- Ya te dije que me habían dicho que estaba todo bien – le dijo Sora a Jou mientras que se quedaba siguiéndolo con la mirada.

- Verás, estamos a la par. Tú me vas a decir esa frase lo que te queda de embarazo y una temporada después y yo voy a repetirle a Yamato el mismo número de veces que ni se le ocurra volver a intentar pagarme. A ver quién de los dos se cansa primero…

La respuesta de Sora a esas palabras no pudo ser más que echarse a reír a sabiendas de que tenía toda la razón. Era una batalla perdida en ambos casos y además, alguna de las frases hasta se la podían intercambiar entre ellos.

- Bueno, podéis discutir entre los dos durante la cena todo lo que queráis. Ahora que has confesado que te han dejado solo en casa tienes todas las de perder. Eso y que no me puedes decir que no porque he estado preparando algunas cosas y tampoco dudaré en usar a Aiko para que te retenga en casa.

- ¿Eso no se llama secuestro?

- Sí, pero yo creo que tengo a los posibles testigos bajo control – sonrió-. Es lo menos que puedo hacer porque hayas aprovechado a venir hoy a ver qué tal estoy. Ya sé que lo haces porque te viene en gana, pero yo te lo agradezco muchísimo.

Se limitó a sonreírle a modo de respuesta. Lo hacía por el aprecio que les tenía a ambos desde siempre. No había más motivos que ese. Que se preocupara por ella quizás más de lo normal solo derivaba de ello y que había visto desde muy primera fila el susto de la otra vez como para no echarle un ojo estando en su mano.

- Estos dos tienen que estar al llegar… - habló Sora, poniéndose en pie por fin-. A no ser que estén los dos con la misma cara de confusión en la zona de las galletas y esas cosas porque son incapaces de decidirse… Lo cual sería bastante probable… A ver qué le ha sacado Aiko a su padre cuando vuelvan…

- Hace con él lo que le viene en gana, ¿no?

- Pobrecita, no… No tiene que hacerlo tan siquiera – se rió suavemente-. He visto la jugada, si la ve quedarse mirando hacia algo, ya se encarga él de que acabe misteriosamente en casa. Pero bueno… No puedo culparlo – sonrió.

- Nadie podría culparlo. Y creo que a los demás nos gusta mucho el verlo así – guardó silencio unos segundos-. De verdad.

- No había visto a Yamato demasiado antes de su vuelta más definitiva a Tokio, pero, era algo que sí que podía notar a pesar de todo. Además, no hacía falta ser demasiado adivino para poder imaginarse el nivel de morros que había arrastrado todos los años que pasó alejado. Había tenido oportunidad de verlo antes de que se fuera y más o menos se podía oler todo lo demás.


2008

- Entonces, ¿te vas sin saber fecha de vuelta? – le dijo Jou a Yamato.

Había ido a verlo para poder hacerle un rato compañía y así poder aprovechar a verlo. No estaba seguro de si podría ir al aeropuerto el día que les había dicho que se iba, por lo que estaba aprovechando que ese día lo tenía libre.

- Por el momento es para este curso, pero todo depende de cómo vaya. Asegurado lo tenemos hasta terminar este curso y depende de mí si sigo en el programa o no.

- Entonces espero tardar bastante en volver a verte a no ser que sea en una visita…

Yamato sonrió ligeramente antes de girarse para poder terminar de doblar un par de jerséis y meterlos en la maleta sin contestar nada a sus últimas palabras, al menos no mientras que terminaba de colocar lo que tenía entre las manos, momento en el que se encogió de hombros.

- Yo no lo tengo tan claro – habló finalmente.

- ¿El qué? ¿No te ves capaz de mantener la beca? Las paranoias de ese tipo ya me las tengo pedidas yo con no sobrevivir a la residencia sin haber llegado a ella… - lo observó unos segundos, no necesitando tampoco mucho más para poder entender de lo que realmente estaba hablando-. ¿No te quieres ir?

