Jou tomó asiento, quedándose mirando hacia Yamato mientras que terminaba de hacerlo él también, habiendo ayudado primero a Sora a hacerlo, consiguiendo que el médico se riera ligera por lo bajo al ver el gesto de ella.
- Te esperan unos meses entretenidos… - le dijo a la pelirroja.
- Ahora gruñe, pero cuando dentro de un par de meses ya verás como es ella la que pide ayuda…
La respuesta de Sora fue reírse por lo bajo, sin poder decir nada para defenderse, aprovechando mientras tanto para alargar la mano y poder coger el vaso para poder llenárselo. Hacía un rato que la pequeña había cenado y ella y los digimon se habían ido a la cama. Había querido quedarse con ellos, pero el sueño la había traicionado y había tenido que ceder.
- Y tú estarás encantado de ver cómo te tengo que pedir ayuda porque me cuesta moverme – cogió también los vasos de ellos para poder llenárselo.
- Bueno, en defensa de Yamato diré que para una vez que pides ayuda a todos nos gusta dártela – le dijo divertido-. Que yo creo que las pocas veces que te he visto no empezar a espantar a la gente a tu alrededor es en esa época.
- Oye, no te pongas de parte de Yamato tú también ahora…
Fingió molestia en el tono, no pudiendo más que darles la razón de nuevo. Siempre había sido muy independiente y no le gustaba que estuvieran pendientes de ella como si no hubiera mañana, pero a la vez le encantaba el saber que lo estaban. Era un poco contradictorio, pero tampoco podía hacer demasiado por evitarlo.
- También me gusta aprovecharme de ello no te vayas a pensar – habló de nuevo-. Es más fácil engañar a Yamato para que los haga la cena en estas condiciones… - le tendió el vaso de vuelta al rubio.
- Como si normalmente te costara mucho – dijo él riéndose y cogiéndolo-. Aunque esta vez has hecho tú casi todo.
- Porque te eché a la compra con Aiko. Y por cierto, ya he visto la caja de galletas…
- La regalaban con la leche – sonrió de medio lado antes de mirar hacia Jou-. ¿Cuándo te vuelven? – dijo haciendo referencia a su familia.
- Pues antes me llegó un mensaje diciendo que iban a tardar un poco más. Así que creo que lo que haré será aprovechar mañana temprano para ir yo a buscarlos y así pasar unos días desconectado de todo que no me va a venir mal.
- Creo que alguien ya ha entendido los pro de trabajar para uno mismo – dijo Sora sonriendo-. Que sepas que eso me gusta mucho escuchártelo decir.
- Y a mí poderlo decir – asintió, cogiendo también él su vaso.
Sora sonrió algo más, aprovechando ya para poder empezar a echar la cena antes de que se le adelantaran. Era cierto, aquella vez había sido ella la que se había ocupado de preparar las cosas, pero para algo era fin de semana y no estaba cansada de más del trabajo. Podía lidiar con el cansancio del embarazo un sábado sin muchos dramas.
- Además, ahora que ya me has dado el visto bueno no creo que ningún futuro padre histérico te vaya a llamar a horas poco decentes de la noche – cogió el plato de Jou y ella misma se encargó de ir llenándolo.
- Bueno, según tengo entendido no va a ser el único pesado histérico que voy a tener dándome la lata esta temporada, ¿no? – contestó entretenido por sus palabras.
- ¿Te lo ha dicho ya? – dijo le rubio entendiendo perfectamente a lo que se refería.
- Sí, me llamó por la mañana para contármelo. Se le nota bastante contento, ¿no?
- No lo digas muy alto, que aquí hay alguien que casi que me atrevería a decir que está más contenta que ellos dos – señaló hacia Sora con la cabeza.
- Claro que estoy contenta. Vamos a ver, soy yo la que lleva teniéndolo a él diciéndome lo muerto de ganas que estaba de poder tener…
- Una nena, lo que quiere es una nena – bromeó Jou.
