- Mami… - Aiko cerró la mano en la falda del vestido de su madre, dándole un ligero tironcito haciendo así que ella la observara-. Tengo sueño.
- ¿Tienes sueño? – se agachó para poder cogerla-. ¿Mucho mucho?
No le contestó de palabra, sino que echo los brazos a su cuello y dejó la cabeza apoyada contra ella en un ataque de mimos sacándole así una risa a su abuela, la cual se quedó mirando hacia ellas entretenida.
- Me parece que eso es un sí – le dijo.
- Sí, la pobrecita ya debería de estar en la cama.
- No pasa nada – llevó la mano al pelo de su nieta, dándole así una ligera caricia-, cuando llegue tu abuelo nos vamos para casa para que duermas.
- No hace falta que os vayáis tan pronto…
- Claro que sí, vosotros aprovechad que todavía tenéis noche por delante que yo me quedo más que encantada con ella – sonrió, levantando la vista y viendo llegar a los dos que faltaban.
- Pero bueno – dijo Yamato, dándose cuenta de dónde estaba Aiko, yendo hasta ella-. ¿Y eso?
Nada más escuchar la voz de su padre levantó ligeramente la cabecita, alargando los brazos para que él la cogiera, consiguiendo de nuevo con facilidad mientras que se reía por lo bajo por la terrible traición que acababa de provocar en la pequeña con respecto a su madre.
- Tiene sueño – explicó la pelirroja.
- Le estaba diciendo a Sora que nosotros podemos irnos ya y llevarla para que duerma – le dijo Natsuko.
- Eso mismo estaba diciéndole yo a Yamato, así que me parece bien – asintió Hiroaki-. Nos llevamos a esta señorita a casa y todos contentos. Además, yo tengo algo de hambres y esta comida tan elegante a mí la verdad es que no me llena…
- Tú vas a comer lo que yo te diga – le dijo la rubia sonando como si le estuviera hablando a la niña en vez de a él-. Aiko, chiquitina, ¿te vienes con nosotros a dormir?
Yamato le dejó a la niña a su padre, después de que la pelirroja se hubiera despedido de ella, cuando por fin llegaron hasta la salida la cual no se había querido separar de él todavía. Sonrió al ver que estaba prácticamente dormida y que ni siquiera se enteraba del cambio.
- Cuando vayamos a ir a por ella os llamo para ver dónde estáis, ¿de acuerdo? – le dijo a ellos.
- No te preocupes, y tarda lo que quieras – le contestó-. Nosotros encantados de tenerlos rondando a los tres. Seguro que tu hermano se nos cuela por casa con los dos terremotos, así que estaremos entretenidos.
- Mi hermano y mi abuelo, no te olvides de él – le dedicó la mejor de sus sonrisas antes de dar un paso hacia atrás y ponerse al lado de Sora, posando la mano en su cintura de forma distraída.
- Muchas gracias por quedaros con ella hoy – dijo ella.
- Si ya sabes que nosotros estamos más que encantados – contestó su suegra-. Vosotros disfrutad de lo que queda de noche.
No tardaron demasiado en irse, llevándose con ellos a la pequeña y a los digimon mientras que ellos dos se quedaban esperando a perderlos de vista. Yamato cambio la mano de sitio de dónde la tenía hasta el hombro de Sora para poder acercársela algo más al notar que se había encogido ligeramente a causa del frío de la noche y su atuendo.
- ¿Tú estás cansada ya? – le preguntó bajando la vista hacia ella.
- No, además, si quisiera irme a casa ya les habría dicho que Aiko venía con nosotros hoy – negó con la cabeza.
- Pues yo creo que ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer aquí hoy – se inclinó para decirle aquello, entretenido al ver su cara de confusión.
- ¿Ya te quieres ir?
- No me parecería mal, a esta gente ya los tengo más que vistos y creo que Mai sigue queriendo venganza por lo de antes, así que no me vendría mal escaparme.
- Pero… ¿entonces por qué no me lo dijiste antes y nos llevábamos nosotros a la chiquitina y así nos andábamos molestando a tus padres?
