Sora giró la cabeza para observar a Yamato cuando se pidió que el equipo que se adelantara para poder empezar realmente con el evento. Lo primero porque tuvo que soltarse de la mano que él le tenía cogida. Más o menos desde que todo había empezado, había enredado sus dedos con los suyos y había estado jugando con ellos. Aquello delataba que estaba nervioso y, sin duda, no iba a ser ella la que fuera a culparlo. Lo encontraba hasta adorable en cierto punto. Amplió más su sonrisa cuando antes de soltarla le dio un rápido beso en el dorso y se puso en pie, notando como Gabumon lo seguía automáticamente. Dejó escapar una ligera risa antes de girarse para coger a Aiko de brazos de su abuelo para que pudiera ver mejor.
- ¿Dónde van? – preguntó en voz baja a su madre.
- Ya verás – la acomodó bien sobre sus rodillas-. Tienes que estar muy atenta, ¿vale?
- ¿No puedo ir con ellos?
- No tortuguita, pero vienen enseguida – le dio un suave toquecito en la nariz, sonriendo de nuevo al ver como asentía y hacía lo que le había dicho su madre.
Se aseguró de que estaba bien sentada y que podía ver bien antes de volver a levantar la vista, dándose cuenta de que la vista de Yamato estaba fija en ellas dos. Conociéndolo como lo conocía, sabía que estaba nervioso y que no estaba tampoco cómodo del todo. Incluso en aquellas alturas de su vida seguía sin llevarse bien con ese tipo de situaciones y ella todavía se preguntaba como en su adolescencia había sido capaz de subirse a un escenario. Le devolvió la mirada cuando se cruzó con la de ella, dejando de mirar a la niña, guiñándole ligeramente un ojo antes de volver a acomodarse esperando que así se tranquilizase.
Tampoco podía culparlo. Ella misma estaba también nerviosa. Se lo había acabado conseguido pegar. Desde que había visto lo importante que era para él, prácticamente se le había acabado pegando y el verlo nervioso y pendiente de que todo saliera bien, había acabado haciendo que ella también lo viera de la misma forma. Además, lo que le había dicho el otro día era totalmente cierto, ella estaba muy orgullosa. Era un logro extremadamente grande. Y ella llevaba años viendo prácticamente a diario a todos y cada uno de los miembros del grupo. Prefería no pensar demasiado en el tema, porque iba a volver a entrar en el bucle de sentirse mal por haber ignorado todo aquello. En aquel momento prefería centrarse en mirar hacia Yamato.
En aquel momento estaba Hideki hablando como primer responsable de todo aquello. Sobre él había recaído toda la responsabilidad en el viaje del que se celebraban ahora los 10 años. Cuando Yamato había viajada por primera vez a Marte había sido muy joven. Ella no entendía demasiado de edades o cuándo se empezaba, pero, a sus ojos, los veinticinco años le parecían muy pocos para acabar en algo tan gordo. Por otro lado, ¿no sería mejor que fueran más jóvenes por si había complicaciones? ¿Sería mejor tener un equilibrio? Eran dudas que se le habían ido formando en su cabeza y que algún día aprovecharía para preguntarle a Yamato más detalladamente sobre el tema.
Desconectó de las palabras que estaban diciendo, quedándose mirando hacia él desde allí. Sin duda, no podía evitar que ese uniforme le trajera recuerdos de la boda de ambos, más en fechas como aquella, en las que tenían el aniversario tan cerca. Pero, dejando eso de lado, aquella noche llamaba la atención más de lo normal. Y lo decía de la forma más imparcial que podía. Aquella noche cuando lo había visto con el uniforme completo y ya había ido a buscarla para salir, se le había revuelto hasta lo que no sabía que se le podía revolver en el mejor de los sentidos y se le había olvidado cómo respirar. Le gustaba que después de tanto tiempo siguiera teniendo sobre ella el mismo efecto, sino más, que al principio de todo. Habían evolucionado los dos con el paso del tiempo y, de una manera u otra, en lo que a ellos respectaba, se las habían arreglado para seguir exactamente igual.
