- ¿Y por qué se supone que te leo la mente ahora? – preguntó Yamato divertido, dejando las cosas donde no se fueran a mojar.

- Porque estaba sopesando la pereza que me podría dar ir a por el albornoz – se giró decidiendo que el agua estaba a la altura apropiada, cerrando el grifo para que no se saliera cuando estuvieran ya los dos. Metió la mano comprobando la temperatura y sonriendo al sentirla capa de burbujas que se había formado.

Se puso en pie, ya que se había quedado sentada en el borde, moviendo sus dedos cuando ya estuvo más cerca de Yamato para poder salpicarlo ligeramente, viendo como sacudía la cabeza para quitar las gotitas que acaban de caerle en el flequillo.

- A ver, que me voy metiendo yo y así te ayudo para que no resbales…

La pelirroja asintió. Le gustaba muchas veces ser ella la que pudiera aprovechar el momento para que su marido se quedara apoyado sobre ella y dedicarle así ella sus atenciones, sin embargo, ahora había una zona de su cuerpo que no iba a ayudar con aquello. Sonrió ligeramente con ese pensamiento, acercándose a él.

- Te ayudo…

- ¿Si? ¿Tanto pones en duda mis habilidades?

- Mucho, así que venga, no vaya a ser que te me tropieces o algo, que luego no puedo arrastrarte fuera del baño que me pesas mucho y más en estas condiciones – sonrió, entretenida. Ambos sabían a que se estaba refiriendo, de manera que el rubio se limitó a quedarse quieto para que ella pudiera empezar a librarse de su ropa.

- Te aviso que por la mañana tenía frío – dejó los brazos a una altura donde no le pudieran molestar, colaborando para que pudiera quitarle el jersey dejando ver por lo que lo decía.

- Pues yo creo que ya empiezo a tener algo más de calor del que debería de tener por estas fechas – se giró para tirar la prensa sobre las que él había traído hacía unos momentos-. En condiciones normales sería yo la que tendría más capas que una cebolla por encima…

El rubio se rió a sabiendas de lo que decía era totalmente cierto. Lo normal para ella era levantarse por la mañana echa un ovillo a su lado, no dejarlo salir de la cama y acabar ocupando todo y quedándose debajo del cobertor hasta que él se duchaba y dejaba el baño caliente con el vapor del agua. Levantó de nuevo los brazos para que le quitase la camiseta y así ir avanzando y no perder tiempo. La miró a través de su flequillo, sonriéndole, sin molestar en volver a echarlo hacia atrás de que se le hubiera despeinado del todo.

- Eh, traidora – protestó cuando la sintió ir a buscarle las cosquillas, pinchándolo con los dedos, yendo a devolvérselas sin conseguido cuando el ataque se convirtió en caricias aprovechando que lo tenía a su alcance.

La dejó hacer, esperando que no se les enfriara el agua, no pudiendo más que entrecerrar muy ligeramente los ojos para poder centrarse mejor en sus manos recorriéndolo, notando como dibujaba las formas con sus dedos, acercándose hacia el ombligo, entretenida en seguir un círculo y luego posar el dedo índice en algunos lunares que destacaban en su blanca piel.

- ¿Todo en orden? – aprovechó a echarle el pelo a ella hacia atrás.

- Debería de haber una revisión más de cerca, pero me apetece mucho meterme a remojo… - sonó hasta con tono disgustado, levantando la vista hacia él, estirándose cuando notó que posaba las manos en sus mejillas para atraerla y poder darle un beso en los labios.

Dejó de dar tantas vueltas, terminando de desvestirse ambos con algo más de rapidez para que el agua no fuera perdiendo temperatura y no tuvieran que salir antes de lo que les gustaría. Al contrario que en otras ocasiones Yamato no esperó a acomodarse él para ayudarla a ella, sino que lo que hizo fue esperar para poder estar más pendiente de sus movimientos.

