poniendo aunque no le pudiera llegar exactamente lo que estaban hablando, al menos hasta que se acercó de nuevo.

- Para encima que te dejo gritarles a los nuevos por mí… - dijo-. Ya te lo pagaré llevándote yo la comida… Sí, sí, solo llegaré algo más tarde, tú tranquila. Que sí, que está todo bien, es que se nos ha hecho un poco tarde y vamos a desayunar – se rio por algo que le había dicho la piloto-. Muchas gracias, te veo más tarde.

- ¿Todo bien? – le preguntó Taichi.

- Tengo que pagárselo en comida más tarde porque si me cubre no le da tiempo a ir a comer a casa, pero yo creo que es un buen trato – asintió-. Así que venga, que Koemi seguramente querrá desayunar de una vez.