- Una nena y lo que le venga. Aunque si le sale una niña y tiene la ocurrencia de parecerse a la madre vamos a perderlo para siempre – dijo el rubio, dándole la razón.
- Como si no se le fuera a caer la baba venga lo que venga – Sora puso los ojos en blanco unos segundos-. También tenía a Koemi diciéndome que ella también estaba con ganas… Así que mira, si no ha sido queriendo por culpa del trabajo y ha sido un accidente, mejor. Y sí, claro que me alegro. Que les va a nacer en el mismo año que el nuestro…
- Lleva así desde que se lo dijeron – añadió él-. Y yo la verdad es que lo comparto. Pero no le digas que te lo he dicho porque luego se pone muy pesadito.
- Ni media palabra. Secreto profesional…
- Perfecto – levantó la vista hacia su esposa dándole cuenta de que lo estaba observando de una manera más determinada, no necesitando mucho más para poder entender lo que quería, asintiendo levemente-. La verdad es que tengo que admitir que lo de invitarte a cenar ha sido una encerrona – arrancó.
- ¿Una encerrona? ¿Por qué? – el médico arqueó una ceja-. Espero que no se otro intento de "agradecimiento" por haber venido a echarle un ojo a Sora y al bebé…
- Pues mira, en parte sí, porque es tu día libre… Pero no. Queríamos pedirte una cosa y se nos ocurrió que la mejor forma sería invitarte a cenar.
- ¿Pedirme algo? ¿Y no podéis hacerlo directamente? Si ya sabéis que yo estoy más que encantado de poder ayudaros con lo que sea. ¿Es algo relacionado con mi trabajo o…?
- No, no… No es eso – Sora sonrió, contestando-. No es del trabajo. Es algo más personal.
Decidió dejar que fuera el rubio quien siguiera hablando a pesar de todo, fingiendo tener más interés en la comida y en terminar de tragar no queriendo delatarse con tanta facilidad sobre por dónde iban los tiros con aquello.
- Tranquilo, no tengo intenciones de secuestrarte en el sótano. No te voy a pedir eso – le dijo Yamato riéndose.
- ¿Seguro? Mira que he dejado aviso de dónde voy a estar… ¿Pasa algo? Mira que todavía me va a parecer mal que estéis dando tantas vueltas…
- No pasa nada – volvió a negar con la cabeza-. Al menos no pasa nada malo – cogió su vaso para poder dar un trago-. Digas lo que digas, existen más médicos en este país y a ti nunca te ha faltado tiempo para estar aquí a la mínima que se te necesitaba. Cuando hemos tenido que ir al hospital más de lo mismo… Y mira, es que cuando estaba en mi cumbre de la estupidez y nadie me aguantaba, tampoco era demasiado complicado dar contigo… El otro día estuvimos hablando sobre algunos temas pendientes que teníamos con este embarazo y hemos llegado a una conclusión que te interesa bastante.
- Creo que no te sigo… - desvió la mirada hacia Sora a la espera de que ella pudiera aclararle algo sin conseguirlo.
Pudo ver que ella se limitaba a hacerle un gesto fingiendo hacerse la interesante, volviendo a llevarse algo de comida a los labios usando aquello como excusa para no poder contestarle. Devolvió la vista al rubio a la espera que de continuara.
- Lo que pasa es que hemos estado hablando sobre el nuevo bebé y los padrinos que podría tener. Y hemos llegado a la conclusión de que nos gustaría que fueras tú – la otra vez habían esperado a que Aiko naciera para hacer aquello, pero una cosa era reírse de la cara de susto que había puesto Taichi o la sorpresa que le habían dado a su madre y ahora esto.
- ¿Qué? – arqueó las cejas en gesto de sorpresa.