- Te diría que puedo yo… Pero no me fio yo demasiado de mi equilibrio – se cogió a su mano con fuerza para poder entrar también ella en la bañera-. Este señorito ha crecido muy rápido y ando muy patosa…

- De vez en cuando no viene mal que te dejes ayudar un poco – le dijo antes de sentarse él con cuidado y, de nuevo, ofrecerle su ayuda consiguiéndolo sin muchos problemas.

Agradeció que esperase unos segundos para que él pudiera coger postura antes de acercarse a él y hacer ella también lo mismo, no tardando en poder dejar su cabeza apoyada en su hombro, cerrado los ojos para poder disfrutar tanto del agua como del contacto entre ambos. Dejó ir una leve sonrisa cuando sintió que empezaba a acariciarle los brazos con la yema de los dedos, subiéndolos y bajándolos por ellos.

- ¿Qué tal en el trabajo? ¿Te ha puesto Mai la revista de sombrero? – le preguntó pasados unos segundos.

- Hideki nos pilló la jugada así que creo que ahora lo tengo renegando de nosotros dos. Ella se la ha llevado a casa y dice que la va enmarcar – y aunque sonaba a broma, sabía que la piloto era perfectamente capaz.

- Recuérdame que le lleve otra a Haru – giró la cabeza para poder observarlo-. Hoy ha sido un buen día…

- ¿No me digas? – dijo divertido-. La verdad es que sí, hoy has tenido un día tranquilo con las hormonas y demás desde por la mañana. Y luego… No sé si estás más contenta tú o Taichi, la verdad…

- Yo tampoco lo sé, fíjate – tuvo que admitirlo-. Es que me alegro muchísimo por él. Llevaban tiempo muertos de ganas por tener más familia pero le tenían miedo la trabajo… Si hasta Koemi me lo había contado y mira… Yo creo que ahora que les llega el momento no van a tener tantos problemas…

- Un día recuérdame que te grabe o te saque una foto cuando te pones a hablar de cosas que te gustan, para que veas la cara que pones al hacerlo… - volvió a inclinarse para dejar un beso en su frente.

- Pues… sí. Estoy contenta y l enfermera me dijo que me había visto muy bien por la mañana, que lo sepas.

- Eso sí que me gusta escucharlo mucho. ¿Has quedado con Jou para mañana?

- Como para decirle que no… Le dije que viniera cuando él quisiera pero que nos llamase primero por si acaso. Aunque mis planes para mañana pasan por hacer el vago…

- Me gustan tus planes, ¿puedo acompañarte? – bromeó cambiando de lugar sus manos hacia la cintura de su esposa, continuando con sus caricias-. Aunque mañana ya que no tenemos nada qué hacer podemos aprovechar y mirar a ver con qué jardín de infancia nos quedamos.

- ¿En serio? ¿Vas a pasarte todo el rato sacándole pegas a todos?

- Sí, exacto. Es mi plan, pero como en alguno tendremos que meterla… Tendré que acabar mentalizándome. Te juro que me duele en el alma pensar que siendo tan chiquitina, estando acostumbrada a estar siempre con su familia tenga que empezar… Pero mira, es lo que toca.

- Osea que nos esperan lágrimas de las gordas el primer día...

- Yo no la llevo porque entonces me escapó con ella y me la llevó a que desayune otra vez lo que a ella le apetezca.

- Te creo bastante capaz – se rio, divertida-. Aunque también la veo diciéndole que "papi, no llores que ella va a volver pronto del cole" – porque sin duda estaban hablado de lágrimas, pero los dos sabían que vendrían más de él que de ella-. Y no le pidas ayuda a tu padre que no sé quién de los dos va a acabar peor.

