Yamato se dejó a Aiko sentada encima de las rodillas, prefiriendo que estuviera ahí y que cuando se tuviera que levantar dejarla en su propio asiento que tenerla apartada. Primero porque le gustaba tenerla con él y así la tenía más controlada.
- No sé yo hasta qué punto será bueno para el personal de la JAXA – le susurró Sora por lo bajo al rubio observándolos unos segundos antes de volver a apartarse, observando a sus suegros que estaban sentados juntos por detrás de ellos-. ¿Takeru se quedó protestando mucho?
- Takeru y protestar son son sinónimos, pero como solo podíamos venir nosotros al final ha aprovechado para invitar a cenar a mi padre – explicó su suegra.
- La verdad es que entiendo que protestara y que le hubiera gustado venir…
- Para poder meterse un poco conmigo, eso siempre – giró la cabeza el rubio también-. Bueno, no se lo contéis, pero a mí también me hubiera gustado que viniera… - se distrajo al dejar que Aiko enredarse con su mano para poder subirle la manga de la chaqueta y entretenerse mirando hacia el reloj de él.
Hiroaki aprovechó para acomodarse en su asiento, observando desde ahí a Yamato. Pocas veces había traspasado las puertas de su trabajo, y siempre había sido por algo malo. La primera vez había sido cuando habían vuelto precisamente del viaje del que se cumplían ya diez años y aquello había sido en Tanegashima. La siguiente vez, también en la otra sede, cuando de nuevo habían vuelto a Marte y se había conseguido arreglar para tener su pase de prensa y poder estar con él a sabiendas de lo nervioso que iba a estar. Y la última, ya en Tokio, cuando había sido a buscarlo cuando Sora había acabado en el hospital.
Ahora, sin embargo, pues lo tenía delante sentado totalmente distraído, pendiente de hablar con su madre, con la cual que hasta hacía no mucho apenas habían tenido relación, con la niña encima y al otro lado su nuera. Si precisamente la primera vez que había cruzado aquellas puertas se lo hubieran dicho no se lo habría creído. No se dio cuenta de que en sus labios se había dibujado una leve sonrisa hasta que se encontró con la mirada de él observándolo.
- ¿Qué? – le preguntó.
- ¿Qué de qué? – contestó, carraspeando-. ¿Ese es el reloj que me dijiste que te había regalado Sora? – se lo señaló con la cabeza para esconder un poco el hilo de sus pensamientos.
- ¿Fuiste corriendo a contárselo a tu padre? – le dijo ella divertida al escucharlos.
- Nada más que lo echaste de casa – contesto su suegro mientras que se inclinaba ligeramente hacia delante para poder observarlo-. Muy apropiado, ¿a que sí Aiko?
La niña no hizo caso de las palabras de su abuelo, distraída en seguir los movimientos en el objeto, volviendo a sacarle una sonrisa a él, especialmente cuando decidió que podía seguir haciendo aquello apoyándose del todo hasta dejar la cabecita sobre Yamato.
- ¿No te irás a quedar dormida? – le preguntó él.
- No papi.
- ¿Segura? Mira que tienes que cuidar del nene chiquitín cuando yo tenga que irme con Mai y los demás – mencionó a la piloto ya que era a la que más conocía la pequeña. Sonrió al verla asentir-. Ya me dejas más tranquilo.
- Papi… - lo llamó.
- ¿Qué?
- Me suena la barriguita…
Se echó a reír a sabiendas de que no debería de sorprenderle aquello viniendo de la pequeña. A lo mejor tendrían que haberle dado la cena antes de salir, pero era demasiado temprano y también solía darle sueño.
- ¿Te suena mucho?
- Un poco papi.
- Pues… - miró hacia la pelirroja-. No creo que tu madre te haya traído nada…
- ¿Qué le pasa? – preguntó Sora dándose cuenta de que la observaban.
- Que tiene hambre – explicó el rubio.
