Yamato no pudo más que sonreír de medio lado, divertido, al ver perfectamente por el reflejo del baño como Sora terminaba de ponerse el albornoz con las mejillas completamente rojas. Estaba bien que por una vez no fuera él quien acababa con los colores subidos por cosas que, a estas alturas, no deberían de conseguirlo.
- ¿Qué miras? – le preguntó, intentando lanzarle una mirada desdeñosa al darse cuenta de su gesto.
- ¿Yo? Nada… Nada… - se giró, avanzando unos pasos hacia ella-. ¿Vas a secarte el pelo?
- Qué remedio… - hizo un gesto con resignación-. Es tarde para dejarlo secarse a su aire…
Se fijó en que el rubio bajaba las manos hasta su cintura, quitándole las de ella y entreteniéndose en atarle el cinturón en condiciones. Yamato podía notar como ella entrecerraba los ojos, porque sabía que seguía con esa sonrisa de medio lado y que ahora fingía comportarse con ella como si fuera la propia Aiko. Cuando terminó de abrocharle bien todo, levantó la vista hacia ella, dándole un toquecito en la nariz.
- Más te vale ir a decir que vas a ir a hacerme una infusión mientras tanto… - le dijo fingiendo aún hacerse la digna.
- Eso mismo – se echó a reír finalmente, usando sus dedos para cogerla por la barbilla y poder levantarle el rostro a la vez que la sujetaba para que no se le escapara-. Y deja de mirarme mal, que hace unos minutos no era eso precisamente lo que hacías…
La soltó sin llegar a darle el beso que parecía que le iba a dar, saliendo huyendo del baño con paso rápido a hacer precisamente lo que acababa de decir, riéndose por lo bajo. Sin duda, cuando habían planteando la idea de compartir bañera no se le había pasado por la cabeza que las cosas fueran a acabar tan bien, pero sin duda, no se iba a quejar.
Sora negó con la cabeza en cuanto lo perdió de vista, acabando por sonreír. Sin duda alguna solo intentaba dominar un poco el ego de Yamato, sobretodo cuando las cosas acababan cómo habían acabado, pero, de entre todas las cosas que se le podían pasar por la cabeza, enfadada con él era la última que podía estar. Alargó la mano hacia el cepillo del pelo antes de empezar a desenredarlo para poder secarlo.
En aquellos momentos sí que estaba notando todo el cansancio que había dicho no tener. Sin duda aquel día había sido uno de esos que hacían que todo lo demás mereciera la pena. Estaba de excelente humor. Parecía que sus análisis estaban perfectos, no podía alegrarse más por sus amigos, y sin duda, la noche había acabado de la mejor forma posible. Lo que le extrañaba era que Yamato fuera capaz de olvidarse de su afición con pensar que era de cristal cuando estaba embarazada y que fuera él quién hubiera empezado algo en el agua. Sonrió algo más sin poder evitar morderse el labio al dejar que su mente divagase antes de posar el cepillo y coger el secador en cuenta.
Salió un rato más tarde, completamente vestida ya y con el pelo lo más seco que había podido, viendo que el rubio aún no había vuelto. Fue hasta la cama, dejándose caer en ella antes de empezar a arrastrarse hasta quedar apoyada entre los cojines cómodamente. Cogió su teléfono, terminando de revisar los mensajes que hubieran podido llegarle, entreteniéndose hasta que volvió a escuchar abrirse la puerta y vio a Yamato entrar.
- ¿Ya estás lista?
- Sí, creo que no me he podido quedar más cómoda… - posó el teléfono, aceptando la taza que él le tendía reconociendo el olor-. No me va hacer falta esto hoy para dormir mejor…
- Bueno, si mañana decides amanecer al mediodía no pasa nada, creo que soy capaz de hacerle el desayuno a la señorita Ishida sin mucho riesgo – le dijo bromeando sentándose a su lado-. He estado dándole vueltas a una cosa… - habló por fin, notando como atraía su atención rápidamente-. No te asustes. Es solo que… Quizás tendríamos que pensar en serio los padrinos del bebé.