- Mami – levantó la voz la niña, devolviéndola a la realidad.
- ¿Qué pasa chiquitina? – bajó la cabeza hacia ella, susurrando para que no se la escuchara.
- ¿Qué hace papi ahí?
- Pues… Hizo algo muy muy importante. ¿Por qué no le dices que te lo cuente él que seguro que le gusta? – se echó el pelo hacia detrás de las orejitas.
- Vale – se giró de nuevo a seguir mirando hacia donde estaba el rubio, volviendo a girarse nuevamente hacia su madre-. ¿Y Gabu?
- También. A ver si te crees que él va a dejarlo ir solo a algún sitio…
La pelirroja no pudo más que sonreír cuando en la cara de la niña se reflejó que había caído en la cuenta de que su madre tenía la razón. Que claramente Gabumon no iba a decir ir a Yamato a ninguna parte a no ser que estuviera cuidándola a ella. La dejó girarse de nuevo a mirar hacia ellos dos, dándose cuenta también entonces que los ojos del rubio estaban fijos en ellas dos. Sonrió y le mantuvo la mirada hasta que a él no le quedó más remedio que volver a romper el contacto visual.
- Muchas gracias – dijo el rubio cuando Hideki le cedió la palabra, teniendo así que adelantarse.
No era amigo de tener que hablar en público, pero aquel día tenía bastante claro lo que quería decir. Hacía tiempo que le habían dicho que se esperaba que los miembros del equipo dijeran unas palabras y había preparado lo que quería decir. A pesar de que fuera un campo en el que no se encontrara cómodo completamente, ya de hacerlo, quería hacerlo bien. Y quería que se le diera el reconocimiento a aquellos que podrían pasar desapercibidos. Siempre se alababan los mismos cuatro nombres en todo aquello y ellos eran un equipo de seis.
Era algo que si no lo hacía él estaba seguro de que alguien lo acabaría haciendo, pero, sentía que era su deber. Notó como su fiel compañero iba tras él, como siempre sacándole así una leve sonrisa. Aprovechó el momento para enfocar de nuevo a su familia antes de empezar a hablar.
- En primer lugar quisiera dar las gracias a la organización por darnos la oportunidad de tener algo que celebrar hoy – sabía bien lo que tenía que decir, los nombres que tenía que mencionar para cumplir y poder llegar finalmente a la parte que de verdad había preparado. Se entretuvo en hablar, aprovechando para relajarse algo más -. Hace ya casi quince años que un día se abrió la convocatoria para la participación en una beca a los estudiantes de ingeniería aeroespacial de la escuela de Tokio, teniendo la suerte de encontrarme en ese momento matriculado allí. Jamás pensé que llegaría el día en el que estaría aquí diciendo eso, y mucho menos por el motivo que lo estoy haciendo. Lo que sí que tengo claro es que de llegar a este momento tendría que hacerlo en la compañía de quien lo hago ahora mismo. Los que lo hemos vivido desde cerca sabemos que nada habría sido posible sin los diseños de los ingenieros Tanaka y Kimura - dijo mirando hacia Katsu y Takao -, los responsables de la adaptación que permitió poder tomar tierra finalmente en el planeta rojo. Tampoco habría sido posible nada de todo esto sin las habilidades de la comandante Enoki, a la cual aprovecho para felicitar públicamente por su ascenso, que aunque tardío, por fin sirve de reconocimiento y agradecimiento por su labor durante todos estos años – aprovechó para lanzarle una mirada de reojo a ella también-. A fin de cuentas, en sus manos está quedando la formación de los nuevos pilotos de esta agencia y eso se debe sin duda en la confianza que se ha ganado con su habilidad y pericia todos estos años. Durante muchos años se ha hecho el vacío con ella, haciéndola esperar por ese rango tan merecido que ahora mismo ostenta por motivos que ahora mismo no deberían de existir en nuestra sociedad. No es simplemente una piloto extraordinaria, con un temple a los mandos que muchos envidiarían, sino que se ha convertido en la piloto más joven de la historia de nuestra organización a pesar de tenerlo todo en contra. Yo tengo una hija pequeña que espero que pueda crecer en una sociedad donde tenga referentes como este, donde de verdad hay algo por lo que sentir verdadera admiración. Es mucho lo que tenemos que agradecerle a la piloto loca de la JAXA. Así mismo, y ya a nivel más personal, no puedo dejar de lado al General Hideki, quien tuvo la paciencia para poder hacerse cargo de un grupo que empezaba su carrera espacial y a los que gracias a su experiencia consiguió llevar hasta un planeta que nadie más había pisado.