- ¿Tienes hambre ya? – bajó la vista hacia la muñeca de él para poder ver la hora, comprendiendo el motivo por el que la pequeña se quejaba-. Pues… Yo creo que no he cogido nada porque no me iba a entrar en el bolso.
- ¿Qué le pasa a la chiquitina? – preguntó Natsuko adelantándose para poder observar a la pequeña.
- Me suena la barriguita abu – levantó los ojos hacia ella, abiertos de par en par como solía hacer cuando quería algo.
La mujer se empezó a reír sin poder evitarlo, alargando los brazos para que su hijo se la pasara. La observó unos segundos antes de hacer lo que ella le pedía, dejando que la niña se fuera con ella, todavía sin saber muy bien lo que pensaba su madre. Al menos hasta que vio como sacaba de su bolso una pequeña caja en la que se podía ver claramente un par de macarons.
- Si no te los traigo a tu abuelo y a tu bisabuelo les da algo… Para algo en lo que se ponen de acuerdo – casi que refunfuñó antes de darle uno de ellos a la pequeña-. Ya verás qué rico. Pero quédate conmigo, ¿eh? Que sino igual llenas a tu padre de miguitas y no se nos puede ensuciar hoy que está muy guapo.
- Papi siempre va muy guapo – cogió el dulce, observando sus colores -. Siempre se lo dice mami.
El rubio no pudo más que arquear las cejas ante las palabras de la niña, girándose para que no lo vieran ponerse rojo por las últimas palabras de ella al notar cómo le subía el calor a la cara. Sora, que sí que se dio cuenta, no pudo más que reírse por lo bajo.
- Tendría que haberle traído algo, pero no me di cuenta – dijo ella, distrayéndolo así.
- No nos dimos cuenta ninguno de que es la hora a la que ella suele cenar – contestó, dejando el brazo algo más separado de su costado en el reposabrazos, esperando a que ella se diera cuenta del gesto.
Apenas unos momentos más tarde, al percatarse, se inclinó ligeramente hacia su lado pudiendo así volver a cogerse a él, solo que ahora quedándose sentada y mucho más cerca de él.
- Mira qué dos – le dijo Takao a Mai, buscando así distraerla y que dejara de vigilarlo.
- ¿Qué dos? – le preguntó ella.
- A tu querida maravilla rubia. Entretente en vigilarlo, que está asustando a media sede al verlo así de cariñoso en público.
La piloto giró la cabeza hacia donde señalaba el otro, encontrándose justamente lo que estaba diciendo. En vez de prestarle atención a la pareja, lo que hizo fue mirar hacia algunos que se habían fijado en el comportamiento de ellos dos, aprovechando para reírse.
- Lamento informarte de que estoy ya más que curada de espanto con esos dos y que no te vas a librar de mí tan fácilmente… - volvió a girar la cabeza hacia él.
- ¿No la conoces ya? ¿De verdad tenías esperanzas de que colara y que te dejara estar? – Arata, entretenido todavía tras haber conseguido que las dos niñas se quedaran quietas, volvió a centrarse en la conversación-. Y sinceramente, no la culpo. Que hasta yo te tenía dado por perdido ya.
Takao se quedó observando hacia el que ahora había hablado, limitándose por fin a poner los ojos en blanco.
- Que os den. A los dos – dando por perdida la conversación, volvió a andar sobre sus pasos para poder ir a sentarse donde le había tocado, no demasiado lejos de dónde los otros estaban.
- Si al final va a ser a ser más entretenido de picotear este que Yamato – dijo Mai siguiéndolo con la mirada.
- ¿Tú crees?
- Sí, Yamato tenía menos aguante. Ya me habría mandado a paseo ayer y hoy no me miraría ni a la cara, pero Takao da más juego – sonrió antes de quedarse mirando hacia las dos niñas unos segundos-. Aunque bueno, me alegro por él.
- No creo que lo ponga en duda… Pero que debe de tener ganas de tirarte por las escaleras seguramente.