- Del nene chiquitín – lo corrigió, soplando el líquido unos segundos-. Ya lo sé. Pero no sé qué tanto tienes pensar.
- ¿Eh? – la miró, confuso.
- ¿Jugamos a que necesitas pensar a quién quieres poner de madrina o vamos asumiendo que vas a tener un lazo más con Mai?
El rubio arqueó las cejas entre sorprendido y divertido, teniendo que encogerse de hombros y dedicar unos segundos a ordenar bien sus palabras para poder explicar bien lo que quería.
- Se me ocurren algunos nombres más… Yo lo siento, pero no vas a escuchar salir de mí que Mimi sería una buena opción. Podría aceptar si te apetece a ti, pero…
- Creo que hasta ella lo tiene asumido – dio finalmente un pequeño trago-. No se va a escandalizar a estas alturas…
- Por si acaso… Y se me ocurren otras opciones aparte de Mai. ¿Qué me dices de Haru? ¿Koemi? – se fijó en cómo ella arruga la nariz en una pequeña mueca, entendiendo que era por la lista que acababa de formar-. ¿Ves? No es tan fácil como parece…
- Koemi hubiera sido también buena opción para Aiko – admitió la pelirroja.
- Bueno, a ellos les salió bien la jugada con nosotros y Daigo. Y eso que yo ni siquiera estaba presente en el mismo planeta cuando me llegó la noticia de que un miniTaichi pasaba a ser nuestro ahijado…
- Lo sé – sonrió ligeramente-. Pero… Yo creo que la que de verdad te apetece a ti es Mai, Yamato. Dime que no fue el primer nombre que se te vino a la cabeza…
- En realidad llevo gran parte del día dándole vueltas después de haber estado con ella -dijo sin molestarse en negarlo.
- Pues ya está. Después de la forma en la que se ha estado comportando, lo mucho que te ha apoyado siempre y… Todo en general, creo que debería de ser ella.
Yamato asintió. Prefería no entrar en muchos detalles de temas de años pasados en los que Mai estaba relacionado. No le gustaba hablar de lo retrasado que había podido llegar a ser y cómo ella se había dedicado a vigilarlo muy de cerca. Cuando la había visto marearse en el último viaje y hasta que no había sabido que estaba perfectamente y lo habían dejado verla no se había quedado tranquilo. La excusa de que era el comandante había sido simplemente eso, la treta para que lo dejaran estar allí. Y la lista solo iba aumentando con el paso de los años.
- ¿Ves qué rápido nos hemos puesto de acuerdo? – sonrió, arrastrándose algo más para poder usarlo a él como apoyo en vez de los cojines-. Y para padrino… La verdad es que se me ocurren muchas opciones. Casi más que al revés…
- Lo sé, ¿pero vamos a descartar a los familiares esta vez? – alargó el brazo que tenía libre para facilitarle las cosas.
- Sí, lo de tu madre fue algo especial. Yo creo que es mejor alguien de fuera… - se acomodó con cuidado de no tirar la infusión.
- ¿Tienes algún nombre en mente? Creo que debería de venir de tu parte ya que la madrina viene de la mía.
- Bueno, nos movemos en los mismos círculos. Y sé que por esa cabecita está pasando Hideki – le dijo divertida-. Te tengo demasiado calado, Ishida… Pero se me ha ocurrido otra opción que también me gusta mucho.
- ¿Andrew? – bajó la vista hacia ella, curioso. No dijo nada sobre sus anteriores palabras, asumiendo que hubiera acertado ella al mencionar al general.
- No… Aunque también sería una excelente opción. No, no lo decía por él.
- ¿Entonces?
- Jou… - levantó la cabeza hacia él, escapándosele una ligera sonrisa al mencionarlo.
- Jou – repitió él.
- Yo sé que es su trabajo y que ahora te las has arreglado para conseguir pagarle las consultas… Pero los dos sabemos que lo hace porque quiere.
- Lo hace por lo mucho que te aprecia.
