Yamato sonrió, mirando hacia Sora, la cual se había quedado tumbada de medio lado en la cama, completamente relajada. Era una de esas situaciones en la que se habría tumbado bocabajo él habría estado distraído dibujando formas en su espalda hasta que alguno de los dos se hubiera acabado quedado dormido. Sin embargo, con el embarazo, a ella le costaba más coger postura y ahora simplemente se había limitado a quedarse así.
- ¿Qué? – le dijo ella al notar su gesto, revolviéndose para quedarse bocarriba.
- Nada, ¿no te puedo mirar? – alargó la mano para posarla en su cintura-. Vas a coger frío así…
- No me pienso mover de la cama a vestirme ahora… - dejó escapar un tono mucho más infantil del normal.
- No sé hasta qué punto queda bien mencionar a Aiko en este contexto, pero has sonado como ella – divertido, se revolvió él, arreglándoselas para alargar la mano contraria y dar con su camisa, echándosela por encima.
Escuchó cómo ella se reía, aceptando la prenda antes de incorporarse ligeramente para ponérsela decidiendo quedarse sentada en la cama entonces, observando desde ahí a su marido. Llevó uno de sus dedos a su pecho, entreteniéndose en seguir las formas de él, sonriendo al hacerlo, notando como él también se quedaba observándola.
- La verdad es que tengo que admitir que no contaba con que fueras a atreverte – confesó finalmente, continuando con lo que estaba haciendo, solo que enfocándolo a él.
- Nadie te culparía… - admitió-. Si te digo la verdad, estaba más nervioso por esto que por el evento que hemos tenido antes… - se rió por lo bajo al ver el gesto de ella, encogiéndose ligeramente de hombros-. Porque eres tú que sino…
- Ah, gracias… Porque soy yo dice… - alargó la mano hacia su costado, pinchándolo ligeramente-. Por la cuenta que te trae que sea yo…
Volvió a reírse, sin poder evitar dar un ligero respingo ante el terrible ataque que acababa de sufrir. Ciertamente le parecía un plan maravilloso para lo que quedaba de noche, con la pelirroja con su camisa puesta, entretenida todavía con sus caricias.
- Mañana tengo un par de sitios a los que creo que podemos ir. Estuve investigando el lugar un poco antes de venir y yo creo que nos van a gustar.
- Me parece bien – asintió-. Tenemos que buscar también algo que llevarle de vuelta a la tortuguita y a tus padres…
- ¿A mis padres?
- Por quedarse de niñeros…
- A buen sitio vas tú con eso, ¿no sabes ya que mi padre ya considera el premio que le dejemos a Aiko a él en vez de al tuyo? Y más ahora que puede usarla para que lo defienda del malvado de mi Grand-père – exageró la pronunciación de aquella última palabra.
Se quedó escuchando como ella se reía, distraído por completo con ese sonido, encantado con la imagen de ella, al menos hasta que la vio arrugar la nariz en un ligero gesto de molestia, provocando que arquease una ceja.
- ¿Pasa algo? – le preguntó automáticamente.
- Pues… - lo miró casi que con gesto de excusa-. Que tengo hambre…
La cara de culpa con la que admitió aquello hice que volviera a soltar una carcajada. Más bien parecía Aiko confesando alguna travesura que una famosa diseñadora reconocida a nivel mundial que acababa de estar haciendo según qué cosas diciendo aquello.
- No te rías…
- Claro que me rio, si es que ya sabía que iba a pasar – se arrastró ligeramente para poder sentarse sin chocar con ella-. Si apenas has comido nada en la sede porque decías que estabas nerviosa…
- Porque estaba nerviosa – por lo mucho que se alegraba por verlo a él en esa situación-. Pero ahora…
- ¿No te irás a atrever a echarle la culpa al nene chiquitín, verdad?
- No, más bien al padre por hacer que se me abra el apetito a estas horas de la noche…
Entretenido, miró hacia los lados, buscando los papeles que solían dejar con los teléfonos para el servicio e habitaciones, las condiciones y lo que se podía pedir. Pudo verlos encima de la mesa en la que habían dejado algunas de sus cosas. Se puso en pie, notando como la pelirroja aprovechaba para seguirlo con la mirada, encantada con las vistas.
