Sora se arrastró por la cama, terminando por quedarse sentada entre todos los cojines, acomodándose así mientras que esperaba por Yamato, quien estaba en el baño todavía terminando de prepararse para ir a dormir. Mientras tanto, ella estaba entretenida revisando algunos detalles en la pantalla de su ordenador. Bajó la tapa cuando escuchó la puerta cerrándose, siguiendo entonces al rubio con la mirada.

- ¿No te echas a dormir? – le preguntó él.

- No tengo sueño – sonrió dejando el ordenador encima de la mesita-. Al menos no por ahora.

El rubio sonrió ligeramente al verla dejar las cosas, terminando entonces de posar todo en su sitio y acercándose hasta donde estaba para poder acomodarse a su lado. La miró confuso al ver como se lo impedía y que se apartaba para dejarlo a él sentarse primero. Tardó solo unos segundos antes de entenderla, haciéndolo rápidamente para luego dejarla a ella colocarse entre sus rodillas y usarlo a él como apoyo.

Y también entendió el motivo nada más posar las manos en el vientre de ella, pudiendo notar entonces todo, sintiendo los pequeños golpecitos que estaba dando el bebé, sacándole una sonrisa de oreja a oreja de forma automática.

- Así que no tienes sueño… - le dijo pasados unos segundos.

- No, creo que por ahora alguien quiere mantenerme despierta otro rato – contestó, aprovechando para dejar su cabeza ligeramente hacia atrás pudiendo así dejarla apoyada en su marido-. Oye, ¿sabes que ya estoy de algo más de cinco meses?

- ¿No me digas? – divertido, bajó la mirada hacia ella.

- Pues sí. Y me he dado cuenta de que no hemos pensado el nombre del nene chiquitín. Y no sé cómo se lo vamos a decir a Aiko pero no creo que vaya a ser un nombre que nos vayan a dejar ponerle en el registro…

Se tuvo que reír por las explicaciones de ella. Ciertamente, al menos él, no había pensado en qué nombre iban a ponerle al niño. Era algo que se le había ido olvidado y que como sabía que tenían aún tiempo no le preocupaba. Sin embargo, sin duda alguna, no le importaba ni lo más mínimo hacerlo si Sora sacaba el tema.

- ¿Tienes alguna idea? – le dijo a ella empezando a mover sus dedos de forma distraída sobre el pijama de ella.

- Pues… A ver qué te parece… La verdad es que me da un poquito igual, pero sé que a él le va a hacer ilusión.

- ¿A él? – arqueó una ceja.

- A mi padre… La verdad es que no conocí a mi abuelo paterno, según me han dicho murió bastante joven, pero mi padre suele acordarse mucho de él. Era muy importante para él y… Se me ha ocurrido que podríamos llamarlo como él.

- Pues… Yo creo que además de un bonito detalle con él eso ayudaría a igualar el drama que se tienen montado entre tu padre y el mío por ver quién de los dos chupa más cámara con Aiko… - hizo referencia al origen del nombre de la pequeña-. ¿Cómo se llamaba?

- Koji – levantó la vista hacia él.

- Koji – repitió automáticamente, quedándose en silencio unos segundos-. Me parece un buen nombre.

- ¿Si?

- Sí, ¿por qué no iba a parecérmelo?

- Pues… No lo sé – dejó ir una leve risa-. La verdad es que creo que a mi padre le va a hacer ilusión, incluso si le sale otro rubio de ojos azules…

Yamato se rio. Sabía por lo que lo decía, se lo había dicho la propia doctora. Si bien los rasgos de él eran raros allí donde vivían, los de ella todavía lo eran mucho más. Era muy poco probable que pudiera llegar a parecerse en algo a la madre. Y algo le decía que eso iba a ser mejor para su salud porque si de repente decidía parecerse a su madre no estaba seguro de sobrevivir a verlo por primera vez.

- Pues ya está. Ya tenemos nombre para él. Y creo que le gusta porque estoy sintiéndolo moverse un montón – posó mejor la palma de su mano sobre ella.