- Nos aprecia – lo corrigió-. Y lo sé. Sé por lo que lo hace. Y Aiko lo quiere un montón… No se me ocurre ningún motivo por el que el pequeño no fuera a hacer lo mismo.
- Pues creo que poco más que pensar hay, ¿no? Quiero decir… Se te está quedando esa cara que pones cuando algo te hace ilusión. A mí Jou me parece una idea excelente – era cierto que había pensado en Hideki, sí, pero el médico también le sonaba muy bien-. Mai y Jou.
- Mai y Jou… - repitió ella-. ¿Ves qué fácil nos ponemos de acuerdo?
Pudo sentir como él se reía por sus palabras. Lo cierto es que no había sido complicado de ninguna de las maneras. Quizás lo único que les hacía falta era decirlo en voz alta porque a pesar de que podían llegar a ser muy diferentes, para algunas cosas no podían estar más de acuerdo. Y sin duda los padrinos del nuevo miembro de la familia estaban bastante anunciados a pesar de que las opciones que se quedaban fuera serían también muy buenas.
- ¿Cuándo se los vas a decir a Mai? – le dijo levantando de nuevo la vista hacia él.
- Pues…
- Puedes hacerlo sin que yo esté delante, ¿eh? No vas a tener que estar el lunes sudando frío cada vez que de la cruces.
- Qué considerada… - se rió ligeramente-. Se lo diré cuando se lo merezca. Puedo usarlo en su contra un día que me esté atacando más de la cuenta. ¿Y a Jou? ¿Mañana?
- Pues mañana me parece bien – le dijo asintiendo-. También puedes usarlo en su contra. Cuando nos pongamos a discutir con él porque no quiera aceptar algo de compensación por perder su tarde de sábado vigilándome… Lo confundimos con la noticia.
- ¿Así no se entera cuando le hago el pago? – se volvió a reír-. Me parece bien también. A ver si con un poco de suerte viene acompañado y podemos conseguir que se queden a cenar en casa.
- Puedo amenazarlo directamente, que venga él y se traiga al peque también y así no tiene más excusa con la que escaparse.
- Pónselo como condición para venir – asintió-. Y termínate la infusión – dijo al verla bostezar-, que ya son horas de que te vayas a dormir.
- ¿Me estás mandado a dormir como a Aiko?
- Exactamente igual que con Aiko – asintió-. Venga, que tienes cara de poder quedarte dormida en cuanto te deje de hablar.
- En realidad me gusta el sonido de tu voz lo suficiente como para poder llegar a adormilarme escuchándote – le dijo terminando el último trago que le quedaba, estirándose para dejar la taza encima de la mesa-. Y no lo digo porque me aburras, antes de que saltes, señor picajoso.
- Ya, ya… - sonrió por sus palabras, haciendo lo mismo que ella.
Se puso en pie, esperando poder abrir la cama en cuanto ella se moviera. La siguió con la mirada, notando como aprovechaba para estirarse y coger las tazas de ambos para dejarlas en la mesa más alejada de la cama para no tener problemas por la noche. Apartó los cojines de su lado y se sentó, quedándose a la espera a que el rubio se echara también para acomodarse a su lado. Después del día que habían tenido, sin duda le parecía la mejor de las ideas el acabar usándolo de almohada.
- Tenemos que ir a hacer mañana la compra… - le dijo.
- Puedo llevar a Aiko por la mañana conmigo y así lo dejo hecho – giró algo más el brazo para empezar a jugar distraídamente con su pelo.
- Intenta que no te chantajee y acabéis volviendo con media tienda de galletas, yogures raros y…
- ¿Y qué? Si la nena grande de la casa es más peligrosa que ella con todo eso y va corriendo a ver lo que traigo en las bolsas por si se le antoja algo…
- No sé de lo que me estás hablando – murmuró-. Me voy a dormir, que tengo sueño.
Pudo escuchar la risa de él a modo de respuesta a sus palabras, notando como alargaba la mano para apagar la luz y poder hacer exactamente lo que habían dicho.
