Los ojos de la pelirroja se quedaron posados en el paisaje que se veía desde la entrada del hotel. El olor de los cerezos en flor se podía apreciar en todo el lugar. Era algo muy común en todo el país, especialmente en las zonas más alejadas de la vida metropolitana, ya que era la temporada de Sakura. Uno de los mejores lugares para verlo era Kioto, lo sabía más que de sobra, había ido muchas veces para ver a su padre y así poder ver el espectáculo. Sin embargo, ahora ese olor le recordaba al día de su boda.
Aunque el día de la celebración había estado bastante desconectada de la realidad por todo en general, sí que asociaba ese olor de forma inmediata con aquello. Era algo que se había quedado en su cabeza de forma inconsciente y, en situaciones como en la que estaba, solo ayudaba a que estuviera haciendo el esfuerzo por no sonreír de forma demasiado evidente todavía mientras que Yamato sacaba las cosas del taxi.
- ¿Nagano? – se giró hacia él cuando lo sintió acercarse.
- Claro, para ponerme a remojo con los monos – comentó antes de echarse a reír por lo bajo-. Estamos en Abril, los alrededores del Monte Fuji los tenemos ya agotados y estuve buscando sitios apropiados para esta época.
- Lo de los monos suena bastante creíble – sonrió a su vez, echando a andar con él en dirección hacia el hotel.
Aquella zona era conocida por las zonas más apartadas en las que en invierno se podía en el parque Jigokudani a los grupos de monos tomando baños en las aguas termales, pero, a su vez, también era conocido por el espectáculo que daban los cerezos en aquella época. Estaba lejos del bullicioso Tokio y eso sabía que le encantaba a Yamato por lo que no iba a ser ella la que fingiera sorpresa por el destino elegido.
Dejó que él se encargara de todo, a sabiendas de que habría dejado todo listo, quedándose a la espera entretenida en observar a su alrededor nuevamente. Ella había sido la que le había dicho que tenía ganas de tener un par de días solo para ellos dos, pero no contaba con que se lo hubiera tomado tan al pie de la letra. Esperó a su lado, limitándose a despedirse del personal de recepción antes de echar a andar hacia el ascensor.
- Con razón tu padre tenía tanta gana de secuestrarnos a Aiko. Ahora va a poder usarla a modo de defensa contra Michel todo lo que necesite estos días – divertida, terminó por cogerse al brazo libre de él.
- Creo que por eso no está buscando venganza en mi contra. Ahora lo chantajeo con Aiko… Así que con un poco de suerte se le junta todo y se deja de dar vueltas y se atreve a decirle algo a mi madre – llamó al ascensor, bajando la mirada hacia la pelirroja-. Pero sí, básicamente sabían que se iba con ellos. Le preparé también ropa para ella, fui a dejársela para no tener que andar paseándola hoy.
- Ya veo que has estado entretenido, sí… - sonrió dejándose arrastrar por él cuando se soltó de su agarre para poder pasarle el brazo en torno a sus hombros y acercársela.
Se rió ligeramente por lo bajo antes de entrar con ella, marcando el número de la planta en la que le habían dicho que tenían la habitación. No lo iba a negar, había pasado un par de días entretenido por casa, como ella decía. Revolver por el armario de ella y el de la niña y preparar la maleta sin que Sora se diera cuenta tenía sus complicaciones. No porque ella lo vigilara, sino porque con los horarios de ambos era complicado poder hacerlo sin que lo viera. Y en caso de poder hacerlo, sin que se diera cuenta de que había descolocado todo.
- ¿Sabes una cosa? – le dijo la pelirroja pasados unos segundos.
- ¿Qué? – curioso, volvió a quedarse mirando hacia ella.
- Yo no sé si es por tu culpa o por el sitio o por incluso el olor que había fuera de las flores…
- ¿Por mi culpa? – no pudo evitar cortarla.