- Lo primero… porque mis padres están más que encantados de quedarse con ella y lo sabes. Es más, los creo capaces de ofenderse si te escuchan decir que la tortuguita les molesta por casa. Y segundo… porque tú y yo no nos vamos para casa – sonrió de manera traviesa.
- ¿Cómo que no nos vamos para casa?
- No, no nos vamos para casa – buscó su mano para tirar de ella y poder ir a recuperar la ropa de abrigo, divertido por las caras de la pelirroja de no entender nada.
Aquello era señal de que había hecho las cosas bien, que ella no se había dado cuenta de lo que tramaba. Hacía ya días que habia conseguido hacer la reserva para poder pasar el fin de semana los dos solos cumpliendo con lo que ella le había dicho sobre estar los dos nada más. Luego, aún no sabía cómo, se las había ingeniado para hacer una pequeña maleta para pasar el fin de semana sin que ella se enterara de que faltaba nada en su armario. Había estado a punto de pillarlo cuando había ido a dejar las cosas al coche, pero había podido librarse y la cara de sorpresa y de no entender nada que llevab puesta confirmaba que lo había hecho bastante bien.
- ¿Y si no nos vamos para casa se puede saber a dónde vamos? – dijo todavía mientras que lo seguía.
- ¿Te acuerdas cuanto hace unos años dijiste que tenías un viaje, te acompañé al aeropuerto y al final acabé secuestrado? Pues yo creo que ya iba siendo hora de una bonita venganza…
- ¿Qué? – parpadeó, confusa, dejándose arrastrar por él al haberla cogido de la mano, escuchándolo reírse-. ¿Dónde se supone que vamos?
- Ya lo verás. Al menos yo no tengo tiempo como para esconderte el destino después de veinte horas de viaje, pero oye, déjame que al menos me entretenga un rato…
Echó a andar con Sora en dirección hacia el coche, no queriendo perder tampoco demasiado tiempo. Tenía más o menos controlado el tiempo y sabía que todavía llegaban para el último tren con el que podrían llegar bastante rápido a su destino. La estación tampoco les quedaba lejos. Esperaba pillarla lo suficientemente distraída para poder alargar algo más la intriga sobre a dónde iban o no.
- ¿Cómo que vamos en tren? – le preguntó la pelirroja después de haber dejado el coche en el aparcamiento de la estación-. ¿Con estas pintas?
- ¿Qué pasa? Con lo guapa que vas hoy…
- Pero…
- Venga, vamos, deja de poner cara de susto, que no quiero perder el tren o entonces sí que se nos va a hacer tarde… Y no me provoques o acabaré sacándote una foto para que veas la cara que traes puesta desde hace un rato.
Pudo ver como ella entrecerraba los ojos, cediendo y dejándolo a él echar a andar y hacer lo que él quisiera ya que, de los dos, era el que parecía haber estado confabulando a sus espaldas durante varios días. Lo que no entendía era que, con lo evidente que solía ser él, cómo se las había arreglado para que no sospechara nada. Quizás había estado demasiado pendiente del evento como para sospechar de nada de lo que él hacía o no.
- ¿No me vas a decir a dónde vamos? – le acabó preguntando curiosa.
- No – sonrió, entretenido.
- ¿Y lo que me has metido en la maleta?
- Sí, eso sí. Te he metido los pantalones negros que siempre dices que llevas cómodos y un par de tus jerséis finos anchos de esos nuevos que te compraste hace poco. Creo que uno tiene la etiqueta y todo… Ah, y el vestido que te regaló tu madre. Lo demás… pues el pijama y esas cosas…
- Y esas cosas… - acabó por reírse-. Eres un traidor, Ishida. ¿Cómo puede ser que no te haya pillado?
- Porque creo que estabas demasiado ocupada conspirando en mi contra tú también – lo decía por el reloj que le había regalado y que aquel día había podido estrenar por fin-. Es un viaje corto, tranquila – le dijo cuando por fin llegaron a los asientos-. Con el vestido vas a poder sobrevivir.
- Si es muy cómodo… Pero es que no pasamos precisamente desapercibidos así, ¿sabes?
- Pues mejor, así puedo presumir de ser el mejor acompañado de todo el tren. ¿Quieres algo para el camino?