- Tú sigue aprovechando… - le contestó divertido volviendo con el folleto.
- No lo sabes tú bien – dejó ir una leve sonrisa muy a luego con sus palabras antes de alargar la mano para cogerlo.
- Mira a ver qué te apetece – dejándola entretenida con aquello, miró hacia los lados para poder encontrar algo de ropa que ponerse antes de volver a acercarse a la maleta.
La abrió, revolviendo ligeramente, decidiendo finalmente sacar todo lo que había metido dentro para poder dejarlo encima de la silla y poder buscar más tranquilamente, encontrando su pijama para poder ponérselo, aunque fuera para atender al servicio de habitaciones. Se puso el pantalón, volviendo a acercarse hasta Sora, sentándose a su lado.
- ¿Ya te has decidido?
- Pues… ¿Tú quieres algo? – dijo levantando la vista hacia él.
- Podría querer algo – sonrió, entretenido, asomándose para poder leer él también-. Si yo tampoco es que yo haya cenado demasiado.
- Si tú tienes mejor apetito que yo…
- Ya, pero yo lo llevo mejor que tú – dejó ir una risa-. Que luego te me llenas con nada y al poco tiempo te me mueres de hambre otra vez… - alargó la mano hacia ella dándole un suave toquecito en la nariz tal y como solía hacer, divertido al verla arrugar la nariz en una mueca-. Podemos pedir algo para cenar los dos ligero y… Yo creo que seguro que tienen el helado ese de galleta que siempre funciona contigo.
Se echó a reír por la cara que ella puso, viendo como asentía y se acercaba a él para quedarse apoyada en su hombro, dejándolo que él mismo decidiera lo que le apetecía, no tardando demasiado en llegar a una conclusión y coger el teléfono para llamar.
- La verdad es que yo no sé por qué estos dos no se van fuera de la ciudad los fines de semana con más frecuencia – dijo Natusko tras haberse asomado a la habitación en la que dormía Aiko tranquilamente para comprobar que todo estuviera bien.
- Porque se les cae la baba demasiado con la niña como para perderla de vista – se encogió de hombros-. Y porque nuestra querida nuera siempre suele estar bastante ocupada.
- Pues que se lleven a la chiquitina y así ya tiene entretenimiento Yamato vigilándolas a las dos… - con aire cansado fue a sentarse ella también, subiendo las piernas al sofá para poder acomodarse.
- Sin duda es una perspectiva mucho más entretenida que el tener a tu padre rondando – aprovechó para protestar, observándola, terminando por reírse porque aquella vez lo decía bromeando, recibiendo una mala mirada por parte de ella.
- No protestes tanto que se ha ido con Takeru y no lo vas a tener que ver al menos hasta mañana. Y las reclamaciones a tu otro hijo que fue el de la idea…
- En realidad, creo que también ha sido idea de nuestra nuera, que ahora le da por reírse de mí un rato y le da ideas a Yamato.
- Bueno, ya te dije que me caía muy bien – volvió a reírse-. Pero bueno, supongo que se lo vas a perdonar… Una te ha dejado secuestrar a la nieta y el otro ya te ha dado el día con lo que dijo delante de todo el mundo.
- Si en realidad sé por lo que lo hacen… - dejó caer de forma distraída.
Pudo ver como ella se volvía a reír, pensando que estaría haciendo referencia a que lo hacían por reírse de él y tocarle las narices. Pero, sin duda, no lo estaba haciendo por eso. Todavía lo había hablado con su hijo horas antes, ya que era quién parecía estar más interesado en el tema. Posiblemente a él le diera igual, porque no le iba a afectar en su vida de ninguna de las maneras a estas alturas, pero sabía por lo que se lo decía. Lo tenía demasiado calado como para no saber que era algo que a él sí que le iba a cambiar unas cuantas cosas aunque pudiera parecer una tontería ya que las diferencias no iban a ser muy grandes.