- Ya… Creo que hoy no me va a dejar dormir con mucha facilidad… - acabó por admitir con resignación-. Pero bueno, no me importa porque hoy ha sido un buen día.

- ¿De verdad?

- Sí… Les he acabado cogiendo aprecio – se rió-. No, ahora en serio. De verdad que se lo he cogido y me ha gustado mucho la comida. No tengo ni la más mínima queja del día de hoy. Hasta de lo estúpidamente guapo que ibas hoy…

De forma automática volvió a poder verse un tono más rojizo en sus mejillas. La pelirroja, quien había hecho el comentario con toda la intención, se había quedado mirando para él y lo notó al instante echándose a reír.

- ¿Cuándo vas a dejar de ponerte así cuando te digo esas cosas? Además… Es la verdad.

- Déjame – protestó consiguiendo que ella se echara a reír nuevamente.

- No te dejo, que te pones muy guapo cuando te pones todo rojo…

- Oye Takenouchi, a ver si vamos a tener problemas tú y yo esta noche – decidió aprovechar la posición de ambos para pincharla entre las costillas, provocando que diera un diera un respingo.

- ¡Yamato! – protestó.

- Te lo has buscado – repitió el gesto nuevamente.

La pelirroja se revolvió, intentando escaparse de él sin conseguirlo con mucha facilidad, principalmente porque en la postura en la que estaba y con la barriga le costaba ya poder moverse con toda la rapidez que le gustaría. Consiguió girarse para poder quedar frente a él, intentando lanzarle una mala mirada sin conseguirlo demasiado.

- Creo que estás perdiendo facultades – le dijo él, alargando las manos de nuevo hacia ella, incluso aunque ella amenazara con darle un manotazo.

- ¿Por qué?

- Porque la mirada Takenouchi ya no me intimida tanto.

- Pues eso es culpa tuya seguro – le dijo, finalmente dejando que volviera a cogerla.

- ¿Mía? – arqueó una ceja.

- Sí. Es más, es que es toda tuya. Desde que tuve la brillante ocurrencia de casarme contigo... Con eso de que en este país me cambian el apellido…

- Ah claro – intentó no reírse-. Seguro que va a ser eso – tiró de ella ligeramente hacia él aprovechando así el momento para enderezarse algo más y dejarla más cerca.

- Pues sí, toda la culpa s tuya – aprovechó para poder pasar sus brazos en torno a su cuello de forma lenta, tomándose su tiempo-. Te libras de que estoy lo suficientemente cansada hoy…

La observó unos segundos, acabando por dedicarle una sonrisa antes de acercarse a ella para poder besar sus labios con suavidad. Había entendido a lo que refería. Ahora estaba entrando en la fase en la que sus hormonas se tenían que pelear con el cansancio y eso era lo que debía de estar pasando por la cabeza de ella.

- ¿Te he dicho antes lo muchísimo que me ha gustado el reloj?

- Yo diría que un par de veces – se quedó mirándolo cuando se separó y dejó su frente apoyado sobre la de ella.

- Pues te lo digo otra.

- Me parece bien. Aunque igual te voy a tener que poner una condición…

- ¿Una condición? – la miró confuso.

- Sí, una condición – se quedó mirándolo-. Que te lo creas un poco más que no te va a venir mal – se acercó algo más a él para, nuevamente, darle un beso.

- Lo tendré en cuenta – le contestó cuando se separó sin apenas alzar el tono-. Anda, vamos a intentar que duermas un rato a ver si cierto señorito tiene a bien dejar dormir a su madre…

Pudo ver la cara de resignación de ella, quien acabó por asentir y retroceder por la cama para poder moverse y así poder meterse en la cama. No tenía demasiada pinta que por el momento el bebé fuera a estar por la labor. Se puso en pie, abriendo la cama bajo la mirada de Yamato, quien acabó por dejar escapar una ligera risa.

- ¿Qué te pasa?

- Que tienes puesta una cara de resignación que no puedes con ella – le dijo-. Anda, acomódate que voy a ver si te traigo una de las infusiones que tienes a ver si eso te ayuda a dormir un rato.