- Por las pintas que me traes… - arrugó ligeramente la nariz-. Lo que quiero decir es que hace ya un rato que no hago más que acordarme del día de nuestra boda.
No le había costado adivinar lo que le iba a decir en cuanto había dicho lo de la ropa, ya que era lo que más saltaba a la evidencia. Sin embargo, le había sacado una sonrisa igualmente, asintiendo a lo que le había dicho.
- Eso te prometo que no lo he hecho queriendo – admitió divertido-. Pero me parece algo bastante decente de lo que estar acordándote.
- ¿Tú crees? – volvió a dejarse mover cuando notó que ahora cerraba los brazos en torno a su cintura.
- Sí, no estuvo mal…
Tuvo que echarse a reír por la cara que ella puso ante su contestación, inclinándose para dejarle un beso en la frente de esa forma, saliendo del ascensor momentos después al haber llegado a la planta en la que estaban.
- ¿Estás cansada del viaje? – le preguntó una vez entraron en la habitación, dejándola ir a inspeccionar.
- ¿El que me he pasado durmiendo como un lirón? – negó con la cabeza-. Ya te dije que tenías que haberme despertado…
Negando con la cabeza por su respuesta, dejó la llave encima de la mesa de la entrada, aprovechando él también para observar a su alrededor, decidiendo que había acertado bastante con la elección, sobretodo al comprobar las vistas que tenían. Pero ya tendrían tiempo para ello al día siguiente. Llegó hasta donde la pelirroja se había quedado observando el paisaje, ahora acercándose a su espalda para rodear su cintura con los brazos.
- Mañana podemos ir a investigar después del desayuno – le dijo apoyando la cabeza en su hombro.
- Me parece bien – sonrió, buscándolo en el reflejo de la ventana y acomodándose entre sus brazos.
Se entretuvo unos segundos buscar el reflejo de ambos en el cristal, ignorando por completo lo que se pudiera ver a través de la ventana y centrándose en ellos dos. Más bien en ella, aprovechando para poder volver a revisar el vestido que había escogido para el evento. Bien era cierto que se le notaba ya el estar de cinco meses y que la figura de ella no era la misma, pero tenía exactamente el mismo efecto en él. Le gustaba la mirase como la mirase, y cuando llevaba algo que acentuaba más aquella curva, no podía evitarlo. Sonrió ante sus propios pensamientos, dándose cuenta de que estaba totalmente distraída, aprovechando entonces el momento para dejar un beso en el cuello de ella, un leve roce.
- ¿Estás segura de que no quieres irte a dormir? – insistió nuevamente.
- Amor, eres todavía más evidente que yo. Si crees que te voy a dejar ponerte el pijama e irte a dormir precisamente hoy es que no sabes con lo que juegas – giró el cuello para poder observarlo de esa forma.
Las palabras de la pelirroja provocaron que dejara escapar una suave risa tanto porque lo hubiera cazado tan rápido como por su contestación. No la soltó, aprovechando ahora para pegarla algo más a él.
- Me parece una buena aclaración.
- Si es que a veces tengo que dártelas porque te da la paranoia con que me voy a quedar dormida… - se revolvió, buscando que la dejara girases, acabando por conseguirlo-. Y no sé en qué planeta, tú que sabes más de esto que yo, se me iba a ocurrir a mí dejarte escaparte precisamente hoy.
- Oye yo soy experto en la materia de los planetas, no de lo una pelirroja embarazada pueda tener en la cabeza. Por si no te has dado cuenta eso lo tengo un poco menos contr…
Lo cortó al estirarse y posar las manos en sus hombros para usarlos como apoyo, pudiendo así alcanzarlo y cortar sus palabras con un beso. No podía decir que no tuviera razón con el tema de que estando embarazada podía salir por cualquier esquina, pero sus hormonas aquella vez parecían estar de acuerdo con ella en que su marido estaba demasiado guapo esa noche como para dejar que se le escapara. Aunque solo tuviera que preocuparse de que se le fuera o no con la almohada. Tampoco necesitó convencerlo mucho de que no tenia sueño, ya que no tardó en sentir como volvía a rodearla con los brazos, ahora notando como revolvía por su espalda con los dedos en busca de la cremallera del vestido.