- En… En realidad, quizás no haya sido tan mala idea – dijo quedándose mirándola.
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Resulta que los simpáticos de tu hijo y nuera han invitado a tu padre a Tokio para ver si teniéndolo rondando, en uno de los dramas de los que tengo con él se me aclaraban las ideas.
- ¿Aclarársele las ideas? ¿Y se puede saber con qué? Porque si todo esto va de algún tipo de conspiración tuya con Yamato no sé si quiero saber de qué va la cosa.
- No, mía con Yamato no. Yo soy la víctima, no te confundas – dijo con resignación-. No… Lo que pasa es que… - hizo una mueca, quedándose pensativo antes de encogerse de hombros con resignación. Iba a tener que darle la razón al mayor de sus hijos-. Lo que pasa es que hace una temporada le dije que estaba pensando decirte que podíamos volver a intentar a vivir juntos, y como no me atrevía a hacerlo… Ya sabes, meterme a tu padre por las narices como método de provocación.
Pudo ver como la cara de ella cambiaba, apareciendo la sorpresa con la información que acababa de dejarle caer de manera tan mal disimulada.
- Así que mira… Si además ya te lo he dicho. Me gustaría que volviéramos a intentarlo… Pero también le he dicho que le veo más complicaciones de las que… No sé, de las que no sé si tú precisamente vas a tener gana de tener que aguantar. Con lo bien que estás tú sin que venga yo a volverte loca…
- ¿Y quién te ha dicho a ti eso? Si prácticamente ya lo estamos haciendo…
- Luego decís que al que se parece es a mí – hizo referencia a Yamato acordándose de que eso era lo que le había dicho el rubio-. Lo digo porque a estas alturas ponerlo todo patas arriba, tener que andar moviéndolo todo…
- Vamos a ver, Ishida, ¿quieres atreverte de una vez a pedirme que me vaya a vivir contigo o venir tú a quedarte aquí conmigo de una vez?
Parpadeó, confuso, observándola con la salida que acababa de darle, tomándose unos segundos para asimilarlo y acabar por dejar ir una leve risa, dándose cuenta él también de lo estúpido del asunto.
- Depende, ¿me vas a dar una respuesta de mi agrado?
- Eso espero – se giró algo más hacia ella-. ¿Tú te ves con capacidad de aguantarme tan de seguido?
- Tampoco es demasiado diferente de lo que tenemos ahora, llevamos una buena temporada en un punto en el que simplemente vamos variando de lugar – se encogió de hombros.
- Pero siempre puedes escaparte cuando no tengas ganas de aguantarme – dijo ladeando la cabeza para observarlo tras escucharlo decir aquello.
- Sí, pero bueno, últimamente no suelo recurrir a eso con tanta frecuencia. ¿Vas a tirar también de la excusa de que estoy muy bien en mi casa a mi aire?
- Por supuesto – volvió a reírse-. Esa también se la tengo dicho… Pero bueno, ahora ya tiene poco sentido seguir callándomelo, así que… ¿qué te parece?
- De las mejores ideas que has tenido en esta última temporada – sonrió-. Podemos buscar un sitio más cerca de dónde viven estos dos y así estar más a mano y nos ahorramos el problema de quién se va a dónde…
La miró, casi como si no terminara de creerse lo que estaba escuchando. Sin duda, había estado teniendo conversaciones en su cabeza en las que había muchas respuestas negativas para todos los gustos por parte de ella. Él solo se había inventado una buena lista de pegas que parecía que solo las tenía él en la cabeza.
- A ver… - se puso en pie-. Vamos a hacer una cosa – se quedó mirándolo -, voy a terminar de preparar algo para que cenemos y mientras tanto tú quitas esa cara de susto – volvió a inclinarse y dejar un rápido beso en los labios de él-. Además, alguien tiene que vigilar lo que comes…
Dicho aquello, se alejó en dirección hacia la cocina, como si no acabaran de estar hablando de una decisión bastante importante para ambos.