- No andes dando vueltas…

- A callar…

Entretenido por la cara que puso ella echó a nadar hacia la puerta, todavía riéndose ya que parecía que le faltaba poco para hinchar los mofletes. Le daba pena cuando se la encontraba a la mañana siguiente con ojeras y durmiéndose por las esquinas porque el pequeño no había estado por la labor. Al menos por ahora no parecía haber heredado la costumbre de Aiko de moverse cuando él hablaba, pero no iba a decirlo demasiado alto. Salió hacia la cocina para poder poner el agua a calentar y preparar las cosas. Decidió hacer solo para ella, ya que algo le decía que él se iba a quedar dormido con facilidad y que no iba a necesitar ayuda, además, no quería dejarla dando vueltas sola en la cama mientras que él dormía plácidamente a su lado.

Había sido un buen día. De los que no se le iban a olvidar con facilidad, sobretodo por la encerrona que le había hecho Sora. No esperaba por parte de ella un detalle como el reloj, pero mucho menos se esperaba lo que le había dicho. Sonaba hasta idiota, ya que dentro de lo que cabía era esperaba, pero… Pero. No la culparía si ella siguiera renegando de todo aquello. A fin de cuentas, más allá de su estupidez, había sido el principal motivo por el que ellos dos no habían podido estar juntos hasta tan tarde. Los sustos y disgustos que se había llevado por culpa de su trabajo tampoco jugaban a favor de nada. Pero era la naturaleza de ella. Eso sí que no lo podía negar. Dejaría de ser su Sora si no lo hubiera hecho. Pasada la sorpresa inicial ahora le parecía hasta lógico.

- Tienes puesta esa cara de bobo – dijo Gabumon, provocando que diera un respingo.

- ¿Qué narices haces tú ahí? – le preguntó al digimon.

- Pues sentí luz y estaba despierto… - caminó hasta él.

El rubio sonrió, agachándose nada más que lo tuvo a su lado para poder cogerlo y dejarlo sentado encima de la encimera y que quedara a su altura.

- He preparado agua de más, ¿quieres tú? – señaló hacia el bote de la infusión que había encima de la mesa.

- ¿No puedes dormir? – asintió al ofrecimiento de él.

- Sora – fue a por otra taza-. El bebé se está moviendo y no parece que la vaya a dejar dormir con facilidad. ¿Aiko está dormida?

- Sí, como un lirón – siguió al rubio con la mirada, acabando por enfocarlo de frente cuando se le acercó de nuevo-. Es bueno que le bebé se mueva tanto, ¿verdad? – preguntó, dejando notar una pequeña preocupación en su tono.

- Tranquilo – asintió-. Es bastante bueno, eso quiere decir que ya tiene el tamaño más que suficiente para que le notemos los movimientos cuando se acomoda. No te preocupes… Creía que de los dos el paranoico era yo – contestó entretenido-. Esta vez… Y manda narices que lo diga yo, parece que podemos estar tranquilos y que todo va a ir perfectamente. La otra vez… Era diferente.

- ¿Diferente?

- Diferente – asintió-. ¿No te acuerdas de lo mal que lo pasó los primeros meses?

Era una buena explicación. Quizás el digimon no lo hubiera visto tan de cerca. Al dormir en la otra habitación no había llegado a ver de primera mano cómo se ponía por las mañanas Sora. Aunque algo le decía que él tampoco lo había visto todo y que si le preguntaba a Toshiko ella iba a tener unas cuantas cosas para contarle. Y tal y como le había contado la doctora, gran parte del riesgo del primer embarazo había derivado de esos meses de los horrores que había pasado ella. Esos meses en los que casi no había podido ni moverse de la cama. Le habían pasado factura durante el embarazo y todavía después.

El sonido del agua llamó la atención del rubio devolviéndolo a la realidad y yendo a llenar ahora las dos tazas que había dejado encima de la encimera.

- No te preocupes, ¿vale? Que ahora está ella mejor que todos nosotros juntos me parece a mí – le contestó tendiéndole la taza al digimon-. Y no te lo bebas ya que tiene que estar quemando…