Lo dejó hacer, entreteniéndose en dejar besos por su cuello mientras tanto, disfrutando así ella también de notar como se le entrecortaba la respiración con cada uno de los que le daba. Permaneció quieta cuando notó que finalmente encontraba el cierre y empezaba a tirar de él hacia abajo para poder dejar parte de su espalda libre.
- Vas a tener que dejar que se me mueva un poco – le comentó divertida tras haberse puesto de nuevo de puntillas y asegurarse de rozar sus labios con los suyos al hablar.
- Lo sé, pero no sé yo hasta qué punto me apetece – dijo con fingida resignación antes de hacer justamente lo que ella le había dicho.
Al poner algo de distancia entre ambos se las arregló para poder ayudarla a librarse del vestido, riéndose por lo bajo al notar la patada que ella le daba para quitarlo de su camino, a sabiendas de lo cuidadosa que solía ser con la ropa. Cuando la vio alargar las manos hacia él, seguramente con intención de quitarle la chaqueta, no la dejó, sujetándose las muñecas y obligándola a girarse nuevamente.
- Quieta – le susurró al oído.
La pelirroja sonrió, dándose cuenta entonces de que él se estaba valiendo del reflejo de la ventana para observarla. En otras circunstancias aquello hubiera provocado que protestara para que al menos cerrada las cortinas, pero no era el caso, nadie iba a verlos. Y llegados a ese punto, le daba igual. Se limitó a dejar la cabeza hacia atrás para posar apoyarla en él, entrecerrando los ojos al comenzar a sentir como recorría su piel con las manos, notando el rastro que su contacto dejaba en ella, sintiendo como se le erizaba. Dejó ir una leve sonrisa. Pudo sentir perfectamente el cosquilleo que recorrió toda su espalda a medida que continuaba con las caricias.
Dejó clavados los ojos en el reflejo de Sora mientras que la recorría con las manos. Por una vez no se entretuvo con su vientre, sino que las llevó hacia los tirantes de su ropa interior, jugando con ellos unos segundos antes de dejarlos caer por sus brazos. Se inclinó hacia delante para dejar un beso en su clavícula, deslizando sus dedos en dirección a su espalda para poder librarse del cierro del sujetador, dando gracias de poder hacerlo con facilidad. No iba a negar que estaba algo más nervioso de lo que solía ser normal para él en esas situaciones, pero, sin duda, tampoco había sido un día que se pueda calificar como normal. Notó el ligero movimiento de hombros de ella para formar con el movimiento a que cayera la prenda.
Terminó de bajar los tirantes por sus brazos para quitarlo del medio de una vez, pasando a poder continuar con su exploración, no pudiendo evitar que directamente sus movimientos buscaran el pecho descubierto de ella, aunque con más cuidado de lo que podía hacer en otras ocasiones, no queriendo hacerle daño. Tampoco le hacía falta ponerle demasiado empeño a sus acciones, a sabiendas de que cada día que pasaba estaba algo más sensible, notando sus recciones al sentirla revolverse contra él. Podría estar haciéndolo intencionadamente y aprovechar su posición para rozar de forma intencionada su cadera contra la de él, pero más allá de ello, reconocía ese tipo de movimientos en ella y pudo ver como se congelaba automáticamente nada más cerrar sus manos con algo más de fuerza sobre ella, escapándose un jadeo entre sus labios.
Sonrió de forma ladeaba sin poder evitarlo, empezando a perder altura con su mano derecha, pasando ahora por encima del vientre de ella, de nuevo no distrayéndose por el embarazo más que notable de ella, continuando con su descenso hasta la cadera, encontrando el borde de su ropa interior, confundiéndola unos segundos al jugar con éste, sin llegar a tirar de él hacia abajo. Se limitó únicamente a llevar la palma de su mano más allá, hasta colarla entre sus piernas para acariciar el interior de uno de sus muslos y volver a subir.
