- ¿Cómo que voy a ser tía otra vez? – repitió Hikari.

- Pues eso. Que vas a ser tía otra vez y antes de que acabe el año – no pudo más que reírse de la cara que se le había quedado a su hermana.

- Pero… ¿Pero tú no habías dicho que no estabas por la labor? – giró la cabeza hacia Koemi, la cual no pudo más que soltar una carcajada por la pregunta.

- Se llama accidente, pero… - se encogió de hombros-. Yo la verdad es que no puedo estar más contenta – reconoció.

Sora aprovechó el momento para quedarse vigilando hacia Taichi para ver qué cara se le quedaba al escuchar eso, entretenida en darle un par de pinchazos con el dedo sin necesidad de añadir más palabras, recibiendo un leven manotazo para que lo dejara en paz antes de volver a hablarle a su hermana.

- No era planeado ni nada, pero mira… Ya que viene de camino, pues, viene de camino.

- Con lo pesado que llevas desde hace una temporada no sé si eso de accidente o que no es planeado es muy creíble, pero… Mira, que tiene una cara de contento que hacía tiempo que no te veía – le dijo ella sonriendo-. Y Koemi… Para todo lo que ha renegado tampoco se queda atrás.

- Yo a Koemi la tenía por alguien más lista… Pero creo que se le empieza a pegar de su marido. Que ha ahora va a ser cómplice de tener más Yagami en este mundo – dijo Takeru, ya sin poder evitarlo.

- ¿Vas a dejar que ese zoquete te diga esas cosas? – le dijo Yamato a Hikari-. Yo que tú lo mandaba al sofá.

- Eh, que yo me fui con la Yagami lista de la familia…

- Sí y ella con el Ishida más bocazas – le contestó su hermano antes de reirse finalmente.

- Bah… Enhorabuena – habló por fin en serio-. Y… ¿Para antes de fin de año? ¿En serio? – lanzó ahora una mirada más general hacia el resto.

- Sí, vamos a coincidir en el mismo año… - contestó Sora, sonriendo.

- Tranquilo, ya se había dado cuenta ella, que creo que es la que está más contenta de todos con la noticia… - le dijo Taichi-. Pero sí, y ya veremos si viene un niño o una niña… Daigo no tiene queja, ¿a que no? – el niño no le hizo caso, estando entretenido jugando con los demás.

- Claro que a Daigo le da igual, el que se nos va a morir como no le venga una nena chiquitina va a ser otro que yo me sé – dijo Yamato, usando así las palabras consiguiendo atraer la atención de Aiko por fin, la cual se quedó mirando hacia su padrino.

- ¿Una nena chiquitina? – dijo, haciendo que Taichi la mirase-. ¿Para que la cuide Daigo?

El rubio sonrió viendo que había surtido efecto su comentario y que por fin la niña se había dado cuenta de lo que estaban hablando y había hecho exactamente lo que esperaba que hiciera, preguntar por la nena chiquitina y conseguir que a Taichi se le quedara la cara de tonto que cabía esperar.

- Ven tortuguita, ven conmigo, vamos a dejar que Hikari se tire encima de su hermano que la veo con ganas de hacerlo – alargó los brazos hacia ella para poder cogerla de dónde estaba y que el embajador se pudiera poner en pie y asi que su hermana fuera directa a abrazarlo.


Taichi llegó hasta donde estaba Sora, la cual se había quedado distraía en la barandilla de la terraza, quedándose apoyado a su lado, mirando hacia la nada unos segundos antes de empezar a reírse y acabar por girar la cabeza hacia ella.

- ¿Si me acerco mínimamente volveremos a salir en la prensa del país? – bromeó sin poder aguantarlo.

El comentario de él llamó la atención de ella, ya que de los dos, el que más dramas había tenido con aquello había sido Taichi. Sin embargo, tampoco tardó en echarse a reír, siendo ella la que se arrastrase algo más y acabara quedándose brazo con brazo con él.

- Eso, tú siempre dando que hablar. Menuda desvergonzada – volvió a hablar, entretenido, sobretodo cuando ella terminó por dejar la cabeza apoyada en su hombro-. ¿Aún no te estás muriendo de sueño por las esquinas?

- No, pero dame un rato… Que llevo todo el día de un lado para otro.

- Ya, ya me lo han dicho. Algo de que Daigo estaba empeñado en que su pelirroja favorita fuera con él al parque…

- No sé, algo debo de tener con los Yagami… - volvió a reírse-. Pero bueno, para eso me lo endosaste como ahijado, ¿no? Tengo que consentirlo.

- Uy sí, te lo endosé. Pobre de mí si se me ocurre pensar en cualquier otra opción.

- Exacto, podrías haberte ido a buscar a Yamato a Marte para ver si él te dejaba esconderte detrás de él para huir de la furia Takenouchi – sonrió.

- Con picotazos incluidos, no hace falta que me lo jures – hizo una pausa, entretenido en bajar la vista hacia ella unos segundos-. Me ha dicho Koemi que le habías dicho algo de que tu padre ya tiene muy avanzado lo de la puerta.

- ¿Para eso has venido a hacerme compañía? ¿Para ver si te puedo pasar información de contrabando? – hizo que sonara como si le molestara, sin esperanzas de que él lo entendiera como tal-. Deberías de coger a Koushiro para que te lo cuente mejor, porque yo solo sé lo que le he oído comentar sobre el tema. Pero no creo que te vaya a venir demasiado mal, ¿no? – arrastró más la cabeza para poder dejar la vista alzada y así mirarlo sin tener que cambiar mucho su posición-. Aunque no creo que vayas a tener tiempo para acosarnos a las dos la vez, claro.