- No lo sé – contestó distraído, sin poder evitarlo-. No lo sé…

- ¿Cómo no lo vas a saber? ¿Estás mal de la cabeza?

- Eso me repito, tranquilo. Creo que tendría cola a la puerta de mi casa para llevarme a patadas al aeropuerto si se me ocurre echarme para atrás.

- Y yo les abro la puerta. ¿Sabes cuántas personas han conseguido eso?

- No, ¿cuántas?

- Yo tampoco, pero seguro que no muchas – puso los ojos en blanco, viendo como el rubio se daba cuenta de lo que él estaba diciendo.

- Ya lo sé, Jou. No me des la charla, por favor. Me la he dado yo mismo desde que me dieron la beca. Voy a irme porque si todo sale bien dentro de unos años podría estar trabajando para la JAXA. No hay nada más que hablar.

- Y… - carraspeó, dudando unos segundos antes de continuar-. Tampoco creo que fueras a tener mucho problema en encontrarte a la vuelta lo que sea que hace que no te quieras ir…

Yamato arqueó una ceja, no pudiendo más que reírse pasados unos segundos por la forma en la que había dicho aquello. Sin duda, era con Jou con quien estaba hablando y esa respuesta únicamente hubiera podido darle él.

- Deja de reírte – le dijo -. Os vi el otro día en Ueno… Lo siento, pasaba por allí en bicicleta y… Es que sois fáciles de ver.

- Quién dice el otro día dice hace casi cosa de un par de meses – no se molestó en negarlo-. Con un poco de suerte está tan cabreada conmigo cuando me vaya que ni venga al aeropuerto. Voy por buen camino con el plan, tú no te preocupes…

Precisamente esas palabras sí que conseguían preocuparlo. Lo observó en silencio, viéndolo ir y venir otro par de veces. No estaba seguro de si era un tema en el que debía meterse. De verdad que no. Tampoco era muy normal que hubiera confesado tan rápidamente, a pesar de que le hubiera dichos que los había visto.

- Creo que no te entiendo… - decidió decir finalmente.

- Si nos viste en Ueno puede que nos vieras algo más cercanos de lo que deberíamos de estar. No te voy a negar que estaba bastante de acuerdo con la idea de hacer las cosas bien de una vez con ella. Pero…

- ¿Pero?

- ¿De verdad lo preguntas?

- Pues sí. Te vas a estudiar no a esconderte bajo tierra. No sé exactamente a dónde te vas, pero estoy casi que seguro de que tienen teléfonos. Llámame visionario…

- No es eso – negó con la cabeza-. Simplemente no me merezco demasiado que espere por mí. Puede optar a opciones mucho mejores, que le van a dar menos dolores de cabeza y… Estoy siendo egoísta – admitió-. Puede que ella no tuviera problemas por esperarme – los dos la conocían como para saberlo, no era algo relacionado con el ego-. Con lo que tendría problemas sería con el saberlo. Soy yo el que no aguantaría estar lejos en esas condiciones. Me gusta fingir que estas cosas no me afectan, pero claro que lo hacen. Prefiero que ni me mire a la cara y así, por lo menos, mantener las cosas a raya.

Aquello hizo que entendiera finalmente a lo que se estaba refiriendo y que no pudiera más que dejar pasar unos segundos antes de sonreír y asentir, dando así a entender que era capaz de comprenderlo.

- Tampoco creo que te vaya a ir demasiado bien la técnica de conseguir que ni quiera ir a despedirte al aeropuerto.

- ¿Cómo que no? Si se le ocurre ir posiblemente me acabe quedando en Tokio – hizo que sonara a broma a pesar de saber que era una realidad bastante acertada.

- Me refiero a que quizás deberías de hablar bien las cosas con ella. No desaparecer sin más.