Aprovechó ese momento en el que ella se giraba para observarlo por las provocaciones para bajar la cabeza lo suficiente para poder besarla de la forma más fácil debido a la posición en la que estaban, sin dejarla moverse, metiendo ahora su mano por el interior de la ropa, buscando ahora caricias más certeras notando como sus dedos se aferraban con más fuerza en su cuello, lugar en el que había dejado uno de sus brazos mientras que aún mantenía el beso con él. Casi sin ser consciente de ello había separado algo más sus piernas para facilitarle el trabajo, teniendo que romper el contacto entre ellos por su culpa.
Yamato no pudo evitar que se le viniera a la mente la noche en la que, después de tanto tiempo sin que las cosas funcionaran íntimamente entre ellos tras el nacimiento de Aiko, Mimi los había interrumpido, ya que la situación había sido parecida. A esas alturas era algo que podría hacerle gracia de no estar a lo que estaba. Continuó con sus movimientos, sabiendo ya muy bien cómo manejarla, pendiente de la respiración de la pelirroja y de los suaves jadeos que iba dejando notar, buscando exactamente el momento en el que parar de golpe.
- Yamato… - protestó ella sin alzar el tono, confusa por sus acciones, no viendo venir que la girase para provocar que, tras un leve empujón cayera en la cama.
Le hacía gracia ser capaz de pillarla por sorpresa con esas cosas, pero tampoco era de extrañar, ya que solía ser más delicado con ella al estar embarazada, y ese tipo de movimientos más bruscos no los esperaba.
- ¿Tienes algún problema? – le dijo con la mejor de sus sonrisas ladeadas, encantado con la vista que tenía delante.
Se adelantó hacia ella para no dejarla acomodarse demasiado, llevando las manos a sus cadera, ahora sí, para quitarle la ropa interior, con una lentitud que parecía empezar a estresar a Sora, notando como sus ojos se entrecerraban ligeramente.
- No me lances esas miradas, que luego me asustas y te quedas con las ganas… - era una de las amenazas menos creíbles que había dicho en toda su vida, pero finalmente terminó de desnudarla, inclinándose hacia ella para sujetar con sus dedos su barbilla y así darle un corto beso-. Échate – le susurró sin apenas lanzar el tono, aún rozando sus labios con los de ella al hablar.
Hizo que lo él le decía, arrastrándose hacia atrás para poder acomodarse ahora, tardando algo más en hacerlo debido a que empezaba a costarle algo más moverse de lo que estaba acostumbrada, sin quitarle la vista de encima. Quería tenerlo a su lado de una vez, pero algo le decía que no iba a ser tan fácil. Se lo notaba en la mueca traviesa que tenía en la cara. Estaba disfrutando provocándola y ella… ella poco podía hacer más que dejarse. Era algo que escapaba a su control por completo. Al igual que el control sobre sus pulsaciones cuando se dio cuenta de que una vez que ella parecía haber cogido postura se acercaba a ella nuevamente, ahora apartándole las piernas antes de arrodillarse para tener una mejor posición. Lanzó una mirada hacia la pelirroja, encantado con lo que veía, sobretodo cuando sus ojos se cruzaron con los de ella, notando el brillo que delataba el deseo y la expectación. El haberla estado provocando antes hizo que nada más rozarla con sus labios reaccionara rápidamente, no tardando demasiado en empezar a revolverse y arquearse buscando dejarla mejor acceso a él. No pudo evitar llevar las manos hacia su cabello, cerrándolas de forma inconsciente, de nuevo queriendo acercarlo más a ella, soltándolo por miedo a hacerle daño, agradeciendo que él cambiara de lugar las manos para dejarla cogérselas mientras que continuaba con lo que estaba haciendo.
