- Oye tú, ¿desde cuándo sabías lo de papá? – preguntó Takeru mientras que se quedaba mirando hacia su hermano.
- ¿El qué de papá? – confuso al haberlo pillado desprevenido no entendió de lo que podía estar hablándole.
- Lo de que le ha dicho que le quiere pedir a mamá irse a vivir juntos…
- Ah, eso – no pudo evitar reírse -. Oye, son sus cosas, que te las cuente él si quiere que ya sois los dos mayorcitos. Aunque con lo especialito que te pones con el tema igual tiene miedo de que llames el abuelo para que venga a poner orden… - cruzó los brazos y se quedó mirando también hacia él.
- No me pongo especialito, pero o puedo evitar preocuparme.
- ¿Y por qué si se puede saber? Mira… Son mayores bastante para saber lo que hacen o dejan de hacer a estas alturas – hizo una pausa, aprovechando para mirar hacia los lados y comprobar que no había nadie pendiente de lo que estaban hablando-. Yo sé que fue al que más te afectó cuando se divorciaron, y mira que eras bastante pequeño… Pero creo que ahora mismo las cosas poco tienen que ver con aquel entonces. Si además ya se pasan el día juntos, vete a preguntar a Aiko a ver qué te cuenta.
- No, mejor no que por desgracia para algunas cosas ha salido demasiado parecida a su padre, incluso en lo de puñetera… - aprovechó para buscar a su sobrina con la mirada, sin encontrarla, dando por supuesto que se habría ido detrás de su madre-. Y, ya que los has mencionado… Creo que el abuelo quiere venir a pasar unos días a Tokio con nosotros…
- ¿Ah sí? – divertido dejó ir una risa-. ¿Papá lo sabe?
- No, que le haga los honores mamá, que para algo viven bajo el mismo techo – acompañó la risa de su hermano finalmente-. Como le has dicho que va todo bien en el embarazo pues supongo que querrá venir a veros en persona y eso. Y así de paso ve a los niños.
El mayor de los dos asintió. Sin duda, las idas y venidas de su abuelo le afectaban únicamente como tema por el que reírse de su padre. Eran ese momento en el que podía vengarse de lo mucho que le gustaba a él tocarle las narices con sus paranoias sobre su suegro. Aunque era perfectamente consciente de que él no tenía ni un solo motivo para seguir agachando las orejas, aunque fuera superior a él y o podía hacer anda por evitarlo. Lo de su padre con Michel era diferente. Bastante diferente. Y el abuelo lo sabía lo sabía y disfrutaba de ello.
- ¿Qué hacéis vosotros dos cabeza con cabeza ahí? – preguntó Hikari llegando hasta ellos.
- Nada, hablando de dramas familiares – le contestó el mayor de ambos-. ¿No ha dado señales todavía tu hermano?
- Han pillado atasco, pero están al llegar – explicó-. Dai y Reiji están con Aiko pero no sé por cuánto tiempo porque los dos pobres digimon deben de estar esperando que ella los rescate – dijo divertida. Había dejado a los pequeños con los diminutos seres que hacía no demasiado tiempo habían aparecido en casa para acompañarlos-. Aunque… No sé yo si dentro de no mucho ella tendrá uno propio, ¿no?
- Pues… En nada hace tres años – contestó Yamato-. ¿Cuándo le apareció a Dai el suyo?
- Más o menos por ahí – le dijo su hermano-. Con Aiko podemos hacer apuestas porque dependiendo de lo que le venga lo mismo aún hay esperanzas y reafirmamos que solo se te parece en el físico…
Yamato puso los ojos en blanco sin dignarse a contestarle nada más a su hermano. Ya le daría una buena colleja cuando estuviera desprevenido. Debía de reconocer que era algo que sí que había estado pensando. Había podido ir viendo que, entre todos los niños del grupo, los digimon que habían ido apareciendo habían sido parecidos a los de alguno de sus padres. Todo parecía apuntar a que con Aiko iba a pasar lo mismo y tenía curiosidad.