Hizo una pausa, aprovechando para bajar la vista hacia Gabumon, sabiendo que simplemente se había colocado a su lado. Él había sido la pieza más importante de todo aquello, pero, no podía decirlo. Nadie iba a hacer referencia a que aquel país había llegado a Marte con éxito gracias a él. A que estaban vivos gracias a él. Pero, siempre había formas de hacer las cosas.
- Sin embargo, aunque sea uno de los miembros de la JAXA más pintorescos que se hayan visto, no puedo dejar de mencionar a Gabumon. Los miembros del primer equipo sabemos hasta qué punto ha sido importante para poder realizarlo todo con éxito, ayudando siempre a que las cosas fueran como debían de ser. Mucho se ha hablado estos últimos tiempos sobre los Digimon y su papel en nuestra sociedad, teniendo muchos retractores que solos los ven como "monstruos". No podría estar más en desacuerdo. Estos seres son mucho más capaces que nosotros para poder hacer cualquier cosa y su naturaleza suele ser leal y buena y ya es hora de que de verdad se les reconozcan sus derechos. No era su obligación colaborar con la JAXA únicamente porque fuera mi trabajo. Él era libre de quedarse en casa, seguro y sin problemas, y sin embargo, quiso ayudarnos. Y menos mal que lo hizo – sonrió, quedándose mirando hacia él -. Al igual que he dicho antes, ya es hora de que se reconozca su importante labor a él también, sobretodo por llevar a mi lado tantos años.
Bajó la vista hacia él, notando como lo estaba observando fijamente con los ojos abiertos de par en par, no esperando aquellas palabras por parte de él. Simplemente ni siquiera las había visto venir ya que únicamente se había limitado a acompañarlo cuando él se había adelantado para hablar.
- Y ya más a nivel personal quiero dar las gracias a mi familia y amigos, pero, en este caso, especialmente a mi padre, ya que cuando su hijo le salió con que quería ser astronauta, a pesar de que estoy seguro de que pensó que estaba loco, lo único que hizo fue apoyarme. Es uno de los grandes responsables de que hoy esté aquí y no puedo más que estarle agradecido una vez más. Y, cómo no, a mi esposa, que me trajo de vuelta de la oreja cuando estuve a punto de rechazar la misión que iba a cambiar todo para siempre porque no quería volver a irme de Tokio.
A fin de cuentas, lo primero que le había dicho en su momento era que no podía dejarlo, que se iba a arrepentir. Y ahora sabía que ella tenía toda la razón. Las cosas habían sucedido cómo y cuando tenían que ser. Se había retirado en su momento de hacerlo y ahora tenía la vida que en su momento él había querido. O quizás una mejor ya que nunca se habría podido llegar a imaginar en una situación como tal.
Dando por terminada su intervención, se despidió con una inclinación de cabeza antes de volver a su sitio, al lado de sus compañeros. No tardó en sentir, una vez de nuevo en su lugar, como Gabumon le tiraba de la pernera del pantalón.
- ¿Qué? – le preguntó sin levantar demasiado el tono.
- Yo solo lo hago por ir contigo.
- Ya lo sé – le dijo tras sonreírle y posar la mano en su cabeza para darle una ligera caricia.