No se apartó hasta que notó que ella alcanzaba el clímax, al contrario de lo que hacía en otras ocasiones, tomándose su tiempo en hacerlo, dándole un par de besos en el vientre, notando a la perfección lo alterada que tenía la respiración. Sonrió, aprovechando el momento para pasarse la mano por los labios antes de darle un beso. Cuando se iba a apartar sintió que lo sujetaba por la nuca para atraerlo de nuevo y poder volver a alcanzar sus labios.
Sonrió al separarse de ella.
- ¿No te parece que la cosa está un poco desequilibrada? – le dijo la pelirroja, dejándose caer de nuevo hacia atrás, buscando aún recuperar el aliento.
- ¿Tú crees? – se quedó observándola-. ¿No habíamos quedado en que te gustaba cómo me quedaba este uniforme?
- Y me gusta – movió sus dedos hacia su cabello para jugar con él distraídamente-. Pero me gustas más sin él.
En aquella ocasión se tuvo que reír de la contestación que le había dado. Era algo en lo que se podían poner fácilmente de acuerdo, porque él también sabía muy bien cuál era su atuendo favorito. La observó unos segundos más antes de coger aire con suavidad, apartándose de su lado. No iba a negar que aquello consiguiera ponerlo nervioso, que estaba de todas las formas fuera de su zona de confort, pero, se acordaba perfectamente de que ella se lo había dicho. Al igual que ella le había dicho que tenía ganas de perderse ellos dos del resto del mundo un par de días. Aquello último había sido sencillo. Y lo otro… Lo otro simplemente esperaba que no se acabara riendo de él.
- ¿Dónde vas? – notó que protestaba ella, incorporándose sobre sus codos.
No obtuvo respuesta por parte del rubio, quedándose observándolo confusa. Lo estaba empezando a notar algo extraño y no estaba segura de qué era lo que podía pasar. Mantuvo el gesto interrogante a pesar de que terminó por arrastrarse algo más por la cama para quedarse sentada. Fue entonces cuando se dio cuenta de que él también la estaba observando, llevándose la mano al pelo de forma nerviosa.
- Estás empezando a asustarme… ¿qué te pasa?
Sin responderle de palabra, se limitó a decirse a sí mismo que estando con quien estaba debería de habérsele pasado tiempo atrás la vergüenza para esas cosas. Le hizo un gesto únicamente para indicarle que no se preocupara momentos antes de sonreírle de esa forma tan suya.
- Si no recuerdo mal… Llevo un tiempo debiéndote algo, ¿no?
Se relajó mínimamente al notar la expresión de confusión de ella ante sus palabras, quedándose a la espera de alguna explicación más, sin recibirla. Lo único que hizo fue llevar por fin las manos a la chaqueta del uniforme buscando los botones para empezar a desabrocharlos de una forma lenta. Pudo ver como ella fruncía el ceño, revolviéndose finalmente para quedarse de rodillas en la cama, observándolo.
Poco a poco fue abriendo los botones ayudándose de las caras que iba poniendo ella de sorpresa para que se le fueran pasando los nervios. Terminó de librarse de todos los botones y rápidamente se quitó la chaqueta, aprovechando para dejarla encima de la mesa, teniendo algo más de cuidado con ella al ser el uniforme de gala de lo que pensaba tener con todo lo demás. Prefiriendo no tardar demasiado tiempo entre una cosa y otra para ir soltándose poco a poco, acto seguido llevó las manos a la corbata, deshaciéndola con rapidez. Ese gesto sacó una sonrisa a Sora, la cual había llegado a asociar ese gesto con precisamente la situación en la que estaban, viéndolo llegar justamente así cuando ella no tenía otra ocupación mejor que dedicase a provocarlo cuando estaba fuera de casa.