- Oye – Sora llegó caminando hasta donde ellos estaban, devolviéndolo a la realidad-. ¿Vamos a estar mañana en casa? – pudieron ver como tenía el teléfono en la mano.
- Pues no sé, yo no tenía pensado hacer nada, ¿por qué?
- Jou… Que quiere venir a echarme un ojo porque sino no se queda tranquilo… - admitió con fingida resignación en el tono-. Vale, pues ahora se lo digo y mañana que se pase por casa un rato… - aprovechó para hacer justamente lo que acababa de anunciar guardando el teléfono en su bolsillo.
- ¿También se ha sumado al escuadrón de vigilancia? – le preguntó Hikari.
- Faltaría más… De los primeros de todos y para encima a Aiko la tiene comprada porque siempre que viene a casa le trae algo para colorear o cosas así… Tengo las de perder en todo esto – mientras que hablaba, buscó donde sentarse, revolviéndose ligeramente hasta ser capaz de coger postura, notando los ojos de los dos rubios en ella-. Estoy bien, solo me duelen algo los riñones… No me empecéis a acosar, ¿por qué no vais a ver a los peques?
Hikari se echó a reír nada más escuchar a Sora, viendo las caras que se les quedaban a ellos dos. Ella la entendía, también le había tocado el drama del acoso por varios frentes y que al mínimo quejido aparecieran todos de repente solo que a ella la habían dejado algo más tranquila ya que no había tenido problemas de salud de ningún tipo en aquellos temas.
- Venga, que los he dejado solos con los digimon… - colaboró, decidiendo irse a sentar al lado de su cuñada y esperar que ellos dos hicieran caso, no tardando en conseguirlo.
- Eso es porque te has quedado tú conmigo que sino ya te digo yo que es más complicado echarlos – giró la cabeza hacia ella.
- Bueno, yo doy menos la lata y cuento como vigilancia. Creo que se dan por contentos. ¿Quieres un cojín?
- No, no, estoy bien así – negó con la cabeza-. Lo que pasa es que este señorito empieza a pesar y yo no estoy acostumbrada. No tengo recuerdos de que con Aiko me hubiera pasado tan pronto.
- Sora… Por estas fechas cuando estabas embarazada de Aiko nadie hubiera sospechado de tu estado. Normal que no notaras el peso… Pero yo creo que no puede ser más buena señal, ¿no?
La pelirroja sonrió a modo de respuesta, posando sus manos en la curva que ya se notaba de forma más evidente en su vientre. No iba a ser ella la que dijera que no estaba encantada con que se le hubiera notado antes.
- Prefiero quejarme por esto que porque se me caen los pantalones y no tengo fuerza para nada. Aunque… Tengo que admitir que era divertido aterrorizar a Yamato diciéndole que no le iba a gustar porque me había quedado demasiado delgada.
- Ahora puedes hacerlo a la inversa – sonrió de forma divertida, acabando las dos echándose a reír.
El sonido del timbre de la puerta las distrajo, no tardando demasiado en ver pasar a los tres niños corriendo para ir a buscar al que faltaba. Hikari se levantó para ir tras ellas y poder abrirle a su hermano, encontrándoselo al otro lado de la puerta antes de ser atacados por sus sobrinos y ahijada.
- Se deben de haber aburrido de atacar a Yamato, buscaban una nueva víctima – le dijo a modo de saludo.
No podía más que seguir riéndose al ver como los tres buscaban las atenciones de Taichi antes de poder ver también a Koemi llegar algo detrás de ellos mientras que dejaba que Daigo se fuera a saludarlos. La primera parada del pequeño fue su tía y luego salió corriendo hacia la pelirroja al haberla visto desde lejos.
- Cada día se parece más a su padre – saludó Koemi entrando por fin, aprovechando para ser ella la que cogiera a Reiji en brazos y poder saludarlo.
- ¿Qué tal el atasco?
- No me lo recuerdes que me entran ganas de mudarme a un pueblo perdido en la montaña… - contestó Taichi entrando mientras que le revolvía el pelo a Dai y veía como Aiko se iba corriendo a dónde estaba su madre también.