La piloto sonrió de manera traviesa sin poder evitarlo. En realidad, no lo estaba haciendo con intención de fastidiar, sino que le había salido de la forma más natural. Habían sido tantos los años que había pasado sin verlo con nadie al lado que le había chocado muchísimo.
- Si la verdad es que… No sé – señaló hacia donde se podía ver a los Ishida-. Cuando me enteré de lo de ellos fue como si algo de repente hiciera "click".
- ¿Click? – se rió, apartándose ligeramente tras recibir un empujón con el hombro.
- Hablo en serio. De repente entendí qué mosca le había picado a Yamato. Que lo conozco desde hace casi tanto tiempo como a ti, que no venía con los morros puestos de serie… Pero Takao… Takao de verdad que simplemente parecía no tener interés que en nada más que en el trabajo.
- Serán diferentes formas de llevarlo. Te prometo que a mí no me ha dado por ir matando gente con la mirada cuando te has ido a flotar al espacio. Tienes mi palabra.
- No sé si tomarme eso como algo bueno o como una indirecta de que te da igual que me vaya un par de años de casa…
- Bueno… No veas lo tranquilo que estaba yo sin que nadie me gritara por olvidarme las puertas abiertas…
Arqueando una ceja por su respuesta no fue tampoco capaz de intentar parecer seria acabando por echarse a reír. Era complicado para ella convivir con la idea de no poder viajar de nuevo al espacio, pero, al menos tenía la carta de enseñar a las nuevas generaciones. Siempre le iba a quedar aquello. Y, sin duda, lo que tenía en aquel planeta valía mucho más de lo que pudiera encontrar fuera.
- Ya me pensaré si te dejo durmiendo fuera de casa hoy – contestó pasado un rato.
- Igual me acepta Takao, tú tranquila – se distrajo on facilidad al ver de repente pasar a Hideki, viendo que iba acompañado de más gente.
Aquello también llamó la atención de Mai, la cual reconoció con facilidad a aquellos con los que iba, poniéndose más serie de repente, dándole a entender a él que todo aquello debía de estar a punto de empezar. Le hizo gracia verla hacer eso, no estando acostumbrado a verla seria o incluso nerviosa. Pero aquella vez era diferente. Sabía que era algo importante y que se lo tomaba muy en serio. Y si miraba más hacia Tami y Nyoko más importante podía parecerle, por eso mismo siempre había intentado facilitarle las cosas lo más que había podido. Habían tenido la suerte de que él podía llevar a cabo su trabajo desde cualquier parte del mundo, lo cual había eliminado todas las trabas que otros hubieran podido tener. Había sido más complicado al principio, pero una vez que habían pasado el periodo más crítico, lo más duro que les había quedado por delante había sido el ser capaces de que él sobreviviera a los estreses que le entraban de repente a Mai. Por suerte, parecía tener bastante práctica en aquello.
- Mira, al que está a la derecha de Hideki lo conozco – le acabó por murmurar tras estar un rato observándolos.
- ¿De qué? – confusa, giró la cabeza hacia él.
- De hecho seguro que hasta se acuerda de mí – dejó ir una leve risa-. Cuando tuvisteis el accidente hace años ya fue el que más a mano me quedó para meterle cuatro gritos y amenazar con traerle a la prensa de todo el país como no me dejaran pasar a verte.
- Di que si, tú siempre haciendo amigos. A ver si va a haber sido mala idea traerte conmigo y nos acaban echando a los dos…
Era un tema con el que no se podía ni bromear, lo admitía. Prefería también dejarlo en el olvido todo lo que pudiera, pero sabía a lo que Arata se refería. De manera automática buscó la mirada un cuerdo dorado no demasiado lejos de dónde Yamato estaba.
- Más les vale a esa panda de estirados darle a Gabumon todo el crédito que se merece porque si no fuera por él iban a haber conseguido lo que yo te dijera… - murmuró antes de centrarse por completo en lo que parecía que estaba a punto de comenzar.