- Tampoco me veo capaz de tener esa conversación. Sí, estoy escogiendo la salida fácil y cobarde, lo tengo aceptado, puedes decirlo.

- Suena como si lo tuvieras ya decidido.

- Lo tengo.

- Pues yo creo que te estás equivocando. Y bastante… Pero no voy a ser yo el que te aburra hasta que te acabes enfadado conmigo para nada. Solo te digo que deberías de replantearte las cosas…

Yamato arrugó el gesto, decidiendo seguir con la maleta. Sabía que Jou tenía razón pero no tenía valor suficiente para hacer las cosas como tenía que hacerlas. No tenía demasiada intención de hacer las cosas bien simplemente porque le daba miedo el no ser capaz de convencerse para irse. Cuando había vuelto a rondar a Sora tras el encontronazo en la discoteca, lo había hecho con total y absoluta intención convencido de que aquella vez iba a hacer las cosas bien. ¿Qué probabilidad había de que hubiera visto su nombre en la lista de admitidos? Él al menos no hubiera pensado en que existía la posibilidad de que pudiera pasar. Y por eso se la había jugado a intentarlo de nuevo con ella.

Estaba visto que aquello no era para ellos. No para él.

- Me las replanteé en su momento – acabó por decir-. Lo único que puedo decirle es que ni siquiera sé cuándo voy a volver. Eso no es sano para nadie.

- Totalmente de acuerdo. Pero no irle con esto mismo que me has dicho a mí por delante yo creo que podrá ser bastante peor. Deberías pensarlo… - se puso en pie-. Tengo que irme, esta noche me toca una guardia a mí y el adjunto que me ha tocado padecer es muy controlador.

- No te metas en problemas por mi culpa – dejó las cosas tiradas para acompañarlo hasta la puerta-. Muchas gracias por venir…

- Intentaré estar en el aeropuerto para despedirte, ya me han dicho que me cambian el turno – sonrió.

- No hace falta…

- Ya, pero yo quiero despedirme también de ti – posó la mano en su hombro-. Nos vemos…

Yamato sonrió a modo de despedida antes de cerrar la puerta tras él cuando Jou se hubo alejado lo suficiente.


El sonido de la puerta cerrándose y unos pasos correteando por casa hicieron que el médico se centrara, girándose para poder ver a Aiko que llegaba a las carreras para ir a saludarlo, pudiendo escuchar la voz de fondo del rubio hablando seguramente con los digimon.

- ¿Qué le has sacado ya a tu padre? – le dijo divertido nada más cogerla.

- Papi me ha comprado galletas…

- Oye, que habíamos quedado en que no se lo ibas a decir a nadie – dijo finalmente el interesado-. Hola – saludó.

- Tranquilo, yo te puedo aplicar lo del secreto profesional – sujetó bien a la niña.

- Anda, si por fin aparecéis – dijo Sora saliendo de la cocina para poder ir hacia ellos-. A ver, que te ayudo con las bolsas…

- ¿Ayudarme con las bolsas? – el rubio negó con la cabeza-. Ya me arreglo yo.

- Si te he escuchado protestar porque pesaban y los digimon te habían vendido…

- Que no…

La pelirroja puso los ojos en blanco, dándose por vencida antes de conseguir que al menos le diera su abrigo para ir a dejarlo donde no estorbara. Era una batalla perdida con Yamato desde hacía tiempo, no sabía ni por qué lo seguía intentando.

- Venga, que te ayudo yo – dijo Jou, dejando a la pequeña encima del sofá-. Que yo no estoy embarazo par que se me tenga prohibido coger pesos… Cosa que como médico tampoco recomiendo…

- Bah… Vaya dos – Sora protestó antes de mirar hacia Aiko-. ¿Vienes conmigo, tortuguita? Venga, que te preparo una tacita de infusión también para ti que es esa que te gusta que me tomo yo con leche…

- ¡Sí! – salió correteando tras su madre.