- Te dije que esa era exactamente la cara que iba a poner – dijo Sora habiendo tragado por fin-. Jou… teníamos varias opciones esta vez pero… No sé. Había algo que… decía que tenías que ser tú, no sé si me explico. No eres tan escandaloso y evidentemente como otros de nuestros amigos del grupo, pero tú siempre tienes esos cinco minutos para asegurarte de que estamos bien porque simplemente quieres hacerlo. Todas las veces que yo me he puesto mal has estado sin despegarte de mí y… Creo que en lo que a Yamato respecta eres esa parte de cordura que a veces le cojea a él un poco – sonrió-. ¿Quién mejor que tú?
El médico se quedó mirándolos. No era algo que hubiera esperado escuchar así de repente porque ni siquiera se lo había llegado a plantear. No era algo que tampoco pensara que le fueran a pedir a él. Cuando había nacido Aiko ya venía con el nombre de Taichi rondándola, no podía ser de otra forma, pero, ¿ahora? ¿Él?
- ¿En serio?
- Claro que sí – le contestó el rubio-. Mira, ahora que ya lo tenemos decidido tampoco se me ocurre una opción mejor. Es tu sábado libre y lo has aprovechado para ver si Sora está bien. Cuando tuvimos el jaleo de la prensa no te fuiste hasta asegurarte de que yo tenía las neuronas en su sitio… Y eso no es de ahora. Es de siempre. Lo sabes tan bien como yo. Y a mí, personalmente, me haría bastante ilusión que aceptaras.
- ¿Cómo que personalmente? ¿A mí no? – dijo la pelirroja, entretenida por las caras que estaba poniendo él-. La verdad es que estoy de acuerdo con lo que dice…
- ¿Y esperáis que tenga una respuesta para vosotros que no sea que sí incluso aunque me estéis intentando convencer con chantaje emocional? – contestó por fin, habiendo conseguir procesar la noticia y sonriendo-. Claro que sí, vamos a ver… Si es que no me lo tenéis ni que pedir.
- ¿Sí? – amplió al sonrisa ella.
- Claro que sí – repitió-. Y me da igual como se pongan el resto de interesados.
El rubio sonrió también ante la respuesta de él. Siempre había tenido una estrecha relación con él. Que aunque no llegaba al extremo de la que tenía con Taichi, era bastante cercana. Jou simplemente era alguien más discreto, menos llamativo y sabía hacer las cosas de una forma que para muchos pasaba desapercibido. Pero siempre se podía contar con él. Él, especialmente, siempre había podido contar con él desde muchos años atrás. Aunque estuviera ausente por sus estudios, trabajo… De alguna manera u otra estaba allí. Había hecho horas de más tras turnos de trabajo en el hospital cuando alguien había necesitado él, fuera lo que fuera, había ido a casa a la hora que fuera porque él se había puesto histérico por cualquier cosa, y siempre lo había hecho con una genuina preocupación por el aprecio que les tenía a todos.
- ¿Me habéis hecho la encerrona de la cena para pedírmelo? – preguntó devolviéndolo así a la realidad.
- No, hemos aprovechado que querías venir a verme para decírtelo. Lo de la cena es porque nos ha apetecido – le dijo Sora-. ¿No te sonó raro que no me pusiera a montar el drama con que estaba bien y no necesitaba vigilancia cuando me lo dijiste?
- Sí, pero lo que pensé que ya te habías dado por vencida con la panda de pesados que te rodea todos los días…
- También, pero esta vez tenía dobles intenciones contigo – le sonrió-. Gracias por aceptar. Ya verás como el nene chiquitín no va a poder estar más contento…
- Sí, gracias por aceptar – dijo Yamato también-. Y como siempre, por todo. Creo que parte de la responsabilidad de que nadie me haya ingresado en cardiología todavía recae en ti y oye… A Sora si la dejo sola con Aiko, los digimon y un embarazo igual no me deja volver a casa más tarde.
- Bueno, según la prensa te tengo buscado sustituto… Igual me las podría arreglar.
- ¿Sustituto? Hablarás de Koemi, porque con las noticias que me ha dado Taichi esta mañana si con lo de la prensa te refieres a él yo más bien me preocuparía de que no estuviera ingresado al lado de Yamato… - dijo el médico provocando que los otros dos se echaran a reír.