Dándose cuenta de ello, cuando se quitó la prenda la tiró hacia ella, asegurándose de que le diera, viendo como ella se reía y la sujetaba con sus manos. aquello ayudó a que se terminara de relajar del todo, acercándose algo más, quedando fuera de su alcance todavía, empezando ahora con los botones de la camisa. Lo hizo de forma lenta, notando en las miradas que le lanzaba que estaba empezando a estresarse. Hizo aquello más despacio aún, dejándose la camisa puesta una vez los hubo soltando, acercándose a ella.
- ¿Tienes algun problema? – le murmuró por lo bajo, apartándose de su alcance nuevamente cuando ella estaba a punto de echarle los brazos al cuello para atraparlo.
Retrocedió, escapándose de ella y aprovechando ese momento para quitarse la camisa, dejándola caer, intentando no reírse por la mirada desdeñosa que le estaba lanzando por lo que acaba de hacer. Fue a por el cinturón, notando como lo recorría con la mirada hasta acompañar el movimiento de sus manos con los ojos, viendo como se lo soltaba, y cómo el pantalón perdía algo de altura entonces al quedar más suelto, quedando así a la altura del hueso de la cadera.
La pelirroja se mordió el labio, impaciente. No había un rincón de él que no le gustara, lo tenia más que asumido, pero las dos líneas perfectamente marcadas que bajaban desde su torso hacia su cadera era algo superior a ella. Se quedó mirándolo, atenta a cada uno de sus movimientos, en parte molesta por no poder alcanzar a tocarlo, pero completamente hipnotizada. Aquello, sin lugar a dudas, ayudaba a que siguiera, atreviéndose por fin a moverse ligeramente, dentro de sus propias limitaciones.
Volvió a mover las manos por la cintura del pantalón, haciendo que pareciera que iba a desabrocharlos de una vez, sin hacerlo, impacientándola, divertido con sus caras, repitiendo el gesto varias veces hasta que por fin lo hizo simplemente dejándolos así, esperando que la gravedad hiciera lo suyo antes de darles una patada.
Se acercó a ella, en aquella ocasión dejándola atraerlo con las manos para que fuera ella la encargada de terminar de quitarle la ropa. Disfrutó de sentir como posaba las manos en su espalda, acariciándolo así, yendo hacia los costados, adelantándose ligeramente para poder besar su torso, entreteniéndose en hacerlo precisamente en los puntos donde se podían apreciar algunos lunares, teniendo costumbre de hacer aquello. Metió las manos por dentro de la ropa interior, aprovechando para acariciarlo a la vez que la empezaba a bajar, al menos hasta donde ella pudo hacerlo, terminando él de quitársela.
Sora aprovechó el momento para recorrerlo lentamente con la mirada, buscando poder volver a recorrer su torso con las manos, inclinándose hacia delante para poder dejar pequeños besos detrás, hasta llegar a dejarlas en sus hombros. Aprovechó entonces para pegarse, pidiéndole de nuevo de esa forma un beso, consiguiéndolo rápidamente antes de alargar la mano para coger la suya y tirar de él para que se tumbara a su lado buscando ser ella la que tomara posición encima de él. Entrecerró los ojos nada más acomodarse, consiguiéndolo con suma facilidad debido a la situación. Sabía que se iba a cansar rápidamente, pero simplemente quería ser ella la que llevara el control después de lo que acababa de ver.
Notó las manos de él cerrarse sobre su cadera, apretándola con fuerza, haciendo que los movimientos de ella pudieran sentirlos más ambos de esa forma, dejándola hacer incluso cuando notaba que a ella le costaba más moverse, ayudándola haciéndolo él también. Se incorporó ligeramente para poder alcanzar así de nuevo sus labios, dejando escapar el nombre de ella antes de que al posar las manos sobre su torso en busca de apoyo, ella hiciera que volviera a quedar tumbado.
- Ahora mando yo… - le dijo con la voz entrecortada.
- ¿Es un antojo?
- Ya sabes que es malo negármelos – cruzó una sonrisa con él.
Sin duda aquella noche iban a poder permitirse no tener todo el cuidado que tendrían en casa. Aquella noche estaban solo ellos dos. Y eso le encantaba.