- Me gustaría poder defenderme y defender a mi padre, pero es que cuando tienes razón… Tienes razón…

Se echaron a reír los dos, provocando que el agua se moviera en torno a ellos. Yamato prefirió no ponerse a pensar en esos temas y que su único pensamiento sobre la niña en esos momentos dormía plácidamente en su cama. Ahora prefería centrarse en la pelirroja, que volvía acomodarse y dejaba la cabeza en su hombro, ladeada, dejándole una perfecta vista de su cuello. Sin poder evitarlo, no pudo más que inclinarse para dejar pequeños besos por él notando como respondía a ellos con un suave suspiro.

- No me provoques que ahora en el baño no me atrevo a hacer nada, amor… - murmuró sin abrir los ojos en esa ocasión, mordiéndose el labio todavía a causa de sus besos.

No le iba a discutir aquella afirmación. Ni se le pasaría por la cabeza rondarla en esas condiciones más serias en aquella situación, sabía que estaban en una zona de la casa peligrosa y, como Sora había dicho momentos antes, estaba algo más torpe. No quería saber cómo podían acabar… Y prefería no jugársela. Sin embargo, eso no quitaba que no pudiera aprovechar para provocarla y eso fue exactamente lo que hizo. Movió las manos de su cintura hacia su vientre, acariciando la curva. En esas condiciones en las que podía medir el tamaño con sus manos tenía que hacerle gracia todo. Tanto las quejas de ella porque notaba que la ropa le apretaba, como que fuera capaz de sentir que le afectaba a la movilidad o que hiciera que se cansara más… Podía abarcar perfectamente la zona con sus manos todavía. Aunque, bien era cierto, que aunque no lo admitiera con demasiada frecuencia, le encantaba el contraste del cuerpo de ella con el suyo. Y que aunque a él le pareciera que la barriga seguía siendo muy pequeña, eso se debía, en el fondo, a que su esposa seguía viéndose más pequeña que él y eso le encantaba.

Perdido en sus propios pensamientos bajó más las manos, aprovechándose de la postura en la que ella estaba para llegar a sus piernas, acariciando sus muslos de esa forma. Pudo notar el respingo que ella daba al notarlo, especialmente cuando sus caricias se centraron en la parte superior e interna de ellos.

Para esto no creo que vayamos a tener problemas por culpa de tus habilidades circenses – le dijo al oído, bromeando, pero usando un tono más grave de lo que solía usar con normalidad antes de llevar sus dedos más hacia el interior, todavia sin llegar a tocar nada más sensible.

- ¿Tú crees? – le preguntó, volviendo a morderse el labio-. Te juro que cuando te dije lo del baño no estaba pensando en esto…

- ¿Alguna queja? – llevó por fin su mano a su destino, moviéndola, encantado por la expresión del rostro de ella, la cual acabó por dejar ir un gemido de sorpresa-. Eso me lo voy a tomar como que estás de acuerdo…

Sonrió de forma ladeada al verla entreabrir los labios pasados unos momentos, cuando necesitó más apoyo para poder respirar con normalidad, sin conseguirlo. Volvía a estar mucho más receptiva de lo normal y él estaba encantado con ello. No pudo evitar que una idea cruzara su mente, ampliando más la sonrisa antes de llevar la mano que tenía libre hacia el mango de la ducha y poder cogerlo, aprovechándose de que ella estaba distraída y no atendía a lo que hacía.

Era complicado poder maniobrar sin tener que cambiar de posición, pero estaba demasiado cómodo con la situación y con lo que hacía. Merecía la pena intentar pillarla por sorpresa. Mentalmente daba gracias a que a pesar de que abriera el agua, no habría que quitar el tapón del desagüe ni se desbordaría porque se regulaba solo el nivel. De manera que así pudo abrir el grifo apuntando directamente con él hacia donde antes había estado paseando sus dedos.

Algo le decía que iba a hacer un gran descubrimiento y, ver como la pelirroja le clavaba los dedos en las rodillas buscando algo a lo que aferrarse apenas unos segundos más tarde no podía más que confirmar sus sospechas.

Sonrió.