Esperó a que ella se sentara primero, aprovechando entonces a colocar la maleta en la parte superior y dejar cerrado el compartimento. Al ver la respuesta negativa de la pelirroja tomó asiento él también, no tardando en notar como ella se movía para acomodarse de tal forma que su cabeza quedara apoyada sobre su hombro.
- ¿Sigo siendo un traidor?
- Cuando lleguemos hablamos… ¿Has estado conspirando con tus padres?
- Y con Haru, como siempre. Ellos encantados de quedarse con Aiko y ella encantada de cotillearte la agenda del trabajo para comprobar que no tuvieras nada importante qué hacer.
- Y pensar que antes se suponía que trabajaba para mí… Me ha vendido de la peor de las maneras para conspirar contigo. Y con Andrew ya tendré yo alguna que otra palabra.
- En su defensa diré que la culpa la tienes tú – contestó divertido.
- ¿Yo?
- Hideki te pidió socorro a ti, fue decisión tuya pasarle a él el proyecto…
- Sí claro, iba a estar yo como para ponerme a hacer semejante cosa y para encima tenerte a mano para poder hacer pruebas… - dijo con resignación a sabiendas de que con o sin hormonas alternadas no iba a ser algo que se pudiera tomar de forma muy profesional.
Entendiendo perfectamente el motivo por el que ella decía aquello, no pudo más que reírse, notando el tono que había usado. Contrariamente a lo que cualquiera hubiera podido esperar, tampoco hubiera tenido mucho problema en dejarse para eso, aunque, los motivos que pasaban por su cabeza tenían más que ver con lo que pasaba por la cabeza de ella que con cualquier otra cosa.
- Creo que el hotel no está demasiado lejos de la estación, así que si cuando llegamos estás cansada ya podrás echarte tranquilamente – lo cierto era que le gustaría poder terminar la noche de otra forma, pero sabía que con la condición de ella cualquiera cosa era posible, sobretodo notando como se iba acomodando cada vez más contra él.
- Estoy bien – le dijo-. De verdad, pero es que es más cómodo ir así… Voy a tener que darle la razón a Aiko.
Eso no era algo que le fuera a discutir a la niña, no se le ocurría otro sitio mejor en el que estar y más al sentirlo inclinar la cabeza hacia ella para poder dejarle un beso en el cabello casi a la vez que se anunciaba el comienzo del viaje en el tren.
Yamato no tardó en reírse por lo bajo, notando como ella se había quedado dormida. Pasara el tiempo que pasara había cosas que no cambiaba con Sora. No necesitaba estar embarazada para ir pregonando que no tenía sueño y que estaba perfectamente y dormirse en cuestión de minutos en cuanto estaba cómoda. Ahora aquello simplemente se acentuaba más. Él, por su parte, no tenía queja alguna. Podía entretenerse observando las luces de la ciudad hasta que desaparecieran en mitad de la noche.
Había solo cuestión de un par de semanas que aquello no había coincidido con el aniversario de ambos y había estado tentado de dejarlo pasar para poder aprovechar el viaje a modo de sorpresa, pero, de esa forma, sí que ella no se lo habría esperado de ninguna manera. Ya tendría tiempo para pensar algo para entonces. No solía costarle demasiado encontrar un sitio donde ir a cenar que fuera del agrado de ella.
A ver si hoy no soy tan idiota de cerrar deliberadamente el explorador mientras que os publicado esto. Si os digo yo que se me pega de mis monstruitos y me dejan las neuronas completamente fundidas.
Nadaoriginal: Aiko cada vez que sale viene con material para cargarse a alguien. Posiblemente esa niña sale de escribir exactamente lo contario que veo a diario en el trabajo, vamos a ser sinceros.
Hiroaki se merece todos los ataques que le caen por parte de su hijo, que por fin parece que se ha dado la vuelta a la tortilla y Yamato tiene que aprovechar para devolverlas todas juntas. Y que no se note que no disfruta con ello. Quien le iba a decir a él que las idas y venidas de sus padres iban a tenerlo tan entretenido hasta en el día en el que se celebra el aniversario de algo tan gordo. O igual se lo toma como un plus, vete tú a saber jajaja
Un beso grandote.