- Lleva con la misma amenaza desde hace media hora. Hola Sora – saludó también mientras que posaba a su sobrino y empezaba a quitarse el abrigo, viendo también aparecer a Yamato.
El rubio sonrió a los recién llegados acompañado también de su hermano. Sabía que Taichi había aprovechado para decirle a sus padres y a Daigo que iban a ser uno más en la familia, pero iba a tener que aguantarse las ganas de preguntarle qué tal le había ido todo hasta que Hikari lo supiera también.
- Oye, ¿tú has vuelto a crecer o te ha peinado tu padre otra vez? – cogiendo al niño y escuchando la risa de Aiko que se quedaba mirándolos.
- Es su deber el dejar a su padre atrás dentro de no demasiado – le dijo Koemi acercándose también hasta dónde estaban por fin.
- ¿Qué tal la visita? – preguntó Sora esperando que entendiera lo que realmente quería saber.
- Muy bien… Nada que nadie esperase escuchar pero… Sin queja – sonrió, asintiendo y decidiendo que podía quedarse sentada a su lado-. Y el elemento se lo ha tomado de maravilla.
- Y el elemento grande, ¿qué tal lo lleva? – la pelirroja levanto la vista hacia su amigo cuando lo vio llegar hasta donde ellos.
- Mejor que tú, señora empiezo-a-no-poder-con-la-barriga – alargó la mano hacia ella, tal y como había hecho con su sobrino antes, revolviéndole el pelo a Sora la cual intentó espantarlo con la mano provocando que los niños se rieran al verla protestar.
- Que me dejes – le gruñó cuando consiguió darle un manotazo.
Entretenido, hizo lo que ella le pedía, dejándola a su aire y yendo a sentarse él también, cogiendo a Aiko con él entonces para poder saludarla también.
- Me han dicho que te has pasado un buen rato en el parque el otro día con Daigo y Koemi… ¿y yo no estoy invitado?
- ¡Si! – se revolvió para darle agarrada a él.
- Creo que eso significa que puedes ir a jugar con ella y sus peluches cuando quieras. Pero mira a ver que no te vayas a quedar atascado en la silla… - le dijo el mayor de los dos rubios.
- ¿Otra vez? – terminó la frase por él Koemi consiguiendo que su marido girase la cabeza hacia ella con gesto ofendido.
- ¿Se puede saber de parte de quién estás?
- De la de Aiko que me reí mucho ese día gracias a ella, ¿a que sí preciosa? – le dijo a la pequeña.
Taichi prefirió ignorar a los de su alrededor, dedicándose a mirar para la niña que parecía haberse quedado a gusto con él o al menos eso intentaba, acomodándose mejor sobre él para poder usarlo de cojín. Era algo que solía hacer con frecuencia y que solía acabar con ella completamente dormida encima de él. Sonrió, aprovechando para pincharle suavemente el moflete antes de volver a buscar a su hermana con la mirada.
- ¿Venís de casa de mamá? – le preguntó ella.
- ¿Por qué?
- Porque me acaba de preguntar que si ya he hablado contigo. Hablado contigo… ¿de qué? ¿Qué has hecho ya? – arqueó una ceja.
- ¿Por qué tengo que haber hecho algo?
- Porque estás poniendo esa cara que poner siempre que estás intentando ocultar algo. ¿Pasa algo? – giró la cabeza hacia Koemi, dándose cuenta en ese momento de que tanto Yamato como Sora estaban con un gesto extraño-. ¿Qué? ¿Qué pasa? – confusa, solo pudo llegar a ver como se cruzaban algunas miradas.
- Pasa que vas a ser tía otra vez, eso pasa – soltó él a modo de respuesta.
- ¿¡Qué!?
- Pues sí que ha aguantado poco… - murmuró Koemi divertida por lo bajo para que la escuchara Sora antes de asentir a la pregunta de Hikari la cual no parecía fiarse de las palabras de su hermano-. Venimos de contárselo a vuestros padres…