- No me provoques – hizo una pequeña pausa-. Los llamaré para ver si me puedo pasar por allí y que me lo expliquen bien. Tampoco quiero andar molestándolos…

- Claro, es que tú molestas mucho. Lo que yo sé es que es estable por fin y que mira, si te puede ayudar a no perder días de viaje que no te sirven para nada… Ya habrá hecho bastante. Para algo llevas años peleando por defender el Mundo Digital, no se me ocurre nadie mejor que tú para estas cosas…

Le sonrió a modo de respuesta. No le sonaba nada mal ya que solucionaba unos cuantos problemas de su día a día. Su mayor preocupación derivaba del no estar en casa todo lo que se iba a necesitar y aquello arreglaba bastante el problema. Una cosa era hacer una noche fuera y otra tener que echar una semana entera. Con una noche se arreglaba y podía sobrevivir a sus paranoias.

- Oye, ¿cómo estás llevando el no ir pegando saltos por ahí por lo contenta que te has puesto con la noticia?

- Pues mal. Me alegro mucho. Es que… ¿Tú sabes la ilusión que me hace que vayan a tener la misma edad? Y luego que… pues que sé lo mucho que te apetecía y que no te atrevías a decírselo en serio a Koemi por temor a la que se os venía encima – también sabía que ella también quería y que le tenía miedo a la situación laboral de ambos, pero eso prefirió no decirlo-. Así que estoy contenta por la noticia, por la edad y por vosotros dos. Bueno, sobretodo por ti, que hacía tiempo que no te veía esa cara de tontorrón por el mundo.

- Ah, muchas gracias. Vaya cosas más bonitas que me dices… - no pudo ocultar la sonrisa.

Le gustaba la reacción de ella, aunque tampoco era algo que no se pudiera esperar. Y tampoco podía negar que le hiciera la misma ilusión que a ella que fueran a tener a dos de los pequeños a la vez. No era que porque ellos dos se llevaran cómo se llevaban esperase que sus hijos fueran a tener la misma relación, pero ver a Daigo cual perrito faldero de Aiko para que no se hiciera daño con nada, tampoco iba a negar que no le gustara mucho verlo.

- Anda, vamos para dentro. Que si te uso para no tener frío lo mismo escandalizamos a alguien – le dijo ella-, que entre que nos despedimos y demás… Luego Yamato se rie de mí porque me quedo dormida en el coche.

- Se ríe de ti porque te vas de los sitios diciendo que no tienes sueño y cuando vuelve a mirar para ti estás ya más dormida que Aiko – le dio un tironcito para volver al interior con ella caminando los dos a la vez.


- No te lo vas a creer, pero me he desvelado – dijo Sora mientras que volvía de haber acostado a Aiko, llegando hasta donde estaba Yamato.

- ¿Si? Pero si hoy has madrugado un montón…

- Ya… Pero no sé, será que como llevo todo el día alterada pues… - se encogió de hombros.

- Seguro que si te metes en la cama te entra el sueño enseguida…

- Oye, no me seas rancio – le dijo, no pudiendo evitar un ligero puchero que reclamó la atención de él-. Para un día que no me muero de sueño por las esquinas, ¿no te apetece aprovechar un ratito por la noche para nosotros dos?

El rubio arqueó una ceja. Solía tener activado, de forma automática, el modo sobreprotector con ella y entre esas opciones estaba la de mandarla a la cama temprano para que pudiera descansar. Solo esperaba que ella no hubiera malinterpretado ni su comentario ni la cara de sorpresa que se le había quedado, que también sabía por dónde le podía salir en esas situaciones.

- ¿Y si no te me apetece? – se la jugó a bromear, esperando que se diera cuenta antes de sonreír-. Mañana no tenemos que madrugar.

- Por eso… - se acercó hasta él, quedándose a su lado-. ¿Cómo ven tus niveles de histeria la idea de que nos demos un baño juntos?

- ¿Qué tienen que ver mis niveles de histeria en eso? – le dijo, no pudiendo evitar posar sus manos en su cintura al tenerla cerca.

- No sé, a lo mejor puedo coger frío, una mala postura, hacerme daño… Cualquiera de esas paranoias que te dan – se encogió de hombros, aprovechando para pasar sus manos por sus brazos, moviéndolas lentamente.

- Creo que podría mantenerlas a raya.

- ¿Completamente seguro?

- ¿Vamos a tener que hacer un trato? – amplió algo más la sonrisa antes de inclinarse hacia ella y darle un beso en la frente al ser dónde mejor llegaba por la diferencia de alturas.

- Pues… voy a preparar las cosas, tú recoge lo que tengas que recoger para mañana…

Sin duda no se le ocurría una mejor forma de acabar el día que pasando un rato los dos solos. Lo único que le daba pereza era el tener que secarse el pelo más tarde, porque se pusiera como se pusiera era consciente de que se lo iba a mojar, pero le daba igual. Sonrió ella sola mientras que entraba al baño y encendía la luz, yendo directa hacia la bañera para poder abrir el grifo y que el agua se fuera calentando para poder poner el tapón y que se empezara a llenar. Era una de las cosas que habían elegido con más cuidado ya que era una costumbre que a los dos les gustaba demasiado.

Se acercó al armario para poder sacar algunas cosas que echar al agua, entretenida en ver cómo se formaban las burbujas en la superficie. Sonrió. A pesar de que fuera una idea que acabara de ocurrírsele, no podía apetecerle más. Se quedó pensativa mirando hacia la habitación desde allí pensando si le compensaba sacar el pijama y llevarlo al baño o no. Acabó por desechar el pensamiento al ver que Yamato llegaba, viendo que en sus manos tenía el albornoz que ella había dejado secando el día anterior.

- No me leas la mente… - le dijo a modo de recibimiento.